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El espíritu de la Navidad


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Mansión Malfoy - noche del 24 de Diciembre 

Las calles de Ottery estaban heladas y se cubrían de algunos copos de nieve que no lograba mantenerse por mucho tiempo, este diciembre al parecer no sería blanco. Los días habían pasado y no parecía que fuera navidad, resultaba extraño ver como ninguna de las mansiones había decorado sus fachadas, se podía prever que los interiores estarían igual de apagados. ¿Qué sucedía con los magos y brujas? tal vez alguien le había aplicado el hechizo desmemorizante a todos los habitantes.

Pensar que era la víspera de navidad y recién había logrado conseguir un pino, no era tan digno como lo merecía la familia y aquella casa, solo llegaba a tener un par de metros y el tronco. estaba un poco chueco. Cómo había llegado recién aquella noche a la mansión era parte de otra historia tal vez para contar en otro momento. Las constantes actividades de su padre no le habían dado tiempo para organizar algo. Los elfos se habían descuidado al ver la ausencia de sus señores. Y sus hermanos como siempre se habían mantenidos alejados con sus asuntos personales. 

La pelirroja no quería llamar a los elfos, le costaba encontrarse en la misma habitación que ellos, pero llevaba horas recorriendo los sótanos de la mansión y no encontraba los adornos navideños. La casa era amplia pero tenían que estar en algún lugar y no daba con ellos. Finalmente se resignó y los llamó.

—Necesito decorar esta casa, ni pareciera que mañana fuera navidad.— Le dijo a una de las menudas criaturas que acompañaba a la familia desde que tenía memoria. —Y cuando los tengas no pierdas tiempo y que todos se pongan a decorar la casa.

Con un movimiento de varita hizo aparecer una trozo de pergamino y escribió una escueta carta, la bruja francesa que la recibiría podría dar alguna mano y colaborar.

Quote

Querida Tía.
Mañana es Navidad y no nos hemos visto. Sé que te gustan las fiesta y aunque es de última hora, podrías organizar una pequeña cena.
Noeline

No habían pasado muchos minutos cuando los elfos llegaron al salón cargaban unas cajas muy viejas, apolilladas y polvosas.

—Señorita, muchos de los adornos han desaparecido, no sabemos dónde están. Estas son cosas antiguas que llevan en la familia muchos años, siglos diría. Tal vez puedan servir.— ¿Cómo era posible que no siquiera estuvieran las decoraciones? Revisando el contenido descubrió que había algunas cosas de plata incluso que no dejaban tan en evidencia la antigüedad de los objetos. —Hagan lo que puedan con esto, saldré a buscar algo para la decoración y algún regalo. Busca a mi padre y a mis hermanos.

Y dejando a los elfos en el salón tomó del armario una capa y desapareció rumbo al Callejón Diagon. Su sorpresa no podía ser menor. No eran solo las familia, también los locales lucían apagados y sin decoración. El asunto era más serio de lo esperado como es que los comerciantes habían dejado del lado el marketing que representaba esta época. Algo estaba muy mal.

 

@ Ada Camille Dumbledore  @ Ludwig Malfoy  @ Ashley Emily Black Lestrange M.  @ toji   @ Amit Lockhart  @ Darla Potter Black  @ Binny Evans  @ Luna Gryffindor Delacour  @ Ela Karoline  @ Mica Gryffindor  @ Mefistófeles Evil.  @ Sagitas E. Potter Blue  @ Sean -Ojo Loco- Linmer  @ Mael Blackfyre y todos los que quieran participar.

Editado por Noeline Malfoy McFarlan
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Hija del Ministro - Draco&Draco

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-Me niego!!!!....Ya ya te lo he dicho. -dije quitandole de las manos una caja de adornos navideños a un elfo domestico que anteriormente me la habi quitado a mi.  -Lo siento...me da lo mismo al tonto, estupido o mal nacido que se le ocurrio la idea....pero yo voy a tener mi Navidad.

Ni idea tenia del porque todo estaba tan apagado en estos dias, y no podia ser...que era NAVIDAD!!!!...Y aunque no sabia a ciencia cierta cual seria el criterio de Sagitas....a quien le importaba lo que dijese es vieja. Esta era mi Mansion....(falso era de Sagitas....pero ya a mi me daba igual), y por lo tanto me encargaria de los prepararativos. Si algo me acordaba yo de mi vida anterior....principalmente en la de chavalito...era en esas hermosas celebraciones Navideñas que me regalaban en los burdeles aledaños al orfanato donde habia crecido. Si....toda una maravilla de fantasia....magia (Papa Noeh en ese entonces era lo mas magico que conocia....), imaginacion....y otras cuestiones mas mundanas. Ahhh como extrañaba eso.

En fin.....de nada valia pensar en esas cosas....lo mejor era ponerse manitas a la obra. -Ehhh tu....alcanzame esa hacha- dije apuntando a un elfito domestico...que me la alcanzo...haciendome bajar unos 5 cm en mi flotacion- ***** como pesaba. -Bien...ahora al jardin....hay que talar un arbol.

Y sin mas me sujete el gorrito rojo navideño...y mi casaca verde....para mi interpretacion de duende flotante de navidad...y me dirigi al patio....con dos elfos que detras para ayudarme a los que habia amenazado con darle alguna prenda de Sagitas.

-Bueno sin duda podria hacer esto con magia...pero cual seria la gracia....NO...-le explicaba a los elfos.- Estamos en navidad...y el placer esta en hacer las actividades Navideñas. -respire y deje caer sobre la nieve mi arma. Mire a la casa..mmm si...era el ventana  de Sagitas....perfecto....estire mis pequeños miembros y alzando el hacha comence mi labor. Era un arbolito mediano que sin duda daria todo el espacio en el hall de la Mansion...y por ahora sus ramas superiores rozaban los ventanales del cuarto de Sagitas...Mejor...asi la molestaba.

-Toc.....-un hachazo- Toc....-otro hachazo..ufff para ser un ente ya estaba sudando...o eso me gustaria creer- Toc...Toc....Toc.....-si ya casi cedia...-Toc -Crujio la medera- Fuera abajo....-grite a todo pulmon.

Y tal como lo habia calculado...el arbolito se inclino hacia las ventanas del cuarto de sagitas...abriendo...y posiblemente rompiendo alguna que otra persiana. Claro yo era un tio muy conciente del genio de la pelivioleta....asi que por si las moscas me paresure a sembrar una plantica....similar. Que en estos dias hay que ser ecosostenible...y mas con un ama sacerdotiza....

@ Sagitas E. Potter Blue

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- Elentari....venga vamos - intentaba mantener el buen humor, pero la pequeña saltaba en la cama, en vez de dejarme acabar de vestirla después de una ducha para que entrase en calor.

 

Me giré un momento para coger un pequeño jersey, muy calentito. La perdí de vista solo un segundo, pero la cría era tan rápida como traviesa, y los gritos de @ Sean -Ojo Loco- Linmer  en la planta baja de la mansión, unido a que no estaba mirando (la miraba de reojo, pero para ella era suficiente) fueron su oportunidad de escapar.

- Elentari, vuelve aqui! - exclamé, llamándola, echando a correr tras ella hasta que la rodilla derecha decidió que ya tenía suficiente. Noté como crujía y la chispa de dolor me hizo sujetarme a la puerta para no perder el pie. Con un gruñido, volví a moverme, cojeando para dar con la niña, que correteaba mientras reía a carcajadas.

 

Para mis adentros, maldije mi rodilla, la nieve, la escarcha, y la humedad que traían consigo, y la gala de Halloween. Desde entonces la rodilla no me respondía con normalidad. Logré alcanzarla justo antes de que comenzara a bajar por las escaleras. La tomé en brazos, y su carcajada, tan espontánea, me hicieron sonreir mientras la levantaba.

 

Escuché un sonido sordo, como alguien que golpea la madera, hasta que lo siguió el sonido de algo que chocaba contra el cristal. Miré a la niña, y cojeé hasta la habitación de Sagitas, que tenía la puerta abierta. Apenas nos asomamos, notamos que la copa de un pino asomaba por la ventana, llenándolo todo de agujas. Elentari me miró, poniendo esa expresión que ya reconocía como su "cara de trastadas". Por la ventana también me llegó la voz del antiguo mafioso, qeu discutía con los elfos, escandalizados por sus actos.

- La abuela va a matar al tío Sean. - dije a mi hija, con tono divertido, como si aquella fuera la broma más inocente del mundo.

 

Pero en los últimos días, había estado más apagado de lo habitual. La navidad parecía haberlo puesto nostálgico. A quién no? Mirando a Elentari no podía evitar recordar las navidades un par de años atrás, cuando Helike aun estaba embarazada. "Las próximas navidades las pasaremos con un miembro más en la familia." recordaba haberle dicho, en la intimidad de la habitación. Pero no había sido del todo cierto. La vampiro había desaparecido y las dos últimas navidades las habíamos pasado solos Sagitas, los niños, y yo.

 

Con un suspiró, giré, volviendo hacia mi habitación. Volví a dejar a niña en la cama, ahora si, poniéndole el jersey.

- Quieres que invitemos a mamá a venir a casa? - pregunté a la pequeña, que sonrió. Volví a cogerla en brazos y subí a Elentari a la mesa. La niña, sentada, se asomó por la ventana y vi como saludaba alegremente a Sean, mientras yo garabateaba una pequeña nota, que en cuanto toqué con la varita, se convirtió en un dragón de orgami.

 

Cita

@ Helike R V PB Creo que vamos a celebrar la navidad. O algo parecido. Desde luego, habrá espectáculo, Sean acaba de derribar un pino justo en la ventana de la habitación de Sagitas. Quieres pasarla con nosotros?

 

Matt.

 

Observé como el dragón echaba a volar, perdiéndose por la ventana. No hablaba o veía a la vampiro desde lo sucedido en Halloween, en el MACUSA. Como tampoco sabía nada de @ Xell Vladimir Potter Black  y @ Sunar PBT . Bajé a la niña de la mesa y dejé que se adelantara, mientras la seguía, cojeando detrás suyo.

- Vamos a ver donde está Sagitas. O mejor, vamos a ver como decide castigar a Sean.

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Mansión mía de mí (Familia Potter Black)

ZSWmeAt.png Lo que menos podía soportar en aquel momento era el alboroto que me estaba liando el ser amorfo ese antiguamente llamado @ Sean -Ojo Loco- Linmer  y ahora convertido en un fantasma molesto y brabucón. Todas las cosas buenas, si es que las había tenido en su momento, mi antiguo yerno, habían desaparecido al alcanzar éste la clasificación de fantasma. No sé quién le había matado (y eso que había buscado mucho, para darle un premio) ni cómo (me podía la curiosidad), ni tampoco dónde había quedado su cuerpo esparcido (mi mayor deseo, que hubiera sido troceadito, ay, imaginación libre); pero desde que despertó convertido en un fantasma, se había convertido en mi mayor pesadilla. Y sí, hoy se estaba poniendo muy pesadito con eso de la Navidad.

-- Dile que un "no" es "no", aquí y en la China -- le contesté a Harpo cuando, por enésima vez, se personó en mi cuarto para recordarme las fiestas que eran y que Sean insistía en poner decoración navideña. -- Este año, Matt y yo hemos decidido que la navidad pase de largo, hasta que aparezcan los niño. ¡Él debería estar buscando al suyo en vez de darme tanto la lata!

Vale que eso había sido totalmente innecesario, puesto que el secuestro había ocurrido en casa y cuando él no estaba, ni tampoco podía asegurar que su muerte estuviera relacionada con algunas faldas levantadas y algún marido receloso, cosa que le había dicho mil veces; ¿quién me decía que no había sido intentando encontrar a los niños? Era algo que también desconocíamos de su muerte, así que no, no había sido justa aquella acusación. Pero su presencia en casa me estaba dando problemas con Jack, quien se había convertido en marido celoso y posesivo, andando a mi lado continuamente y vigilando al maldito bicho parasitario que se nos había instalado en la mansión. En resumen, dos seres frío y helados de la muerte que me iban a provocar como mínimo un resfriado y mucho dolor de cabeza. No, no soy una mujer paciente y esta situación me estaba afectado ya demasiado.

Volvieron a tocar a la puerta y grité a pleno pulmón:

-- ¡QUE NO QUIERO DECORACIÓN DE NAVIDAD ESTE AÑO, LEÑES! ¡Dile a ese mamometro que...!

Su voz interrumpieron mis gritos. No sé bien que dijo. Bueno, sí, sé lo que dijo sólo que no le entendí en ese momento. Su "Fuera abajo" era uno más de sus sinsentidos. Acostumbrada a su verborrea auditiva, ésta no la entendí. No al menos hasta que la hecatombe estalló en la ventana de mi habitación, tirándome al suelo y quedando sentada a unos centímetros de la punta de uno de los pinos del jardín.

Sentí los pasos de @ Matt Blackner  y las risitas de mi adorada Elentari, la hija del mismo y de @ Helike R V PB . Iba a preguntar si alguien estaba herido cuando se me encendió la bombilla. Allá abajo, los elfos discutían con Sean y este creo que canturreaba. Gruñí, me levanté y me asomé al pequeñito trozo de ventana que quedaba libre, intentando evitar las esquirlas de los cristales, ladrillos, roca y ramas que entraban como un metro en la habitación.

-- ¡¡Maldito seas, Sean!! ¡Eres un maldito importunador de descansos! ¡¡No quiero Navidad en esta casa!! Si quieres, te vas a otra mansión de Ottery y le das la lata a otra familia que celebre estas fiestas. Yo estoy de riguroso luto hasta que no aparezcan los niños.

Pero entonces, desde la altura y la poca visión que tenía desde el "burejo" de mi ventana desaparecida, noté algo que no era como normal, al menos no fuera del recinto de la Potter Black: El pueblo lucía apagado, sin luces... Sólo refulgían algo las farolas y no se veía siquiera el árbol de la calle central del pueblo. No me atreví a desaparecer el árbol, no siendo una sacerdotisa amante de la naturaleza y criaturas vivas; Sacerdotisa oscura, pero eso no significaba que iba a matar a un pobre pino que no había tenido culpa de encontrarse con el hacha de Sean. Por cierto, que tendría unas palabritas con él sobre cortar, podar, romper y sinónimos, cuando podría trasplantar. En fin, que me voy por mis ideas de protección de la naturaleza y eso aquí no va.

Salí del cuarto y encontré a mi nene grande con su nenita. Matt cojeaba.

-- ¿Te ha herido Sean? Porque lo mato.

Bueno, ya estaba muerto.

-- Oye, ¿no has notado algo raro en el pueblo? ¿Les habremos contagiado nuestro espíritu tan poco navideño?

No me gusta que me copien, no es nada más que por eso, pero tal vez debiera salir a mira que les pasaba a los otros habitantes del pueblo. Éramos vecinos y entre todos nos ayudábamos. O nos matábamos, pero había que preocuparse por los demás. 

Al fin y al cabo..., era Navidad.

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La voz de Sagitas me pilló de sorpresa. No la esperaba detrás de mi, sino gritando improperios a @ Sean -Ojo Loco- Linmer . Desde que rondaba como ser por la mansión, Jack estaba raro. No se fiaba de que cumpliera sus pervertidas amenazas, y solía acechar o rondar, celoso aunque no quisiera admitirlo, por si Sean pasaba algún límite.

 

Giré hacia ella, negando con la cabeza.

- No, que va.  Sean no... - de forma inconsciente, me froté la pierna. - Es por la nieve. Hay más humedad y la rodilla me...después de Halloween... - agaché la cabeza, guardando silencio mientras me sonrojaba. Había evitado hablar de lo sucedido en Halloween. Durante unos días no pude utilizar la magia, pero lo que me avergonzaba realmente era ser consciente de qeu Había atacado a @ Helike R V PB  por confundirla con su maestro, y peor...me había vuelto contra Sagitas, creyendo qeu era Dernhorn. Entendía que no le quedaba otro remedio, y yo sabía uqe, de no haberlo hecho, la habría terminado matando. - no importa. Está bien.- mentí.

 

Sagitas expresó su preocupación ante la falta de espíritu navideño, no de la familia, sino del resto de Ottery. Ni luces, ni árbol en la plaza, ni puestos....nada.

- No he oido mucho. Pero es cierto que no hay nada que diga qeu estamos en navidad. - admití. - Crees que ha pasado algo? No he oido nada sobre ataques de bandos últimamente.

 

Elentarí llegó hasta nosotros, corriendo con su peluche favorito, una ardillita, en las manos.

- Agüela agüela! - exclamaba riendo como saludo, mientras iba hacia ella con los brazos abiertos, lo que me hizo sonreír.

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Supuse que no era muy tarde y que aún llegaba a tiempo para comprar las posentias rojas, las típicas flores de Navidad, para decorar la mesa central de esta nochebuena. Sí, sabía que Sagitas había prohibido expresamente que celebráramos la navidad en la mansión, algo que me pareció extremadamente duro. Pero era su casa y tenía sus motivos, aunque, en mi opinión, precisamente el malestar que sentíamos debía darnos más fuerzas para celebrar las fiestas y darle una normalidad a Elentari, la pequeñina de la casa. He de reconocer que yo no soy madre, por lo que el pensamiento de Sagis me era muy oscuro. Y lo respetaba, un poquito.

Estaba segura que una planta, aunque fuera roja, aunque fuera típica de Navidad, no sería un estorbo, daría algo de colorido y tal vez aliviaría un poco la carga emocional que había en la mansión desde el secuestro de los niños. No, no iba a cometer el mismo error que tuve en Halloween,  en el que medio mentí a la tía y al primo para irnos a América, a la gala del MACUSA, para hacerles salir de casa. Aquella mansión, tan linda siempre y con mil flores blancas y bien cuidadas, parecía ahora una especie de convento opresivo en el que nadie gritaba, nadie rompía el silencio, nadie cantaba o nadie hacía.

Bueno, no tan así. Aunque era cierto que todos guardábamos un comedido respeto por los sentimientos de @ Sagitas E. Potter Blue  y @ Matt Blackner como patriarcas de la familia, reconozco que había un ser, el poltergeist, el antiguo Sean, que amenizaba nuestras tardes con sus locuras y provocaba que la tiita gritara como siempre, con lo que yo me llevaba una gran alegría. No es que le dé la razón a @ Sean -Ojo Loco- Linmer , pues a veces se pasaba un poco con sus bromas, pero es cierto que era agradable ver que intentaba con todas sus fuerzas que la magia languideciera en los patriarcas, abusando tal vez un poco de sus travesuras.

Volviendo a mi destino, no reconocí el Callejón Diagon. Tras pasar el jolgorio montado en las calles muggles de Londres, entré en el pub y había bastante silencio, alguna tirantez a la que no hice caso. Pero después traspasé el muro y noté un golpe de gris que me aturdió. Y eso que empezaba a acostumbrarme a llevar ropas oscuras al haber entrado en el bando, pues eran más útiles para esconderse, vigilar, pasar inadvertida... En aquella época, la gran calle mágica de las compras debiera estar llena de transeúntes de última hora, moviéndose entre escaparates luminosos y entre nieve colorida que solían lanzar hadas e imps a los que se quedaban quietos en las aceras, o muérdagos tramposos que se paraban encima de las cabezas de inocentes para que fueran besados, para no tener mala suerte el resto del año  si no lo hacían. Eran tradiciones algo tontas, pero eché de menos eso, el espíritu de la Navidad.

Caminé despacio, pues mis zapatos arrancaban sonidos muy altos de los adoquines gastados del Callejón. En realidad, apenas había gente, parecía un lugar abandonado, acabado. Las pocas tiendas abiertas, parecían sentir pena o miedo en enseñar la luz de la entrada y muchos negocios tenían una gran cantidad de polvo en sus cristales, como si no quisieran que se viera nada al exterior.

- Esto no es normal - dije, en voz alta. Unos pasos apresurados se acercaban. Me di la vuelta, con la mano en el bolsillo de la capa por si era alguien que quisiera atacarme, decidida a defenderme. Era una pelirroja atlética, piel muy clara, como la mía, y con la misma expresión de sorpresa, como la mía. No la conocí, aunque su cara la había visto en algún cartel de Quidditch. Seguro que era famosa jugadora de ese deporte, aunque yo no solía ir mucho al estadio  porque odiaba las escobas. - Esto no es normal, ¿verdad?

Tal vez, la desconocida ( @ Noeline Malfoy McFarlan ) pensara que era extraño que alguien le hablara sin codearse en el mismo registro de gente. Seguro que ni sabría quién era yo, como yo no conocía su nombre. Pero sentí la necesidad de hablar con alguien, muy impresionada por la triste visión del Callejón Diagon.

- ¿Dónde está la Navidad? - le insistí, como si ella tuviera datos de los que yo carecía.

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Castillo Lockhard

La navidad siempre había sido la época más feliz durante la infancia de Ela karoline, siendo la actual matriarca de la familia pensó que llegado el momento echaría la casa por la ventana,  pero ahora.....

El frío calaba cada piedra de los muros que forjaban el ancestral castillo, y no era lo único que parecía helado, en los retratos no había casi movimiento, ni el habitual cuchicheo entre los que se enfrentaban,  lo único que se oía eran los lentos pasos de la Lockhard en la estancia principal,  esos que iban de un lado al otro mientras su ser, algo más agitado se negaba a quedarse de brazos cruzados viendo que la esperanza y la tradición pasaban de largo. 

--Suficiente,  aquí se celebra navidad aunque tenga que sentarme a la mesa yo sola y comerme el pavo entero--  de inmediato los elfos hicieron su aparición preguntando si comenzaban los preparativos o la pelirroja lo iba a  pasar en otra mansión,  idea que le apetecía mucho,  sin embargo dijo --Aunque así fuera,  aquí  adornamos y tenemos todo listo,  no sea que venga Cye y me retire el matriarcado por no seguir la tradición,  es que no lo veis  ¿a qué sacerdotisa le gusta que muera algo...

Dicho aquello fue por su capa y sus guantes para estar un poco más calentita y desapareció del castillo materializandose en el famoso Callejón.

Callejón Diagon

Allí el ambiente no era más festivo, casi esperaba que algunos chicos la chocaran mientras corrian con sus juegos, o ser llevada a alguna tienda sobresaliente entre apretones de transeúntes,  para su sorpresa todo estaba tranquilo,  demasiado tranquilo ¿donde estaban las luces, los adornos, los árboles,  los muñecos de nieve y de jengibre? sin darse cuenta se había parado junto a dos brujas más y escucho las palabra de la última --No lo sé,  es como si se hubieran robado las ganas de todos-- con los ojos muy abierto observó a su alrededor y luego a @ Noeline Malfoy McFarlan  y a @ Xell Vladimir Potter Black consternada --¡ El espíritu de la navidad! lo puedo siento, se esta - se esta muriendo...-- era como descubrir un cadáver sin sentir su alma, o peor aún como sentir la angustia de un viejo roble cuando se preparaba para el sueño final con la preocupación de desalojar sus ramas de aves y nidos. Dos cristalinas lágrimas surcaron las mejillas de la Lockhard, a  pesar de todo reconoció a Xell, por el álbum de fotos que Cye le había dejado etiquetado y por sus rasgos, ambas se parecían a la rubia que estaba en exilio voluntario. 

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En la Potter Black:

Aunque apenas estaba preocupada por el tema de la Navidad, mi mirada se dirigió hacia la pierna de Matt y me estremecí. Recordé lo sucedido en aquel lugar extraño, lleno de simbolitos extraños, que hicieron que nos peleáramos entre nosotros... Recuerdo como le había roto la pierna a mi hijo, a mi propio hijo, y ese recuerdo provocó un sentimiento extraño en mi interior. Me sentía culpable, algo que no me gustaba, ya que las circunstancias habían obligado a aquel acto, y él lo sabía.

Carraspeé y me froté las manos, sin saber qué decir. Tan confundida estaba que ni me daban ganas de gritarle a Sean, algo muy extraño en mí. Menos mal que Elentari, de nuevo, salió en mi ayuda, con sus bracitos extendidos, gritando mi rango de abuela en su lengua aún torpe.

-- ¡Ven aquí, chiquitina! -- Por supuesto, comprobé de forma disimulada que ella no hubiera sufrido ningún daño con el árbol, pero parecía que la niña disfrutaba de la presencia del fantasmón de Sean y que no le importaba mucho nuestros enfrentamientos. Lo contrario, se reía mucho con las trastadas que aquel mal-bicho me hacía. Bajé con ella hacia la entrada, pues quería reñir al ser incorpóreo y la niña me permitiría controlar mis epítetos con su presencia.

En aquel momento, entró alguien más en el hall y eso me hizo recordar el tema de la Navidad. La frase de Matt sobre que no había oído ataques de bandos era cierta, pero es no explicaba que la gente hubiera olvidado las fechas en que vivíamos y que había que celebrar. Ellos, pues yo no quería celebrar nada. Pero me picaba la curiosidad.

-- ¡Babi! Me encanta verte por aquí. ¿Pero qué estás comiendo?

Mejor no preguntarlo, no sé cómo me arriesgué a ello, sabiendo que sus costumbres culinarias se relacionaban con iguanas y bichos raros que vivían en su poblado. 

-- Es igual, Babi, no, gracias, no quiero. ¿Me haces un favor? ¿Te acercas al Callejón Diagon y compras algo de dulces de la temporada? -- ¡Qué forma de evitar decir el vocablo "navidad" para seguir siendo fiel a mi propio mandato de no celebrarla. -- No sé, polvorones y turrón o algo así... Para la cena... Y entérate de si hay algo anormal por el pueblo.

Le sonreí y Babila, gran hombre este africano, dio media vuelta tras vociferar que sí, que ahora mismo se iba a comprar. Justo cuando se iba me di cuenta del peligro que era dejar en manos de aquel buenazo la compra de los turrones, así que le grité (por no perder la costumbre):

-- ¡¡Ve a la tienda de Cye a comprar!! Ella sabrá bien a lo que me refiero.

Bueno, ahora era la tienda de Ela Karoline, pero para mí siempre sería de mi querida cuñadita. En fin, mejor juguetear con la niñita que volver a pensar en el pasado.

 

Babila:

IicOS4N.png?1L'ama Sagita estava mú rara oy. Má de lo normá. S'avía construío una rampa d'arbo pá salí de sua vitasión sin usá lescalera como tó er mundo, ke era lo normá. Güeno, era su kasa, asín que podía asé lo que kisiera con ella. I aora kería comé dulses.

-- ¿Nostará embarasá? --pensé pa mí. Pero no dije ná de ná, pué eso es kosa della i su marío, namás.

Salí al kallejón a comprá los dulses, sin fijarme en ná, pué pá mí tó era normá. Bueno, no too, pues kuando entré en el lugá noté ke fartavan los olore tradisionale dáquella époka de navidá. L'olor de fruta endulsá, de la niebe, de la gente. ¿Tar vé era lo que kería sabé la señá Sagita? Ar meno enkontré a arguien que konosía, a la seorita Sell. Ablava kon dos jovensitas komo eya, sobre la farta de la Navidá. Toké con mis nudillo er aire detrás d'ellas, pués no avía puerta, pero sé kés la forma de llamá, así que simulé ke sí lavía.

-- Perdón pó rompé la conversasión de la navidá, no kería escuxá sin permiso, pero tengo una urgensia. Nesesito dulses de navidá pá la Señà Sagita, kreo quéstá preñá i tié un antojo. ¿Saven andestá la tienda de Sye Lockjár? És ande ella ma mandao ir a compra.

Estaba seguro que no les importaría linterrupsión al sé pá una embarasá.

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Aún esperaba la respuesta de aquella muchacha, la que jugaba a quiddith según creía recordar, cuando una voz delicada y atemorizada a la vez interrumpió nuestra conversación, con una exclamación sorprendente. Sentí una gran alegría al reconocer a la mujer que llegaba a nuestro encuentro: Ella Karoline, una gran compañera en otro momento de mi vida. A pesar de háber dejado de lado aquel ambiente, su presencia me recordó lo feliz y agradable que era estar con ella, por lo que me abracé a ella, cortito para no incomodarla, pues apenas habíamos estado juntas antes de irme de aquel grupito.

- ¡Ela! ¡Qué alegría verte aquí! - Corté el abrazo enseguida. - ¿Qué quieres decir con que se está muriendo? ¿Cómo se puede morir el espíritu de la Navidad?

En momentos así era cuando echaba de menos haber abandonado mis poderes benignos de sacerdotisa y haberme dedicado a estudios más oscuros. No detectaba lo que ella parecía estar viendo. Me dio cierta envidia, aunque la descarté enseguida.

- No llores, Ela... - Me recordaba tanto a la tía Cye, que casi me puse a llorar con ella. No era tan dura como me hubiera gustado demostrar.

Ahora tocó una nueva voz que volvía a interrumpirnos. Esta vez salté de alegría a sus brazos, pues era un gran amigo, además del habitante más querido de la mansión. Era Babila.

- ¡Babilaaaa! Tú nunca interrumpes. ¿Preñada? ¿La tía Sagitas? Pero si no ha dicho nada... 

Era algo raro, pero mencionaba la tienda de la tiita Cye. Señalé a Ela. 

- Pregûntale a ella. Creo que llave ahora los negocios de la tita.Te dirá si tiene dulces de Navidad.

Al decir eso recordé lo que había dicho Ela sobre que su espíritu se estaba muriendo. Seguro que la tía Sagitas querría saberlo, aunque ella se negaba a celebrarla. ¿Podría ser eso parte de la culpa, que la gente había perdido las ganas de celebrar estas fechas?

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Potter Black

 

No me costó entender la mirada de Sagitas. Si, la rodilla me dolía por la humedad y las bajas temperaturas que trajo la nieve invernal. Si, desde hacía años me daba problemas de vez en cuando. Cierto, el chasquido de los huesos haciéndose añicos tras el hechizo de Sagitas era un recuerdo aun confuso, poruqe no recordaba que fuera ella, pero asi fue. No me gustaba qeu se sintiera culpable por ello...entendía que era lo necesario para evitar que matara a alguien, pero no podía evitar cojear. Por eso, prefería no decir nada.

 

Menos mal que Elentari servía para relajar la tensión entre nosotros. Ella no lo sabía de forma consciente, pero podía sentir cuando el resto de personas en casa se sentían mal. Ella sentía a su abuela confusa, triste, y su reacción era correr hacia ella, con los brazos abiertos, riendo para que la tomara en brazos, intentando de forma inocente animarla. Por suerte, supongo, yo sabía que a mi no podría sentirme nunca.

 

Las vi bajar la escalera, pero el mero hecho de pensar en ellas me hizo pensar en quedarme en la cama. Asi que me aparecí directamente en el hall, justo para escuchar la extraña deducción de Babila a la petición de Sagitas para que fuera a comprar dulces. Tanta sorpresa fue, que no pude reprimir una carcajada.

- Hay algo que tengas que Jack y tú queráis contarme? - pregunté burlón, mientras caminaba con las dos hacia la salita que daba a los jardines.

 

Señalé con la cabeza hacia el exterior, donde los elfos se movían a toda velocidad, en un estado cercano al pánico alrededor de @ Sean -Ojo Loco- Linmer . El poltergeist, vestido como uno de esos elfos muggles que acompañan a Santa Claus, caminaba ufano de vuelta al  interior. 

- Es cierto, parece que nadie en Ottery va a celebrar estas fiestas. - nosotros habíamos decidido no hacerlo. Aun estábamos centrados en encontrar a Ithilion y SJ, y su falta cada día pesaba un poco más sobre nosotros. Tal vez aquella decisión era lo que había empujado a Sean a ser un poco más caótico de lo habitual, o había llevado a @ Xell Vladimir Potter Black  a mantenerse un poco más distante. Después de lo que pasó en el MACUSA, seguramente no intentaría engañarnos de nuevo. - Tal vez debamos...hacer algo.

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