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Ficha de Demian Schwarz


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Nombre del Personaje: Demian Schwarz

 

Rango Social: Aprendiz

 

Sexo: Masculino

 

Edad: Alrededor de 600 años.

 

Nacionalidad: Germano

 

Padre(s) Sanguíneo(s): -

 

Familia Sanguínea: -

 

Patriarca/Matriarca: -

 

Padre(s) Adoptivos: (Pareja de Alyssa)

 

Familia Adoptiva: Triviani

 

Raza: Vampiro

 

Trabajo: -

 

Bando: Neutral

 

Rango dentro del Bando: -

 

Habilidades Mágicas: -

 

Conocimientos Especiales: -

 

Objeto Mágico Legendario: -

 

Objetos Mágicos:

 

-Varita mágica: hecha con la madera de un Schinopsis Lorentzii, mide 30 cm y posee un núcleo de fibra de Corazón de Dragón.

Imagen IPB

Objetos Mágicos:

Certificados por el Ministerio de Magia.

Objeto: Varita mágica.

Clasificación: AA

Puntos: 20

Total de puntos: 20

 

 

Licencia de Aparición: no

 

Licencia de Vuelo de Escoba: no

 

Mascotas: -

 

Aspecto Físico:

 

Joven, de aproximadamente 29 años. Tiene cabello oscuro y ojos celestes. Tez morena, de contextura mediana y buen estado físico. Mide 1.79 mts de altura. A veces utiliza armas de estilo persa, ya que de allí proviene. Sin embargo ese es el único indicio que puede tenerse de su origen. Cuando está demasiado sediento, sus ojos se tornan completamente negros y las venas alrededor de estos se hinchan, dándole un aspecto amenazante. En cuanto a su vestimenta, si bien suele variar, por lo general utiliza siempre alguna prenda que posea una capucha.

 

 

http://img205.imageshack.us/img205/7044/demian1.jpg

 

 

Cualidades Psicológicas:

 

De carácter tranquilo, tiende a ser reservado y reflexivo lo cual lo hace sensato, aunque de corte individualista. Impulsivo en pocas ocasiones, es muy fiel a sus valores y convicciones; aunque estos cambien muy a menudo. Sin embargo, lo cambiante de sus perspectivas es contrarrestado por su búsqueda de constante orden, lo cual lo ha llevado algunas veces a obtener posiciones de poder. Sin embargo, aunque le gusta ser capaz de organizar todo a su alrededor, sabe por experiencia propia que no se siente cómodo con el liderazgo, de modo que generalmente se limita al rol de consejero.

Esto, en parte se debe a otra de sus características, que es la permanente rememoración del pasado. Sus muchos años de vida han marcado su ser con memorias que aun tienen la fuerza suficiente como para afectar su vida presente, y hasta su visión del futuro. Este rasgo a veces le resulta una ventaja; pero otras veces no tanto.

 

Historia del Personaje:

 

Nació una noche cálida de abril, el día veintiuno de ese mes. Su madre le puso “Hamid”, un nombre que con el correr de los años habría de ocultar. Pero pudo disfrutar de él mientras fue joven. Creció en Sogut, donde había nacido, lugar que en ese entonces era el mismísimo corazón del creciente Imperio Otomano. Su padre, el sultán, vio con buenos ojos el interés del joven por las artes del combate. Por esta razón no dudó en alentarlo, procurándole además toda clase de entrenamiento físico e instruyéndolo en el conocimiento de diversas técnicas para manipular gran variedad de armas. A la edad de 22 años, su padre decide finalmente dejarlo participar en las batallas y para asombro de muchos, resultó ser el mejor de los guerreros pese a su corta edad. Junto a uno de sus hermanos, quien también formaba parte del ejército desde las asambleas de guerra, Hamid logró llevar a sus hombres a numerables victorias. “Los hombres del Bey siempre vuelven”, decían en el ejercito imperial. Sin embargo, el título de Bey (o príncipe) no se le otorgó a él, sino a su hermano menor, junto con el control de todo el ejército. Su padre consideraba que la estrategia de este era lo que llevaba a sus tropas hacia la victoria, y no los esfuerzos de Hamid en el terreno de combate. Siendo así, decide desertar junto a los más leales de sus hombres e irse del imperio, pese a haber recibido el título de General. Con 26 años, y contando solo con un puñado de hombres, se hizo fácilmente con el control de una ciudadela cristiana del noroeste asiático. Pero la realidad fue que el ejército cristiano no supo defenderse porque los habían tomado por sorpresa. Tal vez por esa razón fue que Hamid dio la orden de tomarlos prisioneros en vez de matarlos. En realidad ellos esperaban un ataque nocturno, del enemigo con el que habían estado peleando hace meses. Al caer la noche, este enemigo se hizo presente y atacó al desprevenido grupo desertor. Eran vampiros, que se sentían amenazados por los soldados europeos que habían llegado hacia tierras que antes les eran propias. Pero cuando la líder de los vampiros notó que la ciudadela tenía nuevos dueños, decidió frenar el ataque y negociar con Hamid. Si su grupo cuidaba la posición durante el día en su nombre, y apresaba a todos los que intentaran adueñarse del territorio para ofrecerlos como alimento a su grupo de vampiros, entonces les perdonarían la vida. Hecho el acuerdo, Hamid cerró el pacto bebiendo sangre de la líder vampira, para que esta pudiera conocer sus acciones y así evitar ser traicionada. Sin embargo, Hamid era ignorante en el asunto, y la vampira se aprovecharía de eso.

 

Pasados varios meses en los que ella le haría beber de su sangre con frecuencia, la vampira lo llamó para hablar en privado. Ni bien Hamid cerró la puerta, lo asesinó. Sin embargo, la muerte de Hamid duró poco; ya que se pondría de pie nuevamente gracias a la sangre de vampiro que llevaba en su interior. La líder de los vampiros llevó uno de los prisioneros ante Hamid y le ordenó que bebiera de su sangre, pero él se negó. Entonces fue llevado a un calabozo en el que estuvo encerrado sin beber ni comer nada durante dos semanas. Al segundo día de la tercera semana, ella entró con un hombre al calabozo de Hamid. Era claramente un soldado europeo, dado a sus vestimentas. La vampira dijo que el ejército de ese hombre había asesinado a varios de los suyos durante una batalla que se libró durante el día, y que amigos querían que lo matara para vengar sus compañeros caídos. Hamid intentó negarse, pero su cuerpo reaccionaba inevitablemente ante la sangre que manaba de las heridas del soldado. La vampira arrojó al hombre contra una de las paredes, y libró a Hamid de sus cadenas. Pese a que no lo deseaba, su cuerpo se abalanzó sobre la víctima y bebió sangre de él hasta matarlo. El cuerpo de Hamid comenzó entonces a retorcerse para diversión de la vampira, quien dijo que aquello era completamente normal. Pasado el doloroso proceso de transformación, Hamid se alzó del suelo ya como un vampiro.

Muchas noches compartió con su creadora, quien lo instruyó en el arte de la caza y le enseñó algunas formas de controlar sus nuevas dotes vampíricas, pero siempre dándole a entender que aún le faltaba saber mucho como para poder sobrevivir solo. Y esto lo hacía, porque ella sabía que sus deseos se contraponían a los de él: mientras ella deseaba que su grupo de vampiros formara parte la expansión Otomana para asegurarse que los cristianos europeos no sean una molestia, Hamid deseaba apartarse de su pasado y comenzar una nueva vida. Sin embargo, ella necesitaba a Hamid y sus hombres para que continuaran ganando terreno durante el día. Porque pese a que Hamid era un vampiro, sus hombres le seguían siéndole fieles y obedecían en el día las ordenes que él les daba por la noche. Sin él, su grupo se iría, y acabarían masacrados por los vampiros que seguramente les darían caza. De modo que Hamid, sabiendo esto, optó por no decir nada y ayudarla con sus planes. Sin embargo, la noche en que se encargarían de propiciar la caída de Constantinopla matando a los arqueros y robándose sus armas, Hamid avistó un templo católico. Utilizando artimañas, se las arregló para hacer que su creadora se viera obligada a entrar, pero también vio que ella no pudo hacerlo. Observando esa debilidad, les ordenó a sus hombres que se adentraran allí hasta el día, y que entonces partieran hacia el sur, a tierras africanas donde brujos y chamanes mantenían a raya a los vampiros. Eso significaba que sus hombres estarían a salvo, pero también implicaba que no los volvería a ver. Tras despedirse de ellos, enfrentó a su creadora quien enterada de sus planes, intentó arruinarlos incluso a costa de abandonar el suyo propio. Pero era demasiado tarde para eso, el sol estaba por salir y no tuvieron más remedio que ocultarse allí mismo. Cuando la noche volvió a caer, el lugar era un caos. Era 7 de abril y la batalla por Constantinopla había comenzado. Con el ejército defensor presto a la lucha, los vampiros se vieron superados y muchos de ellos acabaron muertos. Hamid escapó, y no volvió a saber de ninguno de ellos, incluyendo a su creadora.

Fue así como, estando solo, se adentró en Europa y recorrió sus territorios hasta que decidió establecerse en lo que no tardaría en convertirse en Hesse tras la llegada de la reforma imperial que intentaría hacer del Sacro Imperio Romano Germánico, algo más parecido a una nación. Sin embargo, el advenimiento de la reforma protestante y su consecuente guerra, promovida por el conflicto religioso reinante, hizo que Hamid se cansara de esperar encontrar paz en algún lado y se enterrara bajo tierra donde dormiría por más de trescientos años. Al despertar, se encontró en el ojo de una tormenta que parecía estar a punto de volver a desatarse. Tras la Guerra Mundial, y antes del ascenso del Nazismo al poder, Hamid decidió marcharse a Sudamérica donde encontró otras guerras, incluso con motivos totalmente ajenos a la Segunda Guerra. Fue así como decepcionado por aquella violencia que parecía inherente, se apartó de las grandes sociedades y se adentró en el Amazonas donde convivió con una tribu indígena del lugar durante algunos años, haciéndoles creer que era un dios. Pero cansado de la monotonía, y sintiendo que los intereses humanitarios despertados por las atrocidades de la ya finalizada Segunda Guerra podrían significar una nueva conciencia para las grandes sociedades, decidió volver a Europa. Dándose a conocer bajo el nombre de Demian, nombre que tomó de un libro de su agrado, emprendió su nueva vida en una Alemania dividida, en la que incluso llegó a registrarse bajo el apellido Schwarz, en honor a un viejo amigo que había tenido en la época del antiguo Imperio Germánico.

 

Luego de que pasaran algunos años, viajó hacia Italia para recorrer Venecia, movido por la curiosidad de saber si los viejos canales habrían resistido al paso del tiempo con la misma tenacidad con la que resistieron la lucha contra los turcos. Sin embargo, pese a su reencuentro con la eterna belleza de la vieja ciudad italiana, lo que le esperaba era un encuentro aún mayor. Era una tarde de verano, estaba por anochecer y se encontraba caminando por las sombras de la Plaza de San Marcos en busca de una presa cuando vio una mujer a la distancia. Era imposible no notar su presencia: alta, delgada, de tez blanca. Con ojos más azules que el mar y un cabello ondulado color borgoña cuya fragancia podría embriagar más que un océano de aquel vino. Aquella joven mujer no podría tener más de 20 años, sin embargo algo en ella tenía la inefable presencia de lo antiguo. Un respeto hacia aquella mujer se imponía en él, incluso a través de la gran distancia que los separaba. Era como ver una diosa: su misma presencia despertaba admiración, júbilo y deseo, pero a la vez había un inevitable respeto por lo sagrado que le impedía aproximarse. Se limitaba a observarla y a mantener la misma distancia siempre, sin importar hacia donde se moviera ella. Sin embargo, la noche caía y conforme lo hacía, más se despertaban los instintos vampíricos dentro de él. Lentamente se le comenzaba a volver irresistible la idea de acercarse a la joven y fundir su cuerpo al suyo en un abrazo fatal, el aroma de su piel parecía invitarlo a ello. Los latidos tranquilos de su corazón pedían ser acelerados, su sangre misma parecía querer correr veloz como un torrente hacia sus labios. Pero entonces, ella lo vio. Demian no podía explicarse como, pero ella simplemente detuvo sus pasos, miró en su dirección, y lo vio. Resultaba desconcertante, porque era algo que nunca le había sucedido. Demian era un vampiro de cientos de años, tenía un gran dominio sobre sus habilidades. Sabía perfectamente como pasar desapercibido para los humanos. Pero a pesar de estar en las sombras, a pesar de haber mantenido distancia y de haber utilizado un truco mental que le servía para no ser visto, lo que le era impensable pasó. Ella vio como él la miraba ansioso, con su antebrazo descansando sobre una de las columnas del Palacio Ducal. ¿Quién era ella, y por qué podía verlo? Demian no podía entender como estaba sucediendo algo así. Mientras el abandonaba su anterior posición reaccionando involuntariamente a la sorpresa de haber sido visto, ella permaneció de pie observándolo directamente, sin ningún tipo de temor. Los transeúntes pasaban por medio de ellos, atravesando el puente que construyeron sus miradas. La joven humana se encontraba tranquila en un extremo, y el depredador se sentía confuso en el otro. Nada más desconcertante le podría haber pasado, hasta que para su sorpresa, ella comenzó a caminar hacia su encuentro con notable resolución. Demian quiso hacer lo mismo, pero sus pies parecían estar clavados al suelo. No podía evitar verla acercarse y contemplarla como si fuera una deidad caminando sobre las aguas. Ella era demasiado joven, pero también demasiado hermosa. El vampiro en Demian la deseaba, pero la humanidad en él se encontraba conmovida por ella… no podría tocarle siquiera uno de sus cabellos.

-¿Dónde has estado?- preguntó la joven, abrazándolo.

Demian no comprendía nada en lo absoluto, su cuerpo estaba completamente tenso. Simplemente no pudo devolver el abrazo, por más que deseaba hacerlo. El cabello de la joven emitía ese aroma exquisito que si en la lejanía lo embriagaba, las palabras no alcanzaban para explicar lo que le producía al sentirlo tan cerca. Su cuerpo era cálido, en contraste al suyo propio. La fragilidad de la joven era innegable, podría despedazarla sin hacer casi ningún esfuerzo. Pero algo en eso le hacía confundirse aun más, en vez de brindarle el tipo de seguridad que podría esperarse.

-¿Quién eres, y por que crees que me conoces?- preguntó él, esforzándose por hablar con frialdad.

- Lo siento...- balbuceó la joven, convirtiendo aquella sonrisa en una tímida mueca.- No quise precipitarme, es solo que… cuando te vi mirándome a la distancia, pensé que me habías reconocido- dijo soltándolo lentamente.

-No te había visto nunca en mi vida- espetó él, apretando los puños sin que ella lo notara -y sigues sin decirme quien eres…

-Soy Alyssa- dijo ella, con evidente emoción –y estoy segura, de que tu nombre es Hamid.

Nada en el mundo podría haberlo preparado para lo que estaba sucediendo. Una joven increíblemente bella, que fácilmente podría haber sido su presa, lo detectó de entre la gente y no solo se le acercó sin temor alguno sino que además sabía su nombre.

-¿De dónde conoces ese nombre?- preguntó el, con una curiosidad mal disimulada –Yo no te conozco, y dudo que puedas conocerme…

-Pero el nombre claramente significa algo para ti- lo interrumpió ella –mírame, mira mis ojos... ¿No hay nada que te resulte familiar?

Hamid había notado que la joven tenía ojos de un color verde esmeralda tan vivo que podrían haber sido de un vampiro, pero no se había detenido a mirarlos en profundidad. Cuando lo hizo, algo en él se movió: un recuerdo, un amor enterrado que se abrió paso hacia la superficie con desesperación, como si necesitara volver a respirar.

-Tus ojos. Son idénticos a los de alguien… muy importante para mí- dijo él.

-¿Solo mis ojos?- preguntó ella casi con decepción –creí que era más parecida a ella, sobre todo ahora que veo que tú luces igual que Hamid.

-Creí que pensabas que yo era Hamid- observó él -¿Entonces simplemente crees que te has equivocado de persona?

-No; se que no me he equivocado. Incluso hueles como él. Tan solo me doy cuenta de que probablemente tú me conozcas como yo te conocí a ti

-¿Y como me has conocido?- preguntó él, con una intriga cada vez mayor.

-En mis sueños- respondió ella sin más –unos sueños tan vividos que incluso solían perturbar mi vida diurna, hasta que simplemente decidí comenzar a documentarlos para poder, algún día, averiguar su significado.

-De modo que no sabes quien soy…

-Pero se quien has sido- dijo ella interrumpiendo sus pensamientos en voz alta, con un entusiasmo difícil de ignorar -un guerrero otomano, joven e inteligente. Una persona a la que no se puede dejar de oír, que sabe manejar las palabras tan bien como a su espada. Me intriga saber cuántas de esas cualidades tienes en común con la persona que he soñado.

Un silencio se produjo, ambos se miraban con intriga, pensando en el misterio que el otro representaba.

-Tienes una curiosidad tan grande como la de ella- observó él -recuerdo que solía decir que no hay nada más atractivo…

-…que un misterio esperando a ser resuelto.- concluyó Alyssa, con un brillo especial en la mirada. -Yo soy ella, Victoria, o al menos siento que lo he sido.

Demian sonrió, inevitablemente. La joven se había topado, de alguna manera, con el recuerdo de alguien muy importante para él. Y era preciso conocerla para poder averiguar que era lo que estaba pasando. ¿Acaso ella era un poderoso ser que de alguna forma se las arregló para extraer recuerdos de su mente? Pero siendo así ¿Por qué sus ojos eran idénticos a los de Victoria, la joven que él amó durante su juventud? ¿Será que se trataba de una descendiente de ella, que conocía la historia? ¿O de alguna forma, ella era realmente la reencarnación de su amada? Todas esas eran preguntas que el vampiro quería poder contestar, y necesitaba estar cerca de ella para poder hacerlo.

-Mi nombre es Demian- dijo con amabilidad, presentándose finalmente -y creo que tenemos mucho de qué hablar.

 

Alyssa aceptó, y durante el resto del verano siguieron viéndose por las noches en la Plaza de San Marcos. Demian se excusó diciendo que tenía un día muy ocupado, y ella le creyó o al menos fingió creer. Sin embargo, nunca le cuestionó nada acerca de sus horarios. Según Demian pudo suponer, a ella también le resultaba conveniente el horario nocturno, aunque nunca quiso preguntarle por qué. Conforme pasó el tiempo, ambos se fueron enamorando y pese a que no pudieron concluir nada certero sobre la situación que los había unido, sabían que estaban unidos por algo que iba más allá de todo. Sin embargo, como suele suceder cuando dos seres son unidos por un lazo inquebrantable, su unión fue puesta a prueba por una situación de la que no pudieron escapar.

Al finalizar el verano, Alyssa debía regresar a Inglaterra, a Howarts. Hasta ese momento, ella no se había animado a hablar de su magia con él, en parte porque temía que él no pudiera lidiar con más realidades distintas de las que ya tenían, pero más que nada porque sentía que no había necesidad de mencionar su magia cuando ambos ya compartían una que les era propia. Sin embargo, ella no quería mentirle. Y cuando él le preguntó el motivo por el cual no podía quedarse, Alyssa dijo la verdad.

Demian lo encontró fascinante, pero aunque sintió que el secreto de ella le daba lugar a revelar el suyo propio, prefirió no hacerlo. Quizás fuera porque no quería admitir que la primera vez que la vio, sintió un gran deseo de convertirla en una de sus víctimas. Pero lo más probable es que en el fondo tuviera miedo de que si él le contaba la verdad, y ella la aceptaba, lo inevitable era que le pidiera ser convertida. Y Demian no podía permitirse eso, en especial viendo como muchos cambian radicalmente su esencia al ser convertidos. Los que no abrazaban la naturaleza vampírica y se convertían en depredadores carentes de humanidad alguna, perecían al paso de los años y enloquecían, o simplemente se dejaban morir. Alyssa claramente tenía toda una vida por delante, era parte de un mundo maravilloso en el que cualquier mortal quisiera poder estar. De modo que no sería justo apartarla del cauce natural de su vida, especialmente cuando tenía tantas cosas buenas por delante.

Siendo así, Demian simplemente aceptó la realidad de Alyssa procurando darle a entender que la magia en ella no hacía más que realzar lo especial que era. Sin embargo, algo en todo lo que ella decía le resultaba familiar. Las veces en que la magia logró fluir involuntariamente cuando ella era una niña, le recordaba ocasiones en las que el mismo vivió sucesos que no supo como explicar. Recordaba como en ocasiones supo vencer a grandes maestros de disciplinas en las que apenas era un novato. Saltos increíbles, movimientos impensables, reflejos demasiado agudos. Había quebrado espadas rivales que parecían más macizas que la suya propia, había recuperado sables que parecían haber caído lejos pero que de pronto estaban a la mano. Incluso hubo una vez en la que una flecha dirigida hacia su pecho se quebró contra su ropaje. Siempre había pensado que eran demasiadas coincidencias. En aquel entonces pensó que Alá lo estaba protegiendo, pero sus años como vampiro le enseñaron que no hay un Dios, y que si existe no le está prestando atención a lo que pasa en el mundo. Pero la magia de la que Alyssa le hablaba sonaba como una explicación en la que él si podía creer… después de todo, incluso como Vampiro siempre supo hacer todo lo que su creadora le enseñaba. Y aunque no se lo dejara saber, al tiempo de aprender una determinada habilidad era capaz de utilizarla mucho mejor que ella. Dadas las circunstancias, lo mejor que podía hacer era averiguar de qué se trataba todo, descubrir si efectivamente había magia en su interior, y si podía canalizarla tal cual como decía ella. De ser así, se lo diría e intentaría aprender… pero hasta ese entonces lo mejor era estar lejos de ella. La magia podría ser un puente entre ambos, pero de momento era mejor alejarse. Porque si él se acercaba más a ella, si comenzaban a compartir más tiempo juntos, era posible que Alyssa descubriera la naturaleza vampírica de su amado de la misma forma en que pudo verlo con naturalidad aquella tarde pese al encanto que Demian estaba usando. Sin embargo, a pesar de esa preocupación, había algo que entusiasmaba a Demian: la posibilidad de evitar la vida vampírica para ella, y tal vez también para si mismo. Porque, si existía la magia ¿Por qué no habría de ser posible que él pudiera ser humano otra vez? La posibilidad existía, pero necesitaba tiempo. Y mientras tanto lo mejor era verla solo durante los veranos en Italia. De modo que, cuando Alyssa tuvo que partir, ambos sabían ya que volverían a verse el próximo verano en la Plaza de San Marcos.

 

Sin embargo, eso nunca sucedió. Al verano siguiente, Alyssa esperó en el lugar y tiempo convenidos sin que él apareciera. Y pese a que durante ese verano ella continuó yendo regularmente a la plaza de costumbre por si acaso pudiera verlo, jamás volvió a saber de él. Demian, por su parte, nunca pudo olvidarse de ella. Pero por más que deseaba seguir viéndola, se vio forzado a no hacerlo ante la reaparición de su creadora, quien lo había estado buscando con deseos de venganza. Tratándose de una vampira más antigua que él, y que contaba ya con un grupo de vampiros bajo su mando, lo mejor era alejarse de Alyssa y dejarla fuera del asunto. Fue así como los años pasaron y Demian se las arregló para asesinar a la mayoría de los secuaces de su creadora, hasta el punto en que no tuvieron más opción que desistir y desaparecer sin dejar rastro. Después de mucho tiempo buscándolos sin éxito, Demian volvió a buscar a Alyssa y ahora que la ha vuelto a encontrar, intentará explicarle lo sucedido y averiguar si los rumores que la señalan como una fría asesina son ciertos.

 

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Editado por Lyra Katara Ryddleturn
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Certificados por el Ministerio de Magia.

El Ministerio de Magia informa que los siguientes objetos de Damien Schwarz han sido certificados y le recuerda que estos objetos no tienen ningún costo. Para añadir más objetos, deberá acudir a la Tienda Ministerial.

Objeto: Varita mágica.

Clasificación: AA

Puntos: 20

Total de puntos: 20

Atentamente:

Lyra Katara Ryddleturn

Miembro del Winzegamot

Moderadora de Harrylatino.org

Nota: El perfil y la ficha ya han sido actualizados.

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