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Thomas E. Gryffindor

Magos Expertos
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Todo lo publicado por Thomas E. Gryffindor

  1. ¡Hola! Buenas tardes. No sé si corresponde pasar por este tópico de compra-venta del Concilio para solucionar un problema que tuve a nivel moderativo hace más de 1 año, con el retroceso de 3 de mis Libros de Hechizos. Hoy, tengo lo necesario para recuperar lo que perdí en aquella vez. @@Beltis debe estar al tanto de la situación; y creo que es menos engorroso hacer las fichas de los 3 Libros de una vez para agilizar más el trámite. ¡Saludos! ID: 113082 Nick: Thomas E. Gryffindor Link a la Bóveda Trastero: Bóveda #107620 Link a la Bóveda de la cual se hará el descuento: Bóveda #93543 Link a Tópic de la clase o a la prueba: 3 Pruebas realizadas y aprobadas (Regularizar solamente la compra) Nivel Mágico: 36 Fecha: 2019-11-14 Nombre del producto: Libro del Caos Consumible o Libro de Hechizo: Libro de Hechizo Nivel (del libro): 20 Precio: 20.000 G Nombre del producto: Libro de los Ancestros Consumible o Libro de Hechizo: Libro de Hechizo Nivel (del libro): 25 Precio: 25.000 G Nombre del producto: Libro de las Auras Consumible o Libro de Hechizo: Libro de Hechizo Nivel (del libro): 30 Precio: 30.000 G Precio total: 75.000 G
  2. <<Mataré a Day algún día>> criticaba para sus adentros Gryffindor, debido a que el ruido que Misty ocasionaba en el segundo nivel de la vulcanización le impedía oír del todo bien lo que el pequeño elfo trataba de decirle. -¿Inu qué? ¿Inugetsu? Vaya que nombre tan raro tienes, eh. No tienes de qué preocuparte por las molestias que has ocasionado hoy en mi local... de vez en cuando viene bien que alguien alborote este lugar más que mi secretaria- comenzó su plática Thomas sonriendo a regañadientes, pero sin denotar algún grado de disgusto. Todo lo que la criatura le relataba parecía ser un guión de Hollywood; ¿es que acaso sería tan malo el vaticinio que profesaba el elfo? Nadie podía saberlo a ciencia cierta, pero de ser así, era obvio que debía tratar de ayudarlo para frenar las acciones mortíferas de vaya a saber Dumbledore quién. -¡Hey, hey, hey! No llores... no es el momento de lamentarse por algo que ya sucedió. Ahora hay que ocuparse de lo que puede acontecer mañana- dijo el pelirrojo con sinceridad, tratando de calmar al recién arribado; pero su semblante cambió de inmediato tras escuchar el nombre de un sujeto a quien no conocía del todo bien, pero que sí estaba dentro de la lista de magos que ubicaba. -Enrick... ¿Enrick Ryddleturn? Te refieres a él ¿No es así? Claro que le he visto... pero lo que debo decirte no es muy alentador que digamos- advirtió el veinteañero. -Ese sujeto fue quien me vendió este sitio para construir mi taller mecánico. Tengo entendido que aquí había una tienda de antigüedades que Ryddleturn fundó hace mucho tiempo atrás- relataba el fortachón, tomando asiento en el piso para quedar a la altura del elfo. -Desconozco el motivo de su cierre, pero... lo que sí sé es que... aquel joven murió hace bastantes años. En "El Profeta" se exhibió la primicia de su deceso... Decían que se trataba de un caso de ¿suicidio? El cadáver fue entragado a su hermana... la misma que oficiaba como directora del hospital de San Mungo en aquel entonces. Lo siento amigo... Lamento ser yo en darte esta triste noticia- concluyó con lástima en su mirar; observando de frente la reacción que el doméstico empezaba a materializar en su fisonomía.
  3. Una fría tarde de Septiembre... Otoño del año 2019. No era una fecha muy peculiar para programar un retorno a casa luego de más de un año de ausencia tras la investigación que el Ministerio de Magia y Gringotts llevaban en su contra; caso que ya se había cerrado, y que como consecuencia del lavado activo de galeones, Thomas tuvo que pagar con creces con todo lo que había adquirido gracias a dicho dinero de dudosa procedencia. La caída de las hojas ya era inevitable, las aves migraban y el cielo se apoderaba de tonalidades ocres que acompañaban al equinoccio de una manera muy pintoresca. Su larga capa de viaje de color azabache bailaba con el soplo del viento mientras su figura cruzaba la enorme verja negra con una aldaba con forma de león, símbolo que todo Gryffindor atesoraba en lo más profundo de su ser. El césped lucía amarillento, las piedras que enseñaban los diferentes caminos hacia las zonas principales de su hogar ya no estaban completamente pulidas como le gustaban a su madre, los arbustos y las plantas se apreciaban marchitos; era como si nadie en meses hubiese regado con una mísera gota de agua. <<¿Es que acaso los elfos se han levantado en huelga?>> pensaba el joven de rizos rojizos, observando con nostalgia lo que parecía ser la enorme mansión familiar. Como un acto reflejo ante un eventual ataque mortífago, el veinteañero desenvainó su varita; y con arma en mano se abrió paso por los escalones que estaban al comienzo de la fachada, custodiados por las dos enormes estatuas que se adornaban de telas de araña. -¡León! ¡Lobo!- exclamó en un tímido susurro esperando alguna reacción inmediata, pero tal parecía que ni el hechizo druida de sus padres se activaba al verle arribar. Su mirada se volvía dubitativa, su semblante ya no era el mismo al que comenzó la travesía de retornar a sus tierras como un hombre libre, ya su mente divagaba por un sinfín de cuestionamientos que, a ciencia cierta, debía de resolver. Al cruzar el vestíbulo (apretando sus dientes en señal de tolerar el temor que emergía en él), su nariz logró sentir el aroma a leña quemada recientemente. Sí, la chimenea parecía haber estado encendida la pasada noche, pero ¿quién estaría ahí si todo por fuera estaba en ruinas? -Hola... ¿Hay alguien en casa?- preguntó Elros; sintiendo el poderoso latir de su corazón tras percatarse de que un fuerte sonido, proveniente de la cocina, se hizo escuchar sin vacilar.
  4. * Nick: Thomas E. Gryffindor * Link a la Bóveda: Bóveda Nº 93543 * Rol de Personaje: Conductor del Autobús Noctámbulo * Información Adicional: Siguiendo su fuerte anhelo capitalista, Thomas gasta gran parte de su fortuna en comprar aquel mítico vehículo transportador de magos; y tras la muerte de Ernie Prang, opta por conducirlo él mismo para tener aquella ganancia como fuente laboral complementaria a su taller mecánico mágico. Junto a un muchacho quinceañero de la familia Shunpike (el cual realiza tareas de: cobrador y guía); llevan adelante el sueño de seguir con dicha tradición motorizada.
  5. ¡Hola a todos! Bueno, luego de que Crazy me motivase a venir por estos lados. Vengo a dejar la ficha correspondiente para la solicitud del "Paquete" de Bienvenida xD *Dejo chocos a quienes pasen por acá* ¡Saludos! * Nick: Thomas E. Gryffindor * ID: 113082 * Criatura que deseas: Hipogrifo * 2 Conocimientos que deseas: Idiomas & Aritmancia
  6. - ¡Madre de Dios!- gritó Day apenas vislumbró la silueta de un elfo doméstico herido que cruzó el umbral de ingreso al vestíbulo del taller mecánico; saliendo inmediatamente de su lugar de trabajo con tal de ir en auxilio de aquella pobre criatura que parecía haber sido lastimada por "algo o alguien", vaya a saber Merlín lo que verdaderamente le había ocurrido al desdichado. Misty, con cierta aprensión, se acercó hasta el cuerpo tendido boca abajo del pequeño; le giró y corroboró lo que había pensado desde un comienzo; jamás le había visto, no le reconocía ni sabía el porqué buscaba con tanta insistencia a Gryffindor. <<¿Se conocerán de alguna parte?>> pensaba mientras examinaba con la mirada cada rincón de las prendas desgarradas y ensangrentadas del nuevo visitante; a quien, obviamente, no podría ayudar, pues Thomas llevaba desaparecido un par de meses luego de la persecución ministerial que se estaba llevando a cabo en su contra tras la investigación bancaria del fraude a Gringotts. -¡Ayuda!- sollozó la rubia, ahora con el elfo entre sus brazos, trasladándose a un sofá que estaba próximo a un muestrario de llantas mágicas que el paladín había adquirido para los automóviles días previos a su fuga, dejando aquella mercadería de primera en exhibición. No tan lejos; observando algunas fibras de escobas voladoras, se hallaba un tipo encapuchado muy misterioso; el cual se alarmó con el gemido de la recepcionista, optando por aproximarse hasta ella al corroborar de que estaban solos y encerrados en aquellas cuatro paredes de concreto de la vulcanización. -No digas nada, Day. No estoy de ánimos para recibir una queja de las tuyas... y vaya que son desagradables, eh- gruñó el joven tan pronto se descubrió el rostro y dejó ver dichos rizos rojizos que la bruja reconocería en cualquier parte del mundo. Era Thomas, sí, sin duda alguna el miserable había reaparecido nuevamente; aunque a decir verdad, lo había hecho en el instante preciso. Con rapidez, el mago desenvainó su varita y conjuró un "Episkey" que cerró gran parte de las heridas sangrantes del elfo. Luego impuso sus manos sobre el dorso de la criatura y pensó en una efectiva "Curación", emergiendo una tenue luz blanca que envolvió al pequeño, devolviéndole el aliento en cuestión de segundos. -Misty... Ve a mi oficina y trae una botella de poción vigorizante para este muchachín de orejas puntiagudas- ordenó el muchacho con serenidad, mucho más tranquilo al ver que el inesperado invitado abría sus ojos de par en par; los mismos que ahora le miraban fijamente. -Soy a quien buscas, Inu... o como sea que te llames. Te has desmayado y perdido el conocimiento tras ingresar al recibidor. Estabas con una hemorragia masiva, pequeño... menos mal sé de Primeros Auxilios y Cuidado de Criaturas Mágicas, o no la cuentas dos veces. ¿Qué te ha pasado? Algo o alguien, claramente, se ensañó contigo- comenzó la plática el fenixiano; escuchando, a su vez, el despelote que su secretaria realizaba en el segundo piso, revolviendo todo con tal de encontrar lo que su jefe le había pedido.
  7. -Muchas gracias- exclamó el apuesto animago, luego de que Freya le permitiese el paso hasta el salón al interior del hogar de los Moody; sitio donde esperaría a que su "objetivo" arribase para poder platicar con él. Tras sentarse en uno de los cómodos divanes; Elros cogió un poco de té del que la elfina le había servido (no olvidando endulzarle con un poco de miel que estaba en un jarro de porcelana sobre la bandeja de plata) para calmar sus ansias, pero ese brebaje caliente no sirvió de mucho que digamos, debido a que el padre de Athena hizo acto de presencia en la cómoda estancia, haciendo funcionar un antiguo objeto que envolvió los oídos del paladín con una melodía hipnotizante. -Bu... buen día, señor. ¡Thomas Gryffindor! Un gusto- comenzó diciendo el fenixiano, estrechándole la diestra a Richard, el cual parecía estar sumergido en sus propios pensamientos con la música ambiental. Gracias a Merlín, la llegada de una chica con una túnica verde oliva, acabó con el silencio sepulcral tras su presentación; instando al oclumago a saludarle para mostrarse lo más correcto posible frente a su "futura familia". <¿Eileen? ¿Eileen Moody?> pensó el joven al oír que la elfina la nombraba a la distancia, más bien cerca de lo que parecía ser la cocina de la morada desde donde el perfume de los pasteles de carne provenía. <Otra chica más> meditó mientras apretaba los dientes del nerviosismo que sentía, observándole (Melrose) a escasos metros con una sonrisa un poco fingida y torpe. -Don... O sea, Richard... He venido hasta aquí para pedirte en matrimonio la mano de tu hija... ¡ATHENA!- gritó aquel nombre al final, ya que su enamorada (sí... ella misma, a no ser que fuese alguien con Multijugos que quisiera pasarle una broma en un momento así de tenso) apareció de la nada. -Yo... ehh... Athe... Estas flores son para ti- dijo tartamudeando el nigromante, tendiéndole el ramo de jazmín blanquecino sin querer mirarle mucho a los ojos; debido a que sus mejillas ya estaban sonrojadas más allá de lo habitual en él. -Si... si no fuera mucha molestia, Bonis... Necesito platicar con tu padre a solas... Estamos tratando un tema de... "Hombres". ¿Podrías?- pidió a la directora de la Universidad que hiciera abandono de la sala, con respeto; desviando finalmente sus orbes esmeraldas hasta la figura del hombre que permanecía estoico en su lugar luego de oír la petición que el pelirrojo le hizo justo antes de que la griega cruzara el umbral en el minuto de reflexión inicial entre ambos caballeros.
  8. Pese a lo divertido que parecía ser sobrevolar el firmamento encima de su thestral rumbo a tierras escocesas; Elros sentía un cúmulo de emociones que embriagaban su consciencia adolescente, desviando su foco de atención en diversos momentos en que por escasos segundos no terminó impactado por uno que otro rayo de las nubes más altas que parecían estar migrando a otras regiones. Luss era un pequeño pueblo a orillas de un lago adornado de majestuosas montañas que le regalaban serenidad a cualquier persona que decidiera poner en la ruta de sus mapas viajeros dicha localidad; aunque el pelirrojo no podía darse el tiempo de visitar el barrio residencial por ahora, debido a que la humilde morada de la griega se hallaba mucho más retirada de la población general, más bien justo al borde de un bosque de pinos que colmaron de aroma las fosas nasales del muchacho una vez que aterrizó con su bestia invisible para muchos que no se habían cruzado aún con la mismísima muerte. -No te alejes mucho, eh. Puedes descansar- le susurró Thomas a su criatura, no sin antes acariciar su cabeza con gratitud y cariño; instantes previos a desviar su esmeralda mirada hacia la sencilla casa de madera de dos pisos con tejado carmesí. Dentro de todo, Gryffindor temblaba de nervios; y no era precisamente por tener que toparse con Athena tras aquel episodio en la Vulcanización, ni tampoco porque ésta estaba de cumpleaños aquel día, o por la persecución que Gringotts le traía encima hace unas semanas; todo le era un tanto indiferente versus a la aprensión de tener que platicar cara a cara con aquel hombre... Richard Moody. Luego de coger un par de frutillas del huerto para endulzar su paladar; el fenixiano recorrió el camino de tablas (pasando junto al peculiar buzón de correos) hasta la puerta principal escarlata que poseía una diminuta ventanilla rectangular que le permitió saciar su infinita curiosidad al desear saber si alguien conocido estaba en el recibidor de la vivienda. -Vaya... ya estamos aquí. No hay marcha atrás... Elros, ahora no- suspiraba con cada intento fallido que realizaba de querer golpear con su mano empuñada el umbral de ingreso; frustrándose en el acto al notar que varias gotas de sudor recorrían su pálido rostro. ¿Tanto miedo le provocaba tener que hablar con aquel mago? ¿O era que Rouvás le había metido cizaña durante todo este tiempo juntos? Pues... no lo sabía. La boca se le había secado, un nudo angustiante comenzaba a formarse en su garganta, la ropa le asfixiaba, y cada vez su voz se volvía un conglomerado de tartamudeos que, a ciencia cierta, harían reír a cualquiera que le oyese. Sin más trámites; el paladín de La Orden acomodó (sí, una vez más) su camisa nívea (desabotonada en sus primeros dos ojales), observó que su pantalón de tela y zapatos brunos estuviesen impecables, peinó sus engominados cabellos rizados con una de sus manos (ya que en la otra traía un ramo de flores blanquecinas de jazmín) y cuando ésta acabó su cometido, golpeó con algo de fuerza exagerada. -Bu... ¡Buenas! El señor Richard Moody... ¿Se encuentra?- consultó Elros a quien le abrió la puerta.
  9. Pese a que Thomas aún no cursaba el conocimiento de "Idiomas" en la Universidad; el español le sentaba muy bien, en especial por el nexo que éste conservaba con los comerciantes latinos, y también con los mercaderes chinos para el traslado de los productos y repuestos que se utilizaban en la Vulcanización. Pero tras escuchar un par de quejas que la monja de telas brunas pronunciaba en contra de su aparato de telefonía, sonrió con satisfacción al corroborar que ésta manejaba el inglés, aunque la corriente "gringa" estaba repleta de modismos e informalidades en comparación con su natal británico. -Perdone madre... ¿Está usted bien?- consultó Gryffindor con caballerosidad, al mismo tiempo que una de sus manos se posaba en el hombro de la anciana que aparentaba unos ochenta años. |De salud muy bien, hijo; con el favor y la gracia de Dios nuestro Señor... pero este juego me tiene descabellada. Verás que se me ha escapado un variocolor que no tenía, aunque le lancé bayas doradas desquiciadamente, tal y como los herejes paganos cuando querían lapidar a María Magdalena al centro de la plaza| respondió la humilde mujer, sonriendo con el rostro lleno de arrugas, las que simpatizaron a Elros a tal punto de querer tomar más confianza. -Madre... Yo soy estudiante de teología... y bueno, una de las corrientes de la cátedra tiene que ver con el misticismo; arte que está muy conectado con la fe que usted profesa ¿No es así? Le puedo preguntar... ¿Qué piensa usted sobre la historia de Adán y Eva? Cree en verdad que el diablo se personificó en una serpiente parlante que tentó a la mujer para que ésta comiera la manzana y así se originase el pecado?- cuestionó el pelirrojo, esperando que la abuela respondiera con serenidad y calma. |Es un relato muy antiguo, hijo lindo... pero a la vez entrega una moraleja muy interesante que no nos deja tan bien paradas a las que llevamos el género femenino en nuestras venas. El demonio, desde el comienzo de los tiempos, se ha transformado en varios seres y criaturas con el afán de perturbar la mente del hombre y así alejarlo de Dios. Tal vez, Eva fue la primera en pecar... pero todos lo hacemos, querido niño... incluso yo| empezó relatando la monja, mientras dejaba que su celular se perdiera entre sus oscuras prendas. |A mí, personalmente, una vez se me apareció una enorme bestia que parecía ser un rinoceronte, pero no lo era... Tenía un gran cuerno y relieves muy extraños tras éste... que brillaban como el fuego del infierno. ¡Era Satanás! No lo dudo... Entonces me arrodillé... Sí, me dejé caer al piso y oré... supliqué con los ojos cerrados que el diablo se fuera y me dejara en paz... y cuando los abrí... ¡Puff! ya no estaba| añadió la mujer; sembrando en el animago una duda que, obviamente, no se la diría; pues la única explicación que tenía era la que vinculaba a la fornida criatura con un erumpent. -¡Uf! ¡Vaya episodio! Me parece que ha tenido experiencias muy "paranormales" en su vida, madre. Usted... ¿Usted cree en los fantasmas? O sea en los espíritus errantes- volvió a preguntar el fenixiano, captando la atención total de la religiosa. |¡Claro! Son los muertos que han quedado en el limbo... con asuntos pendientes... en el purgatorio limpiando sus almas. Algunos son buenos... y otros son malos. Debes de conocer las historias de exorcismos mediados por sacerdotes del Vaticano, y todas esas cintas de cine que han filmado con los años. Es un tema muy extenso, hijo... espero haberte ayudado en algo con tus inquietudes. ¡Que Dios te bendiga!| Y así se despidió la devota de Cristo, acariciando los ondulados cabellos del muchacho que no apartó su mirada de la anciana hasta que su silueta se perdió entremedio de la muchedumbre que caminaba en masas por todo el parque. -Son todo un misterio estos muggles... ¡Vaya! Algunos crédulos y otros ajenos a nuestra realidad... buscan explicación para todo, ya sea infundada en la fe como también en sus convicciones personales- hablaba en solitario el paladín, siendo observado por algunos pocos que le veían como a un "bicho raro" sentado solo en aquel banco de madera. Ya sin nada más que hacer y habiendo recolectado suficientes testimonios como para exponérselos a su profesora; Thomas se encaminó hasta el sector de los baños, introduciéndose en una cabina donde utilizó la aparición con el propósito de regresar a los terrenos de la Universidad londinense que tan bien conocía. -¡No todos, Athena!- exclamó el nigromante luego de cruzar, una vez más, el umbral de la sala de clases. -Sí... los niños viven en una ilusión creada por sus sueños; pero también la gente adulta mayor entrega una sabiduría mucho más satisfactoria que también está enmarcada en realidades fantasiosas. Los muggles lo catalogan como delirio... demencia; pero yo diría que simplemente observan con mayor cuidado lo que para nosotros es cotidiano... el mundo mágico. Ya sabrás lo que me dijo una anciana, que además es monja- refutó hacia la griega, para posteriormente centrar su atención en la docente. -Alessandra... respondiendo a tu pregunta final antes de haber partido a terreno... No soy partidario de dar a conocer nuestro mundo. ¡Es nuestra identidad! Los muggles viven con otras necesidades... andan ajetreados por las calles, son hijos de la tecnología y del estrés. Sólo causarían daño a nuestro entorno... nuestra burbuja. No confío en todos- concluyó el legilimago un poco eufórico.
  10. Tal y como lo pensaba Elros, Athena no tardó en complementar la información acerca de las diversas infracciones de la cláusula que guardaba relación con las criaturas y seres mágicos; y no quedando satisfecha con demostrar cierta erudición con la temática, la griega agregó un par de preguntas que instauraron un manojo de dudas en la mente un tanto dispersa del joven pelirrojo que odiaba memorizar tantas leyes. -Creo entender que eso de los castigos bajo la mira de la Confederación Internacional de Magos es...- fue lo que alcanzó a pronunciar el muchacho; debido a que un hombre de orbes avellanados y esencia que olía a "perro mojado" ingresó al aula, obviamente pidiendo las disculpas del caso ante la impuntualidad que no pasó desapercibida por todos los allí presentes. -Buenas noches- susurró Gryffindor hacia Rouvás; claramente haciendo un comentario mal avenido sobre Kritzai. -Entiendo, profesora Rambaldi... que las criaturas también pueden ser... "sacrificadas" ¿O no? O sea... a modo de castigo cuando ocurre algún hecho grave que pudiese poner en peligro la vida de un muggle- musitó el animago mientras la docente sacaba tres objetos del cajón del escritorio que estaba en la sala; cosas que eran conocidas por Thomas y que no tardó en atribuirle un carácter ligado a los trasladores, sobretodo después de la tarea que Alessandra les encomendó. Tras ver que la directora (ahora su nueva jefa) se ponía en marcha; Elros se aproximó hasta la profesora y cogió la lata de "Coca-Cola", siendo absorbido por una energía que lo materializó atrás de un arbusto en lo que parecía ser un enorme y frondoso parque. <<"Grant Park"... Chicago>> era la frase que se podía leer en uno de los carteles que el veinteañero logró divisar a lo lejos; percatándose que se encontraba en Estados Unidos y que, para el colmo, no estaba solo. Otras pancartas se titulaban: "Pokémon Go", "Go Fest" y "Check-In"; tantos nombres extraños y dibujos animados que sólo Voldemort podría haber concebido en su lúgubre y retorcida consciencia. -¿Dónde estoy? Nunca había visto estas criaturas mágicas en mi vida... Me imagino que el Concilio algún día las llevará al Magic Mall- pensaba el fortachón en voz baja, haciendo notar la falta de cultura y conocimiento en su rostro, ya que un niño (de al menos diez años) se le acercó con un aparato electrónico en sus manos. |¿Dónde está tu celular? ¿Escaneaste el código QR del evento?| consultó el nene que tenía su cabello amarrado con un par de ¿orejas? amarillas que terminaban en color negro. -Ehh no sé a qué te refieres... pero yo creo que sí, o no podría haber ingresado ¿Verdad? Pero... ¡Espera! No te vayas jovencito... necesito consultarte algo... ¿Crees en los animales fantásticos?- preguntó Elros al menor de edad; el cual le miró con cierta curiosidad innegable, aunque no tardó en contestar. |Pues claro, güey... Celebi es el mejor de todos, pinche cabrón... ¡Que tengas buena caza! Adiós| y así se despidió sin nada más que decir; dejando a un Elros absolutamente sumergido en la ignorancia y con un "tic" nervioso que no pudo controlar hasta que una señora obesa le habló por la espalda con un chillido agudo que no parecía ser muy simpático ni amigable que digamos, sino más bien "comercial". |¿Necesitais una recarga?| inquirió la españolada mujer, exhibiéndole otra cosa portátil que parecía ser el sustento de energía del objeto que todos los individuos portaban mientras caminaban; realmente parecían un grupo de fenómenos familiarizados o extraídos de una secta de fanáticos religiosos en búsqueda de algún ritual satánico. -No, no, no es necesario... muchas gracias de todas maneras... aunque para serle franco, estimada... me gustaría consultarle sobre su creencia en mitos y leyendas ¿Conoce alguna?- cuestionó Gryffindor con una tímida sonrisa plasmada en su cara; la misma que se desfiguraba con cada segundo que transcurría mientras la señora rascaba su barbilla. |Os debo confesar que siempre me ha molado la historia del caballo de la laguna de Vacaras en Andalucía... Contaba mi abuela que se trataba de un hermoso corcel blanco con grandes alas que fue atrapado por dos hombres... pastores ilusos que le montaron y salieron despedidos por los cielos con el animal... Me cago en la pu...| fue lo que pudo relatar la gorda, ya que otro "rellenito" llegó a su lado y se la llevó con la consigna de que había un "Unown" en un "cebo" y que debían atraparlo. -¡Por Merlín! Estos muggles están todos locos... pero quizás lo que ha narrado esta mujer se conecta con los abraxans o los aethonans... ¡Insólito!- exclamó Thomas sorprendido mientras caminaba por el parque; hasta que finalmente se sentó en una banca donde descansaba una... ¿monja con celular?... Extraordinario.
  11. -Hazle caso a Athena, Brahmsy... Será mejor que saques a Day de mi oficina... o yo no responderé de mis actos si vuelve en sí con preguntas tan incómodas como las que acostumbra a hacer cuando está intrigada- gruñó Elros sin despegar su mirada esmeralda del rostro impávido e inexpresivo de su secretaria; tratando de proyectar su rabia hacia ésta; mismo sentimiento que ya se había apaciguado al corroborar de que Rouvás tomó los tests con obediencia luego de su decisivo asentamiento con la cabeza. Transcurrieron un par de minutos en silencio luego de la salida de la recepcionista del salón junto al pequeño elfo; instancia que la griega aprovechó para comer el postre de manzanas con leche condensada mientras el pelirrojo revisaba un par de pergaminos que yacían sobre su escritorio, papeles que se rotulaban "facturas vencidas" y que debía estudiar con calma. -Ehhh... Está bien, Bonis... Es lo mejor que puedes hacer para matar esta incertidumbre. Sabes bien donde está el baño ¿Cierto? Ehhh... eso- atinó a responder el chico de cabellos ondulados, pues estaba ansioso y a la vez preocupado sobre el eventual resultado de la muestra de orina que Rouvás se tomaría para comprobar sus teorías acerca del supuesto embarazo. <<No creo que salga positivo... no debería serlo... ¿Cierto? Ehh... yo no puedo ser padre en esta época... Eso cambiaría todo el futuro. Yo no... es imposible que yo...>> eran los pensamientos que afloraban en el muchacho mientras caminaba nervioso de un sitio para otro. -¿Si?- contestó al llamado de Athena, sintiendo su agitado respirar tras ingresar a la oficina; no tardando en dar la media vuelta con el afán de mirarla directamente a sus ojos azules. -¡Qué! Entonces es cierto... Seremos padres. No cabe duda. Salieron positivos... Vamos a ser papás, eh... Vaya, no me lo esperaba- fueron las primeras palabras del paladín de La Orden, sintiendo varias punzadas en su estómago y un entumecimiento general del cuerpo que cualquier medimago de San Mungo le hubiese atribuido a un episodio de hipotermia. -Ya, ya, ya... Tranquila. La llegada de cualquier niño es una bendición, amor mío. Sabremos cómo afrontar esto... Los dos... juntos. Tenemos que ir al CCU para que te hagan un chequeo completo... ver cuántos meses tienes y si el bebé está bien- agregó estando a una proximidad que no era necesario un tono alto de voz, sólo susurros que ella oiría sin inconvenientes. -Tu padre me va a matar cuando se entere de que te falté el respeto, Athe...- finalizó tras unirse a ella en un cálido abrazo, demostrándole de que no estaba sola en esto y que asumiría su responsabilidad por completo.
  12. Leyes Mágicas era el nuevo conocimiento que el pelirrojo deseaba aprender, y también incorporar a su muy abultado currículum que ya pesaba bastante desde hace un tiempo hasta ahora; especialmente por todas las habilidades y las sapiencias ancestrales que el muchacho había adquirido de la mano de los Arcanos y Uzzas. No era un tema sencillo para Elros, sobretodo porque había tenido que leer bastante el Estatuto cuando estuvo a cargo de uno de los antiguos departamentos del Ministerio; y eso (bueno, a cualquier adolescente) le agobiaba lo suficiente como para querer salir corriendo de las aulas universitarias, de la misma forma que huyó (mentalmente) cuando se enteró de que sería padre en cuestión de meses. -Pensándolo bien... será mejor que no me presente. Son pocos galeones a perder... ¿Qué crees Brahmsy?- consultó el fenixiano a su elfo; el cual permanecía frente a la puerta de su alcoba, observándole mientras su amo tomaba desayuno sentado a los pies de la cama con la bandeja que recientemente le había subido desde la cocina del hogar de los Gryffindor. |Usted sabrá lo que hace, Señor... Brahms no puede influir en sus decisiones ni tampoco incentivar su vagancia| respondió el pequeño, sonriendo por lo bajo. -Tienes razón... Tendré que ser valiente y enfrentar esta... ¿Batalla? ¡Merlín! Leyes Mágicas con Rouvás justo ahora... ¡Bah! ¿Quién me mandó, eh?- gruñó con un trozo de pan en la boca, que por poco se atasca en su garganta de no ser por el zumo de naranjas que bebió con prontitud con tal de hacer correr el bolo alimenticio hacia su estómago de recorrido infinito, según le reprochaba su novia. Con una sudadera azul que llevaba estampada a las mismísimas reliquias de la muerte en el centro, jeans oscuro y deportivas níveas; el veinteañero se precipitó a descender las escaleras de la mansión de sus padres, cogió sus gafas de sol y un jockey que estaban sobre la mesa de arrimo a la entrada del vestíbulo, y salió hacia los jardines delanteros hasta envolverse en una niebla blanquecina que se lanzó por el cielo despejado de aquel día de verano rumbo a los terrenos de la Universidad. El joven sabía, de antemano, que la griega no era muy puntual que digamos, así que optó por esconderse detrás de un árbol hasta que la viese pasar hacia el salón donde Alessandra les estaría esperando, según en pergamino que ésta envió a través de un trueno muy peculiar. Y así fue, la rubia pasó casi corriendo por encima suyo (sin verle) con una mochila muy infantil a cuestas; por lo que Thomas dejó pasar un par de minutos antes de subir al encuentro de su nueva cátedra. -Debe ser aquella que habla sobre la responsabilidad de ocultación, atención y control de las criaturas mágicas, señorita Rambaldi... Añadida en 1750- se explayó el animago mientras ingresaba a la sala y tomaba posición en el pupitre más cercano a Athena, a quien saludó con una sonrisa seductora y un guiño, algo torpe, de su ojo izquierdo (pues ya se había quitado las gafas brunas en el trayecto al asiento).
  13. -Shhh... silencio, Bonis. No es el momento más adecuado para discutir- respondió el animago a los dichos de su novia ya recuperada del sorpresivo desmayo; realizando una sutil mueca en dirección a la posición donde estaba Misty, la que por poco se atraganta con su propia saliva tras el asombro de la noticia que "creyó" escuchar bien. -¡Hey! No es lo que usted cree, señorita Day. Athena está con unos desbalances de... ¿azúcar? Sí, eso... azúcar. Es por eso que tiene que comer cosas dulces, pues su glicemia está muy baja. Está propensa a desvanecerse y... y golpearse muy... sí, muy... MUY fuerte ¿No es así, amor?- trató de improvisar el adolescente, al mismo tiempo que sonreía con una ligera culpabilidad que hizo dudar, aún más, a los necios oídos de la secretaria del taller mecánico acerca de la veracidad de sus palabras . |Señor Gryffindor, usted no es quién para negarle el derecho de ser madre a una mujer. ¡Qué poco hombre es! ¿Ahora hará abortar a su novia? Con la fama de conejo que tiene su padre... dudo mucho que...| alcanzó a blasfemar la bruja; pues Elros rápidamente había desenvainado su varita de pirul con tal de intimidarle al apuntarla directamente al rostro. -¡Cállate! No te tomes atribuciones conmigo. Confianzuda- gruñó un apoderado veinteañero, en el preciso instante en que su arma brilló con fulgor zafíreo y se transformó en un cayado azul majestuoso. |Ah... y además es violento contra las mujeres, eh. ¡Femicida! Mañana mismo iré a los tribunales del Ministerio a interponer una demanda en vuestra contra... y dejaré constancia sobre las atrocidades que usted pretende con esta pobre mujer y su bebé en camino. ¡No se salvará de Azkabán! ¡NO ESTA VEZ! Le juro por la memoria de Albus Dumbledore que sus crímenes van a ser noticia en El Profeta... ¡PORTAD...| fue lo pudo gritar la rubia; debido a que Elros ya había conjurado un poderoso "Obliviate" con apoyo de su Vara de Cristal, efecto que le desmemorizó desde el segundo previo a que oyese el llamado de auxilio que su patrón le realizó minutos atrás. |Señor... Brahms ha comprado lo que usted le pidió... los test de... "glicemia" de la señorita Rouvás. Brahms no quiere saber los detalles, amo... pero me preocupa que la señorita Day...| dijo el elfo. -¡NADA!... la señorita Day, nada... Brahmsy. Mírala... parece un zombie con crisis de ausencia ¡JaJaJa! Luego despabilará... Es por eso que... Athe, toma los test y anda al baño. Tú sabes bien lo que tienes que hacer- expresó el pelirrojo, incentivando al pequeño sirviente (con un gesto con la mano) para que le tendiera los objetos a la griega antes que la odiosa recepcionista volviera en sí.
  14. -¿Y las manzanas?- dijo tímidamente el pelirrojo, casi haciendo un puchero de niño mimado con los labios, mientras le ofrecía el postre a su chica con ambas manos extendidas sosteniendo el "antojo" que acababa de traer Brahms. Pero lo que Elros no logró percatarse del todo era que la griega no se sentía bien, es más, estaba at portas de sufrir un desmayo de aquellos que les vienen a las embarazadas luego de un bochorno no premeditado. -¿Te... ¿te sientes bien? Athe... Athena... ¿qué es lo que te sucede, mujer?- preguntó con extrañeza, aproximándose hasta ella justo en el segundo preciso en que sus piernas flaquearon (más de lo normal) y se desvaneció en sus musculosos brazos que alcanzaron a sostenerla a tiempo, antes de que la fenixiana se hubiese ido al suelo. -¡Hey! Bonis... no me hagas esto ahora... ¡Despierta! Vaaamos... esto no es gracioso. Si es una broma... ya basta, eh. ¿Dónde están las cámaras?- era lo que Gryffindor verborreaba acorde a los nervios que experimentaba, sin saber qué hacer en situaciones así. Tanto fue su nivel de desesperación al ver que Rouvás no reaccionaba (tras golpear sus mejillas con "sutileza"), que optó por llamar a Misty de un único grito que se escuchó en todo el Callejón Diagón; claramente siendo una pésima idea. |¡Merlín Santo! ¿Qué fue lo que pasó, patrón?| gritó Day con las manos en la boca y los ojos abiertos como platos de asombro tras cruzar el umbral de la puerta del despacho del animago; lanzándose de inmediato entremedio de ambos enamorados con el afán de tomar el pulso y sentir la respiración de la rubia. -No lo sé... Sólo estábamos discu... hablando temas importantes para ambos... Ella se paró, dijo que necesitaba un poco de aire... y ¡PUFF! se vino a piso tal cual borracho se cae al licor. No tengo la culpa, eh... Así que no me mires así y haz algo- exclamó Thomas mientras le brindaba un poco de viento fresco a la "posible embarazada", a través del movimiento de su mano diestra que imitaba el vaivén de un abanico. |Es evidente, señor... que esto no fue una plática cualquiera. ¿Qué es lo que me esconde?| musitó la cizañera secretaria, al mismo tiempo que cogía un vaso de agua (que yacía sobre el escritorio de la oficina) y se lo arrojaba a "sangre fría" en el rostro a Athena. -Pe... pero, ¿quién te crees, eh? No vengas aquí a...- fue la entrecortada frase del joven; debido a que el diálogo se interrumpió por dos sucesos: el arribo inesperado del elfo con los test en la mano, y el "supuesto" despertar de la bruja, que parecía estar volviendo en sí.
  15. Nick: Thomas E. Gryffindor ID: 113082 Conocimiento: Leyes Mágicas Nivel de Magia: XXXVII (37) Link a la Bóveda: N° 93543 Link a la Ficha: N° 93537
  16. |Todo está en orden, amo. Brahms se ocupó de vuestro equipaje y dejó todo en su lugar| respondió el elfo antes de desaparecer a través de un chasquido de dedos y una sutil venia general hacia todos los presentes en la sala; lo que impulsó a Elros a querer subir a su habitación para descansar un tanto de su ajetreada vida universitaria. -No es necesario, niños. Espero ver a su madre pronto- respondió Gryffindor a los mellizos, una vez que estos se abrazaron a Hannity, siguiéndole la travesura que, dentro de todo, no le caía muy en gracia al joven. -Nos vemos en un rato. Voy a mi pieza para tomar un baño y cambiar mis ropas. Con su permiso, chicas- agregó sonriendo, fijando su mirada esmeralda en Arya; la misma que permanecía en silencio desde su llegada a la mansión. Fue así que el animago subió las escaleras del hogar de sus padres, hasta que sus pies quedaron de frente con la puerta de su alcoba; dudando en abrirla (por unos segundos que parecieron eternos) para no hallar algo nuevo en ésta luego de su ausencia. Pero no fue así; todo lucía tal como lo había dejado la última oportunidad, siendo obvio que Brahms se había encargado de mantenerla perfecta para su bienvenida. -Nigromante... Vaya, vaya... nunca pensé que crecería tanto- exclamó con una sonrisa a flor de labios tras lanzarse a su cama de espaldas, dejándose caer como si ésta fuese un cúmulo de plumas que lo recibiría como a un rey. -¡Vamos por esa ducha, eh!- exclamó con un grito, reincorporándose de un salto energético. Tras desprenderse de su vestuario, el apuesto adolescente ingresó a la bañera que lo esperaba con agua caliente y mucha espuma, como le gustaba desde siempre. Rozó su tonificado cuerpo con la esponja enjabonada, y restregó sus ondulados cabellos con sus dedos remojados en shampoo de manzanillas silvestres; sintiendo el aroma que se expandía por todo el cuarto mientras el amplio espejo se empañaba con el vapor. Al salir, secó sus partes pudendas y envolvió la toalla larga de algodón alrededor de su cintura (dejando entrever su musculoso torso); cogiendo una de manos para revolver su pelo pelirrojo idéntico al de su madre; cruzando el umbral hacia el dormitorio justo cuando sintió el golpeteo de su puerta en compañía de una voz muy peculiar. -Kyt... ¡Marabella! Gusto en verte, y mira... tu gemela oculta también está aquí ¿No es así?... ¿Qué es lo que pretenden ambas, eh?- consultó Thomas, apoyándose en el borde de una de las paredes laterales de la entrada, dándose la media vuelta. -¿Qué esperan? ¿Van a pasar? No tengo mucho tiempo... nos esperan para cenar allá abajo- añadió luego de sentarse a los pies de su cama.
  17. -¿Embarazada?- fue la palabra con que Elros terminó la frase que su chica dejó inconclusa tras ponerse de pie; viendo que ésta colocaba ambas manos sobre su vientre con el propósito de buscar alguna respuesta ahí, luego de que Gryffindor huyera de sus brazos como si un enjambre de abejas lo persiguiese. -¿Es eso posible? Tú me dijiste que te estabas cuidando ¿O no? Por eso yo dejé de usar los preser... A ver, espera... ¿Esto lo tenías planeado?- consultó el pelirrojo con el ceño fruncido, no dejando de observar a Athena directamente a los ojos. -No es que yo no quiera ser padre... es sólo que... o sea yo... no estaba en mis planes aún, Bonis. No quiero que te molestes conmigo por lo que te estoy diciendo... es que, no sé... no sé si estoy preparado para compartirte con alguien más, Athe. Sé que si somos padres... nuestros hijos van a robar mi lugar único en tu corazón- añadió con cierto pesar el muchacho; siendo verdaderamente egoísta con su forma de comprender una situación tan "diferente" para ambos. -Esa vez... cuando los dos estuvimos en ese sitio sagrado... hace un par de meses... ¿lo recuerdas? Creo que nos excedimos... Yo no pude controlar mi impulso... era como un frenesí... una droga. Sólo me detuve después que todo se apagó entre ambos. Tal vez, aquella oportunidad... no, no puede ser. No saquemos deducciones hasta que vayamos a San Mungo o al CCU- dijo un impaciente mago; el cual no paraba de rascar su nuca mientras caminaba de un lugar a otro en su oficina del taller mecánico. -¿Aún venden esos "test" en la droguería mágica que está a la otra cuadra de Gringotts? Sería bueno que partiéramos por ahí. Si efectivamente hay un bebé en camino... debieses tener cerca de tres meses de gestación ¿O no? Aquella oportunidad fue la única vez que no nos cuidamos del todo. Pero que no cunda el páni...- fue lo que alcanzó a decir, casi vomitando información (debido a sus nervios), porque su elfo apareció en la escena con una caja sellada que contenía el postre que Rouvás estaba deseando comer. |Brahms trajo lo que usted ordenó, amo. Brahms habló con la vendedora y le dijo que anotara el pedido a la cuenta de su amo. ¿Brahms puede retirarse?| preguntó el pequeño, percibiendo que algo raro pasaba entre los dos enamorados. -¡No! Brahmsy necesito que vayas a la farmacia y cojas uno de los... dos, mejor que sean dos, de los test de... el examen rápido de embarazo. Y no le digas de esto a nadie o te corto la lengua ¿Entendiste?- soltó Thomas enérgicamente, justo antes de que el doméstico desapareciera a través de un chasquido. -Puedes comerte el postre, Athe... Y vamos... dime algo, por amor a Merlín- exclamó.
  18. -Que Richard Moody jamás se entere de eso último que dijiste... creo que para él no sería bueno saber lo que te he celebrado por las noches antes de dormir desde que pasamos... como dos adorables conejos ¿No lo crees?- expresó el veinteañero con perversión en su mirada esmeralda, la misma que lució divertida al sonreír tras ver el gesto de envidia que Rouvás le dedicó con su lengua, tal como una niña mimada. Verdaderamente algo no encajaba del todo bien en relación a la salud de la griega; parecía estar somnolienta gran parte del día, dormía más de lo habitual y se quejaba bastante acerca de lo hinchados que llegaban sus pies tras horas de trabajo en Gringotts. No era que Athena fuese una mujer muy dedicada a sus labores antes, pero desde su paso por el Cuartel Auror no le recordaba con tanta fatiga y ansias de comer luego de un baño de tina caliente que a veces duraba horas encerrada, escuchando música, cantando y comiendo fruta con... ¿leche condensada?. -¿Otra vez? ¿Te has puesto a contar las veces en el día que comes esas cosas llenas de calorías? El otro día asaltaste la despensa de la mansión de mis padres... Tanis le fue con el chisme a todos... y mamá dijo "de broma" que tendría que poner llave a la nevera- comentó Elros, no sin antes aproximarse hasta el escritorio de su oficina, donde la rubia ya había tomado asiento en la silla giratoria. La fisonomía de Thomas únicamente denotó resignación, y luego de encaminar sus pies hasta detrás de la silla con tal de abrazar por la espalda a su chica y besar sus mejillas en reiteradas oportunidades en cortos intervalos de tiempo y de manera muy tierna; llamó con dos aplausos a su elfo doméstico, quien apareció de inmediato frente a ellos. |Lo que ordene, amo| respondió Brahmsy posterior a oír el mandado de Thomas; pedido que iba dirigido a una de las más famosas postrerías del callejón Diagón donde, obviamente, ya eran clientes frecuentes. -No comprendo tu fascinación por las cosas dulces... Yo prefiero unas ricas pastas italianas... sí, unos ñoquis caseros con salsa boloñesa y con esencia de albaca... y un tiramisú para finalizar... ¡Cosa más buena!- sin querer queriendo estaba cayendo en lo mismo que la nigromante, babeando como un bebé frente a una paleta de caramelo. Pero justo cuando estaba por sentarse en las piernas de Athena para regalonear, al girar la silla hacia el muro, Elros (inconscientemente) posó sus manos sobre el vientre de ésta, y un fugaz escalofrío se apoderó de él en un santiamén. -Q... ¿Qué es lo que tienes ahí, amor? Algo... algo me transmitió un pensamiento a través de Legilimancia... ¿Hay algo ahí?- exclamó el animago al dar un salto que por poco lo deja pegado en el techo de la estancia, sin dejar de apuntar la barriga de Rouvás.
  19. -¡JaJaJaJa! Eres más débil de lo que creía, señorita de los tobillos frágiles. Si un cuerpo trabajado como el mío te es problema... Mmmm... Bueno, tendremos que comenzar a ir más a McDonald's. Unas cuantas hamburguesas y papas fritas serán más que suficientes en vez de mi yogurt con avena y fruta por las mañanas- expresó el fenixiano, sonriendo con picardía ante las miradas juguetonas de su chica; las cuales tenían una única finalidad, que obviamente conocía muy bien Gryffindor desde el tiempo que ya llevaban juntos. -¿Malas pulgas? ¡Já! Aquí la única que tiene el genio raro y cambiante es usted, rompes mi "cocoro" cada vez que prometes cosas y no las cumples, "malis"... Aunque debo admitir que tienes razón en el punto del buen dormir que comparto con mi dragón, ya que en el último tiempo tengo a alguien que ronca mucho a mi lado por las noches- bromeó el aventurero animago mientras le guiñaba su ojo izquierdo a la griega; quien retrocedió hasta el escritorio de la oficina, con un titubear que no pasó desapercibido por el joven de cabellos rojizos ondulados. -E... espera, Athe. ¿Estás bebida?- preguntó a "rompe-huesos", debido a que aquella actitud tan osada en Rouvás no la veía muy a diario; menos ahí, donde era más bien "recatada" y desconfiada. Con aquel comentario sarcástico, el ambiente se tornó tenso; transformándose el "Ven aquí, Gryffindor" en un gesto con la mano (de parte de la nigromante) que le indicaba que no se aproximase. Parecía un poco ofendida, pero ni ella misma conocía del todo el real estado por el que su cuerpo estaba pasando; le era ajeno, poco familiar, y algo nuevo que no todas las mujeres optaban por pasar en alguna etapa de sus vidas. -No... no quiero sonar alarmante, amor... y tampoco deseaba molestarte. Sé que no eres buena para beber, y por eso mismo cuando lo haces... pues, no tienes mucha tolerancia que digamos. ¿Has salido con alguien a pasar el rato? ¿Con tu prima? ¿O es que Kyttara te anda dando clases de hábitos alcohólicos a tempranas horas del día?- añadió Elros, esperando sonar un poco más divertido con la última frase que culpaba a su hermana. La mirada de Athena lucía distinta; sus ojos, tan profundos como el océano más azul del mundo, parecían brillar con un resplandor muy singular; sus caderas estaban más anchas que de costumbre, y sus pechos... oh sí, sus pechos se marcaban más acentuados que nunca. -¿Desde cuándo no vas al medimago?- cuestionó levantando una de sus cejas con extrañeza, mientras apoyaba su vasta espalda contra la pared.
  20. -¡Claro que sí! También te extrañé... aunque estaba más preocupado por saber cómo estabas después de la prueba de vinculación con la habilidad en la pirámide. No pudimos hablar mucho con Báleyr ahí... entremedio de los dos; aunque también es cierto que esas instancias son bastante "personales"... pero... me moría por entrar a tu reto para ver si necesitabas ayuda con algo... te demorabas demasiado en salir ¿Todo bien?- preguntó Gryffindor con una cuota de ansiedad inevitable en su expresar, pero Athena le dejó hablar brevemente al colocar uno de sus dedos sobre sus carnosos labios con tal de que guardara silencio y velase por el sueño de Chimuelo. -E... espera, no creo que sea una muy buena idea ir para...- fue lo que alcanzó a susurrar cuando le cogieron de la mano y le condujeron hasta el pasillo principal que comunicaba la cueva con el cuadro que cambiaba de dirección las escaleras ocultas. -¿Ah sí? A mí también me has hecho mucha falta, y no es necesario que pongas esa cara para pedirme lo que gustes... Lo leo en tus ojos, amor- musitó el adolescente, arrinconándola con cuidado contra la pared rocosa; besando su cuello y rozando con su nariz cada zona comprendida entre la clavícula y el lóbulo de su oreja, causándole cosquillas que se transformaron en pequeñas risas que llamaron la atención de alguien que empezó a ronronear a sus pies. -¡Shere-Khan! Vete... déjanos en paz- exclamó Elros; incentivando a que el wampus se moviera y comenzara a frotar su cuerpo con las piernas de ambos jóvenes enamorados. -Te dije que no era una muy buena idea venir para acá, Bonis... Al gato le gusta estar aquí- suspiró, dándose por vencido; debido a que optó por agacharse un resto con el propósito de brindarle amor a su amigo, el mismo que se abalanzó contra él para lamerle con efusividad por todo el tiempo que habían permanecido separados. -Si viene Seraphina... tendrás que mimarla tú, Athe. Ella te adora ¡JaJaJaJa!- sonrió el fortachón tras imaginarse una escena donde la griega se volvía "uña y mugre" con la serpiente cornuda, ocasionando que un fuerte rugido se oyese y retumbase en toda la cueva; la que se iluminó con una potente llamarada escarlata que se direccionó hacia ellos con el objetivo de calcinarlos. -¡Fulgura Nox!- vociferó Elros, invocando rápidamente un portal que los llevaría a salvo a su oficina en el segundo piso del taller mecánico; dejando que Rouvás y el wampus lo cruzaran primero antes que él, sintiendo que el calor ya les acechaba encima justo antes de desaparecer la brecha. -Por poco y nos rostizamos los tres... Chimuelo me las pagará- gruñó el animago al darse cuenta que su sudadera estaba en llamas por posterior; sacándosela de inmediato (quedando con el musculoso torso al desnudo) para así apagar el fuego con un efectivo Aguamenti que dejó una poza de agua que Misty tendría que limpiar en unos minutos más.
  21. -Lu... ¡Luna!- fue lo que logró balbucear el pelirrojo una vez que se separó del fuerte abrazo que su hermana le dio a modo de bienvenida, sintiendo la potencia descomunal que ésta poseía al ser una vampiresa; hecho del cual le sería muy difícil de acostumbrarse al estar habituado a tratar con simples humanos. -Es imposible olvidar tu rostro y tu simpatía tan... "espontánea", querida prima- respondió sonriendo en una primera instancia el muchacho, sin dejar de mirarle a los ojos para tratar de leer a través de ellos (usando la Legilimancia) y así enterarse de lo que estaba sucediendo en casa con la visita de Arya y las locuras de la celópata de Kyttara. -Lo más probable es que haya dado un golpe de crecimiento con tanta actividad física y vitaminas al día... pero Luna, eee... espera- agregó en vano el último vocablo de súplica, debido a que no estaba muy convencido de querer ir al encuentro de esas dos brujas, en especial porque tenía bastante hambre desde que salió de su prueba de vinculación. Pero no tuvo más remedio; su muy sociable hermana se había encargado de conducirle hasta donde estaba Macnair junto a una mujer que no era Kytta, y que creía no recordar tras hacer memoria en sus registros visuales, pese al parecido que era indudable. -Buenos días, Arya... tanto tiempo que no nos vemos ¿Y Ámbar?- consultó Gryffindor luego de saludarle con un beso en el dorso de su mano derecha, en señal de respeto y caballerosidad; percatándose de que Seintmontt e Ivannaly también estaban, y con bastante gracia en su semblante infantil. -¡Hola niños! ¿Dónde está su madre?- dijo a los mellizos, revolviéndole los cabellos. -Pareces Kyttara, pero no lo eres. No podrás engañarme a mí- le susurró al oído a la rubia (Hannity) posterior a besarle en ambas mejillas como saludo inicial; no sin antes clavar también sus ojos en los de ella, con el afán de investigar un poco más a fondo tras utilizar su habilidad mágica de lectura de mentes. -Soy Thomas... - añadió al separarse de la también chupa-sangre; sintiéndose un poco extraño al estar rodeado de razas muy distintas a la suya y que poseían cualidades fuera de lo cotidiano. -La verdad es que estoy un poco cansado. He estado bastante tiempo comiendo los alimentos de la Universidad... y pues... ya deseo algo de comida casera, eh. Pero antes me daré un baño y cambiaré mis ropas... ¡Brahmsy!- exclamó la última palabra tras aplaudir dos veces; provocando que un elfo muy peculiar apareciera entremedio de todos. -Pequeño... ¿Has desempacado mi equipaje? Subiré en unos minutos- continuó diciendo el veinteañero a la criatura; quien desapareció con un chasquido de dedos.
  22. Ya había transcurrido tiempo desde la última vez que Elros cruzó la enorme verja azabache con dicha aldaba con forma de león que tanto le gustaba desde que tenía uso de razón; debido a que su familia solía colocar aquel símbolo de su linaje en cuanto lugar pudiese, tal y como él mismo lo había hecho en su local comercial en el Callejón Diagón. No se había percatado de la hora ni tampoco deseaba sacar el reloj de bolsillo del interior de su capa de viaje, pues lo único que le importaba al muchacho era que ya estaba en casa y podría descansar luego de un largo período fuera de su hogar al estar cursando varias disciplinas en la Universidad, siendo Nigromancia su última adquisición. Cruzó con cuidado el sendero principal a través del camino de piedras que servían como medio protector para el césped y los árboles que tanto trabajo le costaban a los elfos mantener; hasta que sus ágiles pies subieron los escalones que estaban al comienzo de la fachada de la mansión custodiada por aquellas dos estatuas mitológicas que contenían un extraño y poderoso hechizo druida en su interior. Al aparecer en el vestíbulo, luego de cruzar la puerta de entrada; el pelirrojo colgó su capa en una de las tantas perchas de la pared lateral al umbral, quedando únicamente con un jeans oscuro, zapatillas níveas ligeras y una polera de mangas largas que rápidamente arremangó al sentir el calor proveniente de la chimenea que siempre se encontraba encendida en la sala contigua al recibidor de la residencia fenixiana. Las fotografías, los adornos y detalles... todo seguía tal cual lo recordaba Thomas desde que era un niño, aunque ahora al estar en el pasado, podía memorar cosas que antes (al ser un infante) parecían estar borrosas en su consciencia frágil que también quedó marcada por acontecimientos dolorosos que opacaban el brillo de la felicidad que trataba de irradiar a través de sus orbes esmeraldas, los mismos de su madre. Los sonidos y aromas provenientes desde la cocina le cautivaron de inmediato; ya que el animago sentía un hambre atroz que aún no podía ser compensada desde que retornó por el portal dimensional en la pirámide del Ateneo donde Báleyr le aguardaba para vincular el anillo de la habilidad de la resurrección que ahora lucía magnífico junto a los demás. -¿Annick? ¿Elvis? ¿Hay alguien en casa? Soy yo... Thomas- exclamó mientras conducía sus pies hacia el comedor, obviamente no queriendo llamar la atención de muchos, ni menos llamando a sus padres como "mamá" y "papá" respectivamente; debía resguardar su identidad el mayor tiempo posible, ése era el compromiso, incluso frente a sus propios familiares.
  23. Tras desprenderse de una ligera capa de viaje que había considerado llevar puesta pese al clima primaveral; Thomas se sentó detrás del escritorio de su oficina privada, observando algunos documentos que quedaron inconclusos desde la última vez que visitó su taller mecánico; algunos de ellos tenían relación con la adquisición de sus tres bestias que descansaban tranquilamente en la zona privada subterránea del local de Diagón. |Con permiso, jefe| fue lo que escuchó luego de unos tenues golpes en la puerta de entrada; dejando entrever que se trataba de Misty junto con el encargo que le solicitó antes de salir del vestíbulo de la Vulcanización. -¡Pasa! Por favor... Deja los papeles encima y te retiras. Tengo que firmar y validar algunos títulos para enviarlos a Gringotts y al Ministerio cuanto antes. No quiero que los funcionarios del Control de Comercio se pasen por aquí a fiscalizar y que no esté nada en orden desde mi ausencia, Day- expresó Gryffindor, finalizando su comentario con una mirada de sentencia que dejó a la bruja con los pelos "ondulados" de punta. |No se preocupe... pero, tengo que decirle que la señorita Rouvás está aquí. Deduzco que bajó a ver a la criaturas... pues no la veo aquí... a menos que... esté escondida debajo de su mostrador ¿O no?| respondió con picardía la rubia, queriendo insinuar algo que prontamente esfumó al percatarse de que al pelirrojo no le había caído en gracia tal nivel de patudez. |No quise ser... imprudente, señor. Mejor bajaré para poner en su sitio las fichas de los clientes. Hasta luego patrón| finalizó la mujer, sonriendo con malicia; saliéndose con la suya al querer incomodar al mago. -Estas mujeres, por Merlín... tan chismosas como siempre. No cambian, eh- gruñó por lo bajo el adolescente, leyendo por encima una nota que sobresalía del conglomerado de pergaminos y que se titulaba: "Extraños"; la cual en sus primeras líneas detallaba la visita de dos jóvenes a comienzos de Marzo en búsqueda de un galpón donde reparasen su automóvil averiado y que además le diesen información sobre la escoba voladora de modelo aún más raro. <<¿Nimbus 300?>> pensó el veinteañero mientras se rascaba la barbilla, la misma que ya dejaba asomar unos pelos rebeldes al no haberse afeitado en un par de días. Sin dar mucha vuelta al asunto y decidiendo que más tarde interrogaría a la despistada recepcionista de su negocio; el nigromante dirigió sus pasos hacia el punto exacto donde recitó la contraseña que cambió la orientación de las escaleras, conduciéndolo hacia la cueva de piedra volcánica donde su chica debía de estar. -Shhh... Aquí estoy. No grites- le susurró al oído a Rouvás tras taparle los ojos con sus manos al haberse aproximado hasta ella en absoluta discreción y silencio en el pasillo (pues Chimuelo dormía); y posteriormente le dio la media vuelta, le cogió por la cintura rodeándola con sus fuertes brazos y le plantó un beso apasionado que frustró cualquier intento de regaño premeditado por parte de la hermosa griega. -¿Me extrañaste amor?- le consultó.
  24. Ya había pasado bastante tiempo desde la última vez que Thomas pisó las dependencias de su único local comercial en el Callejón Diagón; y pese a haber dejado a Misty a cargo de todo, el chico no podía hacer desaparecer una cuota de desconfianza ante las extrañas actitudes que la rubia recepcionista del taller mecánico tenía a diario a la hora de entablar una plática sencilla con clientes o con los mismos trabajadores que comenzaban a quejarse ante los salarios bajos que Gryffindor depositaba en sus bóvedas de Gringotts tras meses de deplorable actividad comercial en Londres, sin ninguna ganancia que le incentivase a negociar aumentos ni gratificaciones. -Buenas tardes señorita Day- fue el saludo que el pelirrojo le obsequió a la bruja oriunda de los pantanos de Louisiana luego de arribar al vestíbulo; percatándose de que la mujer no pudo controlar el asombro al verle, pues sus ojos (como enormes platos) parecieron desorbitarse por breves segundos antes de focalizar su atención para responder. |Hasta que finalmente se dignó a aparecer, patrón. No sabe cuántas cosas he tenido que pasar con...| fue lo que la secretaria alcanzó a decir mientras se levantaba de su escritorio; debido a que el animago había desenvainado sutilmente su varita de pirul con el afán de silenciarle a modo de "escudo protector" ante el mar verborreico que la partícipe del aquelarre de Coven le tendría preparado a su llegada con el propósito de hacerle sentir mal por su magnífica despreocupación. -¿Acaso no tienes nada mejor que hacer en vez de lanzarme improperios? No te das cuenta que podría ingresar alguien... vería todo el show que estás montando gratuitamente sin siquiera cobrar una miserable entrada- gruñó el veinteañero enaltando una de sus rojizas cejas. -Si quisiera... en este preciso momento te asesinaría, y luego de reviviría para volverte a matar... una y otra vez, y de diferentes maneras para que experimentaras todas las fuentes de dolor existentes en el mundo. Te tomaría del cuello y te lanzaría a un acuario lleno de tiburones... o mejor, te dejaría afuera de la mansión Malfoy con un bello letrero que rezara: "Me ofrezco de elfina doméstica... No acepto regalos" ¿Qué te parece eh?- musitó Gryffindor luego de acercarse al oído de la excéntrica fanática Stevie Nick; ocasionando que a ésta le temblaran las piernas a tal punto que no logró conservar su postura bípeda, desplomándose sobre el asiento detrás el mostrador. -Espero que no hayas matado de inanición a mis criaturas... o Chimuelo tendrá que conformarse con el atado de huesos en lo que te has convertido, Day... Ahora subiré a mi oficina, quiero que me mandes una lista con los quehaceres y una pauta con todo lo que ha sucedido en mi ausencia... He venido a quedarme... ¡Ah! Y no estoy para nadie ¿De acuerdo?- agregó Elros con seriedad en su tono de voz; para posteriormente perderse en el pasillo escondido (oculto tras un cuadro) que se activaba con la contraseña que solamente algunos pocos conocían, dentro de éstos... Athena Rouvás.
  25. <<La vida no es justa, Elros... pero siempre puedes hacer algo para remediarlo>> fueron las palabras que el muchacho recordó en su consciencia; frase que atesoraba desde aquella ocasión en que su tía Arabella se las susurró al oído luego de distinguir, a través del visillo del ventanal, los cuerpos maltratados y sin vida de sus padres tras la dura batalla en contra de los seguidores de La Marca Tenebrosa. Verdaderamente la madrina de Thomas poseía toda la razón; y ahora el pelirrojo tenía, entre sus brazos, el cadáver de la joven a quien amaba desde que era un simple mago principiante en la escuela británica de Hogwarts. Con sumo cuidado, el veinteañero volvió a dejar a Millie en el césped; y sin la necesidad de desenvainar su varita de pirul ni buscar, por los alrededores, objetos que le sirviesen para invocar un ritual similar al que Athena realizó con el afán de vincular su alma errante extraviada en el Inframundo; posó las palmas de sus manos a unos centímetros por encima de los pechos de la bruja, cerró los orbes y luego confió en su poderosa habilidad inculcada durante un largo período por el Arcano. -Ressurrexit a mortuis, suscitare de veritate... Ressurrexit a mortuis, suscitare de veritate... Ressurrexit a mortuis, suscitare de veritate...- fue lo que repitió el adolescente en tres oportunidades; sintiendo cómo un flujo de energía vital recorrió cada rincón de su propio ser hasta canalizarse en sus manos, conformando un puente espiritual que atrajo el alma de la recientemente fallecida, y la enlazó a su organismo mortal aún tibio ante el escaso tiempo transcurrido. -Spiritus mundi mortuos suscitate... Spiritus mundi mortuos suscitate- agregó con determinación tras sentir que su querida chica respiraba una vez más; logrando que la vinculación pasara a ser permanente y no temporal. |Elros... ¿Eres tú? Elros... ¿Qué demonios me ha pasado? Estaba en casa con mis padres y de pronto "chas"... hechizos por doquier impactaron en todas...- alcanzó a verborrear Diggory, debido a que el animago le abrazó con tanta pasión que le hizo perder el aliento, enmudeciendo. -Creí que nunca más volvería a sentirte, Millie... ¿Estás bien? ¿Te sientes bien?- preguntó con preocupación Gryffindor luego de separarse, porque dentro de sí sintió que algo no andaba bien. Los dientes de la mujer lucían gastados, su pelo opaco sin brillo, las uñas largas y teñidas de una tonalidad amarillenta que sólo se camuflaba con la palidez aparente de su rostro y aquellas ojeras profundas que parecieran ser de un tipo con insomnio crónico. |Claro que sí amor... Estoy bien. ¿Cómo está tu familia? Tus padres y hermanas... Tus tías: Arabella, Mica... Sofía| consultó con aparente naturalidad la hechicera; siendo el último nombre la piedra angular que hizo a Elros dudar de que si efectivamente se trataba de Millie. <<¿Cómo puede ser posible que pregunte por su asesina? Ella la vio... Ella siempre fue celosa de Sofía>> se cuestionó el vidente. °Mátala, Elros... Asesínala... Y deja mi cuerpo ahí° fue la frase que remeció al miembro de La Orden; era como si alguien se la recitase al oído y le indicara lo que debía hacer. -Tú no eres Millie... ¿Quién eres?- le preguntó Thomas a la maltrecha mujer, poniéndose de pie alejándose de ésta, con la mirada clavada llena de extrañeza e incertidumbre. |JaJaJaJaJa Pensé que sería fácil engañarte con los recuerdos que aproveché de sacar de tu mente desprotegida... como un libro abierto ante tu sentimentalismo barato. Mi nombre es Morgana. La hechicera más poderosa de todos los tiempos... y he vuelto a la vida gracias a tu incompe... pero qué... ¿Qué has hecho?| gritó la temida usurpadora al finalizar su oración; ya que Elros se le había abalanzado con un trozo de vidrio en su diestra, enterrándoselo justo en el corazón. -No vivirás en este cuerpo que es templo de bondad, bruja... Vete al Infierno del cual no debiste salir jamás- culminó el pelirrojo, penetrando el arma aún más en el pecho de Morgana, atravesando su tórax mientras discurría sangre a mares. Con el puñal incrustado en el cuerpo de Millie; el escenario se volvió níveo, haciendo que todo lo que rodeaba al muchacho desapareciera y cegase su visión como si en un campo de neblina espesa se hallara. °Gracias... Gracias por intentarlo, Elros° Al abrir los ojos al mundo nuevamente; el adolescente se encontraba afuera del portal en medio de la sala circular donde Báleyr le esperaba con un semblante muy característico de un sujeto con años de sabiduría en su interior. -He logrado volver, maestro. Siento la Nigromancia viva en mí, pero...- se interrumpió el apuesto joven, pues necesitaba recuperar el aliento luego de enfrentar tamaña prueba. -¿Cómo fue posible, señor? Morgana se aprovechó de la ocasión y desterró el alma de Millie de su propio cuerpo para ella retornar al mundo de los vivos y así consagrar sus planes contra los "sangre sucia". Si no fuese por... si no fuera por Millie, yo no... yo no hubiese reconocido nada ante la emoción de haber consagrado una resurrección perfecta. Usted siempre tuvo razón, Báleyr... Somos seres vulnerables. Y he aprendido mi lección en la instancia más crucial donde este anillo no dejó de vibrar en señal de que no estaba solo... Usted siempre me guió. Gracias... Infinitas gracias, maestro- concluyó Gryffindor; realizando una venia de respeto hacia el viejo tuerto; percatándose, a su vez, que Rouvás aún no lograba arribar desde su portal.

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