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Dovakhin Haughton

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Dovakhin Haughton ganó por última vez el día 1 Febrero 2017

¡Dovakhin Haughton tenía el contenido más querido!

Acerca de Dovakhin Haughton

  • Cumpleaños 27 Mayo

Profile Information

  • Género
    Male
  • Location
    Voltea
  • Interests
    Ojos de serpiente, alas de dragón.
  • Casa de Hogwarts
    Slytherin

Ficha de Personaje

  • Nivel Mágico
    4
  • Rango Social
    Unicornios de Plata
  • Galeones
    53308
  • Ficha de Personaje
  • Bóveda
  • Bóveda Trastero
  • Bando
    Neutral
  • Libros de Hechizos
    Libro del Aprendiz de Brujo (N.1)
  • Familia
    Haughton
  • Trabajo
    0
  • Raza
    Demonio
  • Graduación
    Graduado
  • Puntos de Poder en Objetos
    200
  • Puntos de Poder en Criaturas
    0
  • Puntos de Fabricación
    0
  • Rango de Objetos
    10 a 200
  • Conocimientos
    Artes Oscuras
    Pociones
    Encantamientos
  • Medallas
    0

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Reputación

  1. Niño prodigio, joven y talentoso, luego adulto y cansado. Dovakhin rememoraba su vida, aquellas experiencias de antaño que lo supieron llenar de emociones y de objetivos, sus viajes por el mundo, los dragones... Hubieron tantas cosas que disfrutó sin darse cuenta que ahora todo se volvía un poco más triste. Se estaba despidiendo a su manera pero de alguna forma sentía que no había dejado un legado, se sentía vacío de alguna manera. Por esa misma razón había decidido esconder sus escrituras, sus memorias, en algún lugar seguro donde alguien más pueda encontrarlas y aprender todo lo que él escribió allí durante tantos años. Contemplaba la librería de aquella esquina desde la vereda de en frente, su libro estaba oculto debajo de la túnica y listo para ser guardado en secreto. Se adentró al lugar y se dirigió directamente a la zona donde se podían encontrar los mejores libros de los magos más famosos. Allí puso el suyo y se dispuso a retirarse, sin embargo una muchacha lo detuvo confundiéndolo con un trabajador de la librería y le preguntó dónde podía encontrar Los cuentos de Beedle el Bardo sin embargo Dovakhin no le supo contestar y la muchacha siguió su camino. Al hacer dos pasos vio en una de las filas y filas de libros, uno gris, era justamente el que buscaba la joven pero al voltearse para avisarle no la vio mas por lo que tomó el libro, lo abrió y comenzó a leerlo allí parado. Se detuvo para toser y continuó su lectura. "El mago y el cazador Saltarín Había una vez un anciano y bondadoso mago que empleaba la magia con generosidad..." Ya había leído todos aquellos cuentos cuando niño, sin embargo ahora de adulto su mensaje era aún más claro que antes. A medida que leía más líneas del libro, más recordaba su pasado con añoranza, sin embargo cuando cayó en cuenta de que estaba leyendo un libro en medio del paso de la gente levantó la cabeza y vio de frente a un sujeto bastante atlético de cabello castaño, aparentaba su edad o quizás un poco más. Su condición de demonio parecía dejarlo exento de la vejez pero no de las enfermedades, aquello le daba más dolor de cabeza todavía ¿cómo podía ser que alguien terminase así por una enfermedad? él, que había hecho de todo en su vida, que se había enfrentado a muerte con tantos magos y brujos excepcionales logrando salir airoso de cada enfrentamiento muriendo enfermo, era inaceptable. Aún estaba invicto en enfrentamientos, nadie nunca le pudo ganar un duelo, sin embargo parecía que el cáncer le rompería el invicto. Eso lo llenaba de Rabia. Extendió el libro con el brazo al hombre, de apariencia era más joven, sin embargo Dovakhin tenía muchos más años de vida de los que aparentaba. —Toma niño, lee algo interesante— Exclamó con seriedad. @@Matthew B. Triviani
  2. Dovakhin se abría paso lentamente entre la gente mientras avanzaba lentamente por el Callejón Diagón. La seriedad en su rostro estaba presente como una característica infaltable para él, sin embargo estaba de pie y caminando por su propia terquedad pues no deseaba en lo absoluto pasar sus últimos días postrado en una cama. Nadie sabía de su situación y tampoco pensaba revelarla, sentía pena de si mismo y detestaba la idea de darle lástima al resto así que decidió disimular todo lo posible y que quienes lo conocían, no lo encontrasen extraño. Si iba a irse de éste mundo, al menos lo haría con honor y sin perder la reputación que los años le habían dado. Vestía una túnica negra y unos zapatos del mismo color, sus pies de adelantaban uno ante el otro de manera relajada mientras que sus orbes vislumbraban los diferentes negocios de la zona, algún lugar sería idóneo para descansar un rato. Venía pensando en su familia, en el pasado. Pensaba en los amores que lo ilusionaron y le arrebataron algo de aquella oscuridad con la que siempre se sintió cómodo, y también pensaba en las veces que todo perdió la importancia y volvió a refugiarse en la oscuridad. Durante tanto tiempo había estado pendiente de otras personas y ahora recién caía en la cuenta de que había sido en vano. Su madre Mónica ¿Dónde estaría? era uno de sus cuestionamientos recurrentes, igual al de preguntarse qué diría su progenitora si se enterase que la vida de su hijo mayor estaba por finalizar por una enfermedad. Luego de tantos enfrentamientos con la muerte, de tantas hazañas, era hora de que una historia finalice su etapa para que una nueva historia comience en su lugar. ¿A dónde iría su alma? no le preocupaba, pero si le interesaba saber. De repente se detuvo frente a la figura de un niño sin rostro. A juzgar por su vestimenta, pareciera ser él de niño ¿era acaso posible? comenzó a seguir al pequeño infante que cada cierto lapso de tiempo corría en dirección contraria al Haughton. —Maldición— Musitó mientras se tocaba el pecho y trataba de ir un poco más rápido hacia el pequeño, pero se detuvo y comenzó a toser de nuevo. Levantó la cabeza y volvió a ver al joven en la esquina, ésta vez dobló corriendo y tomó otro pasillo. Dovakhin lo siguió. Pasaba entre la gente como un fantasma, algunos lo chocaban pero el Haughton no hacía caso a lo que en otro momento hubiese provocado un imperdonable. Era más importante alcanzar a aquél muchachito. En un momento dado el niño sin rostro entró en un local, el letrero ponía "Hell Moon" ingresó de inmediato y comenzó a mirar hacia todos lados detenidamente con una expresión totalmente seria en su rostro, sin embargo el niño no estaba, había desaparecido "como por arte de magia" Sin embargo su mirada se cruzó con la de una fémina que le hizo un gesto como si lo estuviese llamando ¿tendría algo que ver? no perdía nada con comprobarlo así que decidió acercarse a ella y sentarse al lado. Miró al cantinero —Un Whisky doble, por favor— De inmediato le sirvieron, lo tomó de un tirón —Ahhhhh— El pecho le quemaba, pero al menos le tranquilizaba un poco el dolor. —¿De casualidad no viste a un niño entrar recién?— Preguntó finalmente obviando las presentaciones, en primera medida no planeaba quedarse mucho tiempo allí. @
  3. Fuegos artificiales Las noticias caían como un granizo de invierno. La mirada perpleja de Dovakhin delataba sorpresa mezclada con molestia, una sensación nostálgica invadía su cuerpo como si recordara aromas de repente, aromas que había olido muchísimos años atrás. No podía distinguir de dónde había sentido ese olor antes pero de alguna forma lo reconocía, sin embargo aquél pensamiento era solo un escape para no pensar en lo que estaba leyendo. Para ponernos a tono, aquella mañana había recibido una lechuza anónima la cual tardó horas en leer debido a algunas complicaciones que tuvo pero ahora que estaba un poco "mejor" se había puesto a leer detenidamente el contenido de aquél comunicado. En su habitación de la desolada Haughton se hallaba el que supo ser un temible mortífago en sus mejores épocas, aquél sádico asesino despiadado, que ahora estaba venido a menos transitando sus últimos días mortales se encontraba sentado iluminado por la única luz de una vela puesto que el resto del establecimiento estaba en penumbras por su propia decisión. La carta revelaba su procedencia de parte paterna, aquél sinvergüenza que nunca se había hecho presente en su vida ahora aparecía de la nada revelado en un manuscrito para terminar de cerrar aquél vacío que tuvo durante décadas. A pesar de no decir el nombre del susodicho la carta le informaba que él en realidad había nacido en Escocia y que su relación con la Yaxley no era sólo un parentesco lejano como ser ahijado de Orion, sino que pertenecía al propio linaje de la familia, su padre era un Yaxley de sangre. Enojado con aquél hombre que ni siquiera tuvo el valor de decir su nombre, Dovakhin decidió salir en busca de respuestas y se dirigió directamente hacia la Manor, iba a hacer una visita inesperada. Al salir vio las nubes en el cielo, se acercaba una tormenta fuerte pero eso no detuvo al demonio que continuó su camino. Cada quince o veinte minutos la tos se hacía presente en él, sentía un catarro en el pecho y algunos dolores fuertes en diferentes zonas, sin embargo a pesar de estar sufriendo por aquello, la gente no podía distinguirlo puesto que lo disimulaba con todas sus fuerzas. No iba a dejar que se viera al gran Dovakhin Haughton tan deteriorado. Al llegar a la esquina de la mansión la lluvia se hizo presente, sentía como cada gota le quemaba el cuerpo pero ni se inmutaba pues debía guardar las apariencias, no se había hecho fama de tipo duro durante tanto tiempo como para que una insignificante lluvia ácida se la tirase abajo en dos segundos. Al llegar a la puerta ni lo pensó y atravesó la entrada sin pedir permiso quedándose finalmente en el Hall de entrada esperando ver a alguien conocido, quizás su padrino o alguien más que estuviese por ahí. Su rostro expresaba seriedad, tenía cara de poker como siempre pero ésta vez era justificada. —Hola— Se limitó a decir.
  4. En época de cambios un hombre debe establecer sus prioridades, y el alcohol era una de ellas. A pesar de querer llevar una vida distinta a la que recordaba, Dovakhin jamás podría dejar el elixir de los dioses, el brebaje de la vida. Por esa razón se dirigió a uno de sus bares favoritos, La Mazmorra. Se abrió paso dejando la puerta atrás y subió las escaleras perfilándose directamente a la barra, pretendía embriagarse de lo lindo ese día y nada ni nadie lo impediría, a lo sumo dejaría que lo ayudaran en su cometido pero esas cosas pocas veces ocurrían. Se sentó en una de las banquetas de la barra y esperó a ser atendido mientras sacaba un cigarrillo del atado que tenía en su bolsillo derecho del pantalón, lo prendió e inhaló la primera pitada. Era un mal hábito que había adquirido en su viaje, si tan sólo hubiese sabido que aquél vagabundo lo llevaba por mal camino jamás habría tocado el tabaco, pero ahí estaba, con su nuevo vicio latente entre los labios llenándolo de humo por dentro. Recordó que la primera vez que fue había conocido a la dueña del lugar y mientras fumaba miraba a su alrededor como si quisiera vislumbrarla en algún sitio. Sabía que ella misma frecuentaba su propio negocio por lo que no sería nada extraño hallarla allí, sin embargo al no ver caras conocidas volvió a lo suyo y centró su atención en una botella de licor de chocolate que se veía como si estuviese ahí esperándolo a él. @@Candela Triviani
  5. Durante algún tiempo tuvo que encargarse de su propia familia, mantener la reputación de su apellido era un trabajo arduo y muy estructurado, algo que su madre había podido lograr a la perfección pero que él realmente no pudo. Luego de un tiempo emprendió un viaje lejos de su casa, se alejó tanto de la Haughton que al regresar dudaba seriamente si sería bien recibido en su antiguo hogar sin merecer una llamada de atención seguido de algún que otro correctivo por parte de su madre, sin embargo, lejos de rendirse ante un posible atentado contra su vida por parte de su propia sangre, recordó aquél tío lejano que tan bien le caía. Para su fortuna habían abierto nuevamente las puertas de la mansión de su familia, la excusa perfecta para escapar de las obligaciones y una buena manera de interactuar con más personas. Al llegar notó el estado del castillo. Los ladrillos sin pinturas le daban un tono vintage al lugar, era enorme y viejo, pero parecía bastante agradable. Ingresó sin pedir permiso y se quedó en la sala mirando hacia su alrededor, conociendo el lugar en donde viviría. Francamente no sabía si había alguien allí por lo que se quedó parado con sus dos maletas, aclaró la voz y trató de hablar lo más fuerte posible sin gritar, alguien debería oírlo. —¡Hola!— Se escuchó un eco —¿hay alguien en casa?— Trillado, si, pero efectivo en dos de cada diez películas. —Vine a vivir aquí, traje alegría— Sacó un cigarrillo de dudoso contenido de entre sus bolsillos y lo encendió. De inmediato el aroma invadió el gran salón de entrada. Tan solo esperaba que alguien apareciera.
  6. Finalmente todo tenía sentido en su cabeza, con un par de simples explicaciones ya no hubo confusiones al respecto y fue entonces cuando el rubio notó la intensa mirada de su interlocutora. —Bueno, suelo disfrutar de mis comidas en soledad, pero supongo que nunca es malo un poco de compañía— la expresión de su rostro mutó de una leve seriedad a otra más agradable, esbozando una amable sonrisa de esas en las que la boca es acompañada por los ojos. No solía ser de esa manera, pero estaba determinado a cambiar su actitud en general. Estaba cansado de la apatía constante que experimentó toda su vida. A los pocos instantes se presentó un sujeto hablando en Italiano, trajo las pizzas y por lo que el Haughton pudo observar, y había oído con anterioridad, se trataba del ya mencionado hermano de su compañera de mesa. —Hola, muchas gracias— Sabía Italiano, pero le resultaba en vano usar el lenguaje siendo que aquél hombre también hablaba su mismo idioma. Eso de impresionar a las personas con sus conocimientos había quedado en el pasado. Con el tiempo aprendió que entre menos se sepa de uno, a la larga siempre es mejor. Volvió su mirada a la mujer de ojos verdes, aún era una desconocida para él. —Soy Dovakhin Haughton, por cierto. tomó una porción de la pizza que había pedido y le dio el primer mordisco cerrando los ojos y con una expresión de goce absoluto en el accionar, definitivamente era una de sus comidas favoritas. Lo gracioso era que aún siendo demonio se deleitara con placeres tan humanos. Quizás fuese simplemente el hecho de que era más humano en esencia que otra cosa.
  7. Si de por si era un hombre confundido en la vida, ahora lo estaba mucho más ¿era camarera después de todo? ¡qué lío!. Dejó los pensamientos para después y retomó la conversación —Rubia, claro— La cerveza negra tenía algo que no terminaba de gustarle a Dovakhin, siempre que se pudiese elegir, optaría sin dudas por la cerveza tradicional. —De todas maneras pedí una pizza de Pepperoni nada más, no creo que pueda terminar una entera como para comer la otra— No había escuchado mal, la mujer le dijo al Elfo que preparara dos, sin embargo luego cayó en la cuenta de que posiblemente estaba ordenándole dos pedidos juntos. Volvió a mirar a la mujer que permanecía en el mismo lugar ¿qué querría? era un poco invasiva, generalmente solía disfrutar de la soledad luego de pedir en algún bar o restaurante, pero ella seguía allí. —Muchas gracias— dijo intentando encontrar un fin a la conversación, pero quizás aquello no era lo que pasaría a continuación. LLevó su diestra al bolsillo correspondiente y buscó un cigarrillo, una vez con el cilindro de tabaco en la mano se lo puso entre los labios y buscó ahora un encendedor, para luego prenderlo. Cerró los ojos y la primer pitada introdujo el humo en su cuerpo, fue casi relajante. No acostumbraba fumar, pero todo el tiempo fuera le había dado no solo nuevos pensamientos, sino que también nuevos hábitos.
  8. No había pasado mucho tiempo pero aún estaba esperando ser atendido, la paciencia nunca había sido su fuerte en otro momento habría comenzado a lanzar maldiciones por todas partes, sin embargo esa época había quedado atrás. Poco después de verse inmerso en pensamientos llenos de dualidades y contradicciones una mujer de cabello rojo se acercó a su mesa, su primera impresión fue que se trataba de una camarera del lugar. —No, estoy yo solo— Comentó —Voy a pedir una grande de pepperoni— exclamó con entusiasmo y reparó de inmediato en que no había pedido bebida —Para tomar, ¿tienen cerveza artesanal?— Muchos años habían pasado desde la última vez que había tomado aquél brebaje tan delicioso. No se había percatado aún de que la mujer simplemente quería acompañarlo y no tomarle el pedido, pero como siempre, el Haughton era muy despistado cuando no estaba partiéndose la madre con alguien en un enfrentamiento. El local estaba a medio llenar, no había mucha gente pero aún así el bullicio de los cubiertos y la gente conversando hacían que la conversación pasara inadvertida. No le hubiese gustado encontrarse haciendo el ridículo frente al resto, luego de haberle pedido comida a la persona equivocada. No dijo nada, pero se percató de su error y simplemente se quedó mirando a la mujer como esperando la obvia respuesta de ella. @
  9. Gruñía, su estómago sentía una especie de vacío existencial, como si no hubiese digerido comida desde la segunda guerra mundial muggle. Un par de pasos por el callejón Diagón y los distintos aromas que abordaban en su nariz le abría aún más el apetito, lo que sin duda era un problema para los pocos galeones que reposaban en su bolsillo sin ánimos de ser gastados. "Maldición, un siglo fuera y no pude superar la comida de éste lugar" Los pensamientos cada vez más convencidos de ceder ante el deseo y la necesidad de comer se mezclaban con la añoranza de pisar un sitio que hacía mucho tiempo no visitaba, dos mas dos y Dovakhin se dispuso a entrar al local más pintoresco que encontró. El restaurante era de temática Italiana, uno de los países favoritos del mago y cuyo idioma siempre fue una afición para él. Se abrió paso por el inmenso salón y pudo vislumbrar que además de comida había objetos y demás intereses latinos dentro del mismo local, como una suerte de "popurri" Italiano. Sin perder mucho más tiempo tomó asiento en una de las mesas del centro y esperó a ser atendido. Ya tenía en mente que pediría una pizza aunque aún estaba decidiendo de qué gusto sería, de cualquier forma pensaba en aquello y se le hacía agua la boca. —Tan solo espero que no se demoren mucho— musitó mirando hacia los lados con la intención de ver algún mozo o camarera.
  10. Hola, lo prometido es deuda asi que por qué no terminamos el mes de la mejor manera? Vengo a unirme a la flia @Orión Yaxley podemos ser primos o hermanos, no sé lo que quieras vo fijate y me acomodas... jeje Ya que la Haughton anda media muerta, y en la Gaunt no aparezco, me uno a la Yaxley, que encima suena re bien "Dovakhin Haughton Yaxley" jeje, de paso sáquenme el Gaunt de la ficha que creo que ya me sacaron de la familia jajaja en fin, ahí voy. Nick: Dovakhin Haughton ¿Qué es lo que más te gusta de tu personaje? Que puede ser lo que yo quiera ja ¿Estás preparado para ser un Yaxley? De hecho no estaba en mi planes jajaja ¿Estás teniendo un lindo día hoy? Nunca nada es tan lindo como yo.
  11. Las puertas se abrieron de par en par, el castillo estaba desolado, parecía ser que los únicos seres que habitaban el lugar eran los elfos domésticos. No sabía dónde estaría su madre o sus hermanos, no había nadie allí. Le preocuapaba el hecho de que hubiesen desaparecido, sin embargo tampoco era responsable por los demás, cada quien tenía una vida y la vivía a su manera. Dovakhin ingresó y se dirigió directamente hacia su habitación donde pasaría el resto del día sin pensar en nada ni nadie, lo único que quería era estar tranquilo en su hogar. Todo estaba completamente igual a como lo recordaba, cada cosa estaba en su lugar, aunque parecía un poco dejado todo el sitio, estaba como sucio. El patriarca miró a su elfo con desdén y éste entendió que debía ponerse a limpiar de inmediato. La Haughton no sería una familia marginal y mucho menos vivirían rodeados de telarañas por un par de elfos haraganes, el amo había regresado y eso significaba que las vacaciones terminaban al mismo tiempo.
  12. Le causaba gracia el temperamento de Avril y le resultaba de muy poca clase. Durante su crecimiento como brujo dentro de la marca tenebrosa había aprendido que no hacía falta ser exageradamente desagradable para tener malicia en su actitud o sus palabras, de todas maneras no estaba allí para enseñarle formas de ser, sino simplemente como bien había dicho, estaba para firmar el papel que certificara sus conocimientos en pociones, sin embargo aún no comprendía la pobre mujer que en la vida la jerarquía era algo de suma importancia y vivir del pasado era un gran error. Estaba en una posición jerárquica superior a la de ella, tanto en la clase como en el bando que compartían y quizás era eso lo que le dolía a quien supo ser líder de la marca tenebrosa y se jactaba de todas sus habilidades y logros en el mundo mágico. Dovakhin entendía la impotencia que podía sentir la Malfoy al ser dirigida por un joven como él. Sin embargo nada podía hacer para evitarlo. Haughton soportó su insolencia y se limitó a sonreír cuando la muchacha le dio la espalda. De a partir de ahora no recibiría indicaciones, ya que era tan genial, ella tendría que decidir todo lo que sucedería a continuación. Después de todo él solo era el títere que firmaría su certificado. —Tranquila, Malfoy... no dejaré que se muera— Se limitó a decir para luego verla atravesar la puerta y adentrarse en el frondoso bosque. Sabía que no le gustaba la clase, sabía que lo estaba odiando y por supuesto que sabía que su ego le nublaba el juicio, pero a diferencia de la mujer, el tempestad no tenía tiempo para ponerse a discutir por tonterías pues sus problemas más grandes estaban fuera de la clase y por ende, su mente y pensamientos también corrían la misma suerte. Sólo era cuestión de tiempo para que la bruja encontrara los ingredientes que buscaba, luego debía presentarse ante Dovakhin y proceder a hacer la poción. explicando paso a paso cómo la haría y qué utilizaría para su realización. Pero todo dependía de ella. @@Avril Malfoy
  13. Cuando el tempestad notó que su alumna ya estaba presente desde antes no pudo evitar sorprenderse, sin embargo lo que realmente le molestó no fue la impertinencia de su alumna ni el hecho de haber llegado tarde a la clase, sino que aquella bruja engreída ésta vez tenía razón y eso Dovakhin no quería aceptarlo. Ambos poseían un carácter fuerte y a pesar de la admiración que el demonio sentía por Avril, no se dejaría pasar por arriba y mucho menos en su clase. —Tiene razón, Malfoy— Su expresión se volvió completamente seria y fulminante. —Creo que no existe mucho que yo pueda enseñarle— Decía al mismo tiempo que se ponía de pie y avanzaba a paso lento hasta la posición de la mujer, donde tras llegar al banco apoyó sus manos sobre el pupitre y clavó sus orbes verdes como la esmeralda en los ojos de su interlocutora. —Pero la realidad es que, le guste o no, yo soy su profesor.— Hubo un breve silencio donde el aire ni siquiera se animaba a silbar. No había nacido ayer y nadie le había regalado nada, todo lo había logrado por sus medios y que alguien lo descalificara sin motivos no le agradaba en lo más mínimo, mucho menos alguien que poco tiempo atrás se presentó en el castillo de su familia a pedir ayuda, le parecía irónico y poco agradable. Dejando lo personal de lado centró nuevamente su cabeza en la clase y tomó como referencia el conocimiento previo de su alumna, quien se jactaba de su experiencia para asegurar que era ella capaz de darle clases al mismo profesor. Claramente no podía discutírselo, no estaba en posición de ponerse a la par de alguien a quien le daba clase así fuese el mismo Lord Voldemort, por lo que para asegurar que todo iría bien procedió a darle el gusto. —Bien Malfoy, como usted es una bruja excepcional le diré qué es lo que debe hacer para demostrar que merece aprobar la clase— Exclamó con elocuencia mientras la expresión de su rostro se relajaba y adquiría la templanza característica del patriarca Haughton. Ahora todo comenzaría. http://i.imgur.com/poH6k9g.png —Para demostrar sus conocimientos y aprobar la clase que me toca impartir, debe salir al bosque que hay afuera de ésta cabaña y buscar los ingredientes necesario para crear cualquier poción que usted desee, le doy libertad en esa elección— Explicaba mientras una leve sonrisa se dibujaba en su rostro. —Quizás usted se pregunte ¿dónde se supone que voy a hacer mis preparaciones? Soy consciente de que no tenemos caldero ni utensilios, pero de momento sólo preocúpese por conseguir los ingredientes necesarios. Le aseguro que en el bosque encontrará especias y especies variopintos y no le hará falta ninguno, pero cuidado con las criaturas que habitan allí, es lo único que podría generar problemas... aunque no creo que para alguien como usted eso sea un impedimento— Comentó con ironía para luego volverse a sentar en su asiento. No tenía ganas de lidiar con el tire y afloje entre profesor y alumna por lo que impuso su clase de una vez. Hizo un gesto con la mano como si estuviese indicándole a la bruja que debía salir de la cabaña. Por fuera, el bosque era un gran pulmón verde, tenía lo que parecía ser un camino que conducía a una especie de "entrada", eran como dos árboles posicionados de manera tal que quien lo viese lo asimilaría de inmediato con una puerta o algo por el estilo. Por dentro la oscuridad dominaba. Los altos árboles tapaban los rayos del sol, los animales acechaban con sigilo y algunos hacían ruidos desde todos los ángulos. Por otra parte, Avril encontraría todos los ingredientes que necesitara de menor a mayor escala. Entre más se adentrara al bosque, más ingredientes difíciles encontraría. Es decir, si quería realizar una poción compleja, debería llegar hasta el centro del extenso mar de árboles. @@Avril Malfoy
  14. Iluminado con los dones de la impuntualidad, un Dovakhin Haughton desarreglado llegó jadeando a la vieja cabaña que usaría junto a Leah para dar la clase, claro que su compañera daría algo diferente a pociones, pero estaban organizados para compartir el recinto destinado a ambas asignaturas. Con el cabello desprolijo y la ropa rasgada se quedó un breve instante observando a la Ivashkov. —Un contratiempo, tuve un contratiempo...— musitó recuperando la calma y arreglando el saco importado que llevaba puesto. Al menos se había acomodado la ropa y más tarde el cabello. Tenía que improvisar la clase. Había preparado todo con antelación pero un elfo gracioso se metió de noche a la choza y se robó hasta el propio caldero para hacer pociones. Claro que con su temperamento el Haughton salió en su búsqueda e incluso lo encontró, pero aquél nido de dragones y criaturas peligrosas casi le había costado la vida, tan solo pudo recuperar el libro pero todo lo demás estaba bajo las llamas de una de las bocanadas escupidas por aquellas bestias voladoras. En cuanto al elfo doméstico, desapareció antes de que el mortífago pudiese hacerle algo dejándolo en ridículo. Se sentó y comenzó a escribir rápidamente una carta que luego le dio a una lechuza quien finalmente emprendió vuelo para llevársela a su tía abuela y alumna, Avril Malfoy. Aquella vieja bruja debería poder llegar a la clase sin indicaciones, después de todo era una veterana y ex líder mortífaga por lo que no esperaba más que brillantes y eficacia desde su parte. No estaba muy preparado pero sabía que su clase sería la correcta. Mientras esperaban ambos profesores a sus alumnos, Dovakhin volteó y observó a Leah —Confío en que no dirás nada sobre mi demora— asumió. Lo último que necesitaba era dejar una mala impresión a sus pares. Era obvio que no le revelaría a nadie la humillación sufrida por un insignificante y asqueroso elfo doméstico. Una vez llegó su alumna, Dovakhin se sentó en su escritorio y con una mirada gélida observó a Avril. —Siéntese Malfoy— El tono de su voz era autoritario, parecía su peor enemigo. —Quiero que quede claro que en éste contexto no somos familia, no somos amigos, ni conocidos.— soltó fulminante mientras se cruzaba de brazos. —Dime todo lo que sabes sobre pociones— @@Avril Malfoy
  15. Dovakhin no podía sostener la gracia que le hacía observar a Maida sentirse tan mal, había hecho una maldad para castigarla por tomar una clase creyendo saberlo todo, pero jamás hubiese envenenado a la señorita, al menos no en una clase individual. Si por casualidad hubiese cursado con alguien más, posiblemente el veneno hubiese sido puesto en el alimento, pero no, en ésta ocasión le había mentido. Y lejos del malestar que su alumna había comenzado a sentir, no había ni una pizca de veneno en su organismo. —Aprobada— Sentenció. Le habían enseñado bien en Hogwarts, sin embargo debía controlar mejor la credulidad pues desde el comienzo de la clase si bien fue totalmente "sabelotodo", en ningún momento desconfió de su profesor, ni si quiera cuando éste le dijo que la había envenenado. A veces es mejor no dar nada por sentado y dudar de todo antes de cometer errores. —Puedes irte— Dijo mientras avanzaba hasta el fondo del salón y atravesaba una puerta mágica que la llevaba nuevamente a la dependencia de la universidad. Incluso todo el camino que había hecho para llegar allí era innecesario, pero todo eso fue una venganza por volcar café encima de su ropa aquél día en la calle. Ahora tenía que limpiar su pantalón por el vómito, esa muchacha siempre se las arreglaba para meterse contra su vestimenta. Pero el Haughton ya se había divertido demasiado. @

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