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Eobard Thawne

Magos Expertos
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Todo lo publicado por Eobard Thawne

  1. Revivir viejos recuerdos del pasado resultaba como un balde de agua fría para el castaño. Sus primeras experiencias con la metamorfomagia no habían sido precisamente agradables; cambiaba ante situaciones de estrés, y ciertamente los enfrentamientos en contra de su tía entraban en la categoría de dichos eventos. La relación entre Juv y él era más bien una ¿rivalidad? Durante el tiempo que fue mortífago, se habían aliado en más de una ocasión, pero sin perder de vista el bien mayor. ―Reconocer la desventaja táctica también es parte de la estrategia. Muchas de esas veces en las que nos enfrentamos, era joven y brutalmente inepto. Ahora sólo soy un inepto integral. Encogió los hombros con ese dejó de ironía, mientras la rubia intentaba convencerlo de que enfrentarse dentro de los dominios de una Arcana era buena idea. No negaba que le emocionaba la perspectiva de una batalla, mas aún, la memoria de la última clase que compartieron antes de perder el contacto. ―Jugadas y contrajugadas. Por un lado, si bien erradicar a un insignificante insecto como yo es una oferta tentadora, no imagino el papeleo que habrá de levantar esta escuela por el infortunio ―colocó su puño sobre la frente, simulando lamentar una tragedia. Acto seguido, se despegó de la mesa ante la vista de su tía empuñando la varita ―. Un movimiento astuto. Pensaba ahora en el misterio que suponía Juv. Aunque si pensara en todos los familiares de los que no conocía más que el nombre, y eso por azares, la lista era larga. Le causa cierta intriga, y reto a la vez, pues no seria fácil indagar la información que él deseaba obtener. Ya no digamos, que la nigromante bebiera Veritaserum por equivocación. ―Te podría ofrecer algo mejor a cambio, algo que hasta yo ansiaría, y que te ayudaría a entenderme mejor. Si estás dispuesta a cambiarlo por tu equilibrio mental, desde luego. Tocó su sien con el índice derecho un par de veces, haciendo referencia a lo que le ofrecía a su compañera de clase. Pero no todo sería tan fácil; de la mano que no señalaba el premio mayor, dejó caer un par de cachivaches que a cualquiera le habrían parecido basura. Técnicamente, se podrían considerar como tal. Y en cuanto el par de detonadores trampa alcanzó el suelo, se desvanecieron en una bocanada de humo de colores, que sumada a la reacción exotérmica causada por la detonación y el ambiente sofocante, dificultarían la visión. O enfurecerían a la demonio. Seguramente lo segundo, pensó el Black Lestrange, modificando su posición ante la supuesta distracción. Hecha su jugada, quedaba ver el desenlace de tan audaz, o inútil, idea que creía ideal para avivar el conflicto. ―Me disculpo por mis dedos de mantequilla, una mala costumbre. @ Juv Macnair Hasani
  2. Nick: Eobard Thawne ID: 121079 Conocimiento: Maestría con Escobas Nivel de Magia: 25 Link a la Bóveda: 110224 Link a la Ficha: 110221
  3. Te veo (?)

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    2. Eobard Thawne

      Eobard Thawne

      Tengo hasta el Druida, compré el Caos pero sigo sin cursarlo xD

       

      Y sí, allá anda mi personaje con el de Juv, haciendo tiempo en lo que aparece la Rosalia 💃🏻

    3. Souichirou Mima

      Souichirou Mima

      Ah re bien, si me dan espacio para integrarme me les uno. 

    4. Eobard Thawne

      Eobard Thawne

      Yo no tengo problema, va a estar buena la lectura de mentes (?) 

  4. ―Eso le quitaría la diversión, en mi muy reservada opinión. Juv parecía tener una idea de quién se trataba, aún detrás del velo protector que le ofrecía la metamorfomagia al Black Lestrange. Existía un balance entre su juego mental y la realidad, o al menos, lo que se acercaba a la definición de real. Aquello le resultaba reconfortante, pues había logrado su cometido; comenzaría una pequeña partida de ajedrez en tanto Rosália Pereira no hiciera acto de presencia. Asintió con suavidad, entrecerrando los ojos de tonalidad avellana, propios de Allen. Lo cierto era, que la presencia de la rubia también podría tratarse de una pequeña prueba por parte de la Arcana; no podía confiar del todo en las plantas de ese lugar, confirmándolo con el comentario hecho por la neozelandesa instantes atrás. Si bien, conocía de antemano que la Legilimancia podía implantar imágenes o recuerdos falsos en la mente de uno, dudaba que fuera el caso. ―Nunca me enfrenté a alguien dentro de un invernadero, sin duda sería una experiencia gratificante ―se regodeó ante la sutil idea de tener que confrontar a un ente que sobrepasaba por mucho sus capacidades. Negó con la cabeza, emitiendo un sonido de reprobación al contacto de la lengua con los labios ―. Aunque, llegados a este punto, un combate a un nivel más...eh, ¿cómo decirlo? Espiritual, mental, tendría mayor efectividad. Hay heridas que no sanan nunca. Reconocía que su mente estaba hecha un rompecabezas, poco interesante a la vista del curioso y más vulnerable, a diferencia de su compañera, a quien no subestimaría, pues seguro no permitiría que el castaño-rubio se colara a sus pensamientos como si regalase un libro a un pequeño. Aprovechó el descanso en el intercambio de palabras para apoyar la espalda sobre el borde de una mesa de estructura metálica, cuya superficie estaba casi tan plagada de flora como los alrededores. Juv por otro lado, parecía haber recibido de lleno una corriente de aire helado. ―Lindo tatuaje. Me recuerda a una época en la que la sociedad no se sumía en guerras sin final, tiempos aparentemente más civilizados ―puntualizó, acomodándose las gafas. @ Juv Macnair Hasani
  5. Pues, yo vengo a ver la hora (?) Y, también, a aceptar la invitación de @ Juv Macnair Hasani para unirme a su equipo, así que estaría uniéndome a las filas del Equipo 1 si todo está correcto /o Digo, lo más seguro es que sea un tronco (?), pero ya veremos si podemos pulir un poco, ya de menos. Lo importante es pasarla bien y el dinero, no olviden el dinero. Salu2.
  6. Se tomó un par de segundos para aspirar el aroma que emitía la flora que acompañaba su camino. Su contraparte animal, tan sensible a la mayoría de los aromas, lo había forzado a ser más perceptivo en cuanto al sentido del olfato. No obstante, aquel sentido no era aquel que le interesaba desarrollar; a menudo se encontraba cavilando sobre su porvenir, abstraído de sus alrededores. Como en ese momento, ¡maldita la hora en que se había puesto a pensar en aquello! ―En cada uno de nosotros, dos naturalezas están enfrentadas ― recitaba aquella voz, eco de un pasado que se desvanecía como la nieve en primavera―. La misma lucha frenó a Jekyll de trascender, lograr un verdadero equilibrio entre mente y cuerpo; ahí tienes el resultado de una mente desorganizada, vulnerable a incursiones... Como la tuya. Frunció los labios en un intento de sonreír de forma irónica ante los recuerdos sobre la primera vez que habían traspasado las barreras físicas y espirituales de su mente. No podía decir que era diferente en ese momento, de hecho, una parte del joven se preguntaba cuáles serían sus probabilidades de sobrevivir a la clase de la Arcana, basándose en los encuentros previos con tan míticos seres. Tales pensamientos lo acompañaron en su trayecto, aunados al ocasional roce de alguna de las plantas. Un ejemplar de tentácula venenosa le propinó un latigazo a su pantorilla izquierda, a manera de advertencia. Pero ya era tarde para echarse para atrás, pues su calzado deportivo ya había alcanzado la estructura en la que, según sus referencias, habitaba la Arcana de Legilimancia. Un invernadero, pero no como esos en los que se impartía Herbología, de vuelta en Hogwarts. Parecía más bien un santuario, una especie de intersección entre el reino vegetal y el animal. Percibía un ambiente dulzón, como si las plantas emanaran feromonas que evocaran una sensación de adormecimiento, como si su ser físico fuese más ligero. Y, sorpresa, no había sido el primero en llegar, para variar. ―Ah, Juv ―habló con un tono jovial, más propio de la persona que era cuando conoció a la rubia, cuya delineada figura y cabellera específica la hacían inconfundible―. Ha pasado bastante tiempo, si la memoria no me falla. Bonito sitio para coincidir. Ladeó la cabeza hacia ambos lados con delicadeza, a manera de suavizar su intento de romper el hielo. Confiaba en su buena memoria, aunque no la juzgaría si desconocía al adulto joven que le hablaba; la capacidad de modificar su apariencia física a placer, así como la cantidad de alias con los que se manejaba, como el de Barry Allen o Eobard Black Lestrange, resultaban desconcertantes. En ese punto, hasta él cuestionaba si realmente era quién decía ser.
  7. En teoría, me queda un slot para realizar una habilidad. Si no estoy en lo correcto, pues nada, se cancela y ya está (?) ID: 121079 Habilidad: Legilimancia Nº de conocimientos que se poseen: 11 Link a la Bóveda: Bóveda Link a la Ficha: Ficha Thx.
  8. El dinero (?) Me da nostalgia recordar aquellos partidos que se organizaban en el .com, me llamaban mucho la atención. Recuerdo una buena época, allá por 2008-2010, cuando era un pequeño inexperto. Ahora sólo soy inexperto. Igual, ando viendo si sí regreso al foro, o no xD Quizá el quidditch sea la opción que me convenza.
  9. Mira lo que hiciste, Barry. 

    1. Souichirou Mima

      Souichirou Mima

      Oh no, 

      Oh no, 

      Oh no, no, no, no.

    2. Mia Black Lestrange
  10. Exámenes Terribles de Alta Sabiduría e Invocaciones Secretas (E.X.T.A.S.I.S) Parecía excepcionalmente tranquilo, a pesar de la situación a la que había arrastrado a sus alumnos. Pickman no hacía más que gruñir y quejarse de las aparentes pruebas que los relacionaban con la magia, muy a pesar de los intentos por parte de Danny y él por convencerlo de que sus ojos habían presenciado ciencia, no magia. Quizá no ayudó mucho a su causa el que a Minimin la relacionaran con la magia, por lo que la situación seguramente terminaría peor de lo que inició. Le dedicó una mirada a ambos, que con todos los contratiempos, lo acompañaban en dicho despacho, cada uno sentado en un mullido asiento, separados veinte centímetros entre sí. Casi como las víctimas sentenciadas a morir por la horca. Tenía que intentar lo de Newton. Extraño, ¿no? Antes solían ser escépticos, hoy día, la gente se cree muchas cosas. habló con total naturalidad, y a un volumen que sus captores habrían escuchado sin problemas. Pero, ¿por qué no lo hicieron? En su índice, había invocado el anillo de salvaguarda contra oídos indiscretos, por lo que el supuesto concejal, así como los individuos que se sentaban en cada esquina de la habitación, solamente verían al profesor ladeando ligeramente la cabeza. Era casi como el encantamiento Muffliato, pero no advertía de su aplicación. Podían hablar sin problema, solamente cuidando que no resultara tan obvio que se estaban comunicando. Estamos en una encrucijada, pero creo que podemos salir de ésta. La gente pide un espectáculo, quizá sea lo que haya que darles para que se satisfagan su primitivo deseo. Aclaró la garganta a propósito, buscando atraer la atención del sujeto con bigote de morsa; temporalmente, anuló el poder del anilo. Pickman lo miraba con cierta curiosidad, puesto que era el único de la triada misteriosa que vestía como gente de la época. Algo parecía inquietarle respecto a la presencia de la clase. Eobard tosió esta vez, notando que el otro se había cuajado en sus pensamientos. Intentamos decírselo, lo que cree que es magia, no es más que ciencia. El detalle es que nadie se ha puesto a analizar ese tipo de fenómenos comenzaría a averiguar la postura del individuo respecto a la comunidad mágica . Pero usted sí lo ha hecho, ¿verdad? No nos acusarían de magia, si no se tratara Dio en el clavo, pues el sujeto comenzó a sudar frío, entrelazando las manos cada cierto tiempo, mientras echaba miradas a los tres, buscando que todo se tratara de un mal sueño. Joel Pickman no respondía a sus preguntas, estaba más preocupado por la opinión pública; sabía que sus muchachos no tardarían en correr la voz de que su dirigente conocía demasiado bien esas prácticas denominadas diabólicas. «Si la magia no existe, ¡entonces expliquen esto!» Corrió a uno de los armarios, cuya madera rechinó ante la estrepitosa reacción. Apenas corrió el pestillo, un destello azul salió disparado del interior, como una descarga eléctrica. Se escuchaba el aleteo de algo parecido a un insecto, como un zumbido que indicaba lo que estaba por venir. Un billywig, tan pequeño como un dedo humano, y quizá más veloz que una libélula, había sido liberado dentro de la oficina. «Esas cosas rondan nuestros bosques, se meten a nuestras casas, infectan a los nuestros. No veo cómo lo que ustedes llaman ciencia puede explicarlo, ¡tiene que ser magia!» La criatura mágica sobrevoló la habitación, antes de zigzaguear entre los asientos de los presentes, hasta dirigirse a uno de los gorilas que hacían el trabajo sucio de Pickman. El muchacho, quien no rebasaría la veintena, apenas tuvo tiempo de sostenerse el cuello, habiendo recibido la picadura del bicho. Dicho procedimiento lo repitió con los otros tres vigilantes, quienes se elevaron como si la gravedad hubiese sido reducida a cero. El Black Lestrange reconocía los efectos, pero para evitar que las personas salieran por error hacia el pueblo de Salem, tendrían que utilizar la magia. Ya no digamos, para bajarlos. La decisión es suya. Aquí comienza el principio del fin. Habló sin activar los poderes de privacidad, firme y claro. Quedaba en sus alumnos si deseaban confirmar las sospechas de Pickman, y demostrar que la magia era una realidad. Pero, también, demostrar que no todo era ataques de criaturas, sino que era una forma de mejorar la calidad de vida. Además, tenían el detalle de que un billywig estaba suelto dentro de un espacio reducido.
  11. Sin previo aviso, el Black Lestrange se deslizó por el portal creado momentos atrás, para poder acompañar al resto de la clase. Dicho agujero temporal quedó abierto, en dado caso de que los tres estudiantes lograran superar la prueba de las criaturas mágicas. Aquello sin duda causaría una anomalía, pues si algún incauto pasaba por el callejón y miraba del otro lado, se llevaría una gran sorpresa. O un susto de muerte, que era equiparable en tan frágil época. Y bien, ¿qué les parece? No es muy distinto de lo que susurran los no mágicos en la actualidad, ¿verdad? inquirió, aproximándose dónde Danny y Minimin parecían reunirse ya fuera del callejón, conscientes de que su entorno aparentemente no podía detectarlos . Venga, me parece recordar que habrá una ejecución en la plaza. Un evento lamentable, sí, pero quizá sea uno de los mejores puntos para escuchar las malas lenguas que condenan a lo que no es mundano. Su disfraz cambiante le brindó un atuendo parecido al de los transeúntes; una senda toga oscura que le cubría el calzado, acompañada de un par de broches anodinos. El sombrero puntiagudo, tal vez delataría su pertenencia a la comunidad mágica, pero en aquel entonces solía ser un artículo de uso común entre la gente. Con una cabezada dirigida hacia el punto de reunión del pueblo, invitó a que lo siguieran. Derivado del año en que se encontraban, Salem aún parecía mantener un balance entre lo artificial y la naturaleza misma, pues la plaza misma aún mantenía algunos de los pinos, como recordatorio del bosque en el que se había decidido fundar dicha población. No había pavimento, desde luego, por lo que era común ensuciarse los zapatos, sobre todo en épocas de lluvia. Una vida más simple, lejos de tentaciones tecnológicas. La multitud fue evidente conforme se acercaban al centro; las masas se apiñaban para escuchar a un hombre barbado que leía los cargos por los que se sentenciaba a una mujer pelirroja; otro prejuicio de la época. Eobard, utilizando señas, les indicó a los muchachos que se colocaran en el medio, para poder observar mejor. No está documentado pero, hay rumores de que en ocasiones, alguno de los nuestros aparecía para salvar al inocente de una muerte injusta. Como en este caso... hurgó en sus bolsillos hasta encontrar un pequeño prisma, una réplica de aquel que había pedido a sus estudiantes que formaran. Lo sostuvo con la mano libre, listo para efectuar su acto . Hagan lo que hagan, no se resistan al arresto. Podría resultar peor. Sin duda, los poderes del Druida los mantenían ocultos, pero eso podía cambiar. Aprovechando sus propios conocimientos de Historia de la Magia y Runas Antiguas, modificó el efecto que tenía el hechizo que permitía que visitaran el pasado, quitando esa protección que los hacía invisibles ante los ojos de los habitantes de Massachusetts. Empleando magia no verbal, hizo levitar el prisma hasta que alcanzara una altura de dos metros por encima de las cabezas de los presentes. Las exclamaciones de asombro y miedo no se hicieron esperar, y se potenciaron toda vez que el castaño conjuró una secuencia de colores que emanó de dicho objeto, como una esfera disco habría hecho, décadas más adelante. Newton lo había hecho años atrás, pero en las Trece Colonias se desconfiaba de lo que proviniera de Inglaterra, por lo que no era raro que se dudara de la ciencia. Asumió la responsabilidad de sus actos y, esperando que sus alumnos siguieran el plan, no opuso resistencia a la captura. Se les presentó ante el merolico que había querido sentenciar a la muchacha antes, juicio que quedó cancelado ante la repentina aparición de tres personas, dos de ellas vestidas con ropas muy estrafalarias. De apellido Pickman, el sujeto bonachón los había retenido en su oficina, cuyo ventanal ofrecía una excelente vista de lo que se convertirían en los cimientos de la Old North Church. Oh, ¿cómo convencerlo, respetable señor, de que lo que han visto sus ojos no es magia? Del otro lado del océano le llaman ciencia... Óptica, me parece. Imagino que ha escuchado hablar de Newton. Convencerlo no iba a ser fácil, pero había formas de hacerlo, incluso algunas que implicaban el uso de las maldiciones imperdonables. Quedaba en sus alumnos el ayudar al profesor a convencer al individuo de que sus ojos lo traicionaban; que la magia no era más que un rumor alimentado por el miedo a lo inexplicable, dejando en evidencia el precario sistema sobre el que se sostenía Salem.
  12. La improvisación solía ser un factor común en las clases dictadas por Black Lestrange, a menudo por el giro de acontecimientos. Esta ocasión no sería la excepción, aún cuando él había decidido no intervenir en la captura de los entes mágicos. No era fácil tratar con criaturas, incluso él, que conocía del tema, tendía a ser cauto. Había iniciativa por parte del grupo. Si bien, conjurar fuego en un espacio cerrado no era lo más ortodoxo, era un buen inicio. Danny, por otro lado, optó por apelar al gusto de los demiguise; una antesala a un posible trueque por la llave. Vamos a ver, ustedes dos... evaluó su procedimiento. Quizá sería buena idea que encabezaran al grupo, mientras se resolvía el primer reto . Dada su iniciativa, serán nuestros representantes en lo que está por venir a la clase, mientras terminamos con este asunto. Apenas agitó la varita de nogal negro, pues requería concentración antes que puntería. Empleando los poderes del Libro de los Druidas, así como sus conocimientos, conjuró el Haz de la Noche sin pronunciar palabra alguna. El portal se abrió bajo los pies de Minimin y, una vez que ésta fue absorbida, hizo lo propio con el Ravenclaw. Eobard se aproximó a este último agujero espacio-temporal, que se había quedado abierto. ¡Bienvenidos a Salem, de nuevo! Los he enviado al año mil seiscientos noventa y dos. Una fecha difícil, así que habrá que ser cautos; intenten no llamar tanto la atención, o arruinarían la línea temporal. Averigüen si algún samaritano ha presenciado algo que se relacione con la comunidad mágica. Si bien, ese tipo de magia funcionaba más como una especie de recuerdo visto desde un pensadero, no estaba de más advertir los peligros que conllevaba tomar ese tipo de travesías a la ligera. Del otro lado del portal, el entorno se percibiría en un tono sepia, como si fuera una fotografía antigua. Las edificaciones rústicas rodeaban una plazuela en la que la gente, ataviada de ropas azabache, muy similar a los estudiantes de Hogwarts, realizaba sus actividades cotidianas. A los dos alumnos les había dejado en un callejón aledaño a dicho centro común, para evitar un altercado. Volvió su atención al resto de la clase, que lo acompaña aún en la época actual. Ahora, respecto a nuestros amigos invisibles, a ver si esto facilita un poco el asunto lanzó una Semilla de Hielo, que era más bien como una pizca de fina arena, hacia el suelo de la sala de exhibición. Entrando en contacto, la superficie sobre la que estaban parados se cubrió de una fina capa de hielo, ocasionando que la temperatura también descendiera drásticamente. No lo suficiente para matarlos, desde luego. Con ello, los demiguise se verían ralentizados, además de que, al estar columpiándose entre las exhibiciones o parades, se congelarían; de esa forma, quedaban visibles a ojos de sus alumnos. La tarea de la llave seguía en pie. Si bien, eran menos participantes para completarla, y no la utilizarían para avanzar dentro del museo, sí que tendría utilidad en el Salem del pasado.
  13. Dio una cabezada conforme sus alumnos iban presentándose. Le agradaba la variedad; mientras que Lyanna había preferido no revelar su apellido, Danny y Seth fueron directo al punto. Quien no había emitido palabra hasta ese momento, era Minimin, lo cual también era válido. ¿Tiempos confusos? Probablemente. ¡Excelente! Veo que conocen del tema, todos de cierta forma han coincidido en algo, que son los juicios «erróneos» comentó, en tanto se abrían paso a través del pequeño jardín que antecedía la estructura. La duda sobre el tema era normal, pues estaba llena de controversias . Es cierto, que muchos juicios carecían de fundamento, y se realizaron a plena luz, ante ojos mágicos sin poder intervenir, debido a la repercusión. Curioso, ¿no? Parece que volvemos a ese «oscurantismo. En mi opinión, la repulsión hacia los practicantes jamás se fue, sólo se disimuló. Conforme hablaba, las facciones en su rostro sufrían una serie de cambios, expresadas como si su piel tuviera una consistencia parecida a la sopa y apenas alcanzara el hervor. Su expresión parecía más relajada, coincidente con la de alguien más joven; un muchacho pecoso, cuyo cabello castaño enmarañado sugería que rondaba los veinte y tantos. En tanto, el disfraz cambiante, un artefacto que modificaba su vestimenta según la ocasión, le brindó un conjunto acorde a la época de las Trece Colonias, que quizá habría resultado gracioso para más de uno, sobre todo por la guirindola adornando el cuello de la camisa beige. Las puertas aún permitían el acceso, dado que el museo ofrecía una última visita, en plena transición a la noche. Ah, buenas noches, Piper saludó el metamorfomago a la persona que atendía el mostrador en la tienda de regalos, que resultaba una suerte de recibidor, previo al inicio del recorrido . Este es el último grupo que ingresa, yo me encargaré de llevarlos. No hubo comentarios respecto a la vestimenta del Black Lestrange, pues era la habitual en ese tipo de actividades; se tenía una creencia de que amenizaba la experiencia de los visitantes, y casi siempre así era. Se les permitió el acceso sin miramientos, accediendo al pasillo adyacente, en penumbra y sin señales de iluminación artificial. Muy a pesar de los estragos que han ocurrido en Estados Unidos, Salem ha crecido como una comunidad tolerante a cierto modo con la magia. ¡Hasta tienen un instituto! Pero, eso es otra historia... Varitas fuera, comenzamos el recorrido. Extrajo el fragmento de nogal negro del abrigo de algodón que le llegaba a las rodillas, guiando al grupo con la punta encendida de éste. Allí no encontrarían complicaciones, pues era un simple corredor con aspecto tétrico. Apenas se reunieron en la primera sala, fueron inundados por el destello lúgubre proveniente de la lámpara de araña que colgaba del techo. Su primer reto será algo sencillo, una situación que puede sucederles explicó el Black Lestrange, volviendo a su fisionomía habitual. Extendió ambos brazos en torno a la exposición montada en dicha sala . Las criaturas mágicas tienen mayor libertad, a mi parecer, en Norteamérica. Y, dada la caída del Estatuto, a nadie le parece extraño ver un Ave del Trueno volando por allí. Recordaba tiempos en los que había trabajado de cerca con entes mágicos, una época distinta. Cuatro plataformas, dos hogueras y dos horcas, representaban la etapa más triste de los Juicios. Allí, escondidos como camaleones, había una familia de demiguise; entre su pelaje, a su vez, escondían un fragmento de llave. Al unir los cuatro, podrían formar una figura para avanzar a la siguiente etapa. La iluminación, así como la capacidad del animal de confundirse con el entorno, no facilitaría aquella tarea. Debían trabajar en equipo. Necesitamos una llave para continuar. Atrapen a cuatro de ellos para formar el prisma hexagonal. Pero, ¡tengan cuidado! Los demiguise son traviesos en exceso, pueden complicarles la tarea. Su invisibilidad es el menor de sus problemas, algunos podrían llevar llaves señuelo. Aguardaría allí, como un apoyo, a la expectativa de que sus estudiantes lograran resolver el reto propuesto. (*): Dado que la mayoría de la clase ha posteado, continuamos. *Minimin Skeeter* aún podrá incorporarse en este punto.
  14. El ocaso en el estado de Massachusetts solía ser una experiencia única, sobre todo si era apreciado desde algún sitio de interés como el campanario de Old North Church, el USS Constitution o algún aula del famoso MIT, que para los no mágicos era una de las mejores universidades del mundo. Pero no era el centro de Boston donde el Black Lestrange aguardaba a sus alumnos, sino una tranquila calle más al oeste, en el famoso pueblo de Salem. Miles de historias rodeaban a este pequeño poblado en los límites del estado, la mayoría relacionados con la cacería de brujas acontecida a finales del siglo diecisiete. Un sitio perfecto para dictar la clase de ese mes. No importa cuántos años pasen, el sitio está casi intacto. Salvo por la tienda de obsequios dijo el castaño para sí, mientras le daba un mordisco al barquillo del helado que había comprado unos metros antes. La directiva de Hogwarts estaba encargada de notificar a los alumnos sobre el sitio en el que se desarrollaría la cátedra, a menudo adjuntando trasladores para mayor facilidad. El sujeto aguardó, expectante, mientras las luces de Lynde Street comenzaban a fulgurar. Una vez que sus estudiantes se plantaron ante él, cada uno con un objeto distinto, esperaba, se giró sobre sus talones para recibirles. Me da gusto que hayan podido asistir, últimamente la mayoría prefiere el anonimato, dada la situación actual con los no mágicos. Como el profesor Black Lestrange, tengo la tarea de complementar su educación mágica, así que ojalá lo logremos. Hizo una pequeña pausa, siendo atacado por una ligera tos. La última habilidad que había cursado, le había dejado secuelas. Quedaba en los presentes si deseaban presentarse o guardar sus identidades para la posteridad; él, personalmente, no era aficionado de dicha actividad. Así que, como preámbulo, les daré la bienvenida al Laberinto del Museo de las Brujas de Salem, una atracción que he seleccionado para que visitemos anunció, reparando en el hecho de que cinco personas a media calle, resultarían un tanto sospechas a ojos ajenos. Señaló la diminuta área verde que yacía del otro lado del cerco, invitando a que se enfilaran a la entrada . Imagino que han escuchado de los juicios de Salem, ¿alguno tiene idea sobre el tema? Conforme se acercaban a la vivienda de aspecto vintage, repasó lo que había preparado para aquel día. Todo había sido organizado sin premura, por lo que el acceso al museo no tendría complicación. La cosa parecía sencilla, quedaba ver si continuaba así a lo largo de la clase.
  15. Llegaron con artillería pesada, aunque no literalmente. La arena fue invadida en cuestión de segundos por cientos de personas, portando ropas de explorador similares a las que tenían los dos con los que se había topado al emerger del portal. Atacaban a diestra y siniestra con andanadas de flechas en llamas, causando un inmenso dolor en las personas reptil. Maldita sea, ahora sólo falta que un tsunami arrase la isla y haga que todos se vuelvan amigos. Sería poético dijo a sí mismo, recordando que Suluk escuchaba sus pensamientos y opiniones . He hecho lo posible, arcana. Pero, como usted dice, a veces la historia quiere suceder. Parece que no hay mucha esperanza. Le sacó ventaja a la momentánea confusión de masas, para alcanzar terreno alto; una especie de construcción en la que los habitantes se habían reunido para observar el enfrentamiento con el campeón reptil desde la comodidad del hogar. A dónde mirara, había humanos enfrentando a híbridos, por lo que tendría que ser cauteloso para sobrevivir al fuego cruzado. Un túnel. Debía recorrer un amplio pasillo que lo hacía soñar con la imagen de salir a campo abierto, dejando que la guerra tomara su curso. Al ser un espacio hueco, se alcanzaba a escuchar el rumor de las olas del otro lado. Allí finalizaba la selva y comenzaba la otra porción de costa de la isla. Deséeme suerte, la voy a necesitar para no vomitar después de esto. Adoptó la forma de camaleón de Parson nuevamente, evadiendo los cuerpos de ambos bandos que azotaban el suelo de adobe, víctimas de la intolerancia entre especies. Se volvía un blanco fácil al ser reptil, por lo que su piel se mimetizó con el entorno marrón de la roca. Tuvo que enroscarse, casi como una serpiente, doblando su cuerpo para parecer parte de una pila de escombros y así desviar la atencion de su forma animal. ¡Por allá! El dirigente de los reptiles estaba en el palco principal, no dejemos que escapen gritó uno de los murianos, blandiendo una lanza en torno al acceso por el que el castaño había entrado. Se marcharon como moscas sobre miel, enfocados a dar fin al grupo rival, sin fijarse en los pequeños detalles, como el ovillo que estaba hecho el pequeño reptil, quien al ver a través de las rendijas de sus párpados, que los atacantes se retiraban, osó moverse. Como era un trayecto largo, y no quería arriesgarse a exponerse más, decidió seguir oculto. Trepó sin mucho problema por la pared del material arcaico, gracias a la facilidad en sus extremidades para adherirse a ese tipo de sitios, predominantemente secos. Como la luz refulguraba en ese tramo, era más fácil identificar al camaleón, así que optó por subir al techo, realizando el trayecto desde ahí; como el reflejo de la luz en la parte superior era menor, pudo tomar una tonalidad azabache, confundiéndose con las sombras que le rodeaban. «Ya casi... ¿Está viendo esto? Creo que, al final, planeaban irse de aquí. Y no los culpo, todos están locos.» En su forma de reptil, hacia lo equivalente a hiperventilación, producto del continuo esfuerzo, así como la descarga de adrenalina. Salió del túnel hacia la luz, que le reveló una paradisca playa, aparentemente olvidada por el conflicto que se cernía a sus espaldas. La arena allí también era negra, como había visto en el otro extremo a su llegada, por lo que no hubo necesidad alguna de cambiar su color de piel. Es más, con las salientes óseas en su columna, podía confundirse con alguna roca erosionada por el agua. Tal como en la prueba que le había llevado, le esperaba una pequeña embarcación. Aunque está también era modesta, pertenecía a la época en la que se encontraba, por lo que constaba de un motor que, si bien no alcanzaría altas velocidades, lo pondría bastante lejos de Savage Land para cuando hubiesen llegado a la playa. Vamos a ver cuánto nos dura esto. No es como que se vean botes moviéndose solos, ¿verdad?, pensó el Black Lestrange, abordando el navío. Se ayudó con su propia lengua, enroscándola alrededor de la palanca, para accionar el motor, el cual emitió un pequeño estallido, pero finalmente previo de movimiento al botecito. Dejó caer la espalda sobre la madera de éste, adoptando a la par la coloración amarillenta que poseía el interior de la nave. Aquello lo protegería de potenciales depredadores en el cielo, así como de miradas curiosas. Tenía intenciones de volver a su forma humana en cuanto Savage Land fuera un simple recuerdo a la distancia.
  16. Encontraba gracioso el hecho de poder comunicarse con la arcana de esa forma, como un enlace neuronal. O algo así había escuchado que se le denominada, al menos, por parte de los no mágicos. Cada consejo dicho por la ancianita lo almacenaba en su memoria, pues aún estando en mitad de la prueba, cualquier sugerencia era bien recibida. Justo en ese momento, las voces de Suluk se juntaron, creando una confusión temporal en el castaño. El lagarto-humano se percató de ello, por lo que repitió su decisión. ¡Ah, pero claro que te batirás en combate! Pero no para ganarte mi confianza, simplemente por el hecho de que tengo poder en este lugar. No confío en ustedes, pieles suaves, ¡me importa un comino de dónde hayas salido tú! Se aproximó a él en los lapsos entre los gritos, para sostener su cabeza con ambas manos como si quisiera aplastarle el cráneo. El castaño mantuvo los ojos abiertos, sin siquiera atreverse a parpadear. Tal como le dijo la arcana, debía mantener una mentalidad variable a la situación. No quedaba más que aceptar el reto. Te seguiré el juego, porque un Black Lestrange siempre paga sus deudas arrugó ligeramente la nariz, fingiendo repulsión . ¿Ya me sueltas? No tenemos todo el día. Llévenlo a la arena, entonces. ¡Deberás enfrentarte a Gargan, el poderoso! Él te mostrará lo que es ser un camaleón de verdad -fue lo último que escuchó del líder de los híbridos, antes de recibir un golpe en la nuca. Despertó gracias al creciente barullo que resonaba en sus oídos. Por un momento creyó que era Suluk, utilizando algún tipo de amplificador de voz para que le escuchara, pero era un mar de expresiones, que dudaba que la arcana utilizara para expresarse. Al fin, abrió los ojos, deseando no haberlo hecho, resultado de la cegadora luz del sol. Así que no sólo me tendré que enfrentar a su campeón, ¿lo tienen que ver todos? No sé por qué no me sorprende. Se puso en pie con cierta dificultad, debido a la desorientación. Cuando logró enfocar bien, reconoció el sitio de batalla como una variante de los famosos sitios del juego de pelota mesoamericano. Oye, hombrecito, ¿disfrutando el paisaje? una voz rasposa lo sacó del trance. A unos cinco metros, una figura que lo superaba en estatura, a pesar de estar encorvada, le hablaba para llamar su atención . Nuestro líder dice que te consideras uno de nosotros, veremos si vives para decir semejante tontería de nuevo. Alcanzaba a percibir algunos rasgos del supuesto campeón de los murianos. La transformación a reptil, igual que con sus hermanos, resultaba tosca, por lo que su piel a momentos exhibía una rugosidad propia de un animal, confiriéndole un aspecto espeluznante. La característica de este sujeto, era que todo su cuerpo parecía aún más alargado y provisto de garras en curva, como un lagarto; aquello se confirmaba con la cola que salía al final de la espalda. Te llamas Gargan, ¿no? intentó entablar conversación, con el objetivo de ganar tiempo para pensar en una estrategia . ¿Tu extremidad adicional es lo que te hace especial? Esperaba un poco más, quizá un verdadero reto. Aquello era una mera estrategia para encender el asunto, esperando que su contrincante se lanzara con todo. Y así lo hizo, saliendo a la carga como un toro persiguiendo al torero. El castaño se preparó para adoptar su forma de camaleón, pero ocurrió algo inesperado, pues perdió de vista momentáneamente al lagarto, para ser golpeado en el estómago unos segundos después, por lo que reconoció como la cola de éste. El sujeto reapareció ante él, jactándose de su posición. Eso es lo que me hace especial. No eres el único con la capacidad de confundirse con su entorno, será el último error que cometas. Lanzó ambas garras hacia el castaño, quien a tiempo controló las punzadas de dolor, convirtiéndose en el camaleón de Parson y confundiéndose con la arenisca que adornaba el sitio de combate. Se trepó a una de las dos paredes, buscando poner distancia entre Gargan y él, para encontrar alguna debilidad. El otro volvió a ocultarse a la vista, aunque desde esa perspectiva no resultaba tan difícil localizarlo. La rugosidad de su piel, y quizá la naturaleza misma de su condición, impedían que su piel se camuflara del todo por periodos prolongados, por lo que en pequeños fragmentos descubría su posición. Tal como el Black Lestrange al no cerrar sus párpados totalmente, encontraba una falla en su sistema de ocultamiento, por lo que le sacaría provecho. Trepó a uno de los aros en los que, supuso, en otros tiempos habían lanzado la pelota. ¡Hey, aquí arriba! Veo que posees el don del camuflaje, aunque sería útil si de verdad te ocultará del todo volvió temporalmente al tono verde pasto que lo diferenciaba de otras especies de camaleón . Peor aún, tu velocidad de ataque deja mucho que desear, seguramente dejas escapar a la mayoría de tus presas. Aquella mofa fue suficiente para enfurecer a su contrincante reptil, pues se lanzó de lleno a la zona en la que estaba el camaleón. Eobard logró confundirlo al camuflarse con la pared misma, combinando varias tonalidades de rojo, verde y un poco de acre, debido al mural que adornaba la pared a sus espaldas. El impulso del otro apenas llegó a medio muro, impactándose de lleno. Seguramente el traumatismo lo dejaría confundido. «¿Lo ves? Quizá podrías mejorar con tus tiempos de reacción» Dado que su intento de burla sirvió para que su oponente se dañara él mismo, repitió un patrón similar. Se lo dijo a la par que trepaba en la otra pared que completaba la arena; allí, su piel se había confundido entre el azul y el blanco de la espuma que representaba la pintura de un vasto río. Gargan realizó otra carga, como un toro desorientado, guiándose por los gruñidos de reptil del Black Lestrange. Aprovechando la altura a la que estaba, utilizó su lengua para colgarse de la otra meta de la pelota, enrollando la lengua a lo largo del anillo, y quedando suspendido bajo este, como el capullo de una mariposa. El híbrido reptil-humano volvió a topar con pared, y esta vez sí que se desplomó. ¡Por los dioses, esto es ridículo! protestó el castaño, volviendo al piso y regresando a su forma humana. Señaló hacia el palco más alto, donde seguramente Curtis estaría observando el enfrentamiento . Vine aquí a ayudarlos a limar las asperezas con los murianos, pero veo que eso no les ha importado mucho. Ahí está tu campeón, deberían atenderlo pronto. Agudizó el oído, pues el sonido de un cuerno se escuchaba en la periferia, casi podía asegurar que se trataba de un anuncio de guerra. Si eso era cierto, el otro grupo en conflicto se acercaba por dónde él había llegado, y no parecían dispuestos a ponerle fin a la disputa.
  17. «Muy graciosa, Arcana. Debería probarlo alguna vez, es un manjar de dioses» El camaleón torció la boca a manera de sonrisa, divertido con la idea de la ancianita interactuando en un sitio no mágico para pedir comida. Pero no se distrajo en demasía con tal pensamiento, pues el hogar de los curtianos quedaba a un par de pasos. Fue recibido con una senda escalinata de mármol, tallado como en los más elegantes castillos. De ambos lados de los escalones, una serie de figuras que asemejaban un animal parecido a un dragón oriental, sin las alas y enseñando las filosas garras. Mientras escalaba gracias a la fortaleza de sus extremidades de reptil, dejó que su piel adoptara la coloración esmeralda que habituaba su especie. ¿Alguna vez visitó Chichén Itzá, Arcana? Porque me siento justamente en ese lugar la densa vegetación mermaba a partir del último peldaño. Hacia adelante, eran más bien pastizales y árboles propios del hemisferio norte, con una marcada separación. Se embelesó tanto con el paisaje, que casi es apresado por los dos centinelas apostados en el arco de entrada a los dominios de Curtis. La coloración de su piel los confundía como parte de la serie de estatuas. ¡Mira! Han enviado un señuelo de avanzada -señaló el primero, lanzándose de lleno contra el camaleón. ¡Fíjate dónde te lanzas, tonto! Vas a hacer que escape. Él quiere tratar con los invasores en persona. El otro fue más cauto, esperando a que Eobard se lanzara hacia delante, aprovechando la momentánea sorpresa. Giró sus ojos hacia la espalda, preparado para el movimiento del segundo. Volvió a utilizar su habilidad de camuflaje para confundirse con el césped, modificando su piel a un color menos vívido. Aquello confundió al sujeto, cuyas manos mostraban afiladas garras curvas, similares a las de los lagartos. Utilizó la lengua para atraer una roca del tamaño de una nuez, a unos centímetros de dónde estaba, y se la lanzó a la cabeza. ¡Soy amigo! Maldición, ¿por qué todo el mundo quiere matar, es que acaso la carne de camaleón es tan buena? se quejó el Black Lestrange en su forma animal, trepando por el arco de roca, confundiéndose entre la caliza Ah, cierto, no pueden entender lo que digo, ni me molesto. ¿Qué te pasa? No nos comemos a los nuestros. No desde hace años, al menos. ¿Exactamente, qué eres? inquirió el guardia cauteloso, retrayendo sus garras reptilianas. Lo entendían. Parecían ser miembros del séquito de Connors, por lo que eran mitad reptil, mitad humano. Claro que habían captado sus susurros y gruñidos, pues comprendían ambas lenguas. Ya que, aparentemente, las hostilidades habían cesado, decidió volver a nivel de piso. «Vine a ver a Connors, llévenme ante él». Pidió que fuera llevado ante el dirigente, empleando una manera firme pero educada. Así había evitado varios embrollos. De modo que, una vez en la cima de la pirámide que había visto metros atrás, por fin se reveló ante el dirigente del grupo, quien en ese momento le daba la espalda. «Curtis, le saludo como un amigo y similar animal. Sé de la naturaleza de su condición, permítame decirle que la entiendo. No tengo intenciones de confrontarlo, sino ayudarle a poner fin a esta absurda guerra reptil-humano». El aludido sonrío con ironía, bufando al darse la vuelta. Si se comparaba con las escamas de sus seguidores, bastante más dispersas, la piel del líder pasaba por una etapa más madura de la transformación, pues lucia más verde que la de sus similares. En sus ojos ámbar sólo podía verse una cosa: Odio. Y, ¿quién dice que queremos que pare? Su raza continuará contaminándonos, quemando nuestros bosques, acabándose nuestros recursos, ¡eres uno de ellos, no mientas! Le señaló con el dedo acusador, escupiéndole un par de gotas de saliva, que al castaño no le hicieron mucha gracia. Sólo tenía una opción para que confiara en él. Se puso a dos patas, cual serpiente erguida, y volvió a su forma humana. Me llamó Eobard. Cómo podrá ver, soy igual que usted. O...casi. Le daré una muestra de mi buena fe, enfrentándome a su campeón. Permítame que le demuestre que conozco lo que es ser un reptil. O, ¿por mi tamaño me juzga? Ya se había mentalizado a que seguramente tendría que demostrar su valía, ya fuera ante un grupo o el otro. Si bien, consideraba que los seguidores reptiles podrían ser más razonables, le preocupaba el hecho de que fueran traicioneros. Hasta él, siendo reptil, engañaba al ocultarse en cualquier entorno.
  18. Impulsaba el cuerpo con una agilidad poco propia de un camaleón, quizá más acorde a una serpiente, que consistía en retroceder unos cuantos pasos y lanzarse de lleno, para facilitar el descenso a través del tronco. Logró dominar el cambio de coloración, sobre todo, por la aparición de algunas hojas y musgo en el árbol, cuyas tonalidades distaban de la madera y lo habrían hecho un blanco de no poder camuflarse. Estaré bien, Arcana. Supongo que mi mente siempre me juega malas pasadas, ¿sabe? Pude haber terminado en una ciudad futurista, devastada por una guerra mágica-muggle. Apenas tocó el suelo, se arrastró hacia los arbustos, aprovechando su campo de visión para buscar a los atacantes, quienes aparecieron poco después. Lucían sendos atuendos de explorador, de ese algodón fresco que reconocía en algunos miembros de la Asociación Internacional de Geomagia. Debían ser los murianos, descendientes del supuesto grupo de exploración de Savage Land, y quienes utilizaban armamento muggle para intentar repeler a los seguidores de Curt. ¿Lo viste? Parecía como un hombre lagarto. ¡Qué mala suerte que se nos haya escapado! Al jefe no le va a gustar respondió el otro, colocándose el arco sobre el hombro, a un lado del carcaj vacío. Escudriñó la zona con el ceño fruncido, esperando encontrar al reptil . No parecía uno de ellos, pero el hecho de que se haya esfumado sin más, me da muy mala espina. Venga, regresemos al campamento. Marchándose en dirección norte, hacia la playa, le permitieron al Black Lestrange desplazarse sin llamar tanto la atención. Aún empleaba su capacidad de cambio de color para ocultarse, no sólo de los exploradores, sino de otros depredadores en potencia. El ambiente semihúmedo de la selva lo retrasaba un poco, debido a que saturaba su piel. Pero lo peor llegó con la sensación de hambre, la cual veía como un peligro para mantener su transformación. Supongo que ya es tarde para pedir un poco de alimento, ¿no cree?, pensó en broma, consciente de que Suluk también experimentaría aquello. Regresó a las alturas, recorriendo troncos en espiral, hasta alcanzar una distancia razonable para observar mejor sus alrededores. Lo que parecía ser un recinto arqueológico se encontraba a un par de metros hacia el sur; quizá se trataba del reino de Curtis Connors. Y poco adelante de su posición, como un oasis en medio del desierto, el nido de una peculiar ave. No lograba identificarla con alguna especie reciente, debía ser muy antigua. El quid de la cuestión yacía en cómo obtener al menos uno de los huevos que resguardaba. La proteína sería suficiente para mantenerlo en pie por un par de horas. Sus ojos apuntaron hacia abajo, buscando algo entre la vegetación que le ayudara. Tentado a improvisar, se valió de su lengua para atraer hacia su persona una roca del tamaño de una pelota de tenis, suficientemente ligera para cargarla con dicho órgano. Por un momento, pensó en volver a su forma humana y lanzársela al ave, pero finalmente decidió escupirla, confiando en que aquello le daría mejores resultados. No era la intención darle al animal, sino ahuyentarlo, por lo que el proyectil pasó a un costado de éste, causando que graznara y se elevara varios metros, intentando encontrar al atacante. Aprovechando la distracción, empleó su lengua nuevamente, debido a que no era un tramo muy distante, para echarle el guante a uno de los huevos de tal ave. Apenas lo guardó en su boca, comenzó a digerirlo, pues le preocupaba volver a su forma humana mientras lo hacía. Con la energía restaurada, continuó su camino hacia las estructuras antiguas, a la expectativa de encontrarse con similares que compartieran rasgos de reptil.
  19. Aún en los momentos cruciales por los que pasaba la prueba, con instructora y pupilo separándose, Suluk no dejó de alentarlo y darle consejos para una excelente ejecución. Esperaba no decepcionarle, pues bastante mal ya se sentiría consigo mismo. Le agradezco, arcana. Realmente espero no tener complicaciones. tomó el anillo que le ofrecía, haciéndolo deslizar a través de su anular izquierdo . Y si las tengo, bueno, usted será la primera en enterarse. Se despidió de la anciana Inuit con una cabezada, para encaminarse a la prueba de la habilidad de Animagia. Lo que había frente a él parecía incierto, pues no lograba distinguir con qué o quiénes se encontraría. Sus pensamientos divagaban hacia el pasado, cuando magos y muggles se habían enfrentado y los primeros habían tenido que ocultarse. Como en la actualidad, hasta hacía unos meses, con la revelación del Estatuto Internacional del Secreto. Una luz...¿La luz al final del túnel? Bromeó consigo mismo para romper un poco la tensión. La niebla poco a poco daba paso a una tenue iluminación, indicador de que se acercaba al terreno donde haría uso de su habilidad para sortear variadas dificultades. Pero la emoción duró poco, y al dar el siguiente paso, casi pierde el equilibrio y cae hacia su triste final. Se encontraba de pie en lo que parecía una rama formidable, lo suficientemente ancha para dar cabida a dos personas frente a frente, aunque tuvieran que pegar sus narices para no caerse. La sensación de bochorno inmediatamente le invadió, derivado del clima húmedo tropical que se presentaba en el lugar, a pesar de encontrarse a varios metros sobre el suelo. Ah, que bueno que no pensé en la Batalla de Hogwarts, un camaleón habría muerto aplastado entre las pisadas de los gigantes resopló con cierto alivio, sabiendo que quizá ese lugar sería igual de retador. Caminó hacia el tronco, cuidando de no perder el equilibrio . ¿Será cierto? Lo veo y no lo creo. Frente a sus ojos, la selva se extendía varios kilómetros, hasta desembocar en una pequeña playa de arena oscura, constantemente invadida por el fiero oleaje que rodeaba la isla. Lo había escuchado como un mito hacía años, cuando aún buscaba a su familia en Europa. Savage Land. O también llamada la isla de la perdición, que era un sitio prácticamente inaccesible, debido a la dificultad para sortear la tormenta previo a tocar tierra. Razón suficiente para que el supuesto descubrimiento, se diera en 1973, muy a pesar de las limitaciones tecnológicas y mágicas. Pero eso no era lo interesante, sino los rumores sobre sus habitantes. No eran magos, propiamente dicho, pero conocían de la magia. Al menos un asentamiento humano existía en la zona, y se encontraba en conflicto con otro que, a efectos prácticos, era lo mismo. La diferencia notable recaía en la apariencia de los últimos, los llamados curtianos, pues eran devotos a un líder de nombre Curt, cuyo afán de adoptar la forma de un reptil, le había costado a él y a los suyos el deterioro de su piel, dejándolos como híbridos de animal-humano, y ganándose la repulsión de los otros. Bueno, quizá no sea mala idea mantenerme en terreno alto. Lo mejor será buscar a alguno de los líderes, esperando que no me encuentren a mí primero. Su idea era intentar razonar con los fieros murianos, demostrar que el hecho de verse diferente, no implicaba que fuera una amenaza. Era casi algo similar que la experiencia vivida como camaleón, en la que otros reptiles lo intentaron atacar al notar que se salía de los estándares. Una flecha salió disparada a la distancia, casi a la misma altura a la que se encontraba. Lo tomó desprevenido, pero alcanzó a evitar una perforación en su muslo derecho. Ahogó lo más que pudo la exclamación de sorpresa, pues las hostilidades no tardaron en aparecer. No se iba a detener a buscar al atacante, por lo que rápidamente adoptó la forma de camaleón de Parson. Camuflarse con el tono pardo del árbol le daría una ventaja momentánea para poder escurrirse hacia el suelo. Una serie de flechas atacaron la posición que había ocupado su cuerpo humano momentos antes, pero al haber reducido su estatura en varios centímetros, se clavaron en la madera. Inició el descenso, con la esperanza de tocar tierra y confundir a su atacante.
  20. Contuvo el impulso de pedirle a la arcana que chocaran puños o manos, ya que además de ser una práctica muggle, distaba mucho del contexto en el que ambos se encontraban, así que se limitó a ladear la cabeza con una ligera sonrisa. Estaba satisfecho con su progreso hasta ese momento, pero también consciente de que aquello apenas empezaba. Casi me pierde en el laberinto, arcana. opinó Eobard mientras encogía los hombros. Sujetó su varita de nogal negro, conjurando magia no verbal para reparar su ropa y modificarla un poco, combinándola en un sola pieza de seda . Pero la lengua del camaleón es bastante útil para esos casos, creo. Eso sí, nunca me acostumbraré al sabor de la libélula o los escarabajos, es un tanto amargo. Hizo una mueca al experimentar la sensación en su boca que dejaba el contacto con algunas clases de insectos, a pesar de no haberlos comido, a la par que la arcana le hablaba del lugar en el que estaban. Amara, en su momento, le prestó una serie de textos para que revisara en esa misma estancia, así que la situación no cambiaba mucho, pues Suluk simplemente hacía las advertencias protocolarias sobre la prueba que estaba a punto de realizar, así como las condiciones bajo las que la efectuaría. Es un bonito recinto. Lástima que no me pueda quedar demasiado tiempo. Al menos, hasta la siguiente ocasión que haga una habilidad, supongo. Le volvía a hacer la misma pregunta de hacía un par de minutos. ¡Por supuesto que quería realizar la prueba! Quedaban atrás las inseguridades derivadas de su forma animal, tan distinta a la que quizá se hubiese esperado de él. Más importante, estaba satisfecho con ésta. Sí, sí quiero realizar la prueba de Animagia, arcana. respondió al fin, sin rodeos . Recuerdo que la arcana de metamorfomagia nos entregaba una especie de anillo para comunicarnos, ¿será algo parecido? Ya estaba hecho; habiendo dicho esas palabras, lo único que podía hacer era avanzar. Mientras la inuit comenzaba los preparativos, se encorvó, asomándose hacia el fondo del bolso, como si buscara algo. Dejó caer su varita mágica, así como el anillo en forma de rayo que contenía gran parte de los poderes Uzza, y que estaba seguro Suluk había inutilizado. No llevaba más consigo, salvo sus gafas, pero éstas no tenían propiedad mágica alguna.
  21. Agosto 2020 Idiomas Aprobados Zoella Triviani Suspensos Darla Potter Black Estudios Muggles Suspensos Roxanne W.
  22. Dio una leve cabezada al escuchar la explicación de la Triviani respecto al contenido del folleto, pues era correcto. Entendía la dificultad que podía presentarse al momento de traducir de un idioma del que prácticamente no se conocía, por lo que para ser el primer intento resultó bastante acertado. De hecho, se podía decir que aprendiendo a interpretar el griego, prácticamente cualquier lengua se le facilitaría. -Existe un último encantamiento de traducción, sí, aunque es un poco más complicado -explicó, señalando con el índice y medio al guía de turistas, como si le indicara que lo estaba observando. La mímica había sido a propósito, pues justamente la eficacia del encantamiento de traducción verbal, dependía del contacto físico que se tenía con quién se quería interpretar, o con el objeto que emitía el sonido, pues su uso también se extendía a dispositivos tales como los teléfonos móviles o los televisores. -Resulta muy similar al que hiciste con el folleto, pero en este caso, el contacto visual es fundamental. Debes estar mirando lo que quieres traducir lo más directo que se pueda. De nueva cuenta, ayuda cuando hay similitud de palabras, pero poco a poco vas hilando la estructura. Algo así como una telaraña. Sabía que la analogía con la vivienda de una acromántula no era la mejor, así que decidió realizar el encantamiento él mismo, para que tanto Zoella como Kaori pudieran entender lo que les decía el individuo guía, quien seguramente se ganaría un premio a la paciencia, por tolerar que lo usaran de sujeto de pruebas. Mantenía la varita baja, pues era algo que estaba habituado a realizar, sobre todo cuando visitaba el extranjero. Miró al joven por encima de las gafas, concentrándose en el movimiento de sus globos oculares. Más que escuchar las palabras de su boca, seguía los movimientos de la misma, tratando de encontrar un patrón. La magia hizo lo suyo, por lo que pudieron escuchar un fragmento de la historia que rodeaba el recinto. «Parte del mobiliario que conforma este sitio arqueológico, fue derivado de la construcción del mítico Partenón de Atenas, demostrando así la eficiencia de los griegos al aprovechar sus recursos». Zoella lo escucharía en italiano, mientras que Kaori lo captaría en su lengua materna. Aquello finalizaba, a grosso modo, la aplicación de la magia en los idiomas, quedaba en su alumna explotar el máximo potencial, pues las traducciones apenas rasgaban la superficie. -Es cuestión de práctica, también a mí se me complicaba al inicio. Conforme vayas aprendiendo nuevas lenguas, de cierta forma se almacenarán en tu memoria, por lo que podrás usar esta magia para acceder a ese idioma, pudiendo así escucharlo y hablarlo -concluyó, haciendo unos ligeros ademanes que sugerían que algo salía de su cabeza -. Aunque, para ti parecerá que sigues hablando en italiano.
  23. La dificultad del laberinto no aminoró en los siguientes tramos. Se mantuvo en la forma de reptil, aprovechando la distancia de salto que efectuaba al ser un camaleón, para cubrir la distancia en el menor tiempo. Su estrategia funcionó, hasta que la vegetación del seto lo obligó a regresar al suelo, camuflándose para evitar a depredadores no deseados. En el camino, se encontró con una especie de libélula, cuyo aleteo veloz la hacían una presa valiosa. Lanzó su lengua para atraparla, pero no la engulló. Guardaría esa proteína por si se requería. Avanzó hacia un pequeño claro dentro del laberinto, con el bicho zumbando dentro de su boca, causándole una sensación de cosquillas. Estuvo tentado a dejarlo ir, pero se alegró de no hacerlo, pues lo que se topó adelante habría sido el final del camino. «En serio, ¿con las plantas también? No quiero ni imaginar cómo sería un híbrido entre la tentácula venenosa y esta» Una planta carnívora le cerraba el paso, pero no era un espécimen común como los que poseían los no mágicos. Medía al menos un metro con veinte centímetros de altura, y sus cepas latigueaban el sendero que le rodeaba con excesiva violencia. Apenas el camaleón dio otra pisada, una de estas le asestó un golpe. No podía quemarla; valoraba la fauna al igual que la flora, y supuso que Suluk no habría aprobado un daño innecesario a un ejemplar, sin importar su procedencia. Además, como humano, llamaría más la atención al ser de mayor estatura que en su forma animal. Entonces se le ocurrió: una distracción. Debía ser rápido y preciso, por lo que analizó los caminos posibles, aprovechando su amplio campo de visión. Si lograba lanzarle algo a la planta para que atrapara, aprovecharía el lapsus para colarse bajo lo que, suponía, era la boca de ésta. ¡Eso era! Le escupió a la libélula que pensaba utilizar como almuerzo, propulsándola hacia lo más alto del seto. Naturalmente, el sonido de expulsión, así como el que hacía aquel bicho, llamaron la atención de la planta. Con sus cepas, comenzó a dar golpes al aire, esperando atrapar a la libélula, pero fue infructuoso, pues ésta era más rápida. Aprovechando la confusión, el camaleón atravesó el peligro, adoptando la tonalidad oscura del sendero. La arcana me matará por la demora, si es que estas cosas no lo hacen primero. Un último tramo, que aparentemente parecía vacío, se reflejó en los ojos del reptil. Avanzó, pero con cautela, a la esperanza de algún otro bicho. Nada; hasta el viento proveniente del exterior soplaba ahí, como un preludio a lo que vendría. Continuó dando pasos, hasta que un crujido lo hizo girar uno de sus ojos hacia atrás. Había caído justo en una última trampa. El pasillo se cerraba desde atrás a medida que él avanzaba, haciéndolo a una velocidad impresionante. Aún dando largos saltos, el castaño no podría salir de ahí, y tampoco confiaba tanto en sus capacidades humanas, así que lanzó su lengua hacia la pared derecha del seto, adhiriéndola a la maleza, como si fuera una caña de pescar y su cuerpo un carrete. Su impulso fue suficiente para sacarlo avante, mientras la hiedra se cerraba a sus espaldas. Cayó a cuatro patas un metro más adelante, en aquel sendero que llevaba a la pirámide. Volvió a su forma humana, por fin, y miró por encima del hombro. El seto volvía a la tranquilidad que le caracterizaba previo al ingreso de un aspirante. La hiedra que casi lo comprime, volvió a su sitio, como si nada hubiese pasado. Bueno, supongo que eso es todo. Para la primera etapa, al menos. Ouch. se sostuvo el costado derecho. Una molestia derivada del esfuerzo continuo. Con todo, había mejorado notablemente, puesto que ya podía mantenerse más tiempo en su forma camaleónica. Frente a él, la estructura arcaica se veía igual de imponente que si se observaba a una distancia razonable. La esfera resplandecía como un tesoro a la entrada de la estructura, invitándole a acercarse. Contrario a su habitual desconfianza, el Black Lestrange se aproximó. En apariencia, similar a la que Suluk le había prestado para viajar con ella. Podría ser una trampa pero, ¿qué caso tiene haber corrido todos estos riesgos para echarse atrás?, pensó, sosteniendo la gema verde entre sus dedos. Ésta emitió otro brillo cegador, desapareciendo a los pocos minutos. El cambio que hizo en él, fue curar las heridas recibidas por el hipogrifo, así como la urticaria que adquirió en el laberinto. Con la balanza equilibrada, se adentró al recinto, esperando encontrarse con la arcana, si es que ésta no se había de decepcionado ante el tiempo transcurrido para llegar allí. ¡Ah, de, barco! anunció su llegada a la Sala de las Siete Puertas, agitando ambos brazos para indicar dónde estaba, cual explorador que se reencuentra con su grupo Contra todo pronóstico, he llegado, arcana Suluk.
  24. Una ventisca aminoró el avance de la embarcación, que ya era de por sí mínimo. El castaño buscó con qué aferrarse a la madera, pues la tabla paró de golpe. Casi por instinto, volvió a su forma de camaleón de Parson, gracias a la cual pudo seguir en el medio de transporte, debido al tamaño de sus extremidades. Estaban en pleno verano, pero la temperatura parecía más acorde a mediados de invierno. Quizá era un recordatorio de lo que pasaría si tocaba el agua. «Claro, tiene sentido ahora. No toques el agua, pero te forzaré a que lo hagas, porque ya no hay otra forma de avanzar». Analizó la posibilidad de revertir la transformación y usar la varita para sortearlo, pero era demasiado simple. Mundano en exceso, así que seguro Suluk le habría puesto contramedidas mágicas. No, aquello debía resolverlo valiéndose de su forma animal. Aún con la herida causada por el hipogrifo, le era posible desplazarse, como había notado al escapar de éste al escalar un árbol. Recordó un poco de la biología de ciertos reptiles, producto de su conocimiento de las ciencias no mágicas. Los camaleones, así como algunas serpientes y lagartos, tenían la capacidad de realizar saltos de mediana distancia, al estar provistos de una razonable fuerza en sus extremidades. Echó una ojeada a la vegetación que de vez en cuando sobresalía del agua. Aquello formaba un camino irregular, pero bastante más seguro, para llegar del otro lado. «¡Paleta de reptil!», pensó al dar el primero salto hacia una serie de juncos que alcanzaban hasta un metro fuera del agua. Rápidamente, enroscó la cola, para evitar que ésta tocara el cuerpo de agua, y ascendió a la punta. De ahí, lo más cercano había, y que lo ayudaba en su trayecto, era un tronco. O lo que quedaba de éste, pues sólo parecía flotar la mitad de éste. Realizó otro salto de fe, como él comenzaba a llamar a tales hazañas. Clavó sus pequeñas garras en la madera, a manera de asegurar su ascenso. El esfuerzo lo estaba cansando, pero no podía rendirse. Teniendo su punto de apoyo, se lanzó de lleno al siguiente punto libre de agua, que resultó ser una pequeña porción de tierra, suficiente para alojar la extensión del camaleón. Se las arregló para realizar un par de veces más en el camino de juncos, pues estaban situados a mayor altura, por lo que le proporcionaron mayor distancia de salto. Una vez en la costa, volvió a su forma humana, apoyando sus manos sobre las rodillas para recuperar el aliento. La transformación le exigía un cierto esfuerzo físico, pero estaba dispuesto a dominarlo. Una más. Suluk, allá voy, no desesperes dijo entre respiraciones entrecortadas, incorporándose para adentrarse al laberinto que yacía frente a él. La última etapa a vencer. Nada más cruzar la primera avenida, se encontró con una vegetación complicada, compuesta por una especie de hiedra que penetraba hasta su piel y le causaba urticaria. Al inicio, intentó cruzarlo a la fuerza, resistiendo el impulso de ponerse a un solo pie y rascar su pierna. Finalmente, tuvo que convertirse de nueva cuenta en camaleón, adhiriéndose a la pared del seto para poder cruzar esa avenida sin sufrir más retrasos. Todavía le quedaba tramo, pero cada vez se acercaba más a la pirámide donde tendría lugar su prueba.
  25. Aún con toda la cautela que tomaba al adentrarse en el bosque del Ateneo, la repentina aparición del hipogrifo lo desorientó. Se lanzó hacia él, tal como el halcón le había atacado en Madagascar, sólo que en su forma humana, lo único que pudo hacer fue rodar hacía un costado. Se incorporó tras realizar el giro de barril, mirando por encima de su hombro para no perder de vista a la criatura, que al parecer siguió en línea recta. Un ardor le recorrió el brazo derecho, como si le escociera la piel: su reacción tardía le había costado un zarpazo importante, aunque no lo suficientemente profundo para que se desangrara. Tomó precauciones, guardando primero la runa en uno de los compartimentos de su pantalón. Qué extraño, un hipogrifo no suele comportarse así. Ni siquiera cuando tiene hambre se dijo a sí mismo, sosteniéndose la extremidad. Con los jirones de la playera, se hizo un vendaje improvisado. No le dio tiempo de más, pues el ente volvió a la carga, aunque se aseguró de mantenerse oculto entre los árboles. Consideraba poco práctico intentar pacificarlo, aún con los poderes Uzza, que estaba seguro no tendrían efecto ahí, dada la rivalidad con los Arcanos. Tomó una roca y la lanzó hacia el oeste, contrario a su ubicación, para despistar. Ingenuo, creyó que sería suficiente como para volver al sendero que le conduciría al lago. Subestimó al hipogrifo apenas unos segundos, los suficientes para que al animal escuchara sus pasos y se volviera al camino principal. Escuchó el aleteo; no le daba tiempo para hacer otra maniobra arriesgada, así que improvisó. Adoptó su forma animal, escondiendo el cuerpo de camaleón entre la tierra suelta. Le quedó un ojo al descubierto, pero ya había camuflado sus escamas para coincidir con la tonalidad marrón. La criatura gruñó, evidentemente confundida por la desaparición de su presa. Esta vez, sí que aguardó a que se hubiera retirado, para poder emerger de la tierra. A pasos pequeños, pero seguros, retomaba su trayecto, pero parecía destinado a encontrarse con el ave, que logró distinguirlo por las rendijas de sus ojos. No le quedó más alternativa, que usar su lengua como una especie de arpón, adhiriéndose a un árbol, y posteriormente elevándose a terreno estratégico. Mientras hacía ello, los colores en su piel cambiaban fugazmente, yendo del verde de la vegetación, al grisáceo de la neblina que ahora se arremolinaba en las copas, para quedar finalmente en un tinte propio del tronco de un pino. «Esto es nuevo. Definitivamente la capacidad de camuflarse a voluntad está infravalorada, ahora entiendo por qué los otros reptiles detestan al camaleón» Se quedó quieto, como una estatua de madera perfectamente tallada. No se atrevía siquiera a parpadear, por miedo a ser descubierto. Aquel tono le estaba resultando más útil que los anteriores, así que escaló valiéndose de la fuerza en sus extremidades, hasta alcanzar la copa del árbol. Desde ahí, el lago no le quedaba tan lejos, así que decidió evadir al ave por ese camino alterno. Llegando a la costa, entendió a lo que se refería Suluk sobre abordar el bote correcto. Al menos una docena de navíos estaban amarrados a la orilla, cada uno con un barquero distinto, invitando al Black Lestrange a visitar la isla. Sacó la runa de su bolsillo, la que tenía forma de gaviota, y se dispuso a buscar el transporte que la arcana le había puesto. Resultó ser el bote menos ostentoso, pues no tenía joyas o nombres rimbombantes. Era una simple tabla de alguna madera antigua, pues parecía petrificada y la maleza le había crecido. Alcanzaba a verse la figura del ave ártica, por lo que el joven asumió que ése sería su transporte. Puso un pie para corroborar que no se hundiría con su peso, pero no tuvo alternativa, más que arriesgarse, pues la plataforma se puso en movimiento. Dejaba atrás el bosque y se adentraba de a poco en el lago. La vista de la pirámide parecía cada vez más cercana, pero aún le quedaba bastante tramo por recorrer. Echó una ojeada a los troncos y juncos que sobresalían del agua, como una evidencia de que la vegetación florecía aún en el más inhóspito sitio. Sí no tocas el agua, todo estará bien susurró, castañeteando ligeramente sus dientes. Una ráfaga de viento helado le pegó de lleno . Llegaré, aunque sea como una paleta de hielo.

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