Jump to content

Li Xue Liu

Magos
  • Contenido

    39
  • Ingreso

  • Última visita

Profile Information

  • Género
    Female
  • Location
    Zandalar
  • Casa de Hogwarts
    Ravenclaw

Ficha de Personaje

  • Nivel Mágico
    1
  • Rango Social
    Unicornios de Bronce
  • Galeones
    17600
  • Ficha de Personaje
  • Bóveda
  • Bóveda Trastero
  • Bando
    Neutral
  • Trabajo
    0
  • Raza
    Humana
  • Graduación
    Graduado
  • Puntos de Poder en Objetos
    20
  • Puntos de Fabricación
    0
  • Rango de Objetos
    10 a 200
  • Conocimientos
    Encantamientos
  • Medallas
    2000

Li Xue Liu's Achievements

Newbie

Newbie (1/14)

125

Reputación comunidad

  1. Como era costumbre, tras mis ultimas palabras guardé silencio expectante por observar el comportamiento de mis acompañantes. La mala reacción del vampiro no se hizo esperar, aunque no me quedaba claro cual era el motivo de su enfado, aunque era claro que no le había hecho ni pizca de gracia que rechazase de aquella manera su proposición. ¿Como podía esperar que confiase en el hombre que intentó lanzarme desde el techo de su mansión? Hasta entonces no había vuelto a hablar, me limité a probar la comida mientras saciaba el voraz apetito que me apremiaba. No tenia problema en probar nuevos platos, de hecho encontraba que la la comida occidental carecía de originalidad, pero no pensaba reprochar eso ahora, debía ser agradecida con la hospitalidad de la joven de ojos violetas. Actitud que seguía sin comprender, su cortesía hacia que desconfiase, aunque llegado a este punto no existía nadie en quien confiase. Mi mirada se desvió por un momento al captar fugazmente la llegada de un elfo con una cesta llena de globos, fruncí el ceño ante esa visión y dejé mis cubiertos sobre el plato. A continuación preste atención nuevamente a ambos hermanos, los cuales se habían quedado en silencio esperando una respuesta a sus incógnitas. Francamente no me hacia mucha gracia tener que hablar con ellos sobre mis planes, porque tampoco es que tuviera nada seriamente planeado. De hecho mi futuro era totalmente incierto. -La razón de que aun resida por aquí, es simplemente monetaria- comenté tranquilamente -Lo único que quiero es la total independencia de mi familia y solo la lograré si les demuestro que poseo capital suficiente para no necesitar seguir la linea familiar.- Posé de nuevo mi mirada en el joven -Aunque es tentador tu propuesta, prefiero ser yo misma quien les de una lección a ellos, si no nunca me ganaré su respeto (o su odio).- Con una leve sonrisa volví a guardar silencio. Me quedé por un momento reflexionando las ultimas palabras de la ojivioleta, me preguntaba si la actitud de ambos al final era solo cuestión de mera diversión. Estaba claro que ella disfrutaba con la frustración de su hermano y este también buscaba divertirse a mi costa, sus acciones no eran por mero altruismo, eso era evidente. Sin embargo eso daba lugar a que pudiésemos llegar a un punto en que todos nos beneficiáramos y utilizáramos mutuamente. La cuestión era como conseguir el favor del joven sin dejarle pasarse de la raya. -En fin, solo necesito un trabajo, un lugar donde dormir- que no estuviera cerca de su hermano -y abrir un negocio en China.-miré a la joven, admiraba su emprendimiento empresarial, aunque me molestaba su afán de diversión -Francamente no me resulta entretenido todo esto, y ni creo que mis padres den el visto bueno a nada de lo que haga.- Concluí encogiéndome de hombros. Has la fecha nunca me había planteado que haría en el futuro, y el que ahora se me presentaba no llamaba mi atención especialmente. Mi única motivación a lo largo de mi vida había sido hacerle la vida imposible a mis padres, llevarles la contraria y demostrarles que el desprecio era algo mutuo. Hasta el momento todas mis acciones habían conllevado entretenimiento para mi, pero ahora eso había acabado. En el fondo no me hacia especial ilusión sentar cabeza y llevar una vida normal.
  2. Me mantenía en silencio mientras observaba a ambos hermanos.. Me gustaba estudiar sus movimientos, sus palabras, observar como solían hablar entre ellos de manera ambigua, sobre temas que yo no entendía, pero seguramente ellos conocerían muy bien. Aun seguía sin entender que clase de relación había entre los dos, pero era claro que en el fondo debían de llevarse relativamente bien, ya que siempre terminaba encontrándoles juntos. Procuraba mostrarme neutral sin mayor expresividad, manteniendo en mi interior cualquier sentimiento o pensamiento, pero al final no pude evitar fruncir el ceño ante las palabras de la joven Valeskya. No tenia ni idea a que había venido todo eso sobre hilos rojos y el destino, sobretodo porque era claro que estaba hablando de mi, cosa que me ponía sumamente incomoda. Contuve mis interrogantes mientras me sentaba en una de las sillas disponibles y observaba como una fea criatura traía una serie de cajas producto de un pedido efectuado por el hermano Granger. Desvíe la mirada cuando ambos comenzaron a hablar sobre negocios, al mismo tiempo acomodé mis cabellos negros de manera que no me entorpeciesen la visión. Contuve un suspiro mientras pensaba en el destino que me aguardaba cuando volviese a China, los asuntos de negocios me parecían algo sumamente aburrido. Tardé en darme cuenta que el joven de ojos azules había cambiado de tema y ahora parecía estar hablando de otro muy distinto. Aunque el joven intentó mostrarse sereno, no me era difícil ver que su idea parecía emocionarle mas a él que a mi. De hecho sus palabras me asustaron, sobretodo porque no conseguía entender como sabia tantas cosas sobre mi ¿En que momento le había contado todo sobre mi vida? Sabía que había lagunas en mi memoria y ahora comprendía parte del porqué. La respuesta se quedó entre mis labios, cuando Valeskya salió a rescatar a su hermano. Quitandole hierro al asunto intentó explicar el plan con otras palabras. No obstante era evidente que ella no parecía estar tan segura del plan del pelinegro y no tuvo reparos en dejarlo claro, de hecho parecía tener intenciones de seguirme sonsacando datos, como si ya no supiesen demasiado sobre mi. Mientras escuchaba podía sentir como mis uñas intentaban arañar la superficie del frio vaso. -Eres muy amable...- respondí fríamente mientras mis ojos pasaban de la joven a su hermano -Tienes el descaro de haberme sacado información mientras estaba bajo tu control, y ahora pretendes que te permita llegar hasta mi familia- solté una risita, luego intenté calmarme -Si, es cierto que estoy en una situación familiar delicada, puede que incluso mi madre me haya lanzado alguna maldición- volví a reírme -Pero no pienso dejar que les hagas nada, sea lo que sea que tuvieses pensado. Di un sorbo lento al frio té, mientras reflexionaba. Tenia intenciones de volver a mi país, aunque no sabia que sucedería cuando mi madre volviese a verme, pero fuese lo que fuese, seria yo misma quien pusiera fin al asunto, ante todo estaba el honor familiar y no dejaría que otro hiciese el trabajo sucio. Nunca pensé que tuviese que llegar a un punto tan extremo, mi ideas consistían en montar mi propio negocio o volver con un esposo extranjero solo por fastidiar. -No entiendo tu idea de redención- comenté de manera pausada dejando el vaso sobre la mesa -Piensas hacer algo que te dará disfrute... eso no es redimirse- terminé mientras le miraba con desprecio. Me quedé en silencio, mirando el té que aun quedaba en el vaso, lo único bueno que estaba sacando de aquella conversación era haber conseguido que mi estomago dejara de rugir.
  3. Estaba allí sin poder creer todavía en mi suerte, definitivamente mi madre debía haberme lanzado algún tipo de maldición cuando se enteró de mi desaparición, curiosa forma de castigar a una hija. Mantuve una sonrisa forzada mientras me contenía para no lanzar una sarta de improperios al vampiro ¿Acaso pensaba que caería en su trampa otra vez? Sería est****a si decidiese quedarme a solas con ese hombre. -Gracias, pero no estoy interesada en ningun tipo de “propuesta"- respondí dando a entender lo sospechoso que sonaron sus palabras. El joven no tuvo tiempo de reprochar, ya que de la nada apareció su hermana, la bruja de hermosos ojos violetas. La susodicha nos saludó efusivamente como si obviase el ambiente tenso que se habia formado hacia un instante y se quedó mirándome de manera nada sutil, mientras comentaba que no solo había chocolate en aquel establecimiento. Mi estomago volvió a rugir y recé para que no lo hubiesen escuchado, aunque las palabras de la Granger me hicieron creer que ya había notado el hambre que me devoraba por dentro. Me encantaría rechazar la comida, de hecho es lo que el protocolo dictaba a hacer, pero cada vez que pensaba en ello mas ganas de comer sentía. -Bueno, si tienes algo que no sea dulce, puede que me quede un rato...- respondí aun con una sonrisa fingida, mientras miraba de manera burlona al joven a mi lado- Aunque espero que puedas controlar a tu hermano, ya anda comportándose extraño. No sabia si había sido el hambre o la insensatez quienes habían dictado las palabras que surgieron de mi boca. Provocar al vampiro no era la jugada mas acertada, pero admitía que me divertía cuando me encontraba en medio de los dos hermanos (aunque también pasase miedo). Observé por un silencioso instante las diferencias entre ambos, y concluí que me seria mas fácil entender el tono desenfadado de Valeskya, antes que al estilo estirado de Joaquín, de hecho este ultimo me hacia recordar a mi familia y borraba de mi rostro todo rastro de simpatía.
  4. Caminaba por el callejón absorta en mis pensamientos, planteándome todos los problemas que tenia y que no dejaría de tener si seguía huyendo así. Era urgente que volviese a encontrar un empleo, o mi estadía en aquel país se terminaría prolongando mas de lo deseado. Fui una ingenua al pensar que las cosas serian fáciles, el haber vivido tantos años de manera acomodada bajo las alas de mis padres habían hecho que no fuese consciente de la locura que seria lanzarme al mundo por mi propia cuenta. Inconscientemente me detuve, mis pies habían dejado de reaccionar. Levanté la mirada extrañada para prestar atención al negocio que tenia ante mi, su escaparate cristalino me dejó ver que se trataba de alguna tienda dedicada al chocolate. Mi estomago rugió recordándome que habían pasado horas desde mi ultimo bocado, sin embargo no me encontraba en situación de tirar mi dinero en bombones lujosos. Ese detalle me hizo darme cuenta de que el local parecía ser nuevo, por consiguiente tal vez estuviesen buscando empleados, aunque no hubiese ningún letrero que lo anunciase. Entré no muy convencida, maldiciendo a los negocios que utilizaban como empleados a est****os elfos domésticos y esperando que este no fuese uno de ellos. Mis ojos observaron los productos que habían expuestos y como en todos existía la posibilidad de probarlos, sin embargo la visión de los elfos me echó para atrás, a pesar de que mi estomago seguía indicándome que tomase algún bombón. Dejé de pensar en el chocolate y me dispuse a buscar al dueño del local, aunque de primeras solo pude ver la presencia de un cliente elegantemente vestido conversando con alguien. Con cautela decidí acercarme mientras pensaba en lo desubicada que siempre quedaba con mi vestimenta tan casual, de un jersey oversize y unos jeans. Todos esas tonterías quedaron atrás cuando fui consciente de la persona que se encontraba a escasos pasos de mi. Maldije mi suerte, estar alli era como vivir en un pañuelo, ¿Donde habían quedado las atestadas calles de mi ciudad natal? Por lo visto en Ottery pateabas una piedra y te encontrabas a alguien conocido, y no a cualquiera, sino al mismísimo vampiro que había intentado matarme, junto a su hermana, la bruja de llamativos ojos violetas. Ya era tarde para dar marcha atrás, así que intenté comportarme de manera normal. -Vaya, esto si que es una “agradable sorpresa”- gesticulé de manera forzada. Recordaba la ultima vez que les vi, fue en aquel parque de atracciones. En esa ocasión me había visto envuelta en todo aquello sin quererlo, y escapé sin esperar a comprobar cual serian las consecuencias de haber raptado al pequeño de cabellos de oro. Ahora el miedo me había embargado de nuevo, pensando si aun guardaría rencor por lo sucedido, a pesar de que las intenciones de su hermana no habían sido malas. -Será mejor que vuelva en otra ocasión... quizás.- volví a comentar mientras daba un paso atrás.
  5. Mis oscuros ojos contemplaban el suelo, aunque realmente no prestaba atención a ello, bajo mis pies no había nada interesante, todo ello se encontraba frente a mi, pero no quería verlo. No sabia por qué había regresado, si era acaso la necesidad de desahogarme socialmente o era la repulsión que su aspecto me causaba. Su presencia me resultaba totalmente incomoda, y sin embargo admitía que aquellos extraños ojos me tenían encandilada. Acostumbrada a que la gente de mi entorno fuera geneticamente similar, el encontrarme ahora con personas tan diferentes me resultaba interesante. Eso si, era curioso de ver, pero me alegraba no poseer ninguna cualidad tan llamativa. Garry no era el único que conocía así, la hermana del vampiro también poseía unos ojos diferentes, de un hermoso e inquietante color violeta. Tenia una enorme curiosidad por saber a que se debería esa tonalidad, pero aun no tenia la confianza suficiente como para preguntárselo. Las palabras del mago me sacaron de esos pensamientos, lo que comentaba me resultaba tan molesto e irónico que ni me plantee replicarle. Era claro que en ningún momento me había pedido confianza, ¿Pero acaso esperaba que le contase mis intimidades a alguien que no conocía? Eso era algo que él bien sabia, al fin y al cabo este se había reservado de responder directamente a cualquier pregunta que fuese dirigida a él. Sucumbí a mi deseo de volver a verle, levanté la vista y desee que no estuviese mirándome en aquel momento. Para mi suerte el pelirrojo no estaba centrando su atención en mi, algo que me alegraba, de hecho podía notar que se encontraba aburrido, o incluso molesto por haberle interrumpido su interesante lectura muggle. Aun así para mi asombro no dejó de hablarme. Era claro que Garry no confiaba en que pudiese matar al vampiro, y aunque en principio ese pensamiento me hubiera molestado, en este momento me quitaba un peso de encima. No me había hecho ninguna gracia el sincerarme, así que lo mejor era que siguiese pensando en mi incapacidad para cometer tal acto. Sin darme cuenta me había llevado la mano al cuello, al lugar donde el muy maldito me había mordido, por suerte no había sido en el lado del tatuaje, no me hubiera gustado que lo estropease. -Oh por supuesto- le respondí, aun manteniendo mi mirada en él -estoy segura que volvería a dormir a gusto- respondí sinceramente con una sonrisa. Me preguntaba si su pregunta iría mas allá, encaminándose a algún sermón sobre el problema de traspasar la linea del bien y el mal. Me molestaría que una persona como él, llena de marcas de guerra, le diese por explicarme las consecuencias de tomar un camino mas oscuro. La verdad no esperaba que hiciese algo así, era claro que yo no era tan importante para él como para tomarse esas molestias. Pero mi respuesta no había sido una mentira, tener que vivir bajo el mismo techo que el vampiro, me resultaba agotador. Vivía paranoica esperando que algún día entrase por la puerta de mi habitación mientras dormía, o peor, que tomase el control de mi vida sin que yo me enterase. Ante estos pensamientos terminé por perder mi sonrisa, dejé de prestar atención al Ollivander, para ponerme a escudriñar las estanterías de nuestro al rededor, preguntándome si habría por allí algún libro que me ayudase a saber mas sobre la naturaleza de mi enemigo. -Pero bueno, tu has de saber de esas cosas ¿Verdad?- le pregunté seriamente -Mírate, es evidente que has tenido que lidiar con monstruos... y no pareces estar mal. Mis palabras habían ido cargadas de desprecio y burla, pero no esperaba que hiciesen mella en él, ni siquiera esperaba que respondiese a ello. Seguí mirando a mi al rededor, aquella conversación me resultaba agotadora, no estaba acostumbrada a socializar tanto. Aunque por un lado sentía la necesidad de tener a alguien con quien hablar, pero por otro sabia que no era buena idea apegarme a nadie. Lo mejor seria irme de allí, antes de que comenzase a tener ideas est****as sobre la falta de amistades. -Ya es hora de que me vaya- continué con rapidez, sin dejarle margen a palabra -¿Por casualidad no dejarán que me lleve algún libro, verdad?- pregunté decepcionada. -Da igual...- dije volviendo a mirarle -Gracias por esta... “agradable” conversación.- terminé regalandole una falsa sonrisa. Me fui de nuevo, dejandole a solas con sus amados libros de química. El mundo era grande y a la vez pequeño, y aunque admitía que sentía un gran interés por saber mas sobre él, esperaba en el fondo no volver a verle. Mientras caminaba, notaba que en mi interior se habían ido despertado sentimientos nuevos, algunos esperaba que se quedasen conmigo, pero otros eran mejor que se quedasen aquí junto al mago. @
  6. Me hubiera gustado gritar, agarrar esos est****os libros y lanzarlos, destrozarlos... Si hubiera estado en la mansión seguramente habría arrasado mi habitación, pero estando en la biblioteca quedaba mas remedio que contenerme. Simplemente me quedé de pie, llevándome las manos a la cabeza y cerrando los ojos tan fuertemente que desee por un instante desaparecer allí mismo, desaparecer para no existir nunca mas. Pero eso no iba a ser posible, una vez mas solo estaba yo para lidiar con todas mis batallas. Mi menté retrocedió en el tiempo, unos meses atrás, el divorcio de mis padres me había afectado, y no entendía por qué, si al fin y al cabo mi lazo con ellos era casi inexistente. Aun así, todo lo que aconteció después me afectó, ver las discusiones por ponerse de acuerdo con el dinero, tener que mudarme, y sobretodo la fantástica idea del matrimonio. La verdad es que nunca me había planteado eso, como quería vivir mi vida, hasta ahora solo había vivido el presente, que como siempre se limitaba a buscar la atención de los demás. Pero al final había comprendido que quería mas, que quería ser la dueña de mis decisiones, que no pensaba aceptar el matrimonio y poco me importaba si eso iba a socavar la reputación social de mi familia. Tal vez había sido egoísta, tal vez debí pensar en mis padres, pero me negaba a pasar el resto de mi vida con alguien que no había escogido. Aunque encontrar un buen marido no era fácil, y aunque me habían facilitado así las cosas, yo no me sentía preparada para dar un paso así. Aquel pánico hizo que cometiese mi mayor locura, escapar del país. Mi idea no era estar en occidente para siempre, algún día regresaría, cuando tuviese la solvencia económica para sobrevivir sola en China. Pero para ello debía empezar a comprender que no podía vivir huyendo de todo, tenia que enfrentarme a los problemas, por muy grandes o pequeños que fuesen. Admitía que empezaba a sentir arrepentimiento por haberme ido del país, embarcarme a occidente tan repentinamente no parecía haber sido una buena idea. A pesar de dominar el Inglés con una fluidez aceptable, parecía que no era suficiente para comprender la cultura de este nuevo país. Tal vez tendría que aceptar que la gente de aquí es así, tal vez ellos pensasen lo mismo de la gente del mio. Me sentía de nuevo mas calmada, mis latidos ya no estaban tan desbocados, aunque aun no calmados del todo. Necesitaba aprender con urgencia a controlar esas emociones, me preguntaba si el Ollivander siempre habría sido así de pasivo, realmente envidiaba esa tranquilidad. Su presencia me ponía demasiado nerviosa, esa actitud suya era desconcertante, sobretodo porque se mostraba tan ambiguo que no me dejaba claras cuales eran sus intenciones. Comencé a caminar suavemente, dirigiéndome nuevamente en la sección de la biblioteca donde había estado minutos antes. Mi curiosidad podría no traerme nada bueno, pero sentía debía estar junto a él, se merecía al menos una disculpa por mi comportamiento tan errático. Pero estaba llena de dudas, nadie se comportaba con amabilidad desinteresada, todo el mundo en el fondo era falso, todos siempre buscaban algo a cambio. Me quedé de pie junto a una estantería, mis reservas habían hecho que no pudiese avanzar mas. Miré por unos segundos la mano que él había osado tomar, y seguía sin entender la razón para tal acto. ¿Sería de esa gente que podía leer las manos? Hice un ruidito con la lengua descartando tan absurda pregunta, tal vez nunca llegase a saber que se le abría pasado por la mente al hacer aquello, tal vez fuese lo mejor. Una voz me sacó de mis pensamientos, allí estaba, al otro lado de la estantería, Garry hablando solo para si, o eso parecía. Por lo visto se había quedado pensando en mis palabras y tuve que asentir en silencio al comprobar que comprendía la naturaleza desquiciada del vampiro y tal vez no solo la de este. Esperé dudosa hasta que solo escuché el sonido del libro que estaba manipulando, cuando parecía que ya no pronunciaría mas palabras salí de mi escondite. -Lo siento- dije en un tono de voz bajito, mientras me acercaba despacio a su ubicación -Yo... no estoy acostumbrada a que alguien muestre interés, en mis problemas- me quedé de pie, sin poder mirarle, dejando la mirada fija en el suelo -Me cuesta creer que quisieras ayudarme...- continué levantando un poco la mirada para verle -Entiende, yo no confió en nadie... no puedo. No esperaba que me entendiese ni mucho menos, pero me sentía culpable habiendo mostrado tan irrespetuosa. Tal vez en el futuro me arrepentiría de haber mostrado debilidad ante él, pero quien sabe, si mi futuro era morir a manos de un monstruo, no importaría si fuera él u otro. Me quedé en silencio unos segundos, sopesando de nuevo como iba a continuar esa reanudada conversación. -Antes me preguntaste que es “¿Todo lo contrario?”- pronuncié las palabras soltando una risa amarga -Significa que me encantaría matar a ese vampiro- confesé en un tono de total desprecio -¿Por qué tendría que mostrarme piadosa con alguien que anhela mi muerte? La verdad nunca me imaginé matando a alguien, pero cierto era que en estos días esas ideas no paraban de rondar mi mente. Me preguntaba si llegado el momento sería capaz de hacer sufrir de verdad a alguien, si se lo merecía no debería ser tan difícil ¿No? @
  7. Me quedé en silencio, habiéndome apartado de los libros para que el mago prosiguiese con lo que buscaba, esperaba que mis palabras le hiciesen desistir, pero parecía que no iba a ser tan fácil. De verdad que no conseguía entender al joven, se mostraba reacio pero a la vez interesado en seguir conversando. Creía haberle hecho entender que no podía ayudarme en mi problema, pero parecía que este se negaba a dejarme marchar. Me quedé en silencio nuevamente, sintiendo un nudo en el pecho, escuchando pacientemente sus palabras. Me sorprendía la enorme diferencia que había entre nosotros, al principio solo me había fijado en su físico, en lo extraño y desagradable que me resultaba. Pero ahora era consciente que mentalmente había un abismo entre los dos, y me preguntaba como era posible que el Ollivander se mostrase tan sereno y sabio, cuando yo debía luchar todo el tiempo contra mis emociones. Aquel mago me inquietaba, sus palabras producian un efecto de falsa calma, conseguían que no soltase toda mi ira sobre él, acumulándola en mi interior y en mis puños ahora fuertemente cerrados. Sin embargo deba irse con cuidado, porque cualquier frase errónea bastaba para desatar mi frustración interior, cosa que temía que fuese a suceder pronto. No pude evitar lanzar un bufido, tal como esperaba el mago comenzó a sonar como uno libro de auto-ayuda barato. Me sentía con la enorme ganas de replicarle lo inútiles que me resultaban esas palabras, no entendía como podía aprender a quererme sino sabia lo que era que alguien me quisiese primero. Sentí sus pasos a mi lado y me giré para encararme y demostrarle lo erróneo de sus palabras. Sin embargo su acción me pilló desprevenida, su total descaro me dejó tan confundida que lo único que pude hacer fue quedarme mirándolo. Ese pequeño instante se me hizo eterno, tanto que en nuestra cercanía pude observar con suma atención cada una de sus cicatrices. Por una vez fui consciente del horrible pasado que debía esconder y me preguntaba si guardaría en su interior un monstruo tan horrible como el que me acosaba. En una situación normal no hubiese dejado que alguien se acercase a mi de esa manera, pero como había observado, el recién conocido tenia la cualidad de bajar el escudo de mi desconfianza. Aquel extraño momento terminó tan rápido como comenzó, pronto volví a tener a Garry apartado, continuando con sus palabras sacadas de alguna revista ñoña. En el fondo agradecía que un extraño se tomase tantas molestias por levantar mis ánimos, pero yo no esperaba tener contentos a todos, me bastaba con tener una sola persona que se preocupase por mi. En el pasado hubiera querido que ese lugar estuviese ocupado por mis padres, pero sabia que aquello nunca iba a pasar. Los pensamientos sobre mis padres me distrajeron, haciéndome olvidar por un momento que ya no me encontraba en china. Las nuevas palabras del occidental me sacaron de mi ensimismamiento y me volvieron a ponerme en estado de alerta. Mis oscuros ojos se posaban de nuevo en los suyos, mientras sopesaba que debía responder. Era evidente que se negaba a aceptar mis anteriores respuestas, parecía que nunca estaría conforme. -¿Quieres saberlo? -pregunté en un tono exasperado -Existe... un vampiro, que me acosa, e intenta matarme- respondí sintiendo como volvía a ponerme nerviosa -me hace la vida imposible... ¡Y no se por qué! No pude quedarme quieta, comencé a caminar de un lado a otro, pasando delante de Garry una y otra vez. -Está bien... -continué en ese mismo tono nervioso -Creí que podria defenderme ¡Pero no puedo!- Sin querer levanté el tono mas de lo debido -¿Pero eh, por qué tendría todo esto que importarte...?- le pregunté, mientras me detenía y miraba de nuevo los libros -Ahí están tus libros de Quimica- le señalé. Habiendo dicho esto y sin decir nada mas, decidí alejarme, caminando rápidamente, intentando causar el menos ruido posible. Cuando creí que me había alejado lo suficiente me detuve, escondiéndome entre unas estanterías llenas de libros. Estaba furiosa y confundida, el muy maldito me había desarmado y habia conseguido que le soltase parte de la verdad, aunque por suerte habia evitado responder a su peligrosa pregunta. Esperaba que no fuese tan terco y aceptase todo lo que le habia confiado, no iba a dejar que me delatase, no hasta ese punto. @
  8. Mi curiosidad se desvaneció tan pronto el mago comenzó a divagar, aun así seguí sus pasos en silencio, al fin y al cabo había sido yo quien le había hecho las preguntas. El joven ya me había mostrado desde un principio que no era persona de ir al grano, ahora bien no sabia si era algo natural en él o simplemente lo hacia para divertirse un rato a mi costa. Hasta ahora todas las personas que había conocido en aquel país, habían resultado ser desagradables, y parecía que el pelirrojo no iba a ser la excepción. Aun asi me quedé a su lado, caminando en silencio con mis manos entrelazadas tras mis brazos. Ahora que le tenia en pie pude comprobar lo alto que era a mi lado, su presencia imponía si la comparaba con mi pequeña complexión. Cuando vivía en mi país, mi físico no era algo notorio si se le comparaba al resto, pero en occidente la gente tendía a ser mas alta y corpulenta, eso había hecho que la gente menospreciara mis cualidades. Por un lado tenia la esperanza de encontrar a alguien diferente, que no se fijase en eso, pero tampoco le daba demasiada importancia, cuando volviese a China eso ya no importaría. No sabia hacia donde nos dirigíamos, pero confiaba que supiese donde estaba lo que estaba buscando. Una cosa tenia en claro, aquel mago no parecía disfrutar el hablar conmigo, ni mucho menos tener que salir de su anonimato, eso me dejaba en la duda, de por qué había decidido empezar la conversación. Al igual había esperado encontrar algo interesante en mi, pero al final solo había descubierto que era una chiquilla inmadura e impulsiva. No seria la primera vez que alguien se decepcionaba conmigo. El joven Ollivander detuvo sus pasos y se giró para observarme de nuevo con sus extraños ojos, aquello me tomó desprevenida, no me gustaba que me hubiera pillado mirándole. Pero era difícil no fijarme en él, ya que todo todo me resultaba raro en su figura, ni siquiera tenia una coloración normal en su cabello. Estuvimos de pie unos segundos, mirándonos en un silencio incomodo, por fortuna el mago decidió continuar hablando, esta vez siendo él quien preguntase ahora por mi identidad. -Yo... me llamo Li- respondí a secas sin corresponder a su inquietante sonrisa. Me quedé en silencio, no sabia como responder su ultima pregunta, ya había respondido a ello y no había mentido, aunque no había dicho toda la verdad. Pero él tampoco había sido del todo sincero, ¿Así que por qué esperaba que yo fuese a serlo? Volvimos a tener otro incomodo silencio en el cual nos seguimos mirando como si fuésemos capaces de descubrir lo que el otro estaba pensando, por un instante me pregunté si él seria capaz de lograr eso. -Yo... -comencé de nuevo -estoy buscando tantas cosas... -dejé de mirarle y comencé a caminar lentamente hacia una estantería cercana -No se por donde empezar...- me detuve mientras seguía mirando los libros frente a mi -La gente nunca me ha tomado en serio, me gustaría que dejaran de menospreciarme- cerré mis manos tan fuerte que me comencé a hacerme daño con las uñas -Hace un rato dije que buscaba defenderme... pero creo que estoy buscando todo lo contrario. Hasta ahora nunca había pensado en las Artes Oscuras y el mago había dejado en claro que esa no seria la solución a todo. Razón tenia, no conseguiría resolver todos mis problemas haciendo uso de ello, mis padres no aprenderían a quererme a base de torturarlos. Sin embargo no podía descartar la idea de que me sirviese para hacerme valer ante quien me estaba haciendo la vida imposible. Debía medir mis palabras, había vuelto a hablar mas de la cuenta, era peligroso evidenciar los nuevos sentimientos que comenzaban aflorar en mi. -Pero creo que esto no voy a encontrarlo aquí -terminé dando unos pasos atrás, apartándome de los libros -...y creo que tu tampoco podrás ayudarme. @
  9. -¿¡Oye de que vas?! Inesperadamente sentí como aquella criatura sujetaba de mi muñeca y comenzaba a tirar de mi, fui gritándole insultos en chino mientras iba siendo arrastrada hacia el interior del local. Estaba realmente sorprendida de la fuerza que había resultado tener la elfina, ya que por mas que lo intentaba no conseguía deshacerme de su agarre. La criatura comenzó a gritar llamando a su amo y no pude evitar pensar en el drama que seria capaz de montar, por culpa de unas estupidas flores. Estaba a punto de replicarle cuando apareció ante nosotras una extraña mujer de pelo violeta, la cual parecía también estar buscando al dueño del local No pude evitar notar el tono en que le respondió la elfina, parecía que esta tampoco era muy dada a respetar a sus superiores. Intenté aprovechar el pequeño momento de distracción para zafarme, pero me fue imposible dado que a poco hizo acto de presencia una nueva visitante. Para mi esto ya comenzaba a ser molesto e incomodo, y para colmo seguía sin tener claro en que clase de lugar me encontraba. Si hubiera entrado de manera calmada, tal vez me hubiera fijado que había fotos de personas desconocidas para mi, pero en aquel momento no estaba como para mirar la decoración. Aquella elfina volvió a arrastrarme, ahora escaleras arriba, seguramente feliz de estarme humillando frente a las otras dos mujeres. Preferí guardar silencio, ya le gritaría al famoso dueño sobre la maleducada elfina que tenia.
  10. Al terminar de soltar toda la rabia que tenia acumulada, me quedé en silencio petrificada. ¿Que me había pasado? ¿Donde había quedado el auto control? Fue horrible, dejé aflorar mi debilidad delante de aquel extraño, él no tenia porque saber nada y sin embargo no fui capaz de contener mi lengua. Me sentía horrible, me había dejado llevar por la desesperación y en un intento por desahogarme me había dejado expuesta nuevamente. Ahora mismo solo quería escapar, irme de allí y no tener que volver a ver a mi interlocutor. En contraste con mi actual estado de animo, el mago se encontraba tranquilo, ojeando aquel libro como si no hubiese escuchado mi ultimo arrebato. No sabia como tomarme su aparente indiferencia, pero aquella actitud pasiva sirvió para que poco a poco mis sentimientos sobresaltados decidiesen volver a su estado de reposo. Algo triste bajé la mirada y me dispuse a pasar las paginas del libro, fingiendo un nuevo interés. Desde que había llegado a Inglaterra no dejaba de arrepentirme de haber pisado el país, me sentía tan perdida en occidente que era como si toda mi energía y fortaleza se hubieran quedado atrás en mi país natal. Sabía que muchos de mis compatriotas se aventuraban a vivir en el extranjero y terminaban medio adaptándose, pero una había una diferencia entre estar estar sola a estar acompañada de otros iguales a ti. Me había quedado tan absorta en aquellos pensamientos, que no fui consciente del momento en que el pelirrojo había vuelto a hablar. Decidí escucharle sin mucha gana, mientras aun seguía con mis oscuros ojos puestos en las paginas de mi libro, sus palabras me dejaban en un peor situación, me hacían darme cuenta que le había malinterpretado No estaba segura de si aquello había sido un fallo al entender sus palabras (aun no dominaba del todo el idioma), o si mi estado alterado me había jugado una mala pasada. En aquel momento no tenia nada mejor que hacer, así que resignada seguí escuchándole, observando como sus palabras fluían lentamente, sin ninguna prisa y sin mostrar sentimiento alguno. Me intrigaba como una persona que habría pasado por tanto, podía mantener aquella calma, tal vez aun no era tarde, tal vez cabía la posibilidad de aprender a dominar mis emociones, quizás las respuestas a mis preguntas estuviesen delante mio. Volví a mirarle, sintiendo de nuevo curiosidad por él, sobretodo porque parecía haber entendido cual era mi problema, o al menos en parte. Pensando fríamente sabia que tenia razón, que había otras soluciones a mi percance, incluso Valeskya habia nombrado otras alternativas. Ahora me sentía culpable, aquel mago me había dejado en evidencia, había hecho que expresase mis sentimientos, y no sabia como enmendar ese error. Tal vez lo mejor era irme a vivir debajo del puente, y olvidarlo todo. Mi rostro se volvía a mostrar inexpresivo, evitando mostrar el remolino de pensamientos que había en mi interior, sin embargo el mago me mostraba una sonrisa que dejaba ver aun mas esa enorme cicatriz que surcaba su piel. Sentí que estaba burlándose de mi, sus palabras y su expresividad dejaban entrever que él era tan monstruo como el vampiro que atentaba contra mi vida. Sin embargo no parecía importarle en lo mas mínimo el malestar que estaba provocandome, seguramente porque era eso lo que pretendía. Para mi sorpresa el desconocido se puso en pie, mientras comentaba su interés por buscar un nuevo libro y no solo eso, sino que mostró interés por ser acompañado. Sin entender nada, me puse en pie y caminé hacia él, en todo momento me había mentido en silencio, sin embargo no podía dejar que eso siguiese así, debía sacarme la duda principal que venia carcomiendome desde un principio. -Espere...- dije llamando su atención al tiempo que le alcanzaba -Necesito saber... ¿Quien eres? -pregunté mirándole fijamente a los ojos -¿Que se supone que estas haciendo? ¿Que es lo que buscas realmente?- volví a prguntar sin disimular mi tono enfadado. No quise dar mas rodeos, por su culpa había hablado mas de la cuenta, delatando mis miedos, ahora necesitaba saber cuales eran sus intenciones, me negaba a creer que alguien prefiriese hablar antes que leer en una biblioteca. Tal vez estaba de nuevo malinterpretándolo todo, pero aquella persona no me inspiraba ninguna confianza, no me gustaba nada su facilidad para hacerme perder mi estabilidad. @
  11. Continué en silencio mientras mi mirada se perdía en un punto indefinido del salón. Sus palabras me habían dejado desconcertada, aunque comprendía perfectamente que aquel desconocido no quisiese explicar como era que había acabado tan desfigurado. Por un segundo me pregunté que clase de vida llevaría aquel individuo, tal vez durante el dia se encendiese entre libros, para en la noche salir a añadir otra cicatriz mas. Fuese lo que fuese que hiciese me costaba creer que alguien así pudiese llevar una vida normal, algo me decía que también debía llevar cicatrices por dentro. Dejé aun lado la tensión y solté suavemente la mesa que tan fuertemente había tenido sujeta. Sus palabras me recordaron lo poco que me importaba las rencillas que los magos y brujas llevaban años teniendo. Realmente la vida de los demás y sus problemas no eran de mi interés, mientras no me afectasen a mi no veía razón para preocuparme. Sin embargo ese mago parecía haberse visto envuelto en esas est****as peleas, o al menos eso dejó entrever sus ambiguas palabras. Reclinada sobre la silla volví a posar mis rasgados ojos sobre los suyos, era demasiado irónico que alguien como él quisiese darme lecciones sobre como debería comportarme. Era cierto que hasta el momento no sabia como iba a defenderme de aquel vampiro, ni siquiera sabia si eso era lo único que quería. En el fondo deseaba verle sufrir, pero no me veía capaz de llegar hasta ese punto, o al menos eso creía. En ese momento no me reconocía ni a mi misma, seguramente porque nunca me paré a pensar en que clase de persona soy o en lo que me gustaría llegar a ser. -Tengo que hacer el séptimo curso de Hogwarts- dije al tiempo que volvía a mirar mi libro, ya sin mucho interés -Maldiciones... -dije mientras sonreía con cierto deje de malicia -¿Y por qué no, Artes Oscuras?- pregunté mientras volvía a mirarle -¿No cree que haya situaciones en que sea justificable su uso? ¿Que hago si me ataca alguien que me supera?- volví a preguntar sin evitar levantar la voz, el solo pensar en volverme a enfrentar al vampiro me alteraba. Me quedé mirándole mientras sentía como mi corazón latía con fuerza, su actitud me había enfadado. Estaba harta de que todos pensaran que era demasiado inútil, que no sabia valerme y ahora un desconocido insinuara que no podía hacer lo que tal vez el mismo hiciese. Dejé a un lado mi inexpresividad, para mirarle con total desagrado, ya no importaba disimular. -Ya... seguro es mas fácil dejar que hagan conmigo lo que quieran. -continué recordando la facilidad con que la criatura me hipnotizaba y no podía hacer nada para evitarlo -Seguro es mejor acabar muerta, a que cruzar esa est****a linea... ¿verdad? Eso era algo que tampoco llegaba a entender, porque la gente debía limitarse, porque debíamos comportarnos según se nos dictaba, el desconocido lo había reconocido, lo que para unos es bueno para otros malo es, entonces por qué no dejar que la gente decidiese por si misma hasta donde quería llegar. Seguí mirando al joven de ojos desiguales, seguramente era otro hipócrita que se merecería cada una de esas marcas. @
  12. Refunfuñando cerré de un portazo la puerta de mi nueva habitación para luego quedarme de pie sin saber muy bien como actuar. Estaba tan furiosa que aun mantenía la varita fuertemente sujeta bajo mi puño, debía procurar no volver a perderla de esa manera tan est****a. Estaba cegada por la irá, tanto que durante el trayecto no me había planteado agradecer a mi salvadora. El hecho en si me daba una vergüenza horrible, de no ser por ella seguramente estaría estampada contra el suelo. Rugí de rabia y me tumbé en la cama, era lamentable ver que no había sido capaz de defenderme en ningun momento. En ese instante solo era una muggle armada con un palito que no sabia utilizar. Incapaz de ver esa situación cerré los ojos e intenté olvidar lo sucedido en las ultimas horas. En aquel silencio, solo podía escuchar los latidos de mi corazón los cuales aun seguían retumbando en mi pecho. No había prestado demasiada atención a la habitación, pero no parecía ser muy distinta a la ultima, de hecho igualmente tenia todo el aspecto de llevar tiempo deshabitada. Me incliné sobre la cama levantando la cabeza para poder mirar mejor, suspiré mientras recordaba que tendría que traer el poco equipaje que había dejado en el hotel. Tenía que admitir que ahora mismo no había ninguna solución mejor a mi problema de solvencia, sin embargo no podría dormir tranquila sabiendo que el vampiro vivía bajo mi mismo techo. Pestañeé varias veces mientras fijaba mi vista en un objeto en particular, un pergamino se apoyaba sobre una mesita en un rincón de la habitación. Me incorporé impulsada por una leve curiosidad preguntándome cual seria su contenido, no tardé demasiado en descubrir que extrañamente el pergamino iba dirigido a mi. Con expresión de total desconfianza leí las indicaciones que se detallaban y con un bufido volví a dejar el objeto en la mesa. Las instrucciones era precisas y cargadas de una matiz que no dejaba lugar a rechistar. No conocía a Valeskya ni tampoco quería conocer su ira, aunque sus palabras denotaban que no estaba nada contenta con la situación. A pesar de no haber presenciado los acontecimientos parecía estar informada de los sucedido, seguramente algún elfo chivato le habría ido con el cuento. Fuese como fuese parecía que no me quedaba otra que hacer lo indicado. Refunfuñando nuevamente salí al pasillo, no me hacia ninguna gracia que todas aquellas personas estuviesen mandándome como si fuese una niña pequeña. Admitía que me faltaba madurar, pero no iba a permitir que siguiesen tratándome de esa manera. Lo malo, era que todos sabían que no sabia valerme por mi misma, así que por lo pronto seria difícil que dejasen verme como la inútil extranjera que era. Procuré que ningún elfo me viese, aunque no estaba segura de que eso fuese posible, aun así caminé lo mas rápidamente (y sigilosamente) que pude intentando escabullirme por los jardines, aprovechando la distracción que creaban un par de futuros compradores allí presentes. Esperaba que Valeskya supiese esperarme, ya que por ahora aun no podía desaparecerme.
  13. La decisión fue tomada, debía dejar de actuar así, esa tendencia solo tuvo una finalidad cuando se trataba de disgustar a mis padres. Pero ahora los tenia lejos, ya no necesitaba ser así, sin embargo no podía evitarlo. Me preocupaba que las vivencias con mis padres me hubiesen marcado tanto que ya no existiese vuelta atrás. Puede que tuviese que aceptar que esta era mi verdadera identidad, que ya no volvería a ser la niña buena y educada. Esta era la primera vez que estaba ante una persona que me imponía realmente respeto, aunque no sabia si era eso o que simplemente me daba miedo. Podía ver su rostro, sus imperfecciones, me preguntaba si aquel mago se merecía que le hubiesen echo todo aquello. Era evidente que no estaba ante una persona corriente, y eso me tenia a la defensiva, sobretodo por que seguía sin entender que hacia sentado delante mio. Mis palabras no habían conseguido disuadirle, el joven parecía dispuesto a seguir indagando, y no tenia ningún reparo en admitir que siquiera tenia verdadero interés por el libro que había traído consigo. Tal vez mis pensamientos solo fuesen fruto de mi paranoia, tal vez aquel mago solo sentía sana curiosidad al ver una persona extranjera. Ciertamente hasta ahora no me había encontrado con ningún compatriota, aunque también era sabido que la gente de mi país no gustaban mucho de hacerse ver. Volví a mirar a mi alrededor una vez mas, me preocupaba que apareciese de repente alguna de esas estatuas a regañarnos por estar hablando, ya que el silencio reinante hacia que nuestras palabras se escuchasen mas altas de lo que quisiéramos.. Después de corroborar que seguíamos estando solos, regresé mi atención hacia el extraño mago, preguntándome en silencio a que se debería la extraña coloración desigual de sus ojos. Mis labios estaban dispuestos a responderle, pero mi mente me decía que no podía decirle la verdad, una verdad que me daba vergüenza, y que me había vuelto en una persona totalmente desconfiada e inútil. Mi rostro se mantuvo serio todo ese tiempo, procurando no reflejar los múltiples pensamientos que pasaban por mi mente. -Bueno... es bien sabido que hay gente peligrosa suelta- respondí sin levantar la voz -Creo que ha de entender a que me refiero- continué mientras recorría con la mirada cada una de sus cicatrices -es evidente que le ha tocado pelear, aunque me pregunto si usted fue la victima o... el atacante. Mis ultimas palabras fueron poco prudentes, había hablado mas de la cuenta y lo sabia. Mi intención había sido desviar la conversación, pero puede que me hubiese excedido un poco. Mis manos ahora sujetaban la mesa con tanta fuerza, que mis pálidos nudillos habían tomado una coloración rojiza. Tal vez tendría que haberme ido sin responder a sus interrogantes, pero ahora solo me quedaba esperar y desear que el desconocido no fuese otro loco psicópata. @
  14. Llevaba rato dando vueltas, me sentía perdida y aquellas estatuas no hacían nada por ayudar. Yo tenia claro que era lo que estaba buscando, pero por lo visto unos meras representaciones de dioses creían saber mas que yo. Resoplé mientras caminaba con el cuerpo rígido, incomoda de estar entre tantos libros. La biblioteca era un lugar espectacular, pero hasta ahora no había podido centrarme en observarla, solo había estado intentando de evitar las esculturas. Cuando por fin creí estar sola me detuve, intenté respirar con tranquilidad y centrarme en aquello que había venido a buscar. Estar en aquel lugar me traía recuerdos de la estricta educación que había recibido, sin embargo parecía que tanto estudiar no me haba servido de nada. Casi había muerto por culpa de aquel vampiro desquiciado. Esto ultimo realmente me enfadaba, no había sido capaz de defenderme y ahora me sentía vulnerable cada vez que pisaba la mansión. Valeskya me había instigado en terminar los estudios, parecía no hacerle mucha gracia tener a una inquilina que no sabia cuidarse por si misma. Razón no le faltaba, sin embargo no me sentía del todo cómoda estudiando en Hogwarts, por no hablar de que seguramente los estudios no me servirían de nada cuando regresase a China. Mientras mi mente divagaba, mis pies habían tomado el control, estuve caminando un rato a ciegas hasta detenerme sin mas delante de una enorme estantería. Fruncí el ceño mientras me dispuse a seguir con la mirada los tomos que tenia ante mi. No sabia porque había ido a parar allí, no tenia claro quien me había hecho llegar, si mi subconsciente o alguno de esos dioses. No pensé mas en ello, solamente tomé un pesado libro que llamó particularmente mi atención. Di una rápida inspección al lugar y constaté que para mi fortuna me encontraba sola. Me senté en una silla vacía y deposité el libro sobre la larga mesa, no creía que leer aquello fuese a servir de nada, pero esperaba que me distrajese por un rato. Ahora mismo lo único que necesitaba era procrastinar un poco, ya tendría tiempo de continuar los estudios (si no moría antes). Los minutos pasaron sin siquiera darme cuenta, estaba tan absorta que no fui consciente de la llegada de otra persona hasta que se sentó frente a mi. Sus palabras me sentaron como una jarra de agua fría, y no fui capaz de disimularlo cuando le miré de mala gana. Mi primera reacción fue responderle inapropiadamente, pero me quedé en silencio cuando mis oscuros ojos se posaron sobre su presencia tan inusual. Aquel mago era sin duda la persona mas desconcertante que había conocido nunca, y aquel hecho me dejó por un instante incapaz de reaccionar. Por un momento miré a ambos lados, comprobando que no había nadie mas en esa mesa salvo nosotros dos, así que era evidente que estaba dirigiéndose a mi. -Emm... ¿esto?- pregunté dudosa mirando de nuevo mi libro -Es sobre magia defensiva, tengo que acabar mis estudios y... quiero estar preparada- respondí tratando de parecer lo menos nerviosa posible. Aunque si bien era cierto que estaba buscando reforzar mis conocimientos, no pensaba decirle que mi principal problema era prepararme para un posible futuro ataque. -¿Y usted... ya se aburrió de su libro?- pregunté con cierto descaro, dando a entender que evidentemente una biblioteca no era un lugar para hablar. @
  15. Mis ojos estaban fijos, contemplado el ramillete que sujetaba con ambas manos. Por un instante me sentí fuerte, en mi poder estaba el decidir si terminar con la integridad de las delicadas flores. Era algo sencillo y sin valor alguno y sin embargo en aquel momento por primera vez sentí que tenia el poder decidir sobre otros. Pero esas flores no tenían sentimientos que doblegar, destruirlas solo daba una satisfacción efímera. Cerré mis puños y sentí como cada pétalo cedía al poder de mis manos, sonreí con infantil satisfacción hasta que un súbito chasquido alertó mis sentidos. Dí un respingo sobre el banco al observar ante mi a una elfina con cara de pocos amigos. Apreté fuertemente las flores sin dejar de mirar con extrañeza a la criatura ante mi, esta aprovechando el factor sorpresa comenzó a regañarme con total autoridad. Entreabrí la boca un segundo dispuesta replicar, pero aquella elfina hablaba tan rápido y con tanta histeria, que preferí reclinarme sobre el respaldo del banco y dejarla terminar de parlotear. Me resultaba graciosa escucharla hablar, se le veía realmente enfadada y no comprendía porque tanto drama por unas simples flores. Definitivamente la elfina se hubiera llevado bien con mi madre, eran las dos tal para cual en lo que respectaba a la santidad de un jardín. Mi semblante se mantuvo serio todo el rato, dando incluso a entender que me estaba aburriendo, sin embargo dejé que acabara su monologo. Una vez que regresó el silencio, moví rápidamente mis manos y lancé al aire los restos de las flores, las cuales comenzaron a caer sobre nosotras llenando nuestros cabellos de pétalos. -¡Mira es como confeti!- gritaba al tiempo que veía los pétalos caer -¿Por qué tanto drama?- pregunté mientras me quitaba un pétalo enredado en mi cabello -Yo no veo ningún cartel de "prohibido arrancar flores" -dije mientras extendía los brazos y miraba a ambos lados -ve, no hay nada. Volví a mirar a la elfina, me incliné hacia ella, y le sonreí encogiéndome de hombros -¿Si tanto le preocupaba sus amadas flores, por qué no puso alguien que las vigilase?- Le miré con fingida ingenuidad, me puse en pie y le di la espalda mostrando respeto nulo. Me dispuse a seguir quitándome los restos de flores, ignorando la presencia de la criatura. @@Adrian Wild

Sobre nosotros:

Harrylatino.org es una comunidad de fans del mundo mágico creado por JK Rowling, amantes de la fantasía y del rol. Nuestros inicios se remontan al año 2001 y nuestros más de 40.000 usuarios pertenecen a todos los países de habla hispana.

Nos gustan los mundos de fantasía y somos apasionados del rol, por lo que, si alguna vez quisiste vivir y sentirte como un mago, éste es tu lugar.

¡Vive la Magia!

×
×
  • Crear nuevo...

Información importante

We have placed cookies on your device to help make this website better. You can adjust your cookie settings, otherwise we'll assume you're okay to continue. Al continuar navegando aceptas nuestros Términos de uso, Normas y Política de privacidad.