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Agatha Andrómeda Abbott

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Acerca de Agatha Andrómeda Abbott

  • Cumpleaños 18/07/1988

Profile Information

  • Género
    Female
  • Location
    Bosques de Londres, Inglaterra.
  • Casa de Hogwarts
    Slytherin

Ficha de Personaje

  • Nivel Mágico
    2
  • Rango Social
    Unicornios de Bronce
  • Rango en el Bando
    Base
  • Galeones
    11354
  • Ficha de Personaje
  • Bóveda
  • Bóveda Trastero
  • Bando
    Marca Tenebrosa
  • Familia
    Luxure
  • Trabajo
    0
  • Escalafón laboral
    T1
  • Raza
    Licántropo
  • Graduación
    Graduado
  • Puntos de Poder en Objetos
    40
  • Puntos de Fabricación
    0
  • Rango de Objetos
    10 a 200
  • Rango de Criaturas
    Sin información
  • Conocimientos
    Leyes Mágicas
    Artes Oscuras
  • Medallas
    10000

Campos para Gringotts

  • Escalafón último mes cerrado
    T1
  • Posteos acumulados último mes cerrado CMI
    2

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Logros de Agatha Andrómeda Abbott

Collaborator

Collaborator (7/14)

  • Reacting Well Raro
  • One Year In Raro
  • Dedicated Raro
  • Conversation Starter Raro
  • First Post Raro

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90

Reputación

  1. "Cuerpo de Sombras" - Desde el momento en que vio como un par de mujeres irrumpían en el mismo lugar donde estaba, supo que no tenía delante precisamente a "amigos" por lo que mentalmente invocó esa habilidad. Fue extraño, antes de ser aceptada como un discípulo, no conocía ninguna de las habilidades del clan de los Nosferatu, al menos no de nombre y las pocas que vio fueron simplemente sorprendentes. Fue un instinto, algo que surgió en su mente automáticamente lo que la hizo reaccionar, convirtiéndose instantáneamente su cuerpo en un mar de sombras oscuras. Fue como si las propias tinieblas hubiesen desintegrado en polvo cada centímetro de su carne, diluyéndola con una velocidad extremadamente increíble, por lo que el efecto de aquel ataque pasó a través de estas. Sin un alma tangible y firme a la vista ¿Cómo podrían afectarla? Pero a su vez, la molestia de ser atacada la incomodaba. Si esas dos mujeres estaban allí, es porque pretendían robarse aquello que no les pertenecía. Por el sabor de la magia que traspasó las tinieblas, supo que no eran magas ordinarias. "Senescales" Susurró con asco. Aún seguía diluida, pero estaba aburrida, por otro lado, aquel par de magas de cuarta, no serían ningún obstáculo para ella. Aprovechando las ventajas de las corrientes naturales, se materializó en la hojarasca, unos cuantos pasos mas lejos de ellas, pero siempre a la vista. Sus ojos ya no eran del tono azul usual de su familia, poseían un cierto tono rojizo sangre. La capa negra ondeaba levemente con el viento, dejando ver solo las blancas y delicadas manos. Nada sucedía, excepto el ruido que ellas causaban ¿Acaso los magos querían jugar con las almas? ¡Tonterías! Aberración el nacimiento de su sangre, creyendo que todo es posible en este mundo, cuando la verdadera magia incluye mas allá de los misterios. Las observó sin expresión alguna, la luz de la luna roja, cayendo sobre todos los presentes, iluminando sombras oscuras ante el paso lento y sinuoso de las nubes. Si querían obtener lo prohibido, debían de morir. Asi de simple. Las nubes seguían discurriendo silenciosas en medio de la estrellada noche, mudas testigas de la batalla que se vendría por delante. Lentas siluetas negras pintaban el seco pasto, dándole a aquel claro un aspecto aún mas sombrío en el rojo de la noche. Las sombras lamían sus pequeños pies. Como una sombra temible y perseguidora, igual a las pesadillas de ensueño en las mentes retorcidas, la doncella parpadeó un momento, mostrando esos ojos de un rojo ligeramente encendido. - "Paseo de sombras" - Entonces, desapareció. La sombra que pasaba justo bajo sus pies se la tragó, como si nada hubiese estado allí. El río de siluetas discurría lentamente como un rebaño de extrañas ovejas negras, lástima que estas solo estarían como un tinte suave a la próxima desgracia. - Magos humanos... Ustedes dan risa. Rescoldo muerto de la existencia errónea... Creyendo que pueden obtener todos los tesoros, que pueden dominar sobre toda la Tierra, cuando tan solo, son la pequeña piedra en la perfecta creación... - De alguna parte se escuchó lo que parecía una risa, pero tanto la voz como esta misma, no podía anotarse exactamente de alguna posición en particular. - Han atacado ingenuamente. Ahora, morirán. - El claro fue envuelto nuevamente en el silencio, un silencio ensordecedor, una calma que inquietaba. Las sombras parecían alejarse. Tan solo las siluetas naturales, formadas por la luz de la Luna, eran claras en el lugar.
  2. "Es el cielo agorero la felicidad innata..." Para alguien, con un agudo sentido de percepción lectora, descifrar y entender la verdad oculta entre las letras fue fácil. Especialmente porque ninguna letra escrita, ni ninguna canción o conocimiento absurdo que había en el mundo, estaba alli por nada. Todo tenía un significado, un sentimiento, una continuidad. Y cada letra pronunciada tenía una sola verdad. Para los seres como ella, el bosque no era mas que un jardín para paseo. Gracias a que podía ocultar su verdadera naturaleza con la sangre de su amado padre, podría moverse sin problema alguno, evitando los nidos mas peligrosos o las zonas mas pobladas de posibles criaturas, que pudiesen atacarle en algún momento. Fuera de eso, el cielo estrellado y la hermosa luz de luna que recibía en su rostro eran todo lo que necesitaba para su misión. Claramente el cántico que escuchó, tenía una doble realidad. Y es que cada frase que lo componía no era una canción, sino una instrucción. "No cantes por cantar." - Le había dicho su madre alguna vez cuando era mas pequeña. - " Pon atención a la sonata y lo entenderás mejor." - Pero ¡Mamá! ¿Cómo voy a entender una canción tan absurda? ¡Mas parece que el señor ese fuera a burlarse de mi! - "Y no lo es, pequeña. Los mejores conocimientos de los ancestros, están ocultos en los detalles menos esperados." - El cielo estrellado es concretamente un mapa. Durante los meses de Enero a Junio en el mundo mugle aparecen distintas constelaciones. Mismas que también se observaban en el mundo mágico. Pero había una en especial, que solo aparecía tres días al año y que solo podía verse en un mes específico: Julio. Durante esos tres días, el cielo mostraba sus mejores galas, pero la conjunción de estrellas que aparecía en ese momento, formaban claramente un punto, un mapa. Y a la vez las mismas coordenadas mágicas, aplicándolas al mapa, llevaba a muchos lugares. "En el bosque una vez existió un claro terrible de luna que comió a sus hijas una a una y lo llenaron de sangre el Altar. Pasa por allí el crepitar de los sueños mas terribles e infinitos porque el cielo es a la vez tripartito ¡Del corazón que alli durmió con sus tesoros! " Pero en el mes de Julio se veía mas claro. Solo bastaba con observar hacia donde se dirigía la cabeza del dragón y hacia donde apuntaba la cola. La respuesta estaba en una de sus patas. Cuenta la leyenda o al menos lo que escuchó de sus superiores, que el líder de los Discípulos de Nosferatu escondió un gran tesoro, pero que la respuesta estaría únicamente en el Altar de Sangre. Un lugar que hasta la fecha desconocía si existía, pero que aquellos que la habían interceptado alguna vez, aseguraban que era real. En cuanto a ella, había escuchado del Clan y pasó años buscando ser aceptada, pero nunca obtuvo respuesta. No, hasta esa noche. Para no quedarse estática y ponerse en innecesario peligro, había optado por moverse entre las sombras. Saltando de rama en rama, a veces aterrizando con sus pies y corriendo a lo largo antes del dar el salto, a veces colgándose con las manos, para tomar impulso, girar y caer en otra rama, todo con el mas cuidadoso sigilo, se apartó de aquella posada bulliciosa. Una cosa se grabó a fuego en su mente. Antes de marcharse, notó a una maga en la puerta principal que parecía alterada. Por un momento se quedó viéndola desde su escondite. Era una persona bastante inusual a juzgar por sus ropas, cuyos latidos ligeramente acelerados, le daban una idea aproximada de su estado. Y su olfato le decía que debía tener cuidado. Sus pupilas se movieron silenciosamente desde el rostro de la jovencita hasta su mano. Por el apretón que parecía dar a su ropa, muy probablemente la había sentido. "Curioso." Pensó para si misma, antes de abandonar el paraje en el silencio de la noche. Se deslizaba con soltura y agilidad entre los árboles, iluminada parcialmente por la luz de la luna. Sus pasos no se escuchaban, parecía tan solo la sombra de un ave o una visión cualquiera. El silencio nocturno la envolvía codiciosamente. Posaba su vista en el cielo, siguiendo el rastro de la constelación. Pero algo, un extraño picor en el torso del antebrazo, la detuvo. Con la suavidad de una hoja, se detuvo al resguardo de la oscuridad de un ramaje frondoso de acebo notando, que también era seguida por alguien... O algo. - ¿Que..? - Apartó la tela de su capa, el picor seguía. Visiblemente incómoda, se subió la manga de la blusa, mas no notó nada en particular. No obstante, esta pequeña distracción bastó para que no se diera cuenta de que una sombra se había abalanzado sobre ella y pronto fue envuelta por las sombras. "Cuenta tus pasos gira de noche..." Se había sumido en un mundo de tinieblas. Ni siquiera podría decir donde estaba. Flotaba o parecía flotar en medio de una densa niebla. Un dolor agudo le cruzó repentinamente los sentidos, haciéndola espabilar. Pero no podía moverse, excepto intentar decir algo, antes de que todo volviese a quedar en silencio. "Y encontrarás la puerta con las cabras..." Cuando sus sentidos volvieron, estaba acostada entre unas malezas. De espaldas al cielo y algo desorientada, optó por levantarse lentamente apoyando las manos en el suelo. Sacudió un poco su cabeza ¿Qué diablos? ¿Qué había ocurrido? Se sentía ligera, mas de lo habitual. Un poco mareada, pero algo tolerable. Terminó por ponerse de pie, sacudiéndose la ropa. Notó que tenía la manga arrugada, asi que decidió poner todo en su lugar. Mientras lo hacía, notó en la piel del antebrazo una extraña runa recién tatuada de un rojo apagado similar al terciopelo antiguo. Lo mas extraño, es que podía leer su significado, es decir, la entendía. Tras procesarlo, una pequeña sonrisa pasó por su rostro, pero estaba perdiendo tiempo. Arregló su ropa, volvió su vista al cielo y miró a su izquierda. "Cuenta los pasos." Se dijo mentalmente. Posicionándose y midiendo su ubicación respecto a la cuarta estrella de la constelación, empezó silenciosamente a caminar. Uno por uno, como si saltara o midiera el suelo, continuó adentrándose hasta un paraje sumamente mas oscuro que donde estaba. La luz de la luna no llegaba. Casi en el último paso se giró bruscamente y pudo verlo. Pero ahora el camino habia cambiado. Ni siquiera era el sendero que estaba tomando. La constelación del suelo brillaba intensamente de un tono rojo, delante de ella, talladas en la vieja madera de dos troncos secos, se veían dos cabras. Y al cruzar el espacio que había entre ellas, apareció ante sus ojos un espacioso y espeluznante claro, en cuyo fondo, algo lejos, se podía ver un altar antiguo de piedra que parecía tallado en la misma roca. Embuyéndose en la capa, decidió caminar hasta ese lugar pero se detuvo. Una fuerte sensación de advertencia y peligro le recorrió las venas, por lo que miró a diestra y siniestra, atenta. Pese al silencio, tenía un mal presentimiento.
  3. ¡Oh no! Me encanta la nieve. Será un paseo agradable. - Añadió en un tono tranquilo, deslizándose de las piernas de este al suelo para ponerse de pie. En el camino pasó rozando su nariz con la propia en un sutil coqueteo y una sonrisita pícara, antes de levantarse del todo para buscar su chaqueta. Al agacharse hacia la silla, mostrando primer plano de las caderas, volteó a verlo y al notar su mirada, sonrió un tanto divertida y coqueta - Cariño ¿Es que piensas quedarte allí sentado todavía? - Se irguió despacio, realzando la curvatura suave de la espalda, la redondez de las caderas y la pequeñez de los hombros. Se colocó encima la chaqueta, ajustando otros detalles y finalmente, cubriendo su cabeza. Miró a un mesero y alzó su mano para pedir la cuenta. - Con una condición, dejarás que pueda mimarte transformado en lobo...- Se inclinó despacio hacia el y le tomó del mentón susurrando suavemente - En privado, claro. Sin decir nada mas, se apartó para encargarse de la cuenta, dejando en el ambiente un tenue aroma a rosas frescas y menta. @ taison logan greyback
  4. "Cielos oscuros levantando una línea.. Creciendo, cantando, dibujando divinas.. Las notas musicales del antro de perdición.. Le dieron a los otros el oro y la intrusión.." Había escuchado miles y miles de veces esas cantinelas de boca de alguien que poco recordaba. No, si lo recordaba, era alguien conocido como el "Jorobado" pero hasta allí. Su verdadero nombre nadie lo conocía. Excepto que todos sabían que se mantenía cantando en las plazoletas. Hacía bastante tiempo que las escuchó, llegando a repetirlas incluso de niña, pensando, en su propia ingenuidad infantil, que eran canciones de ronda. No obstante, para Andrómeda, la situación actual era bastante desfavorable. Todo había sucedido demasiado rápido. Un poder especial, una ventaja divina había llegado a las manos del Santo Bibliotecario. El líder, consciente de lo que esto significaba, llamó con urgencia a reunión solo a los mas cercanos a el. Aquellos discípulos cuyos brazos casi estaban surcados de runas y se encerró con ellos en la sala principal. Poco después, se anunció que aquel poder había sido escondido en un lugar seguro, pero que la noticia de su aparición, alteró a los otros clanes. Era muy posible que hubiese un enfrentamiento si esto continuaba. Después de ello, el clan completo se dispersó. Andrómeda no había tenido ninguna otra noticia. Asi que se limitó a realizar sus labores, hasta dicha tarde donde, en su propia habitación de la mansión bebía tranquilamente una copa de vino y pudo ver como el rojo claro, se tornaba dentro del cristal de un tono negro. Un mal augurio. Inmediatamente se levantó de la silla y tomó su capa, pero fue detenida por un leve golpecito en el cristal de la ventana. - ¿Eh? - Se volteó para buscar con la mirada de donde provenía el ruido y vio una pequeña mariposa de un rojo encendido. Bajo sus patas pequeñas, había un diminuto rollo de pergamino. Abrió la ventana del todo y permitió que el animalillo curioso entrara, pero ni siquiera llegó a aletear del todo, pues la mariposa se desintegró en una sola mancha rojiza que olía a metal. Magia de sangre. Tenía que ser muy importante para que algo asi la mandase a llamar. El mensaje era breve: "Ve, busca y detiene. Ellos buscan el cofre." No tardó en salir de casa. Pero no uso el transporte habitual. Antes de partir, se picó el dedo índice de la mano derecha con un clavo y dejó caer una gota de su sangre sobre aquella mancha. De inmediato la mariposa se rehizo y echó a volar. No necesitaba mas palabras. Con la facilidad que caracterizaba a los suyos, se embuyó en la capa de color negro, cubriéndose el rostro con una máscara especial. Una que solo el clan reconocía. Ciertamente aún no era un miembro oficial, pero nadie le había impedido solicitar su entrada y fue admitida bajo estricta vigilancia. Debía ser confiable, tener una gran ambición por el conocimiento y ser constante, entre otros detalles que le pedían. Lo que mas ansiaba era su primera runa. Si recibía el tatuaje oficial, no escatimaría esfuerzos por crecer. Eso lo aseguraba. Un salto bastó para que cayese de pie sobre la primer rama del pino que colindaba su casa. Como una sombra escurridiza, se deslizó a saltos por los árboles hasta aterrizar en el suelo, mirando con sigilo a diestra y siniestra. Olfateó con atención, nadie le seguía. " Las olas del mar tocaron las piedras el sol arañó hasta las riveras, la luz se escondió entre las rendijas entonces los hombres se volvieron sabandijas." Continuó su camino. Recordaba las canciones sin sentido una y otra vez. Por alguna razón sentía que algo de verdad se escondía entre sus frases. Y no se equivocaba. Al menos no tanto. Una vez escuchó decir a los mayores del clan, que muchas de las verdades se escondían en viejas canciones y consejos. Para ser sinceros, nunca entendió el método, hasta que uno de los viejos maestros que la supervisaba, por orden directa del Superior, le relató que, antiguamente las personas no hacían caso de las advertencias sobre monstruos, maldiciones y cualquier otro peligro que se avecinara. No lo creían. En otras, era imposible de decirles y debían encontrar una forma de que lo comprendieran. Pero, lo que mas destacaba, era el hecho de que, los mejores tesoros, estaban ocultos para protegerlos de la ambición de los hombres pues ¿Quién sería capaz de poseer un poder mayor, sin dañar est****amente a su especie? Por ello es que Atlancte (Atlantis) se extinguió hace tiempo. No hubo beneficio de especie sino solo caída. Por eso es que la Gran Grecia y los Imperios mas altos cayeron. ¿Qué puede hacer el poder innato en manos de un sujeto no digno? Toda canción, toda cantinela, toda letra tenía su propósito y eso no había que ignorarlo, por tonto o raro que se leyese. Avanzó. No se podía estancar. El ambiente estaba libre, no habría problemas. Nadie estaba a la redonda por ahora. Asi que emprendió carrera. Seguramente los otros clanes ya estaban avisados y si era asi ¿Qué sucedería con la unidad de aquellos que permanecían en la Marca? Sus pies aterrizaron en un árbol cercano, alli a unos cuantos pasos, había una posada. ¡Qué locura! Hasta allí llegaban los sonidos de risas, brindis, gritos y competencias. Olía a acre, a suciedad y a licor. Olía a sudor y a noche de desvelos, olía... Muchos olores para su fino olfato. Negó con la cabeza. Prestó atención en silencio a los ruidos, mimetizándose con sigilo entre las sombras. "Es el cielo agorero la felicidad innata cuenta tus pasos, gira de noche y encontrarás la puerta con las cabras. " El cielo agorero... Simplemente alzó la vista, notando el vasto cielo estrellado. El manto azul calzaba precioso con el borde brilloso de las estrellas. La Luna no se veía. Observó con cierta nostalgia, pues le recordaba a ciertos aspectos de su pasado. " Es el cielo agorero, la felicidad innata..." Abrió los párpados de golpe al darse cuenta de una cosa que había pasado por alto. Un detalle tan simple como evidente ante sus ojos. No perdió el tiempo. Abandonó los bordes externos que rodeaban a la posada y se deslizó cual el mismo viento por entre las ramas, sin hacer un solo ruido, desapareciendo pronto del lugar.
  5. - Elegantemente tomó su brazo con un suave ademan, dejándose guiar por el lugar para conocerlo mas a detalle. Al pasar, alguien le entregó una rosa recién cortada que aceptó encantada. La acercó a su nariz, aspirando su aroma con fruición, dejando escapar un pequeño suspiro de placer. Le siguió encantada, entrecerrando los ojos, dándose el tiempo de observar los pequeños detalles de las pinturas, los intrincados patrones de la construcción, los fluídos bordes de los muebles, incluso el leve aroma a vejez por dentro, le daba un pequeño toque de elegancia. No obstante, al recorrer el pasillo, no pudo evitar mirarlo de reojo. Pese a su semblante tan fiero, tenía un toque masculino en su perfil imponente. Sonrió levemente, volvió la mirada al camino y esperó la oportunidad perfecta para abordarlo. Llegaron asi a un salón enorme. Al fondo, casi en el centro, se veía una mesa e implementos para dos personas. La luz de las velas era impresionante, el detalle, adorable.- Me siento como una reina, querido. - Ambos se acercaron a la mesa, el silencio que los envolvía era acogedor. Dulcemente se volvió hacia el, colocando la rosa cuidadosamente en el bolsillo superior de su traje, creando un simpático adorno mientras sonreía levemente. - Has cuidado cada mínimo detalle... - Subió lentamente los dedos de su mano izquierda desde los botones medios del traje hasta la parte superior donde estaba el cuello, deteniéndose en los labios ajenos, donde dio un toquecito, apenas presionando el labio inferior. Su mirada subió hasta el, los grandes ojos azules reflejando el rostro que tanto adoraba. - Esta bien, yo me encargaré de cada arreglo que necesites, haré que esta recepción sea única e irrepetible. Tan asombrosa como lo es la dignidad y pureza de nuestra raza, pero primero... ¿Porqué no tomarnos algo de tiempo para nosotros? - Se recostó en el borde de la mesa, ambas manos sujetas en este. La espalda un poco hacia atrás, la barbilla casi pegada al suelo. Una clara postura que invitaba a algo mas. Le gustaba dejarse cortejar, pero también se hacía la difícil. Un juego de tira y afloja, un verdadero reto para mantener capturado e interesado el corazón de ese lobo arrogante y solitario. Sabía que no se lo negaría, miró primero hacia abajo con timidez, para después levantar de nuevo la vista, mordiéndose apenas el labio inferior brillante, rojo, suave y terso, una invitación al beso, a la pasión y al cortejo, en medio de ese caos desenfrenado. - @ taison logan greyback
  6. - Sus labios se encontraron con los ajenos, mientras su piel sentía la firmeza de la mano ajena casi sujetándola. El tiempo se detuvo, ni siquiera sabía si respiraba, solo supo cuando aquellos gajos semi secos con sabor a licor, encontraron los suyos. A pesar del olor a mascota en frío, había también un cierto olor dulce que le atraía. Sus brazos se envolvieron suavemente alrededor de la nuca de este, al tiempo que presionaba sus labios mas contra el. Los bucles verdes de su cabello, rozaron las mejillas morenas, creando paralelamente una cortina discreta que ocultaba la pequeña travesura que se había originado en medio de la pareja. Suspiró cuando lentamente se separaron, abriendo los párpados en ese momento para contemplar ese rostro impávido, serio, marcado con un suave tono rojo. Verlo tan cerca, tan vulnerable por unos segundos,tan... tierno, le hizo esbozar una pequeña risita, alejándose un poco mas, hasta bajarse de su regazo y liberarse de sus manos. - Eres tan dulce... Lobito travieso... - Se sentó a su lado, acomodándose un mechón de cabello tras la oreja, mientras cruzaba las piernas con elegante coquetería. - @ taison logan greyback
  7. - Un ligero movimiento cambio el posible beso a un suave roce. Ella se había hecho para atrás suavemente. No obstante ante la aparente verguenza de este, sencilla se levantó de su sitio y subió suavemente sobre sus piernas, quedando asi ambos frente a frente. Ambas miradas conectándose al instante. - Eres bastante... atrevido... - Susurró colocando ambas manos en las mejilas de este, únicamente acariciándolas. Permaneció un momento en silencio, solo mirándolo, la tensión palpable, sus respiraciones mezclándose, entreabrió los labios jadeando suavemente, acercándose a su rostro. - Esa... sensación... ¿verdad... Mickhail? - Susurró un poco mas cerca de su rostro, los ojos azules buscando los ajenos. Detalló su rostro, su nariz, sus cejas, miró sus labios, el contorno de sus mejillas, de sus ojos... Se acercó quedando apenas a milímetros de esos labios, casi a punto de besarle. A veces miraba sus labios, a veces miraba sus ojos, hubo asi el silencio, la tensión cada vez mas fuerte, las respiraciones entremezclándose, el deseo, la tentación emanando de los poros, jadeó sedienta, mirando de nuevo sus labios. Parecía que en cualquier momento se daría el beso, sus manos bajaron lentamente por el cuello ajeno hasta los botones del traje, lentamente, buscando, tocando, sintiendo, aún sentada en su regazo, empequeñecida, sumisa y a la vez deseosa, labios sedientos buscando otros labios, el deseo a flor de piel entre ambos. - @ taison logan greyback
  8. - Las manadas de lobos son duras con los suyos. - Soltó un leve suspiro. Había acabado el contenido de su taza y ahora miraba tranquilamente hacia la ventana. - En cambio a nuestra especie le gusta proteger a los suyos. Digamos que al ser muy sobreprotectores, no podemos enlazarnos con cualquier especie. Sería una ofensa hacia nuestros ancestros. - Sus miradas se cruzaron, hubo un destello de alegría en aquellos enormes ojos azules al verle un tanto enfadado, asi que esbozó una pequeña sonrisa, se arregló unos mechones de cabello y añadió. - ¿Sabes algo? A mi me gusta como te ves de lobo. - Se hacía la desentendida, jugando con uno de los bucles de su cabello que le caía cerca del rostro. Enrollaba su dedo, volvía a soltar y asi se mantenía entretenida en su mechón, a veces miraba las puntas. Algún dia se quitaría el antojo de acariciarle el pelaje, estaba segura. -
  9. - He escuchado que entre los lobos, se refuerza a los miembros de sus manadas con cosas fuera de lo normal. A veces son peleas y en otras su forma de cazar. - Miraba pensativa el contenido de la taza, sin percatarse por un momento de que el sujeto de nuevo se acercaba. Siguió escuchando el relato, suspiró y alzó la vista para encontrarlo prácticamente a su lado. Sus párpados se abrieron un poco mas, pero pronto recuperó su tranquilidad. No esperaba verlo tan ¿Protector? Incluso los rasgos de su rostro se habían suavizado bastante. No parecía el usual tipo con el que negociaba hace un par de horas atrás. Un abrazo inesperado le hizo mirarle con fijeza, parpadear confundida y luego sonreír ligeramente divertida. - No sabía que podía ser tan dulce, Mickhail. - Soltó en un siseo pícaro, la doncella ahora apachurrada entre sus brazos. Algunos de los sujetos en el local, se quedaron mudos de sorpresa al ver lo que pasaba, la mayoría, experimentando los primeros pinchazos de celos por primera vez, al ver que otra persona acaparaba a la chica. -
  10. - Tras un largo rato de caminata observando el paisaje, notó que una edificación se abría paso lentamente entre los árboles. Observó con calma los detalles, pero prefirió esperar hasta haber llegado para saciar su curiosidad y no adelantarse. Fue asi como los lobos de detuvieron frente a las amplias puertas tras cruzar las hermosas rejas. Iba a bajarse, pero una mano se extendió frente a ella y gustosa la usó para bajarse. En cuanto lo hizo, le dio algunas caricias al lomo peludo como agradecimiento, dejando que su montura le olfatease las manos, dejándose mimar. - Tienes el pelaje muy suave mi cachorro. Eres adorable. - Para este momento, la figura del rubio había desaparecido. Ahora la misma doncella se acercó hasta aquel a quien acompañaba, la vista puesta por unos segundos en los detalles suavemente góticos que reinaba en la construcción. Breves recuerdos vinieron a su mente al observarlo, especialmente porque ella misma radicó unos años en el mundo muggle. El palacio, terminado en 1796, está considerado uno de los mejores edificios neoclásicos construidos en Rusia. Quarenghi, que originalmente diseñó el edificio para San Petersburgo, creó una verdadera obra maestra, armoniosa y con una meticulosa decoración. La fachada principal es especialmente impresionante por la magnífica columnata central y las alas que sobresalen a ambos lados. El Palacio de Alejandro es famoso, principalmente, porque fue la residencia del último zar Nicolás II quien, junto con su esposa Alejandra Fiódorovna, decidió refugiarse aquí después del Domingo Sangriento de 1905, cuando la guardia imperial disparó contra los manifestantes desarmados, un evento que hizo que el Palacio de Invierno fuera demasiado peligroso. Recordaba que la pareja imperial convirtió el salón de baile en la Habitación del Arce y el Nuevo Estudio, y agregó nuevas habitaciones para sus hijos en el piso superior. La emperatriz Alejandra, junto con el arquitecto Meltzer, eligió el estilo Art Nouveau, considerado «burgués» y no imperial: la más famosa de las habitaciones renovadas es la Habitación Malva. Por lo visto, el edificio también fue equipado con electricidad y teléfono, recordaba que hasta se instaló un ascensor en 1899. Había mucho por recordar y ver, pero vistas las circunstancias, no tendría mucho tiempo, asi que se limitó a centrarse en lo necesario. Ya lo recorrería mas tranquila después. - ¿Esta es tu humilde residencia? - Preguntó tranquilamente situándose junto a el. Le vio sonreír y respondió de igual manera. Su vista se dirigió a los ejemplares del jardín frontal, había de todo, principalmente rosas, sus favoritas. - Es espacioso y precioso, solo espero que sepas la historia real detrás de este castillo. - Replicó divertida, sonriendo mas de lo usual, para dejar ver con cierta picardía sus afilados colmillos. Un detalle solo para el, la brisa agitó un poco los verdoso cabellos. - @ taison logan greyback
  11. - No sabía como, pero se había hecho un gran silencio. En medio de este, la tensión abundaba y perfectamente podía separarse con las manos como una pesada cortina. Ni siquiera suspiró. Podía ver claramente como aquel ser le miraba en silencio y no sabía si era ella o era el, pero de alguna forma, la distancia entre ambos disminuía, disminuía y cada vez le veía mas cerca. Podía distinguir los blancos mechones, los ojos de color, la piel ligeramente surcada, casi podía sentir su aliento sobre la piel, pero de alguna manera las cosas cambiaron y se detuvo para tocarle la mejilla. Y solo allí se dio cuenta de que su corazón latía a mil por hora. También se había olvidado respirar. Dio un pequeño respingo, recuperando el sentido de donde estaba, tornándosele las mejillas con un ligero rubor. La princesa de Slytherin, la famosa maga que nunca se inclinaba ni contemplaba a nadie, ahora no podía apartar ni sus ojos ni ella misma del ser que tenía adelante. Le costó mucho salir de ese extraño éxtasis y cuando lo hizo, parpadeó ligeramente antes de sentarse frente a su taza. Miraba el contenido por no mirar otra cosa, su corazón latía acelerado. - ... Supongo que te dieron batalla cuando peleaste... - Buscó cambiar el tema para aligerar el ambiente. -
  12. - Oh... Espera ¿Lo... Dices en serio? - De acuerdo. Las cosas se habían puesto un poco raras. Un halago asi, aunque fuera simple, por algún motivo, sonaba mejor viniendo de su parte, lo que era extraño. En fin. Si el quería verlos, pues se los mostraría. Era justo después de haber visto la forma lobuna del otro. Lo que no entendió fue porqué de repente había tanta tensión en el ambiente. Se podía rasgar con un cuchillo y hasta respirar era un caso. El peliblanco cambió de sitio para estar mas cerca, ella no se movió. - Bien... está bien. - El rojo de sus mejillas había desaparecido hace rato, se había percatado de lo curioso que era ver que un lobo se sonrojara ¡Eso no se veía todos los días! Pero decidió no atrasar mas las cosas y abrió lentamente sus labios, revelando las dos blancas hileras de dientes perfectos. Los labios siguieron alzándose y pronto los dos afilados caninos, que parecían hechos del mas puro y blanco mármol, aparecieron. Y no solo eso, crecieron hasta afilarse un poco mas, porque ella asi lo decidió. Mantuvo su boca abierta un rato y luego tranquilamente la cerró. - Creo que no habías visto a un vampiro tan de cerca ¿Cierto? -
  13. - Está bien. Pero la próxima me dejarás tocar. - Había accedido con un cierto aire resignado. Ella no solo quería ver, también quería saciar su curiosidad. Los únicos lobos que había visto eran su padre y su tio abuelo pero nadie mas. Aún asi dejó la taza en la mesa y se asomó por la ventana. No obstante, mientras miraba, sintió calentársele las mejillas al ver como este literalmente se desnudaba. Que ella recordara, su papa JAMÁS se había quitado la ropa, entonces ¿Porqué el lo hacía? Pero aún asi se decidió a ver, aunque luego tuviese un pequeño trauma. Y fue testigo de un extraordinario cambio de forma. Lamentablemente no pudo quitarse el antojo de tocarle el pelaje y saber si era tan suave como el de su padre, asi que lo observó un largo rato, asintió con una pequeña sonrisa y cuando este volvió, dijo con suavidad. - Eres increíble. Me recuerdas a los lobos de nieve que hay en el mundo muggle. - Sus halagos callaron cuando se percató de la insistente mirada de este hacia sus labios, mas o menos podía adivinar que pensaba con solo mirarle los ojos. - ¿Quieres ver mis... colmillos verdad? - Preguntó casi en un susurró. -
  14. - La astuta inteligencia es una de mis virtudes...- Respondió con cierto placer y malicia, tomando un sorbo de café. - Siempre tengo formas de lograr mis objetivos, soy ambiciosa. - Había cierto tono de coquetería en sus palabras. Sujetaba la taza como si las cosas fuesen diferentes o la charla no la molestara. Por alguna razón sus colmillos picaban, pero no por deseo de comida, sino... Por otra cosa. Una extraña, insinuante y rara sensación desconocida que le hacía confiar de cierta manera en el cachorro, aunque fuera contrario a su naturaleza. Miró las lámparas, las personas que andaban por allí o los diseños de los cuadros en las paredes, buscando enfocar otra cosa. Un poco distraída, apretó suavemente la taza y le dirigió la mirada. - Dime una cosa Mickhail... ¿Puedo ver tu forma de lobo? - Había apoyado los codos en la mesa, sosteniendo la taza en alto para mantenerla cerca de los labios, entibiando asi sus dedos, aunque sus ojos azules tenían un toque curioso. -
  15. - ¿Así que fuiste un Gryffindor? - Sonrió ligeramente divertida. Que curioso era el destino, que conocías a una persona que, en teoría sería tu enemigo y pasaba a ser tu aliado. Bebió otro sorbo tranquilamente y ante la petición, entrecerró lentamente los párpados. - Bueno, cachorro de león, yo pertenecí en alma y corazón a Slytherin, mi casa estudiantil y la casa de mi mas grande ídolo. Me gradué hace tiempo, pero lo llevo impreso en el alma. - Aprovechó el momento para bajar la taza un poco, liberar una mano y llevar los dedos de la diestra al cuello de su blusa, para mostrarle un pequeño pin con el escudo de Slytherin brillante en plata. Se sentía orgullosa. Tenía buenos recuerdos de sus años de estudiante y juraba que solo los magos mas puros y poderosos, podían entrar a esa casa. El cabello cubrió de nuevo aquel pin y ella volvió a su bebida. - Bueno ¿Qué puedo contarte? Hay mucho y poco a la vez, mi familia es poderosa y tengo mis influencias en algunas cosas. Mi fama me precede, asi que no será necesario agregar que soy especialista en venenos y pociones. - Una pequeña sonrisa al recordar. Lo observó con sus grandes ojos azules de dulce brillar. - Parece que algo te preocupa ¿En qué estas pensando Mickhail? -

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