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Sagitas Potter Blue

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Todo lo publicado por Sagitas Potter Blue

  1. Estaba cansada. Sí, habían pasado unos días desde que estuve en aquella taberna con Crazy y más compañeros, al finalizar aquella extraña aventura; sin embargo, el cansancio no había desaparecido del todo. Supongo que algo que ver tuvo la bebida post-adrenalítico para celebrar el buen resultado, aunque también aquel horrocrux que había conseguido efectuar en ella. Mi rana estaba a buen recaudo, siempre vigilada, por contener aquella parte de mí que nunca hubiera creído capaz de arrancarme de forma tan fácil. Estaba avanzando en unos hechizos que nunca creí que iba a utilizar y que, muchas veces, había repudiado cuando veía en libros que grandes magos los habían usado. Había cambiado, sí. Lo notaba yo y lo notaban los otros, sobre todo mi familia. Ya no les dedicaba tanto tiempo; procuraba esconder a sus ojos en lo que me estaba convirtiendo. Y bebiendo. No alcohol, eso lo dejaba para las noches de taberna en los terrenos de la Fortaleza. Allá bebía mucha agua (por la deshidratación de las resacas) y muchas pociones revitalizantes en las que intentaba encontrar un buen método para que desaparecieran de repente, sin huellas. Pero el cansancio y las ojeras persistían. Tal vez debiera dormir un día entero para notar alguna (breve) mejoría. La llamada me pilló en ese momento, bebiendo una poción espumeante y de color grisáceo nada atractivo, cuando sentí el picor en el brazo izquierdo. Como tenía que ser, me fui a rascar de forma instintiva, derramando aquel líquido apestoso en la manga blanca de seda que aún llevaba puesta desde que había vuelto del Ministerio. Gruñí y lancé el vaso al suelo, quitándome la blusa de forma violenta antes de lanzarla también al suelo. Miré al espejo. Lo que una vez fueran manchas grises se habían convertido en un tatuaje de un barco sin acabar pero reconocible, moviéndose a ondas en unas ola imaginarias. Sabía lo que significaba, ahora tenía experiencia. La Maestra del Puerto llamaba a los Senescales. Miré el estropicio y me encogí levemente de hombros. Me desvestí. Seguro que si aparecía en el punto de encuentro con aquella ropa tan elegante, Asra Boswell me mandaba un hechizo que me rompía en trocitos, seguro. Así que aparecí allá con unos pantalones oscuros, cómodos, al igual que el calzado, unas botas de tacón corto y cuadrado, con el que podría moverme sin dilaciones. Para arriba, un sencillo jersey de lanilla. Era casi verano, pero ya sabía que, en el puerto, hacía algo de frío. Y acerté. Sentí un frío lacerante recorriendo mi espina dorsal al sentir a nuestra Maestra de Senescales explicándonos la traición de los miembros del Clan de Nosferatu. No había oído nunca hablar de las lágrimas de las Sacerdotisas de la Luna y del Sol, pero mis ojos se achicaron al escuchar el gran (aunque temible) poder que tenían. Contemplé a mis compañeros y fruncí el ceño. -- Traer el cofre... Parece sencillo... Era mentira, sabía que esto iba a provocar un cisma en el Bando, que los unos iban a defender a muerte la posesión y el resto íbamos a rescatarlo para nuestro propio clan. Un bando enfrentado por unas reliquias antiguas. ¿Merecerían el sacrificio que íbamos a hacer? Eso esperaba porque estaba decidida a que fuera a manos de la Maestra de los Senescales. @ Juv Macnair Hasani + @ Aaron Black Yaxley
  2. La jovencita se movió ante nosotros. Supe que nos escuchaba y eso no me gustaba. Estaba preparada para lo que fuera, pero ¿y si el precio era demasiado alto? Bueno, mi alma ya no contaba, la había destrozado en ciertos estudios y ciertos hechizos y no había vuelta atrás. Sin embargo, algo en aquella jovencita me detenía. Estaba dentro de la mansión Riddle y algo me hacía dudar sobre si su presencia estaba siendo permitida por nuestras protecciones o sólo era una prisionera. En este aspecto, aún me sentía muy novata y mis sentimientos estaban confrontados. Desde aquella posición vi que entraban más compañeros, aunque, al no decir nada, permanecí callada. Seguía contemplando a la muchacha y respingué cuando el hombre que la había apresado me espetó que me metiera en mis asuntos. Abrí la boca, boqueé intentando decir algo y, después de hacer el ridículo por no emitir más que un sonido gutural de sorpresa, la cerré. Le había eliminado las cuerdas y la obligó a continuar por la sala. ¿No era irónico que yo, Primera Ministra, estuviera siendo reñida como una niña pequeña por... un... mentecato? Pero aún tenía la varita levantada hacia Caelum y hacia mí, así que permanecí callada, mirándole atentamente, esperando el momento para gruñirle. Pero desapareció en las escaleras y me volví con un giro muy dramático hacia el resto de compañeros. -- ¿Qué me meta en mis asuntos? -- dije en un tono enfurecido hacia la previsible ¿ @ Helike R V PB , Caelum o el recién llegado que aún no había hablado? -- ¿Pero qué se ha creído ese...? No me dio tiempo de decir más. Una explosión cercana hizo temblar todo y la expansión hizo que volaran cascotes sobre nosotros. Caí de espaldas y giré varias veces sobre mí misma, alejándome de las ruinas que llegaban de las escaleras que segundos antes habían sido cruzadas por Goldor y por la jovencita. En cuanto el eco pasó, me levanté, con la varita en la mano. -- ¿Estáis todos bien? -- pregunté, viendo mi ropa blanquecino por el polvo. -- ¡Vaya agujero! Necesitamos a los de Accidentes para que... Guardé silencio. ¿Cuándo iba a recordar dónde estaba? Ya no era una funcionaria alegre, divertida y algo atolondrada. Ahora era eso (hay cosas que no se pueden dejar de lado tan fácilmente) pero además, mortífaga. Nos apañábamos entre nosotros.
  3. Mantuve aquella fiereza en el rostro aún cuando sentí a Matt salir de la habitación de su hermana y su aura se perdió por los pasillos. Aún sentada en el borde de la cama, sujetando las mano de mi hija hasta que cayó en un sueño profundo, fruto de las pociones que le había obligado a tomar, pude "sentirle" caminar por la habitación de matrimonio que había vuelto a compartir con su mujer, Heliké. Mientras acariciaba la frente de mi hija, sentí el tacto de Elentari en mis dedos, fruto de aquel vínculo que mantenía con mi hijo que, de alguna manera, se iba haciendo cada vez más débil. Perdía a Matt. Cuando el ritmo de respiración de Perenela se hizo suave, solté su mano y le di un beso en la frente. Después, la dejé al cuidado de su Elfina Kiwi, quien no se movía de su lado para nada, llorando en silencio. Abandoné su cuarto y cerré la puerta, con mucho cuidado. Advertí que me avisaran rápidamente en cuanto despertara. Me sentí agobiada por el silencio. Los niños no hacían ruido. La Mansión Potter Black parecía abandonada y sentí una sensación de miedo. Sólo para romper el silencio, ululé. Sí, lo sé soy rara, pero era un método que usaba de niña en los bosques de España, cuando me sentía sola y sentía frío. Al instante, el ruido volvió a aparecer, como si se hubiera deshecho un hechizo. Lo hizo tan rápido que casi me asusté al sentir el trajineo de los elfos en la cocina, los chillidos suaves de Ithilion en su cuarto de juego, seguro que descabezando algún peluche, el ruido de los tacones de alguien paseando por una habitación, el susurro de unas voces en algún descansillo, el roncar de alguien (tal vez de Heliké, quien dormiría con la niña...) Volví a sentirme agobiada, pero ahora por el exceso de gente a mi alrededor. Necesitaba estar sola y pensar, pensar... Bajé corriendo las escaleras y pasé por delante de la biblioteca. No se sentía nada. ¿Ya se habría ido Darla con su invitado o habrían usado algo para que no se escuchara de qué hablaban? No me paré hasta sentir el aire fresco de los jardines, llenos de aromas suaves de flores... Era agradable. Pero algo más me trajo, un olor a cebada malteada rodeó mis fosas nasales y me recordó el hábito escondido de Matt a beber en lugares ocultos. Atraída por ese olor, lo seguí hasta dar con él. -- ¿Vas a volver a caer en la bebida, Matt? -- le dije, intentando que no sonara a crítica. En el fondo, sabía que la razón, o una de ellas, de que él recurriera a es innoble hábito, era yo. -- Al menos podías invitarme, no bebas solo. Sonreí levemente y me senté, en el suelo, sintiendo el frescor del césped bien cuidado. Me di cuenta que no llevaba un vaso y hasta levantar la varita me parecía cansado. Cogí la botella y bebí, así, a morro, un buen lingotazo. Quemaba. Pero no tanto como ver a Matt en aquel estado.
  4. Aunque era una declaración fuerte, eso de que mi Diosa le odiaba, mi mente ya no giraba en torno al tema de la Deidad, de mi sacerdocio ni de nada relacionado con las vertientes poderosas de la naturaleza de Egea, a quien adoraba. Giraba alrededor de aquella ceniza que se pegaba en la piel como un recordatorio de los muertos que habían quedado convertidos en polvo, en torno de aquel olor a carne quemada y reducida a nada, en aquellas almas desgarrabas que ascendían de forma atormentada hacia un cielo inexistente, todo gris, que desaparecían como si nunca hubieran existido. En esos nombres que nunca más iban a ser recordados. En esa desaparición de todo y en ese desgarro vital que quedaba sin que nadie lo evitara... Mi rostro de dolor se volvió hacia Matt cuando él dijo que sólo era nieve, blancos copos fríos, no aquellas sucias escamas de una-vez-personas que ahora se convertían en polvo, cálidas, ardientes en la piel. Le miré, esperanzada. -- Dime que sólo es nieve, Matt. No la veo. Yo no la siento... Pero la esperanza moría al ver su cara. Él también sufría. Él también estaba viendo lo que yo. ¿Por qué? ¿Por qué veía algo que yo no quería que ocurriera? ¿Por qué habíamos aprendido una vez a usar la Videncia de manera que ahora se presentaba cuando no la deseaba? -- ¿Es... Ithilion? -- le pregunté, con miedo. Lo intuía. Él veía algo más que no me había contado, como yo tampoco le había contado partes dolorosas que, como madre, me callaría para siempre.
  5. Había sobresaltado a mi hijo con mis palabras y él se paró en seco. Su comentario sobre el tiempo era como el de todos los que intentan ser amables en una situación comprometida. Sin embargo, me sorprendió, pues no esperaba que nevara. ¿Había bajado la temperatura tanto como para que pensara eso? ¿Y si...? ¿Y si pasaba algo? Bah, sería una borrasca leve, yo siempre sacando todo de quicio. -- Me alegra que piensen que tenemos que seguir adelante. Porque eso es lo que quiero hacer, seguir adelante. Todo está conectado y estoy intentando encontrar esos hilos que unen estas situaciones tan diferentes y tan extrañas. Necesito verlos. ¡Necesito verlos...! Pero... ¿Cómo puedo controlar todo si sólo tengo la mitad de las piezas de lo que va a suceder? Sí, tal vez me estaba soltando demasiado, tal vez era el confesionario el que me hacía confesar mis miedos. Tal vez por eso había ido a este lugar, a confesar mis sentimientos extraños y antagónicos sobre lo que estaba haciendo y cómo lo estaba haciendo. Pero me repetía una y otra vez, "sólo importa el fin, no cómo llego a él". -- ¿Quién no te quiere aquí, cariño? -- le pregunté, distraída. Miraba por la ventana; caía nieve, como él había predicho. Me sobresalté y me levanté del banco de madera, que crujió al sentirse libre de mi peso de forma tan brusca. -- No es nieve. -- Extendí la mano hacia el ventanuco inclinado por el que entraba aquellos copos e intenté coger alguno. Era gris. -- No es nieve. Es la ceniza de los muertos, que me persigue. Cerré los ojos e intenté no llorar. ¿De qué muertos? ¿De los de Ithilion o de los míos?
  6. Intentaba distraer mi mente susurrando a la pluma lo que había dicho antes Matt sobre las plumas y los grosores, sobre las pociones envejecedoras y... Pero no, mi mente no hacía caso a esas nimiedades; mi mente surcaba un abismo, una grieta cada vez más ancha y profunda, en la que intentaba nadar para encontrar la forma de salir de aquella situación tan anómala con Ithilion y con nuestro futuro. El mal olor me hizo agitar la mano por delante de mi nariz y volví al presente. Matt estaba vaciando estantes de forma manual, como más le gustaba. Era algo que yo también solía hacer cuando necesitaba ocupar la mente. -- ¡Diosa! Esta tinta negra huele a pedos de dragón... ¿De qué estará hecha? Hice un ligero movimiento de varita con la que abría las ventanas y originé un ligero Ventus, hechizo aprendido en mi época de alumna de Meteorología, para que se llevara aquel mal olor hacia el exterior. -- ¡Pufff!! Esa exclamación empezó a ser de asco por el olor y acabó con asombró al entender lo que decía. -- ¡Demonios! ¡Tendré que someter a los muggles, como antiguamente hicieron los oscuros, para hacerme cargo de su cultura, cerrar museos, cerrar bibliotecas, centros de cultura... Prohibir el acceso a ellos a los brujos no autorizados, controlar a los mestizos en centro de internamiento de los que no puedan salir... Hasta que lo encuentre. Y, si no aparece, deshacerme de todos y... Me estremecí yo misma de lo que decía, pero a la vez, había decisión. Una madre no tiembla ante nada con tal de salvar a su hijo. Aunque fuera una barbaridad, aunque habláramos de genocidio. Aunque... ¡Diosa Madre Eterna! ¿En qué me estaba convirtiendo.
  7. @ Hannity Ollivander Evans , ya hice el cambio y tienes los galeones en la bóveda. Saludos.
  8. Saldo Anterior: 9597 G Depósito por Cambio de Puntos por Galeones: 18.894 G Total en Bóveda: 28491 G
  9. https://twitter.com/foroshl No estoy segura del resultado. Sólo lo he hecho dos veces, pero mira a ver si se ve. @ Martin N Roses
  10. Buenas noches, @ Melrose Moody , el el censo de empleo sólo consta un trabajo, el del personaje principal. En el CMI puedes usar tus personajes secundarios sin ningún problema; cuando rolees como ellos, si quieres facilitar el conocimiento al resto de usuarios, puedes poner link a tu ficha de personaje y/o al de secundarios. Pero en el Trabajo, no, no puedes poner el trabajo de tus dos o tres personajes que uses.
  11. Saldo Anterior: 153527 G Depósito por Cambio de Puntos por Galeones: 101.003 G Total en Bóveda: 254530 G
  12. Un par de elfos pasaron corriendo, sujetándose las orejas con las que se tapaban medio los ojos, como si no quisieran mirar algo, con lo que tropezaban con casi todo. Intenté pararles para preguntarles y uno de ellos me llevó por delante. Rodó un par de vueltas y se quedó encogido, con los ojos apretados y murmurando algo así como "yo no, a mí no, no me comas..." Me reí. De acuerdo que no puedo burlarme del miedo del pobre elfo, pero sí, me reí al verle en aquella postura. -- ¡Eh, qué yo no como elfos! ¿De qué huis? ¿De los basiliscos? -- Tenía que ser eso, si no querían mirar contra quién había tropezado. -- Anda, levántate. Refugiaron en algún sitio seguro, en la cafetería o en la enfermería. Allá, los animales no pueden entrar, así que no os pasará nada. Miré hacia el lugar de donde venían los elfos. De los rediles. ¿Era posible que los basiliscos, domados, hubieran preferido volver a la tranquilidad de su zona de confort? Oteé el cielo oscuro, nadie había disparado señales de que los habían encontrado. Di media vuelta y me dirigí hacia allá, con cuidado, con la varita alzada por si tenía que avisar yo de que los había encontrado. Entré con cuidado en los rediles, a partir de aquella línea, empezaba la nueva reserva mágica que había creado para mis animales, con las zonas separadas para que no se hicieran daño entre ellos, sobre todo de los animales fieros que se odiaban entre sí. Noté la voz suave de Zacek, quien hablaba con sus dos hipogrifos, seguramente. Le saludé y dejé la mano en alto, quieta. A su espalda, una sombra zigzagueante y amenazadora, se acercaba a ellos. Tragué saliva. No podía soltar chispas de aviso o el basilisco, mejor dicho, la basilisco, pues enseguida reconocía que era Dora, podría asustarse y tirarse sobre los animales y mi amigo. Era muy rápida cuando quería. -- @ -zacek- , con precaución, gírate unos 30 grados hacia tu derecha para dejarlo a tu espalda y, si puedes, cúbrete los ojos. Tienes a mi nena por detrás, parece enfadada, no sé qué le pasa. Era cierto, la Basilisca estaba hecha una idem, no recordaba que le pasara nada la última vez que le pasé la revisión. OFF: tienes 16G tuyos que puedes reclamar aquí, https://www.harrylatino.org/forums/topic/115592-cambio-de-puntos-pendientes-por-galeones/ No son muchos, pero son tuyos.
  13. Intenté no reírme cuando dijo lo de los erumpent. Nunca pediría esos cuernos, eran una mercancía altamente peligrosa y muy controladas por el Ministerio, así que, de todos los errores que podría cometer con mi escritura, esa no sería. Pero era una broma graciosa. Iba con él, escribiendo (es decir, mi vuela pluma verde que me perseguía por todas partes) lo que había cambiar. Aún sonreía cuando noté el cambio. No me hacía falta verle para saber que algo de lo dicho por mí, seguramente lo del cambio de las asignaturas en la Academia de Magia y Hechicería, le había sentado mal. Lo noté, ese movimiento de aire casi imperceptible que se mueve en una aura. Sí, era muy buena sacerdotisa oscura y de siempre había detectado esos cambios, esos colores que me permitían "ver" lo que alguien pensaba, su esencia más natural. Y a Matt le conocía tanto que, aún de espaldas, supe de su malestar. Intenté que no se notara, aunque me afectaba verle así, triste. -- Las tintas es mejor tirarlas, sí, sácalas todas para la basura, son inservibles. Los pergaminos, sin embargo... Se podrían recuperar con una poción envejedora que les libraría de la plaga que los destruye y les da un aire más... auténtico. Los podríamos vender como una novedad para dar antigüedad a los escritos. Seguro que alguno se vendería y así no sería una pérdida total. Me giré y le sonreí, aunque me sentí triste también. Bajé la cabeza. -- "Él" estudió o estudiará Estudios Muggles y eso le enseñará la historia de las Guerras, ni sé porqué aprenderá eso pero le enseñará demasiada maldad y lo aplicará en el futuro y... -- No sabía cómo explicarme, como justificarle que no quería esa asignatura en Hogwarts. -- Lo siento, no sé cómo pararlo. Sólo intento poner palos en todas las ruedas posibles del tiempo para que no llegue a Ithilion. Era lo más sincera que había sido en tiempo.
  14. Hola, Jank: Puedes pedir los galeones correspondientes aquí, en este topic: https://www.harrylatino.org/forums/topic/115592-cambio-de-puntos-pendientes-por-galeones/ Saludos,
  15. @ Martin N Roses ¿Me dejas que pruebe a publicitar el Quidditch Time, a ver si me sale? ¿O hablaste con Mackenzie Sobre ello? Ha quedado precioso.
  16. Yo sabía que él sabía que le había tenido miedo. Eso de sacarnos las varitas entre nosotros se estaba convirtiendo en un hábito que deberíamos abandonar, por nuestro propio bien. Sonreí ante su propuesta; por supuesto que le iba a ayudar, al fin y al cabo no podía olvidar que aquella tienda era suya, un legado que le transmití y que ya no dependía de mí. Era suya. ¿Por qué me empeñaba en olvidar que el muchacho había crecido y tenía su propia vida, sus propios negocios, su propia forma de pensar y que, no necesariamente, debía de coincidir con la mía. Le sonreí, de forma maternal y sincera ante su petición. -- De acuerdo, yo apunto lo que haya que comprar y las existencias que tenemos. Pero te advierto que ahora ya no escribo por mí misma y mi caligrafía es horrible. Esas plumas ministeriales lo hacen todo por mí. ¿Crees que después entenderás mi letra? No admitiré quejas después. Sin hacer caso de mis propias palabras, moví el dedo índice e hice aparecer mi vuela pluma que, con gran maestría, empezó a escribir en el pergamino que me había dado mi hijo. A pesar de todo, yo seguía siendo eficiente. -- Bueno, ¿qué miramos primero? ¿Las tintas? Yo te sugiero un cambio de filosofía en la compra de libros de los estudiantes. Ha habido un... ligero cambio... en el temario de las asignaturas... Me mordí el labio inferior levemente. No es que fuera necesario hablar de mi papel de Ministra, pero en este caso, salía a relucir sin poder evitarlo. Maldita sea la mía... Siempre íbamos a estar enfadados, ya lo veía.
  17. Espero que no sea nada grave lo muggle. Lo llevo a moderación y te decimos algo. Gracias por avisar.
  18. Ya hacía tiempo que había olvidado lo que era hacer limpieza a fondo. Primero, porque solía huir de ello cuando la organizaban los elfos del hogar, al menos que fuera yo la que quisiera tener melancolía y me encerrara a limpiar el desván. Segundo, porque desde que era Ministra, no tenía tiempo para eso quehaceres (gran excusa, ¿no?). Pero ver la tienda así me había hecho ponerme un delantal y barrer ordenar a varios elfos que barrieran, mientras yo miraba, claro. Los elfos eran estruendosos o yo me habría dado cuenta que alguien había llegado. La confianza en ellos, en que la tienda estaba cerrada y que por fin había encontrado un lugar donde esconderme de la vida pública hizo que me despistara. Cuando sentí la voz irritada y me di la vuelta, él ya me estaba amenazando con la varita. Casi me da un síncope con la fiereza en su rostro. Por un momento, pensé que me iba a atacar. No sé porqué lo pensé. Era mi hijo, yo era su madre, nos queríamos a pesar de nuestras desavenencias. Cuando él bajó la varita, respiré, algo más tranquila. -- ¿Cómo quieres que te oiga si avanzas a puntillas? -- le espeté, algo enfadada por haberle tenido miedo. -- Si me das otro susto así, me matas sin necesidad que nadie atente contra mí. Bueno, exagerada, sí, pero es lo que tiene el miedo. ¿Qué sucede cuando ni puedes confiar en tu propia familia? Yo no quería eso. Debíamos arreglarlo. -- ¿Has venido a limpiar? Necesito ayuda. ¿Yo? Serían los elfos, pero sería una buena excusa para hablarnos e intentar relajar el ambiente.
  19. Pregúntale a Mackenzie Malfoy. Hay una manera de subir directamente tu posteo al instagram, sin más, tal como lo tienes. Pero necesitas permisos, creo, o que un moder lo haga. Así que habla con ella, porque yo creo que eso iría muy bien, que lo tienes muy currado.
  20. Martin, ¿Por qué no haces difusión en el exterior de los artículos del Quidditch Time? A ver si se animan los de fuera a entrar al foro y apuntarse.
  21. @ Rory Despard Antes de hacer los cobros, me permito señalarte que los conocimientos 2 de Bando cuestan la mitad, es decir, 500G. ¿Puedes cambiarlo, por favor?
  22. Hola, Ada, busco a la arcana, por si se quedó dormida bajo algún árbol, a hacer siesta bajo su sombrita. Espero que pronto tengas respuesta.

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