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Kris Gryffindor

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Kris Gryffindor ganó por última vez el día 18 Julio 2015

¡Kris Gryffindor tenía el contenido más querido!

Acerca de Kris Gryffindor

  • Cumpleaños 26/01/1992

Contact Methods

  • Website URL
    http://

Profile Information

  • Género
    Male
  • Interests
    Nada.
  • Casa de Hogwarts
    Hufflepuff

Ficha de Personaje

  • Nivel Mágico
    12
  • Rango Social
    Dragones de Plata
  • Galeones
    141764
  • Ficha de Personaje
  • Bóveda
  • Bóveda Trastero
  • Bando
    Neutral
  • Familia
    Gryffindor
  • Trabajo
    0
  • Raza
    Vampiro
  • Graduación
    Graduado
  • Puntos de Poder en Objetos
    60
  • Puntos de Poder en Criaturas
    100
  • Puntos de Fabricación
    0
  • Rango de Objetos
    10 a 200
  • Rango de Criaturas
    10 a 200
  • Conocimientos
    Defensa Contra las Artes Oscuras
    Conocimiento de Maldiciones
    Artes Oscuras
    Leyes Mágicas
    Transformaciones
    Cuidado de Criaturas Mágicas
  • Medallas
    12000

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  1. Definitivamente el juego de palabras era algo que disfrutaba el vampiro y que a pesar de sus años degustando de los placeres que el mundo mágico le brindaba, aún había algo que le faltaba: Una persona con quién compartir sus rarezas. Inmediatamente una sonrisa se vislumbró en aquellos rosados-cuasi blanquecinos labios del vampiro, era algo que hasta hace unas cuantas decenas atrás habría de ser impensable para el Gryffindor. Una serie de acciones se habrían suscitado ya por lo que el castaño solamente escuchó atentamente intentando analizar el enfoque que la rubia mostraba, quién accidentalmente y en un movimiento algo torpe habría tocado una de las teclas del artefacto que el vampiro habría descubierto hace apenas unos instantes. ─ Tal vez no sea el animal más agresivo… ─ hizo una pausa mientras caminaba lentamente hasta encontrarse frente al sillón donde se encontraba la mujer. ─ Pero lo que si te puedo asegurar es que el líder de la manada nunca se dará por vencido por la protección de su familia, y es algo que valoro demasiado… la valentía de un líder. ─ Complementó el vampiro, mientras con su diestra alcanzaba a acariciar suavemente la mejilla de la rubia y en un movimiento lento inclinarse hasta susurrar al oído. ─ Luces hermosa, por cierto… ─ Sentenció al momento que con su diestra y en un suave movimiento hacía aparecer un par de platos, con un contado número de fresas en un primer platillo y en otro más pequeño lo que parecía ser una mezcla de chocolate. ─ Aunque debo decir que todos tienen una función, por ejemplo, las Leonas son quienes buscan alimento para los pequeños, los instruyen… ─ Dio una pequeña pausa mientras tomaba una pequeña fresa natural y dar una pequeña mordida en ella. ─ Hasta que son adultos y puedan hacer su propia manada… supervivencia… Es un sistema muy similar al nuestro, solo que ellos si fallan, solo tienen una sola oportunidad ─ Declaró finalmente el vampiro dejando a un costado su arma, para así levantarse de nueva cuenta y en un momento caminar de nueva cuenta hasta donde el artefacto se encontraba. ─ Decidí aprender una canción… escúchala… ─ Susurró el vampiro mientras preparaba el artefacto apretando una a una las teclas del mismo y sentir la rigidez de la mismas. ─ Il pleuvait fort sur la grand-route (DAR CLIC) ─ Inmediatamente el sonar de las teclas comenzaban una armoniosa melodía la cuál fue acompañada con su casi perfecto acento francés, que el anciano habría enseñado con tanta agresividad al vampiro. ─ Et je l'ai vu', toute petite Partir gaiement vers mon oubli. ─ Terminó el vampiro sonriente mirando a los ojos a la Triviani. *** @@Etoile Black
  2. ─ Con suerte serás la primera que recuerde por la mañana ─ Sentenció el castaño quién volteaba hacia los jardines de la mansión. Estos se encontraban justo a los costados de la cerca en donde habrían aparecido. Algunos faroles aún se encontraban apagados, y la luna en lo más alto comenzaba a asomarse tímidamente la cual ayudada por aquellos artefactos alumbraban aquél camino de concreto que llevaba hasta las puertas de la gran mansión. Inmediatamente el vampiro volteó hacia la mujer quién era un poco más baja que el vampiro por lo que sus yemas retiraban un poco el color rojizo que sus labios habrían causado apenas unos instantes atrás. ─ Aunque no estoy muy seguro… pero nadie nunca ha pisado mi habitación… no como ésta noche lo haremos. ─ Musitó el vampiro con una noble sonrisa pícara. Inmediatamente el vampiro extendió su brazo para que ella le tomara del mismo y emprender un lento camino hacia la puerta principal de su hogar. ─ ¿Un León sería un animal exótico? A veces me pregunto que mi siguiente vida me gustaría serlo… un animal imponente y que sus genes lo han de llamar el rey… aunque a veces me pregunto si solo será el nombre o de verdad es un animal que impone ¿Qué piensas? ─ Preguntó el vampiro con cierto dejo de interés a la respuesta de la rubia. Instantes después la pareja se acercó hacia las grandes puertas las cuáles se entreabrieron de par en par por la simple presencia del Gryffindor. El vampiro simplemente cedió el paso a la ojiverde, para así a la vieja usanza cerrar por su propia mano aquellas grandes puertas. ─ Y bueno ésta es mi humilde morada… ─ Sentenció el Gryffindor escuchando algunos murmullos a lo lejos, claramente varios de sus integrantes se encontraban un tanto ocupados en ese momento, por lo que ya habría tiempo para presentaciones en otro momento. ─ Verás… hace muy poco que eh regresado y no ha habido tiempo ni siquiera para hablar con mi padre… pero espero que eso te dé tiempo para armar un pergamino de quejas ─ bromeó finalmente, mientras le invitaba a entrar hasta una pequeña sala de estar. ─ Aún es un poco temprano ─ comentó el vampiro quién aún sin sentarse caminaba lentamente hasta un artefacto de forma rectangular que cubierto de una tela blanquecina se encontraba. Con un pequeño tirón, la tela se desprendió del mismo ─ En uno de mis viajes aburridos por Francia me encontré con un anciano el cuál por una mínima cantidad de dinero me enseño un poco a tocar el piano ─ Hizo una breve pausa para continuar. ─ No es tan fácil como parece… ¿quieres intentarlo? ─ Preguntó el vampiro señalando el pequeño banquito frente a él, mientras entreabría el compartimiento de las teclas. ─ Es curioso que aquellos que carecen de la vista logran desarrollar otros sentidos, de una gran manera. ─ continuó. ─ Tu solo deja que mis manos te guién ─ Terminó esperando su respuesta. *** @@Etoile Black
  3. ~ Antes del encuentro ~ Las campanadas del gran reloj anunciaban las 6 de la tarde, uno a uno el resonar de aquel artefacto muggle que permanecía en la chimenea principal, así fue como el vampiro dio en cuenta que tenía que apresurarse antes de que las manecillas acabaran con su propia presencia. Arremangándose su camisa, vertió unas cuantas verduras dentro de una olla la cuál carecía de líquido alguno, el Gryffindor simplemente sonrió a la actitud de negación de su elfo quién lo miraba incrédulo y con cierta gracia. ─ ¡Déjame en paz!… que si no lo termino tendrás que continuar la receta… ─ Musitó finalmente el vampiro, mientras del rostro del elfo se desvanecía poco a poco aquella sonrisa burlona que habría mantenido desde hace horas que habría comenzado a cocinar. Así fue como el vampiro checó por última vez la carne que habría terminado de pre-sazonarse ya que el elfo culminaría aquel guiso, minutos antes de su cita. En la camisa del vampiro se veían ya algunas gotas de aceite que, por intentar quitarlas con sus manos, habrían extendido cada vez más aquellas manchas por su blanquecina camisa. Sin embargo, exhausto caminó hacia la salida de su pequeña cocina diseñada por él mismo, pasando por su mesa de vidrio ya preparada para lo que vendría en unas horas, un mantel completamente blanco que caía por los costados de la cuadrada mesa de cristal y que en su centro se vislumbraba una alta y blanquecina vela, esperando por ser ocupada, apenas logró sacar su varita de su bolsillo diestro y con un suave movimiento hizo aparecer un par de juegos de cubiertos enrollados en servilletas claras de tela. El Gryffindor siguió su andar a unos cuantos metros de aquella mesa hacia un pequeño sillón individual de cuero crema reclinable, el cual se encontraba de frente de su cama y que degustaba siempre de él para poder reflexionar un poco o simplemente como en aquella ocasión: Descansar. Aún faltaba poco menos de un par de horas para su cita, por lo que simplemente cerró sus ojos exhaustos por la poca o nula incapacidad de descansar las últimas semanas. De pronto un fuerte chillido lo volvió en sí: Las verduras el vapor ya se encontraban listas las cuales Marduk se encargó de apagar de inmediato. Estiró un poco la mano para así alcanzar el interruptor que volvería aquél sillón a su forma natural bajando así sus piernas hasta el piso y en un movimiento incorporarse hacia enfrente, dio unos pocos pasos hacia enfrente hasta topar con su propia cama y rodearla hasta encontrarse en la cabecera de la misma y a un costado entreabrir su closet, en donde se encontraba ya una camisa en color blanco con algunos toques en dorado en su bolsillo superior, además de un pantalón en color negro, que usaría unos cuantos minutos después. Tomó aquél conjunto colocándolo sobre su cama y a un costado el Gryffindor se sentaría vislumbrando su figura ante un pequeño mueble donde se encontraba un verdadero desastre entre perfumes, y papeles que inevitablemente tendría que checar, pero no aquel día ya que con otro movimiento de muñeca, aquellos papeles se dirigieron hacia donde un par de puertas se abrían debajo del mismo mueble, y otras botellas completamente vacías se dirigían hacia donde un bote de basura se encontraba a un lado de la puerta de su habitación que colindaba hacia los pasillos de la mansión. De reojo se vislumbró en el espejo. « Que mal te ves » Susurró para sí mismo mientras se desprendía de aquella camisa, dejándola sobre el cesto del otro lado de su cama, que claramente arreglaría antes de su partida. Fue así como varios minutos después a un costado de la cocina, salía el Gryffindor secándose poco a poco sus castaños cabellos paseando por su pequeño comedor, asegurándose de no dejar lugar seco(xD) y así continuar su andar hasta su cama. El resonar de las campanadas aumentaba en uno, lo que marcaba las siete de la noche ya, por lo que aún tenía un poco de tiempo de respaldo para cualquier imprevisto, o una visita fugaz a algún lado antes de su encuentro. Tomó su camisa entre sus manos entreabriéndola, ya mientras su pecho aún un poco húmedo hacía que un poco de su firme abdomen se marcara repegada por unos instantes, y así colocar su pantalón, fajando completamente su prenda superior y finalmente colocar sus zapatos negros. De reojo el Gryffindor vislumbraba a Marduk quién paseaba con un trapeador para intentar reparar el desastre que el Gryffindor dejaba día a día a causa de su poca o nula preocupación por el azulejo blanquecino en que su habitación estaba tapizado. ~ En camino castillo Triviani ~ Unos minutos después el Gryffindor se encontraba ya frente al espejo de un costado de su cama, abotonándose su camisa, dejando así los primeros dos botones libres, tomó su varita y la resguardó en su bolsillo diestro, fue así como a un costado del mueble ya se encontraba a la espera una gabardina que cubriría la mayor parte de su abdomen, así como un pequeño sombrero el cuál colocó sobre su castaña cabellera. Se Vislumbró por una última ocasión mientras colocaba un poco de colonia en su cuello, y con un movimiento sacar de su diestra su arma haciendo aparecer media docena de rosas rojas sobre el mueble en donde se encontraba aquél gran espejo, rosas que inmediatamente tomó. En su diestra un Rolex marcaba quince minutos para las ocho. «Atento Marduk» Sentenció el vampiro ordenándole a la pequeña criatura quién simplemente lo miraba incrédulo por el desastre que habría causado y que, indudablemente habría tenido que ordenar. Él tenía ya ordenes de tener preparada la comida por lo que esa no sería ya una preocupación que mantuviera el Gryffindor, por lo que simplemente caminó unos cuantos pasos hacia un costado del mueble en donde se encontraba ya la puerta de su habitación y girándola emprendió su caminar por Ottery hasta llegar a los terrenos del castillo Triviani. Varias sensaciones extrañas recorrían el cuerpo del Gryffindor mientras entre sus pensamientos vislumbraba grandes batallas suscitadas en aquel lugar, sin embargo, apenas pudo continuó su andar con las seis rosas sobre su antebrazo. Apenas llegó a las grandes puertas el vampiro tocó con fuerza a la espera de una respuesta pronta, que no tardó en llegar y así una pequeña criatura salió dando así el pasó al Gryffindor una vez que confirmó el motivo de su presencia. ─ Buenas noches ¿Puede avisarle a la señorita Etoile Fiamma Triviani Ravenclaw que Kris Gryffindor la está esperando? ─ Sentenció el castaño mientras caminaba hacia uno de los percheros a un lado de la gran puerta, dejando ahí su sombrero y en un movimiento de varita hacer resguardar su gabardina en el mismo objeto, aunque su visita debería ser fugaz (o eso esperaba). *** @@Etoile Black
  4. Las palabras de Kassandra calaron fuertemente en el pecho del Gryffindor. Como si aquella torre de cartas se desvaneciera de golpe hacia el piso. Y es que, como en cada parte importante en su vida habría llegado tarde, una habilidad innata del vampiro, quizá en medio de todos sus talentos fracasados habría de ser aquella única habilidad que se fortalecía: La de arruinar lo más importante que hubiese deseado en la vida, tal vez por esa razón se habría de alejar de su familia desde muchos años atrás. El Gryffindor querría decirle lo mucho que le dolía aquella decisión, pero era algo que comprendía, y que quizá ahora el sobraba en su vida y aunque aquella situación le entristecía de gran manera, tenía que aceptar la nueva realidad y desaparecer, al final de cuentas era lo que mejor sabía hacer. ─ No soy quién pueda recriminar tu decisión, pero entiendo lo que pasó, entiendo que quieras hacerlo y entiendo que quizá fue un error haber regresado, el haber hecho falsas ilusiones cuando …─ El Gryffindor se volteó para no mostrar un par de lagrimas rodar por su mejilla, y así tomar un par de segundos para seguir. ─ Nunca debí separarme de ti… pero no te recrimino… al contrario te agradezco por los momentos que pasé contigo… siempre te llevaré en mi corazón… y que si alguna vez debí de decirte adiós… éste es momento Kassandra. Sentenció el castaño mientras se acercaba a la mujer y así finalmente abría sus brazos hacia ella, fundiéndose así en un abrazo aprovechando la última vez para oler su cabello, y en unos instantes tomar su varita, para desaparecer finalmente del lugar. @
  5. «Siempre lo hiciste» Esas palabras cayeron como una proyección de katana sobre su pecho ardiendo a cada instante mientras su mirada se posaba desviada hacia el piso, como si esperaría ya aquella respuesta de parte de la Weasley, quién definitivamente tenía todo el derecho sobre el vampiro quién solamente en silencio escuchó sus cálidas, pero duras palabras al Gryffindor. Quería en ese momento contarle lo que habría pasado, decirle lo mucho que le habría hecho falta, las noches en vela pasadas a la espera de una carta, los días eternos de ciudad en ciudad pensando en que solo por aquella noche ella se encontrase a salvo de todo el peligro que el Gryffindor podría haberle causado. ─ Claro…─ musitó el vampiro mientras una pequeña sonrisa se formó en los labios de Kris, quién solamente quedó a disposición de la castaña quién tomaba del brazo al vampiro extrañado y a la vez familiarizado con aquella sensación, por un momento olvidando todo lo pasado. Era necesario decirle todos los sentimientos que tenía en ese momento, decirle lo mucho que le había echado de menos. Poco a poco sus pasos se fueron dirigiendo hasta las dos grandes puertas principales las cuáles aún se encontraban con las luces prendidas, no así la mayor parte del interior las cuáles poco a poco se fueron extinguiendo conforme las jovencitas de los mostradores salían una a una, dejando así aquel negocio casi vacío. De inmediato Kassandra comenzaba a explicar un poco de la historia de aquél negocio el cuál era definitivamente relativamente nuevo para él. Habría sido una excelente noticia, sobre todo para él, un amante del buen vestir. Por un momento olvidó absolutamente todo lo que habría pasado, sin embargo, llegó un punto en el que ella cambió un poco su tono de voz al mencionar a sus socios quiénes al parecer le habrían dejado prácticamente toda la responsabilidad, por un instante el Gryffindor tomó de la mano a la mujer intentando darle un poco de ánimos. ─ Siempre has sabido cómo hacer las cosas, solo te hacía falta confiar un poco más en ti y mírate ahora mi partida creo que te hizo bien ─ susurró el vampiro con una inevitable sonrisa en los labios mientras escuchaban el pitido suave del elevador ser llamado. Inmediatamente un silencio sepulcral acompañado con una bienvenida semi-cálida de parte de la Weasley le hizo recordar donde se encontraban: “Las Oficinas”. Kris se separó unos instantes mientras por unos instantes quedó en completo silencio mientras miraba de frente a su acompañante e intentar así romper el silencio. ─ Sé que fui un tonto el haberte dejado así, merecías una explicación y la mereces… pero ya habrá tiempo solo quiero decirte que te eh extrañado tanto que no ha habido una sola noche en que no haya dejado de pensar en ti…─ Apenas una pequeña lagrima rodó por sus mejillas desde sus parpados, por su mejilla izquierda bajando lentamente hasta su mentón en donde caía lentamente hasta el suelo. Sus sentimientos habrían sido resguardados desde hacía mucho tiempo, sin embargo, si por alguien hubiese derramado en más de una ocasión aquel salino liquido definitivamente era por la Weasley, que se encontraba justo delante de él. Sin siquiera decir una sola palabra el Gryffindor adelantó un par de pasos mientras tomaba de nueva cuenta las manos de la Weasley una en cada una de las de él. Y su mirada ascendía hasta poner en contacto sus verdes ojos con los de ella. ─ No eh sido el mejor, sé que puede que en tu corazón ya no me encuentre yo… pero quiero que sepas que tú estás aquí… ─ Susurró mientras dirigía la diestra de su mano hacia el pecho del vampiro. @
  6. ... tonto... Fueron las primeras palabras que la mujer había dicho después de mucho tiempo atrás, después de aquella noche en el que habrían terminado su cita sin haberla empezado necesariamente. Fue entonces que la mujer abrió sus brazos con un dejo de sinceridad, algo que definitivamente al Gryffindor habría hecho falta por mucho tiempo. El vampiro solo avanzó unos cuantos pasos más hacia ella mientras rodeaba la delgada figura de la Weasley por su cintura, los brazos cálidos de ella se posaban por el cuello del vampiro mientras sentía el latir del corazón de ella, como si en verdad ahora fueran uno solo por un instante y tontamente confundido se encontraba él, como si en verdad él fuera una persona y no un monstruo atrapado en una dimensión equivocada. Cerró sus mientras sentía a su costado el mentón de la mujer recargarse en el hombro de su saco y la fragancia de la mujer inmediatamente se impregnó en el cuerpo del vampiro quién solamente quería no separarse más y hacer que ese momento perdurara la misma eternidad que el vampiro sufriría en la existencia terrenal. Algunas luciérnagas volaban alumbrando un poco la oscuridad que intentaba ser extinguida por el astro nocturno y aquellos peculiares voladores animalillos. Los días habían pasado desde la última vez que un encuentro con la Weasley se hubiese dado sin embargo en sus noches más difíciles a la penumbra rogaba por algún día volver a verla, hablarle sin que escuchara era algo recurrente, mirarla en fotos sin poder ella devolver su mirada y sobre todo el pensar que lo olvidase en algún momento. Que su desprecio merecía de ella por cientos y cientos de años y de poder hacerlo los mismos que le regalaría en su mente. Unos cuantos segundos pasaron después de las palabras de la mujer hubiesen cortado aquél silencio precedida por la disculpa del castaño, cuando apenas con un movimiento lento dirigió sus palabras hacia el oído de la mujer. ─ Al final soy un peligro… para bien o para mal… ─ Sentenció el Gryffindor mientras poco a poco ambos comenzaban a separarse lentamente. Había planeado tantas veces esa situación, sin embargo, todas aquellas escenas habrían sido desvanecidas de la mente del Gryffindor y ahora en su estado más vulnerable se encontraba, frente a ella. Las figuras se separaron de nueva cuenta, y el Gryffindor simplemente tomó ambas manos de la Weasley como esperando alguna reacción para continuar. ─ Yo nunca quise irme… pero… fue lo mejor… tú estás mejor sin mi…─ Sentenció, finalmente desviando su mirada intentando no dejarse llevar por esas ultimas palabras. @
  7. El flujo de transeúntes dejaba entrever cada vez más segundos en desolación, mientras algunas luces a lo lejos comenzaban a apagarse, dejando solo la suya al percibir presencia alguna cerca. Solo aquella luz artificial y claro estaba, la luz emanada por el astro nocturno que iluminaba la figura del vampiro quién se encontraba sentado aún en aquella blanquecina banca de mármol en donde a un costado del castaño se encontraba aquella pequeña cajita de chocolates que hacía varios minutos atrás habría adquirido de la modesta tienda aledaña. Apenas el Gryffindor bajó los brazos, intentando tomar valor para cerciorarse que Kassandra se encontraría en el negocio a sus espaldas y con la incertidumbre de si se encontraría, escuchó unos pasos a sus espaldas los cuáles pararon en seco. «¿De nuevo ustedes?» Sentencio el Gryffindor con un dejo de cansancio y enfado al mismo tiempo, y es que en su cabeza en ese momento pasaban demasiadas cosas al mismo tiempo. Por un lado, era saber cómo explicar su repentina huida de la última vez que se encontró con la castaña. Por otro lado, los cazadores comenzaban a reunirse en gran número. El pasado lo habría marcado de por vida. Su diestra en un movimiento se posó en su bolsillo en donde se reflejaba aquella negra varita mientras se levantaba en un solo movimiento sin voltear a ver la figura, sin embargo, tal había sido su sorpresa que en el piso solo se logró escuchar el rebote del arma… uno… dos… tres veces y seguir su camino rodando por la acera, hasta que finalmente su paso paro y un silencio total se hizo por unos segundos. En sus ojos la figura de aquella mujer por la cuál habría quedado en total anonimato desde aquella noche. Sus ojos inmediatamente quedaron en completa incredulidad. No podía ser ella, aquellos grandes ojos no habían cambiado desde la primera vez que la conoció. Aunque su figura habría cambiado de gran manera fue en ese momento cuando el Gryffindor pudo reaccionar. La mujer frente a él habría de ser el punto débil, y tal vez la razón del por qué tendría que partir hacía tanto tiempo. Parte del pasado volvía en sí y sin duda algo que tenía que enfrentar tarde o temprano. El sonar de sus zapatos contra la acerca colocó al vampiro a un par de metros de distancia con la castaña, quién claramente esperaba respuestas al intrigante pasado del vampiro. ─ Lo siento…─ fueron las primeras palabras que salieron de aquellos rojizos labios del vampiro, quién no solo no pudo mirar a los ojos a la mujer, si no posaba su mirada a los pies de la mujer. En realidad, algo habría pasado en la vida del vampiro quién a pesar de tanto tiempo, esas palabras en otra época no hubiesen salido nunca de los pensamientos del ex Fenixiano y ahora él estaba frente a ella indefenso y preparado para cualquier tipo de maldición proveniente de la castaña. @Kassandra Weasley
  8. «Los recuerdos no envejecen.» Aquella frase prevalecía en la mente del Gryffindor. Lo habría leído en un libro o visto en alguna película, era algo que nunca pensó en trasladar y es que el tiempo había pasado y algunas cicatrices de batallas en el pasado se dejaban notar en sus pálidos y fríos brazos, cicatrices que conllevaban recuerdos y que a decir verdad eran aquellas cicatrices las que menos dolor causaban. En el corazón las que dolían aún más, incesantes, como picaduras de avispas defendiendo su colmena. Las 6 de la tarde marcaba su reloj en aquella pequeña morada de paso en la que se había instalado hacia unos cuantos días antes de volver a casa… ─ No espero que me entiendas… mucho menos que me perdones… ─ Susurraba el vampiro al tono que escribía en un amarillento papiro extendido en su escritorio improvisado. Sentado detrás de una pequeña mesa rectangular la cuál dejaba así una vista espectacular hacía el atardecer que caía en los alrededores de los pasadizos que llevaban hacia el Callejón Diagón. Los últimos días habrían sido muy tranquilos y es que los periódicos informaban una serie de asesinatos “desconocidos” cosa que no era nada raro desde hacía bastantes años atrás. Esto habría hecho Londres una ciudad extremadamente peligrosa, porque las altas horas de la tarde parecía ser hogar de solo unos cuantos valientes. A lado del tintero de donde el vampiro colocaba su pincel, se dejaba ver una montañita de sobres, algunos abiertos, otros completamente sellados, eran algunos informes que Marduk le mandaba a escondidas. Y es que habría jurado no perder contacto de sus hijos y familiares los cuáles formaban sus vidas, crecían, se casaban, algunos extendían el árbol familiar, sin embargo, una personita era la única que le importaba saber y era precisamente de quién tenía la mayor parte de aquellas abiertas. “Tiene que venir, señor…” Fueron las palabras que tenían la última carta abierta ¿Algo habría pasado con aquella persona quién habría mandado a cuidar a la pequeña criatura? Aquella habría sida la razón por la cual, él se encontraba en Londres tan pronto. Sin embargo, no era algo que le agradaba, su visita habría alertado a más de algún cazador que, a pesar de no ser más miembro de La Orden Del Fénix, aún su nombre se encontraba dentro de las grandes recompensas. Solo quería paz, apartarse de aquél mundo y olvidar… Minutos pasaron y unos cuantos papiros en el cesto de basura se habrían acumulado, nunca habría sido bueno escribiendo y aquella no sería la excepción, La espalda del Gryffindor se arqueó completamente de tal manera que su rostro miraba ahora el techo de la habitación, como esperando una respuesta a su escritura que jamás llegaría, sería en ese entonces cuando decidió ir hacia donde según los escritos de su elfo ella se encontraría, una colonia, sería la bura excusa. Aunque estaba seguro que ella comprendería sus verdaderas intenciones de volver a verla una vez más. Una vez más, solo una tener en mente aquellos grandes ojos que le cautivaron desde los primeros días en la Academia. «Un vampiro enamorado de su estudiante… que estupidez…» Resopló el Gryffindor con un dejo de cansancio mental. Y es que era una idea que le carcomía de tal manera que terminaba simplemente atormentándose cada vez más, ya que al final de cuentas era cierto. Resopló un par de veces más mientras una sonrisa se asomó entre sus rojos labios. «¿Por qué me haces esto? » Terminó el vampiro para sí mismo mientras poco a poco se incorporaba haciendo aquella silla reclinaba un poco hacia atrás y así éste por fin levantarse. Lucía una camisa en color vino, con los primeros dos botones entreabiertos, que hacían relucir su pálida tés blanca de su pecho, el cuál acompletaba con un saco en color gris a tres botones que dejaba simplemente abierto para su comodidad. Y que terminaba con un pantalón del mismo color que bajaba hasta sus zapatos los cuáles resonaban al contacto con el azulejo de la habitación. Así el Gryffindor decidió empuñar su inseparable varita de roble con núcleo en fibra de corazón de dragón «Tormentor» y salir de la habitación donde se encontraba en busca de la lícantropa. Los pasos del Gryffindor se dejaban sonar mientras un silencio sepulcral se entonaba en cada esquina, algunos grupitos de personas miraban al vampiro quién solo pasaba de largo sin dejar espacio a cuestionamientos sobre quién era. Fue entonces que al pasar por los pasadizos se fueron haciendo cada vez más evidentes que más de una persona sabía que se encontraba en aquellos Callejones y pronto tendría que reparar en un nuevo hogar lejos de aquellos lugares. ¿La Mansión? No… no estaba preparado aún. Los minutos pasaban y la noche comenzaban a caer, en su diestra el reloj marcaba las 7 de la noche y la luna comenzaba a iluminar naturalmente aquellos callejones, ayudados por aquellas lámparas al estilo victoriano que le hacía sentirse como en casa. Varias parejillas se encontraban caminando hacia diversos locales de comida, sin embargo, al Gryffindor le llamó la atención un local pequeño, hogareño en donde al parecer contrastaba de sobremanera con las grandes edificaciones “Chocolates De La Abuela” el ojiverde sonrió inevitablemente mientras hacía una rápida parada al lugar. Así fue como él salió con una pequeña cajita y siguió su andar en donde se vislumbraba un local en “L” con demasiada luz artificial. «Este es…» Musitó en sus adentros mientras paraba por un instante. Algo en sus adentros le decía que era una mala idea. La noche era perfecta, la Luna justo encima de la “L” emanaba su luz, algunas personas pasaban de un lado a otro por la explanada al centro de la edificación, por fuera con bolsas repletas de compras. El vampiro simplemente con aquella cajita en su diestra caminó a una de las bancas de mármol alejada de varias parejillas que se sentaban a descansar. «Es muy tarde…» Musitó el vampiro mientras dejaba aquella cajita a un costado de la blanca banca de mármol y colocaba sus manos en su rostro. «Ingenuo es haberte ido… eres un cobarde…» Pensó el Gryffindor mientras algunas personas pasaban a su lado mirándolo de forma rara para así seguir su camino.
  9. Los segundos pasaban lentamente en aquel instante cuando la Triviani le hacía una serie de interrogantes, el Gryffindor sentía un poco la tensión que le propinaban esa serie de interrogantes, y es que había pasado demasiado tiempo desde que habría tomado contacto con alguna persona. Las visitas del vampiro hacia Londres cada vez eran más esporádicas, quizá por el temor de volver y encontrarse de nueva cuenta con viejas amistades que por alguna extraña razón prefería dejarlos en el olvido, pero no la de ella. Impávido quedó el Gryffindor sintiendo las pequeñas manos de la mujer acariciar el pecho de él quién solo posaba su mirada en el suelo, en aquél azulejo oscuro que reflejaba las antorchas que colgaban en algunas partes dando una vista un tanto medieval. Las siguientes palabras golpearon la mente del ojiverde las cuales viajaron de imprevisto hacia el pecho del vampiro «¿O es nuevamente otra persona más? » Inmediatamente Kris y Etoile se fundieron en un largo y apasionado beso, como si ella supiera que habría dado en un punto frágil para el vampiro, y es que a pesar de tener tanto tiempo en Londres y tener basta experiencia, no estaba preparado para ese tipo de comentario, sobre todo sabiendas que habría sido lo peor en cuestión de relaciones amorosas, rostros y más rostros pasaron en su mente en ese instante tratando de encontrar una respuesta a su pregunta. ¿Por qué regresar a Londres? ¿Qué hacia en una zona tan hostil? Todas las preguntas tendrían un trasfondo final: Ella. ─ Esa persona tiene nombre... eres tú... la mujer con quién quiero pasar mi eternidad... estoy aquí vulnerable a que pudiera pasar cualquier cosa... y sin embargo estoy contigo... ─ Sentenció el vampiro dejando caér aquél libro que mantenía en su diestra, hasta tomar la de su acompañante, entrelazando sus dedos con los de ella, mientras su zurda acariciaba suavemente la mejilla de ella para finalmente fundirse en un cálido y pequeño en sus labios. *** @Etoile Black
  10. La triviani le habría llevado a un lugar desconocido del Castillo, en sus diferentes visitas al lugar jamás habría conocido aquella parte del mismo, mientras más caminaba a lado de la mujer la oscuridad se hacía cada vez más presente, incomodando un poco al Gryffindor quién con una mano tomaba a la mujer quién lo guiaba y con su mano libre tomaba su varita, sin duda sabría que tal vez no serían las intenciones de su acompañante, pero que sin duda sería un blanco fácil para algún residente resentido. Sin embargo un candelabro un poco más adelante hizo que el Gryffindor se tranquilizara, ya que al parecer habrían de llegar a su objetivo: Una sala un tanto vieja al parecer por su perilla, observó a sus alrededores, algunas telarañas mostraban el poco interés de la mayoría de los residentes por aquél cuarto. Etoile dió el paso al Gryffindor quién apenas entró observó a su alrededor <La biblioteca> fueron los pensamientos del Gryffindor quién asombrado posaba su mirada por cada uno de los estantes, y es que tenía esa pinta rústica como la que tenía en la Gryffindor. El vampiro escuchaba como la mujer le explicaba que era una zona un tanto descuidada por su propia familia por lo que simplemente sonrió ante el comentario, se podían notar a los alrededores como varias pinturas posaban los ojos en el Gryffindor, estos lo miraban con un toque de hostilidad que no le molestaba en lo absoluto al Gryffindor, patriarcas contra los que habría luchado en el pasado se encontraban mirándolo, por lo que simplemente observó un pasillo enorme el cuál decía "Estrategia". Sin duda fué el pasillo que más le llamó la atención al vampiro, por lo que al voltear miro a su acompañante quién al parecer tendría que irse. ─ Está bien... ─ Musitó el vampiro acercándose de nueva cuenta a la mujer y depositando un beso en sus labios, ésta partió cerrando de nueva cuenta la puerta. Por un instante se encontraban con aquellas pinturas, algunas movibles, otras estáticas, de las cuáles inmediatamente sus recuerdos se transportaban hasta tiempos antiguos, cuando los combates podrían durar días sin terminar. Observó a su alrededor con más cuidado: Varias columnas de piedra que delimitaban los pasillos de la biblioteca y que a sus costados se levantaban grandes libreros que guardaban escritos algunos conocidos, otros que eran prohibidos para los magos comunes y corrientes y más al fondo varias mesas de lectura sencillas de madera. Kris por su parte apenas daba pasos cortos y cautelosos por entre los diversos pasillos, hasta los que claramente le llamaban la atención <Estrategia> el ojiverde se adentró paso a paso a aquel pasillo en donde tomó un libro entre sus manos "El Arte De la Guerra" Aquel libro lo habría leído un par de veces en su pasado, y siempre lo sorprendía lo inteligente que era aquél autor, como lo relataba. Tenía en sus hojas historias muy ciertas de gente que anteriormente habría luchado en el mundo muggle y que definitivamente tomaban varias bases en sus tiempos en las que mantenía batallones a cargo. Entreabrió una de sus paginas al azahar. "Cuando un ejército tiene la fuerza del ímpetu, incluso el tímido se vuelve valiente, cuando pierde la fuerza del ímpetu, incluso el valiente se convierte en tímido. Nada está fijado en las leyes de la guerra: éstas se desarrollan sobre la base del ímpetu. Sonrió ante aquellas palabras, era sin duda un buen libro que el Gryffindor disfrutaba cada vez que leía, sin embargo unos pasos a las afueras del Gryffindor le hizo ponerse de nueva cuenta en alerta, tomó su varita con firmeza y salió hacia el pasillo principal que daba directamente a la puerta, mientras con su zurda tomaba aquél libro, su diestra poco a poco fue bajando mientras la dulce voz de su acompañante anunciaba su vuelta. ─ Claro... solo estaba... bueno siempre ha sido lo mío... ─ Sentenció el vampiro mostrándole aquél libro que llevaba. ─ ¿A donde has ido? ─ Resopló de nueva cuenta mientras tomaba de la mano a la Triviani, señalándole más al fondo unas cuantas mesas de lectura.
  11. La pequeña criatura que hasta hace unos instantes se encontraba fisgoneando por los alrededores salió en una orden de su dueña. -- Mucho mejor... -- Sentenció el ojiverde al momento que escuchaba los pasos de la pequeña criatura arrastrar sus pies como su forma de mostrar la inconformidad de su estadía en aquel castillo. Inmediatamente la mujer respondió a un comentario casi paralelo que el vampiro habría hecho hace unos instantes y es que era más que claro que su ausencia era más que evidente y qué, claramente no querría llegar a casa y tener que soportar innumerables preguntas acerca de su repentina desaparición tanto de La Orden Del Fénix, como de la jefatura del departamento de Aurores y aunque sabía que sus hijas lo comprenderán sentía la necesidad de dar explicaciones. -- Solo que no quiero llegar a casa... quiero que me cuentes lo que sea... han sido tiempos difíciles... asuntos que los demás no comprenderán y a decir verdad no quiero que lo hagan... -- Musitó al oído de la mujer mientras las caricias de la ojiazul quien acariciaba lentamente su pecho, cosa que le hizo volver al pasado, varios años habían pasado en su mente en un flashback el cual definitivamente no eran acciones que podría describir fácilmente y sin embargo conocía cada caricia de la mujer. Kris solamente esperó calmado al momento que hacía una pregunta un poco incómoda para el vampiro quién solamente bajó la mirada al recordar su anterior ruptura, y es que quizá ese habría sido su mayor debilidad, tal vez ni los Aurores, ni los Fenixianos, ni siquiera los Mortífagos tendrían el arma más potente para debilitarlo que su propio buen corazón y su manera de amar sin condiciones. -- Si fuera verdad, no serías la primer persona a quien hubiera querido ver... a pesar de mi pasado aquí estoy -- Sentenció alzando su mirada hacia la mujer mientras pasaba su antebrazo por la cintura de la mujer atrayendo su cuerpo hacia el vampiro y así colocar un largo beso en aquellos labios rosados de la Triviani. Alguna sensación inmediatamente causó en el vampiro quién solamente acariciaba con las yemas de sus dedos su espalda desnuda en un instante lejos de lo pasional, era una sensación diferente, en la que el núcleo eran los labios de ambos. Las manos de la mujer pronto acariciaban el cuello del vampiro quién simplemente subía sus manos hasta encontrar la mejilla diestra de la mujer y así acariciar lentamente mientras aquellos dos faros verdes de sus ojos se cerraban en un instante y así querer para el tiempo y no volver a recordar su pasado, querer que aquellas historias fueran borradas y ser un simple mago desconocido: una vida nueva. Instantes después el vampiro se separó de la mujer escuchando ruidos por el lugar, y aunque sabía que tal vez estaba seguro con la mujer que tenía entre sus brazos, estaba más que claro que la pequeña criatura que hacía unos minutos no era realmente una amenaza como los inquilinos que habitaban la edificación. -- ¿Aún tienes dudas? -- Preguntó el vampiro separándose unos centímetros de la mujer al momento que tomaba su mano entrecruzando su mano con las de ella.
  12. [...] El tiempo había pasado, las hojas de los árboles habían caído por varios años seguidos, y la presencia del castaño había desaparecido casi por completo del entorno de Londres y en general, había sido hace unos 10, tal vez más años desde que los periódicos resonaban con las grandiosas historias que del Gryffindor habrían hablado, hasta que ahora solo era parte de la historia, historia en la que el ex patriarca Gryffindor había sido parte y que ahora solo eran parte del entorno como aquellas hojas que paseaban de un lado a otro por los suelos del antiguo vecindario de Ottery. Una de esas hojas volaban contentas paseando hasta que la suela de un hombre paraba el andar de la misma: El Gryffindor habría vuelto ¿Quizá solo era una visita a viejas amistades? ¿O quizá solo era parte de su trabajo? El cuál hasta ese momento era una incógnita al igual que la razón por la cuál habría desaparecido. Efectivamente era el Gryffindor el cual siempre elegante se vislumbraba de entre la sombra de una barda enorme, y que el sol poco a poco descubría en el atardecer por el cambio de posición del gran astro. Un pantalón de vestir que se levantaba de entre sus muslos y que se perdía por su gabardina que se abalanzaba de lado a lado, por el viento que se avecinaba por el otoño y que sin duda el tiempo no perdonaba en uno de sus más de quince intentos desde la última vez que se le vió al hombre. Un sencillo saco se dejaba vislumbrar de entre su gabardina y que escondía debajo su camisa con los primeros dos botones desabotonados, que complementaba el vestir del Gryffindor. -- Hace tanto tiempo... -- Musitó el Gryffindor vislumbrando el cielo que poco a poco caminaba por entre las calles, su mirada se posaba directamente en una en la cual estaba demás pensar las veces que tuvo que aferrarse a su gran amiga "Tormentor" por salir apenas con vida en uno de sus tantos trabajos suicidas y que los más jóvenes ahora no tendrían ni idea de las batallas épicas que ahora solo quedaban en el pasado. Apenas una pequeña sonrisa se vislumbró en los labios del ojiverde al pensar en lo que haría aquella tarde - noche. Apenas tuvo tiempo de acercarse a los aposentos del castillo, cuando apenas rozó con sus yemas la gran puerta del castillo, una voz chillona y grosera inmediatamente respondió al llamado del Gryffindor, quién sin lugar a dudas sabía que no era bien recibido, quizá habría de ser una persona no grata entre las criaturas que sin duda orgullosas eran, tal cual aquellos magos tenebrosos con quiénes en sus tiempos mozos habría luchado a muerte y que aquellas criaturas tardarían miles de años en olvidar. -- Triviani... Etoile... -- Susurró el vampiro apenas la criatura abrió la gran puerta, la criatura inmediatamente dejó pasar al Gryffindor a regañadientes, por lo que el Gryffindor solo sonrió al notar la acción, la suela de sus zapatos hacían un ruido peculiar al pasar por el azulejo que adornaba el piso de la mansión, muy hermoso el castillo, observaba los retratos de más de uno que definitivamente conocía de batallas atrás. ¿Habría sido un error acudir a aquel hogar? Se preguntó por un instante, mientras en su bolsillo descansaba su letal arma y, aunque sabía que ahora no gozaba de ningún privilegio, estaba seguro que más de uno lo seguiría aún... si es que saldría con vida, pero era algo que habría elegido y no iba a permitirse dar un paso atrás. Todos los pensamientos se desvanecieron cuando escuchó como las zapatillas de una mujer chocaban con cada peldaño de aquellas escaleras centrales que daban directamente al pasillo de las habitaciones de los miembros distinguidos de la familia. En ese momento el Gryffindor miraba con gran curiosidad una espada con centro de zafiro, el cual dejó por un instante y dar media vuelta hacia donde la joven bajaba los últimos peldaños de la edificación de paso. Inmediatamente el Gryffindor observó con tranquilidad aquella tan exuberante figura de la rubia ojiazul y aquél encanto que aquella mujer lo habría cautivado por tantos años atrás, ahora se encontraba frente a él. Escuchó las palabras de la Triviani aún caminando hacia él. -- A veces lo que necesitamos es distanciarnos para encontrarse a uno mismo... -- Sentenció el vampiro acercándose a la mujer, mientras miraba de reojo a la pequeña criatura como lo fulminaba con cada acción que hacía el Gryffindor, no le importó y simplemente se acercó a la mujer mientras colocaba un pequeño beso en su mejilla, rodeando su cintura para fundirse en un cálido abrazo, al momento que susurraba al oído de la mujer. -- Aunque creo que ese pequeño ya me conoce más que yo mismo a éste punto... -- Sentenció separándose de la mujer. -- Solo quería saber de ti... sé que no soy el más indicado para pedir cuentas -- Sentenció el vampiro posando sus ojos en la mujer. No había notado lo sensual que lucía, y es que simplemente disimulaba no ver aquel vestido que caía muy pegado en su delgada figura y que terminaba en varios cortes peligrosos de su blanquecina piel entreabriendo en donde guardaba su arma más peligrosa y letal en una mujer mortífaga: su varita.
  13. Observó como tomaba aquella pequeña caja de chocolates, mientras mencionaba algunas palabras en consecuencia a un cierto envenenamientos, se cuestionó claramente que la mujer al parecer no frecuentaba ya los detalles de parte de viejos amigos, lo cuál simplemente le hizo sonreír, no podría imaginarse a la mujer vomitando luego de probar algunos chocolates, quizá eso podría haber pasado en la Academia, por lo que como una nota mental se dijo para si mismo: « No regalar más comida ». ─ No sé que tipo de monstruo sales últimamente... ¿Veneno? ...─ Preguntó el Gryffindor sin evitar una sonrisa en sus labios al momento que un joven pronto se acercaba hasta la barra en donde se encontraban. Él solamente se limito a voltear hacia otro lado, sin embargo algo familiar se le hacía aquél muchacho, quizá en su estadía dentro de La Orden Del Fénix, sin embargo no quiso entrar en detalles, después de todo eso era pasado ya. E inmediatamente tocar el tema de la anciana, a lo cuál el Gryffindor sonrió sin más que decir, quizá en su bolsa tendría un buen tabique, y ante una anciana definitivamente el Gryffindor estaba más que indefenso. Al parecer era tiempo de retirarse de aquél lugar, en los vidrios del sitio se alcanzaba a ver como varios jóvenes empezaban a abarrotar con una larga fila y estaba claro que ya no estaba para esos trotes. Una buena cena con un par de copas de vino era más que suficiente para el agrado del vampiro, sin embargo al parecer a la Dumbledore le habría caído por sorpresa su aparición y cosas tenía que hacer en aquél negocio, por lo que simplemente se reprimió a sus adentros tratando de no mostrar su degusto por aquella música casi ensordecedora que comenzaba a sonar. Luego de que la mujer terminará un asunto con el joven, sintió la mano de su compañera jalándolo. Kris simplemente se levantó acompañando a la mujer, no sabía si se trataba de un secuestro o si la mujer quería bailar. El tiempo con los muggles le habrían causado ciertos traumas después de escuchar tantas malas noticias, que un secuestro espantaría hasta al más sanguinario vampiro (?)[xD]. A lo lejos se veía como una puerta al parecer privada de la plebe (?) se encontraba cerrada, por lo cuál el Gryffindor comprendió que a la mujer también le incomodaba un poco quizá todo el sonido que en la barra se escuchaba. La mujer le dio el paso al Gryffindor, quién entró sin dudarlo; al menos sabía el rostro de su secuestradora. Inmediatamente sonrió el Gryffindor imaginándose aquella escena, tal vez habría vivido demasiado tiempo en México. Sin embargo y para sus sorpresa se encontraba en una reconfortante habitación privada dentro de aquél negocio. En el fondo se dejaba ver un grande sillón de cuero muy cómodo por lo que se dejaba ver, además enfrente de él una pequeña mesa de cristal en donde descansaban un par de copas y aún más de frente se un respaldo enorme, como una barra en donde se encontraban varias botellas de las más refinadas posibles del lugar al parecer. Aún se encontraba lejos de ser su mejor entorno para una cita con la Dumbledore, sin embargo no estaba mal, por lo que simplemente caminó unos cuantos pasos hasta encontrarse enfrente de aquella barra mientras vislumbraba las cosechas de un par de botellas, y así entre todas tomar una la cuál descorchó inmediatamente y así caminar devuelta en dónde la mujer se encontraba, dejándola a un costado de las dos copas de la mesa de cristal frente al sillón, en donde se sentó cómodamente mirando a la mujer, mientras preparaba una respuesta a sus preguntas. ─ Meses... años... no hay diferencia, solo que a veces hace falta tener un poco de respiro, el saber que no solamente existimos nosotros y que somos el centro de la Tierra... Pero a tu pregunta... eh tenido buenos negocios en el mundo muggle. ¿Sabes? cada día aprendo cosas nuevas de ellos... quizá algún día si quieres te lleve a conocerlos. Pero ¿Y tú? ¿Aún sigues buscando la paz mundial? quizá ganes éste año el premio novel a la paz ─ Sonrió el Gryffindor mirando la botella. ─ Te estoy vigilando eh... no le eches veneno por favor ─ Sentenció el Gryffindor riendo recargando su torso en aquél sillón. off: (?) [Aún se pone ésto] @Sally Sigel
  14. La tarde había caído en las inmediaciones del Callejón Diagón, cinco minutos para las tres de la tarde, marcaba el reloj en la zurda de aquél hombre trajeado, del cuál no se habría sabido mucho desde su partida del mundo mágico, y que hasta la tarde del día de ayer no se le habría visto. Sus pasos eran un tanto lentos, disfrutaba la vista de cada uno de los locales, habían cambiado mucho desde su partida, incluso las florerías con tristeza habrían cerrado, sabía que los tiempos cambiaban y la sociedad al igual lo hacía, no habría tiempo para aquellas personas que degustaban de las tradiciones que él habría compartido a lo largo de su vida. Y ahí estaba él: Kris Gryffindor, de nueva cuenta entre aquél callejón tan famoso llamado Diagón, recordando la primera vez que visitó el lugar para comprar su primer varita, su primer capa, e incluso visitándola para hacer lo mismo con sus hijas. Tantas cosas habría pasado el Gryffindor que sin duda hubiera querido regresar el tiempo, cuando todo era tan diferente. Sin darse cuenta su reloj ya pasaba de las tres: tres y dos minutos exactamente marcaba su artefacto. Él quién vestía con un simple traje a dos piezas que constaba de un saco y pantalón completamente negros y una camisa en color vino de la cuál como era habitual en él dejaba abierto los primeros dos botones de la misma; comenzó a dar pasos cada vez más apresurados mientras miraba como en el piso habrían bastantes vendedores ambulantes los cuáles por suerte aún no habrían sido reportados al ministerio. Se acercó hasta uno de aquellos, el cuál vendía todo tipo de dulces en cajillas de regalo. Observó detenidamente mientras escogía una de las tantas que se encontraban regando en una manta tirada. -- Esta -- Musitó mientras entregaba unos cuantos Galeones al vendedor, el cuál tomaba la misma preguntando al Gryffindor si ocupaba una bolsa, a lo cuál negó con un movimiento en la cabeza y simplemente la tomó para seguir su camino por el callejón. Sonrío al notar unas cuantas parejas escondiéndose entre los callejones que pasaban, no sabía realmente las acciones que intentaban hacer escondiéndose entre callejones obscuros... o quizá sí, pero comprendía que era fruto de la adolescencia, sin embargo se preguntaba si en verdad sus hijas habrían pasado por lo mismo. Agitó su cabeza por un instante para intentar borrar aquellos pensamientos e intentando de convencerse "Son tiempos diferentes" Pensó para sí mismo al momento que notaba a lo lejos aquél viejo cartel iluminado al estilo de los ochenta y justo debajo de él aquellas dos puertas de vidrio en las cuáles se dejaba ver el reflejo de quién quisiera entrar. Sonrío al notar que su vista al menos no fallaba y que en él se vislumbraba ya un poco de cabellera plateada, el cuál se escondía entre la mayor parte de la castaña, no había tenido tiempo de rasurarse por lo que en su fino rostro se lograba denotar un poco de barba y en ella unos puntos blanquecinos que resaltaban de entre aquella tonalidad castaña. Apenas un instante en el reflejo le habría hecho pensar muchas cosas: "El tiempo no pasa en vano". Inmediatamente sonrió el Gryffindor quién empujó un poco una de las puertas con su mano libre, para luego de entrar dejar que la misma se cerrara. Alzó la mirada en busca de aquella mujer con quién habría quedado aquél día, temía que por los cinco minutos tarde se hubiese ido; sin embargo observó como un hombre desnudo se encontraba charlando con aquella mujer, no logró evitar una sonrisa al notar los intentos fallidos por no ver el cuerpo del hombre de parte de Sally. También a lo lejos una anciana se encontraba a la espera de quizá un mesero, el cuál ya se encontraba de camino para atenderla, algo realmente extrañísimo, ¿una anciana en un lugar como aquél?, bueno quizá sí, todos tengan derecho a divertirse, y al notar por el striper, no dudaba de aquellas negras intenciones. Justo cuando el striper se alejó de Sally fué cuando el Gryffindor se acercó hasta la mujer. -- Lo siento...uhmm... creo que no tengo excusa hoy... -- Se limitó a decir el vampiro con una sonrisa en los labios. -- Pero te traje esto para compensar. -- Dijo el vampiro acercandose hasta la mujer para dejar un calido beso en su mejilla de saludo e inmediatamente darle aquella caja cerrada. -- ¿Llevas esperando mucho? -- Preguntó el castaño quién tomaba asiento a un costado de ella. -- Veo que su local sigue siendo pluricultural ehh... ¿Me pregunto que hará gente de la tercera edad para divertirse en un lugar como éste... bien podría infartarse la gente no ó será que busquen otro tipo de diversión? -- Bromeó el vampiro. -- ¿Cómo has estado? -- Preguntó.
  15. « Pluricultural » Susurró mentalmente el Gryffindor luego de escuchar las ofertas que su acompañante le daba. Realmente no tenía idea de que conociera tanto del mundo muggle, sobre todo teniendo en cuenta que habría de ser una mujer que se la habría pasado viviendo en la mayor parte del tiempo entre burocrasia magica, departamentos e incluso inmera en La Orden Del Fénix. De inmediato la mujer hizo un comentario acerca de los límites de un mago, de inmediato Kris sonrió al escuchar atento aquellas palabras y que al contrario de los muggles ellos harían el mismo comentario solo que incluyengo a los magos un poco controversiál, por lo que simplemente siguió observando a su acompañante quién se le veía tan emocionada que esos enormes ojos oscuros se tornaban aún más grandes por lo que era inevitable no ver su rostro y es que al parecer le habría encantado la ídea de recorrer el mundo juntos. -- Antes que todo y lamentablemente no soy una persona que guste de los lagos, por lo que la acompañaré solo si me promete que no estaré dando besos a los peces. -- Sonrió el Gryffindor haciendo una leve pausa para continuar. -- Por otra parte me encanta Egipto es un lugar lleno de misterio, y podría ser un lugar interesante de visitar, solo después de algunos lugares que tengo en mente. Que no te diré para que no salgas despavorida después. -- Sentenció divertido el vampiro mientras observaba el plato que tenía en frente, tenía aún comida sin embargo no tenía más hambre, y de hecho la cena habría sido solo un pretexto para pasar una bonita velada con la castaña. -- Creo que después de una cena un paseo por Ottery no nos caería mal... ¿Me acompañarías a iniciar nuestro Tour? Prometo devolverte a casa y no ser un secuestrador. -- Sonrió de nueva cuenta a forma de broma a la espera de una respuesta.

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