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Encuentro a medianoche.


Mael Blackfyre
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Miré a ambos lados cuando me aparecí en aquella calle solitaria. Era de noche, alrededor de la medianoche, en el punto en que la oscuridad era totalmente primordial. Algunas estrellas titilaban levemente en aquella noche de inviernos y las nubes, aunque en aquel momento eran invisibles, pronosticaban una pronta lluvia. Dos faroles altos iluminaban cada esquina con una luz amarillenta y en el medio no había nada, solo oscuridad. Avancé algunos pasos más, ¿seria cierto? Podría encontrarme cualquier cosa allí.

 

La calle por la que había empezado a avanzar era de tierra, con algunas diminutas piedras como pequeñas almendras. En cada lado, como a cinco metros, empezaban a crecer algunos árboles con troncos gruesos y copas con sus ramas que llegaban a pasar cualquier casa. Sus hojas se movían con la brisa nocturna con un susurro que te indicaba que cualquiera podría esconderse entre ellas. Algunos arbustos en sus bases, provocaban sombras entre los árboles.

 

Me detuve en seco debajo de una de los faroles. Entrecerré los ojos para intentar ver si lo que estaba observando en el otro farol era un árbol o una figura. Me mantuve con mi capucha puesta, intentando ocultar mis rasgos. Y la capa cubría mi vestimenta (unos zapatos gruesos, pantalón, camisa, chaleco de cuero). Saqué mi varita. Tal vez los años habían transcurridos pero la maña no y jamás iba a dejar que el otro dejara que diera el primer golpe. Avancé unos metros más y antes de la incertidumbre, grité:

 

— ¡Desmaius!

 

Podían suceder dos cosas: o que el rayo impactara en "eso" y no sucediera nada, o de ser una persona que no se defendia, le desmayaría y así, podría ver realmente quien sería. ¿Era un entrenamiento o un encuentro fatal?

 

 

PV: 100

PP: 8

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GOLDOR ♦ DEMONIUM MERIDIANUM

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Sentía el corazón en la boca... tal vez por eso el sabor era salado... tanto que sus labios partidos dolían mientras una mano en su pecho trataba de detener aquel miedo que le hacía buscar en las afueras de su local, esa paz perdida...

 

Sus ojos ven sombras, pero da más miedo lo que no se ve con los ojos... le deja en el alma esa zozobra... hay algo que se tiende amenazador sobre la comunidad, sobre la vida... es algo de lo que no se puede huir... y el peliverde lo percibe...

 

No tiene claro a donde ir, a quien repetirle que sabe que no hay salida, que sabe que todo estará perdido... no puede irse, pero tampoco lo desea, no quiere abandonar el sitio donde se le dijo que están los de su clase "los portadores de magia"... camina sintiendo que avanza como si estuviera en un pantano, lo principal es que no debe permitir que le domine el miedo... ese miedo que parece que le acompaña desde que tuvo razón... si deja que el miedo lo detenga, "se hundirá" .

 

Toma aire con urgencia... necesita tranquilidad y no pensar, no pensar en "desastres", no pensar en que los problemas son lo peor, porque entonces no tendrá objeto la vida... la vida que siempre es "resolver problemas".

 

Se abre paso por la calle, al fin toma conciencia y "observa"... la noche estaba muy avanzada, apenas se ven algunas estrellas, el frío le pega en el rostro pero su capa negra le resguarda de el, por inercia sus pasos le condujeron hasta aquella calle, los faroles de latón y cobre apenas alumbran, hay muchos árboles y le recuerdan al Simmaes... ¿o era otro nombre?....¡que raro no recordarlo! ... extraño, porque era el lugar donde iba siempre, pero no más.

 

Piensa en consultar su reloj de plata, pero esta muy retirado de los faroles, hace alto y se recarga, aquello es frío, la piedra de aquella escultura es fría, no está muy pulida, podría mirarla mejor si usará un lumus, pero pierde el interés al escuchar aquel rumor, la tierra no deja captar realmente que es, no es pequeño, pero la oscuridad oculta lo que realmente está moviendose con lentitud ¿qué hacer?

 

Ahora siente un golpeteo en el pecho... ¿un ladrón? aprieta el puño y muerde su labio inferior... no puede enfrentar aquello con el puño, después de todo, no tiene la estatura o la fuerza... ¿o si? ahora cree que son pasos... no cuenta con mucho tiempo, a de decidirse ahora... ¡es ahora o nunca!

 

Agita el brazo, "cobra" se desliza a su mano diestra, pasa saliva y espera que solo sea su paranoia... pero aquel en la oscuridad ha enviado un ataque, así que con un movimiento rápido conjura un escudo mágico...

 

--Protego-- Delante suyo aparece un transparente escudo que absorbe el hechizo, no sabe como tomar aquello... tal vez, al igual que él, también se sintió amenazado... la oscuridad no permite que se logren ver el rostro, da unos pasos solo para alejarse de aquella escultura de piedra, sujeta la varita y lanza su respuesta:

 

--Silencius-- Anthony espera su reacción, el hechizo le impedirá hablar, pero tal vez use un hechizo no verbal, habrá que ver como marcha esto...

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Di apenas dos pasos. La noche continuaba tranquila a pesar que dos magos se encontraban en disputa en medio de la calle. Mi varita se encontraba aferrada a mis dedos y estaba seguro que cualquier desliz que tuviera, sería razón suficiente para llevarme una sorpresa desagradable. Me mantuve intentando ocultar mis rasgos ante aquella capucha. Pero mi nuevo rival al parecer, estaba haciendo lo mismo. Ante mi acción de desmayarlo para ver quien era, pude notar que se había defendido rápidamente.

 

¿Qué haces aquí? —pregunté ante el desconocido. Ni se me había ocurrido bajar mi arma porque sabía que iba a atacar próximamente. Por eso que antes que dijera lo siguiente, me concentré en pensar en las Arena de Hechicero. Levanté mi varita que despidió aquella arena. Y que como un flash, emitió una luz tan fuerte como el sol que cegó a mi oponente. Por un segundo, se había hecho de día.

 

Pero quise hablarle y preguntarle quién era y porqué se estaba ocultando pero no pude hablar. ¡Me había silenciado! De alguna manera los dos habíamos pensado igual. Yo sin poder hablar y él, sin poder mirar. ¿Sería un mortífago? ¿Se estaba ocultando? No quería ser alarmista pero si tenía que llegar hasta el final para averiguarlo, lo haría. Volví a apuntarlo por segunda vez pero en ésta oportunidad salieron una docena de flechas que se dispararon contra el rival. El Disparo de Flechas lo tuve que pensar porque no podía emitir ni una palabra, aunque eso no iba a limitarme de ninguna manera.

 

Salieron en fila india, una tras otra para impactarle en el pecho y provocarle algunas heridas. Estaba seguro que era un daño exitoso porque no podía escuchar qué hechizo era y además, tampoco las vería llegar. Por eso que aproveché, con silencio absoluto, a moverme dos zancadas largas a la izquierda, por si decidiía atacar hacia el último punto que me había visto estar parado. Esperé y observé.

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  • 2 semanas más tarde...

-- ¿Qué haces aquí?-- Cuestionó aquel desconocido... Ryvak no terminó de interpretar aquella acción... ¿era algún extranjero? ¿algún miembro del Ministerio? ¿Algún forajido?... Anthony no tuvo intención de aclarar el motivo de su presencia en aquella noche, no estaba de humor, el hombre ocultaba su identidad con aquella capucha... él al cobijo del follaje de arbustos, los gruesos troncos de los árboles y las sombras de aquellas bases, también evitaba mostrar su rostro, era como una sombra... aunque claro que el otro deducirá que es un mago, al lanzar aquel ataque...

 

Unos segundos e inesperadamente se sintió cegado... no era posible ver nada en claro, algo que no pudo prever pues no escucho a su adversario pronunciar palabra en su contra, pero si que le había afectado, estaba indefenso y a pesar de no escuchar le preocupo estar a merced del contrario. Movió su varita como fue instruído por el Uzza y ejecutó aquel hechizo:

 

--Cantar de Eleboro -- El hechizo actúo de inmediato al tratarse de un efecto, de la vara de Anthony surgió una vibración musical que evoca el bosque con sus notas, restituyo su vista, curándolo totalmente. Claro que el peliverde tuvo con una sorpresa dolorosa, un puñado de flechas impactaron en su cuerpo, afortunadamente no impactaron en órganos vitales pero si era un daño considerable, requería atenderse de inmediato, sujeto con fuerza el cuerpo de las flechas, las extrajo de su cuerpo y se aplico de emergencia un Episkey... después sacando del bolsillo interno de su capa el amuleto de Curación y se lo coloco en el cuello, de forma previsora para un futuro ataque. Ryvak mantuvo su postura de combate puesto que seguramente el encuentro aún no concluía.

 

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En el medio de la noche, en aquella calle, se complicaba ver realmente qué estaba sucediendo. Pero con las dos enormes farolas que al menos iluminaban cada esquina, se podía observar cierto panorama. Para empezar, el joven mago (porque por su contextura deducía que era uno) podía ver que no había respondido para nada a mis preguntas, solamente se había encargado de agitar su varita. Llevaba un perfil tranquilo y lo que más llamaba mi atención, era que hasta el momento no había lanzado ningún ataque, solamente se había limitado a defensas y curaciones.

 

Una estela de luz me alertó que estaba haciendo algo al respecto con la ceguera que le había provocado. ¿De verdad no iba a atacarme? Me aferré a mi varita mientras veía aquella magia. ¿Era magia Uzza? Incluso pude notar que ni siquiera se había defendido de las flechas. Para nada. Era raro, pero tal vez era parte de su desenvolvimiento, de su estrategia. ¿Se estaba encargando de distraerme? No podía bajar los brazos. Antes de que hiciera su siguiente acción, me adelanté:

 

Cinaede —mi murmullo corto con el silencio. Como cuando los árboles susurraban en el medio de la noche, o las sombras se comunicaban entre si. Una voluta de humo verdoso estalló alrededor del joven rival. Pude ver como explotaba desde la base de sus pies y ascendía directamente hacia su rostro. El efecto era realmente conciso y la idea era que ingresara por sus fosas nasales, atravesara el veneno hacia las venas y lo envenenara claramente.

 

El mago parecía más concentrado en sí mismo. Pude ver como nuevamente realizaba movimiento para con él.

 

Aferré mis pies en el suelo. Levanté mi brazo apuntando la varita hacia el oponente (Anthony). Pensé en Flechas de Fuego. Aquellos filamentos salieron como flechas disparados contra él, iluminando la calle como si un meteorito estuviera recorriendo el sitio en aquel momento. De impactar, impactarían una a una provocándole heridas flameantes que tendría que curar. Sumándolas al veneno eran prácticamente una muerte segura.

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El aire le hizo falta al peliverde... de forma invisible aquel veneno volvió a afectarle...tenía solo segundos para reaccionar y salvarse de morir... pensó en un Anapneo y sus vías respiratorias se despejaron, entonces solo pensó en una posibilidad: la guerra les había convertido en rivales y seguramente poco valdría intentar una especie de tregua.

 

También más allá unos magos realizaban una disputa, tal vez una diferencia de opiniones, aunque tampoco él entendía de porque los portadores de magia se enfrentaban unos contra otros... los seres "pensantes" son complicados en su comportamiento y él estaba cansado de tratar de comprender a otros cuando el mismo no comprendía que buscaba en aquella existencia.

 

Lo que si le quedo plenamente claro, era que el miedo era la "conducta" actual de la gente, su conocido Emiliano lo había comentado con aquella frase: "El aprecio y reconocimiento también conocido como respeto a nuestros iguales, es lo que nos hace especiales como género humano" algo que la mayoría estaban olvidando definitivamente, aunque él intentaba no caer en aquel mismo error, más sin tiene cuidado, le arrebatarían la vida en el primer descuido de su parte.

 

Muy a su pesar tendría que actuar conforme a la situación, con voz audible invoco su arma, por fortuna la invocación no consumía acción -- Vara de Cristal, Sectusempra -- Su varita fue más larga y se transformó en una vara de cristal color turquesa, equiparable al hechizo que especifico, este rayo se convirtió en un efecto que le causo heridas sangrantes de inmediato al enemigo ( @), el daño era contundente, aunque el contrincante también tuvo tiempo de lanzar unas flechas de fuego que surcaban la distancia que hay entre ellos y llegarían al peliverde en un momento a otro...

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Miré atentamente. La noche se volvía cada vez más oscura. La brisa movia la copa de los árboles y producía un sonido extraño, como si cientos de patas caminaras en los rincones oscuros de aquel lugar. Más la sensación de que alguien estuviera observándonos, volvía todo un poco más tenso. Más tenso porque aún no conocía la identidad de la persona que de cierta manera, no había dado el primer golpe pero sí se había encargado de mantenerse en ésa postura defensiva. Estaba seguro que si bajaba la varita no terminaría nada bien.

 

¿Qué hacia? Pude ver como las flechas de fuego viajaban directamente contra el pecho de mi rival y continuaron su trayecto hasta impactar en su objetivo. Abrí un poco más los ojos. ¿de verdad se estaba dejando lastimar así? De alguna manera, aquella maniobra le había costado curarse de veneno pero se provocaba un daño igual. ¿Estaba planeando algo peor? Si había algo que estaba seguro, era que no iba a permitir que hiciera mucho más que aquello. Miré mi varita:

 

Vara de Cristal —fui rápido y conciso. También pude ver como recitando aquellas palabras, mi varita brillaba intensamente escarlata mientras aumentaba su tamaño, llegando a unos dos metros. A pesar de sus detalles que no observaba en ése momento, todos podían ver bien aquella cabeza de león que tenía como punta y los demás decorativos. Sin esperar más y a continuación, continué diciendo: — Expelliarmus.

 

Era otro punto donde chocaban los efectos que queríamos provocar en el otro. Si, estaba en lo cierto al realizar aquella acción, porque pude ver como la vara de cristal obligaba a mi rayo a convertirse en un efecto, que en aquel momento, estaba haciendo su magia especial en el oponente. Su varita salió volando por los aires. Y emití una sonrisa. Pero a la vez, eso me había valido las heridas que empezaban a emanar sangre desde mi pecho. ¿la adrenalina me había quitado la sensación de dolor? Quizás. También podía ser que ya había pasado por ello miles de veces, así que no me afectaba demasiado.

 

Pero llevaba la sangre de los Leones. Y mi cabeza volaba a mil por hora para saber lo que tenía que hacer. Eran dos simples pasos.

 

Accio varita —la varita de Anthony había caído a unos 4 metros de él. Se notaba sobre la calle como si hubiera sido una rama caída. Tal vez él no se había dado cuenta, porque su ropa se había empezado a prender fuego. Ni hablar los daños que tenía por el veneno Cinaede y las Flechas de Fuego. Pero ahora su arma volaba directamente contra mi. Abrí la palma de mi mano para aferrarme hacia ella cuando ésta llego entre mis dedos. Sin esperar, aproveché la magia Uzza una vez más para centrarme en una Curación y que no tuviera la mala suerte de desangrarme.

 

Pude observar a mi enemigo, envenenado, prendido fuego y lastimado, y además desarmado. Mientras mis heridas sanaban. ¿Qué haria con él? ¿Lo llevaría al cuartel para quitarle información? Quizás.

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Había sido una locura sus acciones... ahora que sentía sobre su piel las quemaduras de aquellas flechas, le empezaba a ser más claro que no era la mejor de las estrategías, pero ya algunos guerreros Uzzas se lo habían dicho anteriormente...

 

" Curación " Pensó el peliverde al afectarle aquellas flechas de fuego encima suyo, al menos por previsión se había colocado antes aquel Amuleto de topacio amarillo que al imponer su mano sobre su pecho, brillo para luego curar las quemaduras de su piel, Ryvak tenía también sus vías respiratorias aún afectadas por el veneno Cinaede, por lo que tuvo que pensar en un Episkey de emergencia, no pudiendo evitar la siguiente acción de su adversario (ELvis) aquella varita que sujetaba en su mano, salió lejos, le hubiese preocupado de haberse tratado de la suya (Había seguido el consejo de comprarse otra para duelear, así que era una varita "desechable"...) el mago supo que estaba perdido el duelo, al menos por ahora, así que girando sobre sus talones, desapareció hacia otra locación.

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