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Prueba de Metamorfomagia #1


Amara Majlis
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El relieve de tres pequeñas piedras previamente preparadas para contener el poder que les permitiría a los tres pupilos de Amara controlar la magia y poder necesario para manejar la metamorfomagia reposaban sobre su diestra. Estaban listas, para ser entregadas a los pupilos que fuesen capaces de aprobar la prueba que estaba por iniciar en cuestión de minutos, por lo que era momento de partir al sitio elegido por todos los arcanos para realizarla.

 

El bosque que bordeaba la pirámide era enorme y capaz de hacer perder el sentido de la ubicación a cualquier incauto que se atreviese a ingresar sin invitación, sin embargo, Cissy, Zack e Ishaya, habían recibido la invitación por parte de la Arcana, por lo que no tendrían problema alguno para ingresar, pero eso no les garantizaba tener el paso libre como ella, porque en esos momentos iniciaba parte de la prueba que era vencer los cuatro obstácu.los que les iban a ser colocados a lo largo del camino para llegar a la pirámide.

 

Con pasos lentos y constantes, visualizó el enorme y frondoso bosque disfrutando de la sensación de humedad y del sonido de las ramas chocar entre sí, eso era lo que sus sentidos percibían, sin embargo, los tres magos que se adentrarían en el bosque escucharían el susurro y lamentos de algunas cuantas voces, que les ofrecerían ayuda o los perderían. Porque justamente, en el sitio en el que Amara estaba de pie aparecieron tres caminos, tres caminos completamente diferentes que los llevarían a diversos sitios.

 

Cada uno, tendría que elegir uno, el primero desembocaba un laberinto que tenía como salvaguarda un par de acomántulas, las cuales tendrían que ser derrotadas para atravesar y continuar con el camino. El segundo camino, llevaba a un río que debía ser cruzado para poder continuar pero que estaba custodiado por una colonia de grindylows y un par de troll de río, que les harían imposible avanzar a menos de ser puestos en calma y el último camino, y no por ello más sencillo, llevaba hasta otro laberinto, que llevaría al mago que lo tomase por un camino protegido por tres quintaped que debían ser vencidos si deseaba llegar hasta el final,

 

Esos eran los primeros obstáculos que Amara había colocado, uno diferente para cada mago y ¿quién se encargaría de cada uno? Eso era algo que ellos mismos definirían, ellos iban a elegir, pero solamente se podría elegir uno y nada más que uno, y conforme se fuesen eligiendo, los caminos se irían cerrando, así nadie podría atravesar el mismo camino dos veces.

 

Continuando con su camino, llegó hasta un pequeño pasillo que conducía hasta la entrada de la pirámide egipcia que era precisamente en donde se llevaría a cabo la prueba. Por ese pasillo, tendrían que ingresar si deseaban continuar con la prueba, por lo que allí justamente colocó el segundo obstácul.o; una esfinge. Sí, la cual se encargaría de decir un acertijo a cada mago, para Cissy, seria:

 

«Hay un espía que quiere entrar a una bodega donde venden drogas pero no es tan fácil entrar, el decide esperar un poco al rato llega un joven golpea 3 veces un hombre le dice 18 y el responde 9 entra compra la droga y se va al rato llega otro joven golpea 3 veces también pero a él le dicen 14 y él responde 7,entra compra la droga y se va. el espía decide entrar golpea igual que los otros dos a él le dicen 6 el responde 3 pero salen y lo matan. ¿cuál es la respuesta? y ¿por qué?»

 

Para Zack

 

«Seis amigos desean pasar sus vacaciones juntos y deciden, cada dos, utilizar diferentes medios de transporte; sabemos que Alejandro no utiliza el coche ya que éste acompaña a Benito que no va en avión. Andrés viaja en avión. si Carlos no va acompañado de Darío ni hace uso del avión, ¿podrías decirnos en qué medio de transporte llega a su destino Tomás?»

 

Y para Ishaya

 

«La ley de Alcapone manda a ver a Alcapone a filtrarse a una mafia conocida, pero para poder entrar necesita dar la respuesta correcta, para eso tiene que checar a los que ya saben la respuesta, llega el primer mafioso le dice la guarura 8 y el mafioso le contesta 4, llega el segundo y la guarura le dice 14 y el mafioso contesta 7, llega el tercer mafioso y la guarura le dice 18 y el mafioso le contesta 9, para esto Alcapone checa las claves y ve que son a la mita. llega con sus aliados y dice que ya tiene la respuesta para poder entrar a la mafia, y les explica, para esto Alacapone les dice a sus aliados que van a entrar, pero él va a pasar primero y después ellos. llegan a la entrada y le dice el guarura a Alcapone 10 y Alcapone le contesta 5, saca el guarura su pistola y lo mata ¿cuál era la respuesta correcta?»

 

Después de responder correctamente el acertijo que les corresponde, podrán continuar con su camino al interior de la pirámide. Una vez, que lograran ingresar un gran pasillo con poca luz se colocaría delante de ellos mismos... llevándolos nuevamente por tres separaciones, que cada uno tendría que elegir, porque para ello cada una desembocaría en una cámara que estaba hechizada para hacer aparecer un doble mágico de cada uno de los magos.

 

Dependería de la cámara en la que ingresarán, el doble que encontrarían, porque este sería de sí mismos, pero con la mismas características. Es decir, todos tendrían quemaduras y heridas por doquier de su piel, casi al borde de la muerte y para poder seguir avanzando, tendrían que utilizar lo visto en la clase, tendrían que curarse así mismos, porque de lo contrario morirían. Ese, era el tercer obstácul0, en cuanto lograrán pasarlo, llegarían hasta el último.

 

El último, a parecer de Amara era el más sencillo, ¿sería eso posible? Esperaba que sí, porque únicamente tendrían que abrir la puerta y vencer a su propio boggart. Sí, vencer a su más grande temor para poder llegar a reunirse con ella. Sin embargo, no iba a bastar con un simple ridikulus, porque para poder vencer a su más grande temor, tendrían que explicar porque les daba miedo y qué harían para superarlo, era cuestión de jugar con las emociones de los magos, antes de saber si eran lo suficientemente fuertes para llegar hasta la Arcana.

 

Una vez que lograran vencerlo, Amara los estaba esperando en una pequeña y circular sala con seis puertas con inscripciones grabadas. Se encontraba en la puna de la pirámide, ellos elegirían la puerta relacionada con la metamorfomagia, para continuar con su prueba. Sin embargo, primeramente tendrían la posibilidad de hablar con su tutora.

 

—Han llegado hasta aquí, sin embargo, aún tienen la posibilidad de preguntar si tienen alguna duda o pregunta sobre lo básico para la prueba que es El Portal de las Siete Puertas y Breves apuntes sobre las Pruebas de las Habilidades, dos escritos que los tres debieron haber leído previamente. —comenzó con total tranquilidad—. Sino tienen más dudas, ha llegado el momento de que elijan la puerta de la metamorfomagia y la atraviesen para lograr vincularse por completo a la habilidad y poder ser reconocido como metamorfomagos. —dejó sus palabras y espero a que los pupilos tomarán una decisión.

Editado por Amara Majlis
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Desde el mismo momento en que Amara los despachó de su hogar, en Zack creció aquella extraña sensación no muy habitual en él, estaba nervioso. Una mezcla de eso junto a ansiedad era la bomba perfecta para hacerlo colapsar y posiblemente paralizarlo en lugar de salir de la situación cuanto antes. No podía dejar de pensar en cuáles serían los muchos obstáculos que tendría que atravesar estando en aquella prueba para salirse con la suya y obtener finalmente el permiso de utilización de metamorfomagia que, hasta entonces, había desarrollado muy bien.


En cuanto su cuerpo se materializó en el húmedo bosque, al centro de aquella isla del único lago que tenía la universidad, su respiración se hizo más agitada. Claramente un vampiro no necesitaba de aire para vivir, pero aun así su corazón latía lo suficientemente rápido como para incrementar sus nervios. Agitando su cabeza, con el ceño fruncido, exhaló con fuerza obligándose a cambiar el ritmo interno y la mentalidad.


—¿Qué haces viendo la lluvia si no llueve? —Se preguntó a sí mismo una vez sintió que los latidos de su corazón se normalizaban. Estando más calmado podría procesar las pruebas del camino. La primera no tardó mucho en aparecer, luego de que iniciara su caminata en dirección a la pirámide que debía estar en algún lugar en medio de tantos árboles y arbustos. Frente a él surgió de la nada un trío de caminos. Él se apuró en tomar el primero de la derecha tratando de no maquinar demasiado el asunto.


El alargado pasillo natural se hacía tan estrecho en algunos tramos, que las ramas sobresalientes alcanzaban a dejar finos cortes en su nívea piel, o rasgar la remera que cubría la parte superior de su cuerpo, obligándolo a caminar de costado. Se metió por lugares que no tenían salida, teniendo que regresar y elegir un segundo camino. Algunas gotas de sudor ya le habían agregado brillo a su rostro, humedeciendo también los pocos mechones de cabello que le caían en la frente. De pronto, después de un largo caminar, el laberinto de arbustos se fue expandiendo de manera exagerada.


—¿Qué demonios? — Soltó en cuanto vio que el lugar se expandía para dejar paso libre a dos acromántulas con ansias de él. Las criaturas parecían estar desesperadas por devorarlo aunque no se lanzaron en su contra inmediatamente. Sacó su varita del bolsillo de su pantalón, y apuntó a una de las bestias —¡Fuego Maldito! — Al pronunciar las palabras el enorme animal comenzó a correr en su dirección, pero fue interceptado por tres hipogrifos de fuego que al impactar la consumieron sin dejar cenizas ni siquiera.


En ese momento, su corazón volvió a acelerar el ritmo. La acromántula restante se había quedado estática justo en medio del camino. Zack corrió por un costado obligándola a ponerse de espaldas a los arbustos, dejando que de alguna forma lo acorralara, antes de invertir los papeles.


—Fortificum — Murmuró invocando una muralla de cuatro metros de alto y diez de largo. Al ser ondulada alcanzó a formar una especie de jaula alrededor de la criatura que ahora ni siquiera podría verlo. El muro estaba compuesto de hormigón, por lo que no habría manera de que lo destruyera o trepara al ser una superficie plana. Esbozó una sonrisa y siguió su camino encontrándose sorpresivamente con la salida del laberinto.


Lleno de adrenalina echó a correr secando las gotas de sudor en su frente. Gracias a la habilidad que le otorgaba su raza, llegó a su destino en cuestión de segundos. Ahí encontró su segundo obstáculo, una enorme esfinge, tan encantadora como las que él invocaba con magia negra, solo que ésta era real. La fémina que se completaba con cuerpo de leona planteó un acertijo, para el cual Zack no tuvo que pensar demasiado.


—Tomas llega en coche — Respondió ágilmente viendo cómo la criatura se apartaba dejando el camino libre para que el Ángel Caído se adentrara a la encantadora pirámide, que no lo recibía de buena manera. Un enorme corredor sumido en penumbras lo invitaba a atravesarlo con zumbidos que casi creyó lo empujaban al frente. Se aferró a su varita mientras daba pasos firmes resonando sus zapatos contra el suelo, ondas que se propagaban a modo de eco. Al final del camino, una luminosa cámara lo invitaba a conocerse a sí mismo ensangrentado, tendido en el suelo.


Ver a su doble en ese estado causó tal impacto en él, que tuvo que correr para aproximarse lo antes posible e inclinarse. Dejó su arma mágica en el suelo para revisar las heridas que su otro yo tenía y comenzar a romper la poca vestimenta que llevaba, cosa que no le costó mucho pues ya estaba rasgada a tal punto que fue muy fácil quitarla. Una vez vio la cantidad de laceraciones que tenía quiso hacer cientos de episkeys para cerrarlas todas, pero sabía que Amara lo estaba viendo de algún lugar y entendía lo que ella quería.


Tan pronto como pudo colocó sus manos en el Zack malherido, que ni siquiera tenía la capacidad de dejar la vista fija en un punto, su mirada estaba perdida. Se concentró en canalizar la habilidad mágica y comenzó a proyectar la misma sintiendo cómo descargas eléctricas de menor potencia atravesaban sus extremidades para llegar a su doble y regenerar la piel u órganos dañados. Fue continuo el acto, por lo que en cuestión de segundos alcanzó a cerrar las heridas en la parte superior del cuerpo. Bajó a las piernas, tomó una en cada mano y repitió el proceso. Sólo tenía que imaginar su color de piel y el buen estado en el que habitualmente estaban para que éstas quedaran como nuevas. Y así fue.

En cuanto vio que el pecho del otro Zack se inflaba, sintió un alivio. Era como si ambos se conectaran. Su trabajo estaba hecho. Le mostró el pulgar al hombre, sabiendo que si era tan igual que él, eso bastaría para hacerle saber que todo estaba en orden. Se levantó del suelo y se aproximó a la única puerta de la habitación.


—Veamos qué hay aquí — Dijo tras girar el picaporte. De ahí salió un hombre tan silencioso como él, pero muy sonriente, a diferencia de él. Zack se hizo a un lado de inmediato reconociéndolo. Era él mismo, solo que con los músculos menos desarrollados, con un poco menos de estatura, una piel bronceada, y una hilera de dientes perfectamente alineados, sin colmillos resaltantes. Se estaba viendo a sí mismo como un humano.


Los vellos de todo su cuerpo se pusieron de punta al imaginarse lo terribles que podrían ser las cosas si él fuera un ser no mágico y adicional a ello, humano. La gente podría pisotearlo, pasar de él cada vez que lo quisieran. Pensar en ello era algo que lo aterrorizaba de tal manera que su expresión de temor se le vio reflejada en el rostro por primera vez en mucho tiempo. Negó con su cabeza mientras retrocedía y su otro yo sonreía con malevolencia. No sería una sorpresa para alguien tan soberbio y orgulloso como Zack que su mayor temor sería él mismo en una versión totalmente diferente. Su mayor temor era no tener nada de lo que ahora tenía, o no ser nada de lo que ahora era.


—¡Riddikulus!— Exclamó con firmeza luego de correr a donde había dejado su varita, tomarla y apuntar a su doble boggart. En cuanto el rayo impactó en él mismo, fue como si le colocaran un espejo al frente. El boggart adoptó exactamente las características físicas que él tenía en ese momento, y además una filosa Katana de plata le apareció en la diestra. Realizó un par de movimientos con dicha arma mágica proyectando cortes con la misma en todas las direcciones. Y sí, eso hizo sonreír nuevamente al verdadero Zack.


Pasando del trago amargo con dos de sus dobles, unas enormes criaturas amenazantes y una prueba intelectual, pudo continuar el camino atravesando el umbral de la puerta de donde había salido el boggart. Al otro lado lo esperaba Amara, paciente, con el mismo semblante de siempre.


—Estoy listo para continuar — Dijo a la excelentísima bruja mientras detallaba la sala en que se encontraban. El suelo con aquella serpiente mordiendo su misma cola y lo perfecta que estaba grabada la estrella al centro, encantó al vampiro por unos segundos. No podía creer que de verdad estaba en la sala que explicaban las literaturas que había leído.

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Después de haber estado en un San Mungo, en medio de la guerra muggle y en la casa de la Arcana, al fin estábamos listos los tres para comenzar con la prueba para poder ganarnos el anillo de la habilidad. Me sorprendió demasiado el que nos haya citado en un frondoso bosque, tranquilo, recordándome más a los que estaban en Francia que aquellos oscuros de Europa del Este; así que me sentía cómodo, a pesar de que solo éramos nosotros tres.

 

Miré de reojo a Cissy y a Zack, por algún motivo sentía que en cualquier momento podrían lanzarme algún tipo de rayo, a pesar de que estábamos siendo protegidos, por así decirlo, de los Arcanos. Mantuve mi varita fuertemente afianzada en mi mano derecha, mientras que los amuletos y anillos de los libros de poderes estaban en su posición, no quería verme sorprendido por cualquier cosa que haya preparado Amara, sobre todo porque estaríamos siendo evaluados en aquella ocasión con ojo crítico.

 

Tres caminos estaban frente a nosotros, tres opciones para poder llegar hasta la pirámide, según las instrucciones que había dejado nuestra guía ninguno podría tomar el mismo camino que los demás y lo entendimos mejor cuando el Ivashkov se adentró en el primer camino y este se cerraba ante nuestros ojos. Eso nos dejaba uno para cada uno y me despedí de la Macnair con una sonrisa, a pesar de que nunca habíamos sido amigos y nuestras personalidades terminaban chocando de manera regular, prefería terminar aquel primer encuentro con la Arcana con mis compañeros del otro lado.

 

El sendero de esa parte del bosque, extrañamente oculto en el Ateneo de la Universidad, parecía bastante tranquilo ya que no me encontraba con ningún obstáculo a la vista. Un par de criaturas no mágicas cruzaban de un lado al otro, las aves cantando a lo lejos y sobrevolando el cielo e, inclusive, había jurado ver a un par de thestrals ocultos en el follaje, pero nada que significara un peligro hasta que llegué a un río.

 

Desde lejos escuchaba el caudal y logré entender que tendría que atrevesarlo porque por ahí es donde me estaba llevando el camino elegido, pero también me había dado cuenta que un par de criaturas estaban en el lugar por los gruñidos tan peculiares que producían. Trolls, pero no cualquiera, sino de río. Considerados como una de las especias más repugnantes, aquellas bestias de piel morada se encontraban una en la orilla de aquella fuente de agua y, la otra, en medio de sus aguas mirando directamente debajo de la superficie. Me oculté entre el follaje para analizar la situación, intentando descifrar porque se encontraban tan tranquilas en ese momento o si algo en el agua las estaba distrayendo, pero no lograba sacar ninguna conclusión.

 

- ¡Fortress! - Invoqué aquel viejo conjuro de la Orden de la Mano de Plata permitiendome, como Paladín, reunir parte de la energía corporal (relativamente poca) y acumularla en la piel recubriendo todo el cuerpo, endureciendo la misma. Ofreciéndome una gran resistencia, pudiendo observarse a simple vista una piel lisa y de una tonalidad más oscura que la habitual. Este poder en particular es bastante útil pues permite recibir impactos bastante fuertes sin sufrir riesgo alguno (excepto en la zona del rostro), como consecuencia este tipo de protección ralentiza mis movimientos.

 

Salí del follaje e hice aparecer mi mazo de plata en mi mano derecha, teniendo mi varita en la mano izquierda por cualquier sorpresa que surgiera en esos momentos. Mi estrategia había sido enfrentarme directamente con los dos trolls porque se sorprenderían de que un ser tan pequeño e insignificante como yo, para ellos, se enfrentara sin mayor problema cuerpo a cuerpo.

 

- ¡Divine force!

 

Lancé mi golpe divine directamente con la primera de las bestias que lanzó un gruñido al verme acercarme y se abalanzó contra mi, recibiéndola con un fuerte golpe en el torso lanzándolo directamente a las aguas del río. El golpe divino es, en resumidas cuentas, el poder más destructivo de corto alcance que posee el Paladín. Necesita de un contacto directo en donde la energía corporal se concentra en alguna zona del cuerpo que servirá como punto de contacto. Por ejemplo, si se concentra energía en los brazos luego puede expulsarse y propinar puñetazos mortales que destruyen prácticamente cualquier cosa, al igual que podría concentrarse energía en los pies y realizar patadas demoledoras.

 

El segundo troll notó lo que sucedía y alzó un enorme garrote que estaba oculto debajo de las aguas, llamando por fin su atención ya que su compañero se encontraba desmayado en frente de este, dejándose llevar por la corriente muy lentamente. No podía acercarme con facilidad a la bestia, pero podría intentar nuevamente realizar mi golpe divino, pero al realentizarme sufrí un fuerte golpe del garrote en mi brazo izquierdo, sin embargo no resultó como esperaba mi contrincante ya que la fortaleza me había protegiéndose, rompiéndose al impacto.

 

Invoqué un Pantano Fangoso al golpear mi mazo de plata contra el suelo, estando en la orilla del río para provocar que se quedara atrapado en un solo lugar aquella criatura, mientras que esquivaba los movimientos torpes que lanzaba por la desesperación, aprovechando este tiempo para invocar una Tormenta de Arena para dificultar la visión del mismo y poder cruzar las aguas sin problemas, causando la distracción suficiente.

 

Apenas estaba en un tercio del camino cuando noté una serie de criaturas debajo de mi, acercándose mientras nadaba. Grindylows. Pensé en un casco-burbuja para poder moverme con facilidad en la corriente y no me impidiera el agua mi respiración ya que, como sospechaba, se lanzaron de entre las algas contra mi cuerpo.

 

- ¡Girai Trueno! - COnjuré en ese momento un poderoso anillo de energía que me rodeaba girando alrededor de mi cuerpo, protegiéndome de las garras de aquellas criaturas lastimándoles las manos para que se mantuvieran alejadas de mi. Así fue como terminé de cruzar el río, para poder continuar con mi camino.

 

Después de recorrer todo ese laberinto oculto en el bosque, al fin llegué a la pirámide para ingresar en ella donde me esperaba Amara, pero de nueva cuenta me topé con una sorpresa.

 

Una enorme esfinge apareció de entre las sombras, mirándome inquisitivamente mientras enseñaba sus filosos dientes y sus poderosas garras, estaba dispuesta a convertirme en su cena pero, como bien sabía, primero realizaría una pregunta para poder descifrar su respuesta. Habló y le sonreí.

 

- Cuatro.

 

Un gruñido dejó escapar desde su garganta y se lanzó hacia el costado, para recorrer la pirámide. Todo indicaba que había respondido correctamente y se iría con otro de mis compañeros para intentar atraparlos en su camino, aunque sabía que con ellos sería casi imposible, por lo que continué recorriendo el lugar, ingresando a un pasillo con poca luz hasta lelgar a una habitación un tanto tétrica y... ahí estaba yo, tumbado en el suelo repleto de graves heridas, como si varios fuegos negros hubieran caído sobre mi al mismo tiempo sin ninguna barrera que protegerme.

 

Instintivamente vi mi propio cuerpo, porque reconocía la del suelo, y noté que era algún tipo de conjuro que se había invocado en ese momento. ¿Qué debía de hacer? No sabía si se´ria lo correcto, pero mi instinto me llevó a tirarme al suelo, tomarme de los hombros y comenzar a pensar en una curación, gracias al anillo que portaba; un par de episkeys mientras apuntaba en el cuerpo y, por supuesto, concentrarme en que mi habilidad como metamorfomago pudiera traspasar mi cuerpo para llegar hasta mi contra parte malherida y ayudarle a curarse aún más rápido.

 

Sí, en su momento me había causado más dificultad el pensar en la habilidad como una bola de energía que nacía en el interior de mi cuerpo la cual podía expandir por toda mi piel y, después, hacia la piel de los demás. Una vez que repetí aquellas acciones, el Ishaya en frente mío se quedó dormido, recuperando el ritmo normal de sus palpitaciones así como calmarse la respiración. ¿Acaso ese era el modo en el que tenía yo para entender que podía continuar avanzando? Así lo hice, levantándome del suelo para dirigirme a la puerta al final de ese sitio.

 

<<No puede ser>>

 

Mis pensamientos se habían paralizado durante un segundo ya que me veía de nueva cuenta, parado frente a mi usando mis típica vestimenta pero en tonos oscuros, levantó su vista y me sonrió mientras alzaba la manga de su túnica para mostrar un tatuaje de la Marca Tenebrosa.

 

- Nunca me perdonaría el convertirme en la persona que más aborrezco, - comencé a decir mientras ambos magos levantábamos nuestras varitas, al mismo tiempo, bajo un mismo ritmo - porque fueron ustedes quienes atacaron a mi familia hace tanto tiempo ya y quienes... quienes estuvieron involucrados en la desaparición de...

 

El primer recuerdo era mío, o de MIrshka al final de cuentas, pero el segundo era del Wallace. Nos habíamos funcionado para sobrevivir ambos, él por su enfrentamiento con Dálixan hace años y yo con la maldición que me había puesto Scarlet, encontrando la forma de que el antiguo clan de los Ishayas le dieran el conocimiento necesario para que ambas almas se convirtieran en la misma energía, utilizando mi cuerpo por haber estado congelado en el tiempo. Por eso mi nombre en el registro inglés, en honor a lo que habíamos pasado.

 

- Jamás serán dignos de que porte ese tatuaje, me es suficiente con el Mazo de Uther. ¡Riddikulus!

 

Lancé el rayo al mismo tiempo que mi reflejo lo hacía, haciendo que el mío le impactara y el de él solo provocara una nube de humo para ver a un Ishaya disfrazado de una lombriz. Solté una carcajada dejando caer un par de lágrimas, por los dos recuerdos que llegaban a mi mente, haciendo que el boggart saliera volando como un globo inflado para esconderse en la oscuridad de aquel recinto mientras que yo atravesaba esa puerta para encontrarme con la guía, Amara, y mi compañero Zack que respondía el estar listo para atravesar la puerta de la metamorfomagia.

 

- Usted diga en que momento cruzo esa puerta y lo hago. Estoy preparado, no tengo ninguna duda en este punto.

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Por fin iba a ser mi prueba para poder estar lista y adquirir la habilidad de Metamorfomagia. Llevaba tanto tiempo esperando que casi pensaba que nunca me iban a pedir que hiciera aquello, pero luego de que Ishaya y Zack estuvieron listos, los tres fuimos citados por Amara para nuestra prueba final. Invitados al bosque circundante de la Gran Pirámide, yo tenía la sensación de que, como todo lo que se había planteado hasta el momento, aquello supondría un enorme reto.

 

-Espero que no muramos en el intento- murmuró una vez estuvieron los tres juntos, listos para comenzar la prueba.

 

Según las indicaciones de Amara, debían tomar un camino y atravesarlo para llegar al siguiente obstáculo... ¿o era hasta ella? Ya no estaba tan segura. Creía que había probado todo lo que debía salvando a la mujer de San Mungo, pero parecía que eso no era todo para la Arcana y ahí me encontraba, intentando descifrar qué sucedería con nosotros.

 

Pensaba que quizás íbamos a seguir juntos, que elegiríamos un camino y pondríamos una alianza que nos ayudaría a sobrevivir. Pero tan pronto Zack dio un paso hacia el frente y se metió por el primer camino, los árboles a su alrededor se cerraron, impidiéndonos la entrada a Ishaya y a mi. Noté que el mago me miraba y luego se despedía con una inclinación de cabeza. Al poco tiempo, tomaba el siguiente camino y la situación se repetía, imponiéndose el bosque.

 

-Vale, vamos por el tercer camino.

 

Si lo hubiera pensado mejor, quizás hubiera dado media vuelta y me hubiera ido a mi casa. Desde que había empezado a cursar aquella habilidad lo que menos había esperado es que tardase tanto en terminarla, así que ya estaba un poco cansada de los acertijo de la Arcana. Pero tenía intenciones de cumplir incluso conmigo misma, así que me puse en marcha.

 

Tan pronto el bosque se cerró a mis espaldas, me encontré con dos enormes setos a mi lado y la sensación de claustrofobia que siempre me invadía cuando daba un paseo por mi propio jardín. Era un laberinto, desde luego. ¿No podría haber pensado en otra cosa? Casi que prefería encontrarme en un volcán en erupción antes que ahí adentro, pero no podía cambiarlo. Podía seguir hacia adelante o detenerme allí y esperar a que Amara me rescatara. Quizás pensar en un Mortífago cobarde era un chiste para algunos, pero los había y si bien yo me consideraba bastante valiente, los laberintos me daban miedo, mucho. Con la varita en la mano, comencé a avanzar. Parecía que todo iba a estar tranquilo hasta que sentí que allí había algo... algo enorme y peludo.

 

Solté un alarido al ver un Quintaped frente a mi. Ni siquiera teníamos de esos en el Mall porque no se nos permitía venderlos, así que era la primera vez que veía uno de cerca.

 

-Petrificus Totalus- dije, apuntando con la varita al bicho, que se quedó duro y se giró como lo haría una araña.

 

Sabía que el conjuro no duraría mucho y, lo peor es que había otros dos bichos cerca de mi. Uno de ellos intentó golpearme con una de sus patas y sólo tuve una fracción de segundo para saltar a un lado, no logrando aún así que no me hiriera. Mi túnica se rasgó, al igual que mi pantalón y la sangre comenzó a fluir. Lo único que pude pensar fue en asesinar al bicho, pero luego recordé que Amara había dicho que toda vida era preciosa y suponía que no quería que matara a aquellos animalitos... por más feos y asesinos que fueran.

 

Me arrastré lejos y moví la varita, aunque no dije nada. Activé mi anillo de amistad con las bestias y me di cuenta de que los Quintaped, quienes habían estado a punto de atacarme, se quedaron mirándome, embelesados un momento. Podía sentirlos, sentir que no querían atacarme sino que tenían miedo de que yo hubiera atacado a su compañero. Estiré una mano y murmuré algo totalmente inentendible, antes de que los dos bichos se hicieran a un lado y me dejaran pasar.

 

Temerosa, comencé a ponerme en marcha, mirando que los dos animales no se tiraran de nuevo sobre mi y, para mi sorpresa, el laberinto volvió a moverse y las encerró tan pronto como me alejé, creando otro camino para mi.

 

Continué caminando poco a poco, con dificultad. Mi pierna sangraba y me sentía con náuseas. Pensaba que quizás no iba a lograrlo cuando, a lo lejos, vi un lado de la pirámide y una abertura en ella. ¿Lo peor? Había alguien...o algo, sentado delante de la puerta, lamiéndose una pata.

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Amara se había quedado de pie en el centro de la pirámide. Esperando a que los tres magos hicieran acto de presencia, algo que no tardo en ocurrir, al menos en el caso de Zack e Ishaya, que aparecieron tras una larga espera, sabía que Cissy aún se encontraba venciendo las pruebas, pero eso no le impediría continuar con la prueba, al contrario porque iba a demostrar que podía ir a su propio ritmo, y esmerandose todo lo necesario.

—Bien hecho, lograron superar los primeros obstacul0s —los felicitó con una sonrisa sincera en sus labios—. Demostraron que son capaces de vencer sus mayores temores para convertirse en alguien más fuerte y valeroso, eso me demuestra que son capaces de terminar con la prueba que comenzará en cuanto traspasen la puerta y demuestren al portal que son capaces de poseer la metamorfomagia para quedar vinculados al poder del anillo.

La sonrisa aún permanecía en sus labios, en cuanto decidió que era momento de activar el portal de las siete puertas. Fijando su mirada en el suelo del salón circular en donde se encontraba el Ouroboros y, dentro de él, la estrella de cinco puntas que contenía. unidos a ella, descansaban miles de anillos con el símbolo de cada una de las habilidades. Amara eligió tres anillos que portaban el distintivo de la Metamorfomagia y los extrajo de su sitio. Se acercó lentamente hasta cada uno de sus pupilos y les entregó un anillo.


Al mismo tiempo que seis de las Siete Puertas que contenía el Portal desaparecieron y una única Puerta permaneció a la vista de los alumnos, emitiendo un zumbido constante y destellos lilas alrededor del símbolo de la habilidad que tenía grabado en su centro; era la puerta de la Metamorfomagia.

 

Había llegado el momento de darles las indicaciones.

 

—El portal ha sido activado, y con eso no puede haber arrepentimiento para realizar la prueba —el sonido solemne de su voz dejo claro la importancia de sus palabras—. Los anillos que les he entrado, son los del aspirante que están vinculados con el mío —mostro su anillo que tenía el símbolo de la habilidad tallado en el centro—, estos les permitirán ingresar al portal. Esto, lamentablemente lo harán solos, porque únicamente se permite el ingreso una vez a menos que se trate de la prueba Esmeralda, la que realizamos cada uno de los Arcanos, para poder tener ese título.

 

Sabía que quizás sus palabras eran un poco vagas, pero no quería darles demasiada información, porque ellos debían entender el portal desde su punto de vista.

 

—Como podrán haber deducido estarán completamente solos ante los retos y peligros que el portal elija colocarle a cada uno de ustedes, durante la prueba pueden tomar la decisión de abandonarla y para ello, completamente seguros de elección, tocarán el anillo y este los sacará del portal con la consecuencia de nunca más poder acceder a la puerta de la Metamorfomagia.

 

Durante su explicación, los alumnos se habían puesto los Anillos del Aspirante y al hacerlo, cada uno se había convertido en único, esto debido a que los pequeños detalles de cada uno se habían modificado de tal modo que el color y decorado se habían vuelto parte de la personalidad de cada mago o bruja. Si bien, aún no estaban vinculados a los anillos a la Habilidad, cada anillo, ya era parte del brujo que lo portaba.

 

—En cuanto atraviesen la puerta de la Metamorfomagia, ingresarán a un portal mágico de magia de un menso poder que es desconocido casi en su totalidad, porque ni siquiera nosotros que somos expertos en las habilidades hemos logrado comprender todos los poderes que este posee. Es por eso, que deben estar preparados para todo, porque puede ser que los lleve a algún mundo real o imaginario en el presente, pasado o futuro, o simplemente hacer una mezcla de todo, generando personas o situaciones que les harán dudar de sus capacidades. Puedo asegurarles, que la prueba de cada uno será completamente diferente y que estaré observando cada uno de sus movimientos, porque mi anillo lo permitirá, pero lo hará desde aquí, no se me permitirá ingresar para ayudarlos.

 

Enlisto las cosas importantes que debían saber los estudiantes. Era complicado explicar algo que ninguno había vivido, pero esperaba hacer haciéndolo correctamente, por lo que decidió explicar un poco más.

—Al ingresar al portal, tendrán que transformar alguna parte de su cuerpo, hacer notorio que son capaces de dominar la habilidad en su cuerpo. A lo largo de la prueba, existirán momentos en los que tendrán que cambiar cada vez más y más partes de su anatomía, mientras que en otras tendrán que mostrarse tal cual son, así como los estoy visualizando ahora mismo —sus siguientes palabras eran de suma importancia—. Sin embargo, al momento de cruzar la puerta de la Metamorfomagia, su conciencia se verá afectada, porque no comprenderán quién o qué son, entrando a un grado tal de confusión que les será imposible recordar que están realizando una prueba, porque todo lo que vivan dentro, será para ustedes una experiencia de vital importancia. No importa si es un mundo imaginario o real, todo parecerá real.

 

Sabía que sus palabras podrían estarlos impactando, pero era necesario que lo supieran.

 

—Nadie sabe a qué se enfrenta realmente, nosotros lo deducimos si llega a morir alguno de los alumnos, puesto que el portal de desactiva y regresa el Anillo del Aspirante a la Estrella de Cinco Puntos y el cuerpo aparece en esta parte de la pirámide, en otras ocasiones solamente regresa el Anillo, y el cuerpo del aspirante nunca aparece, dejándonos claro que estaba en un mundo real y en otras ocasiones, ni el Anillo ni el aspirante regresan, se pierden por los mundos y viven sus vidas, perdiendo la razón de su vida y olvidándose de todo lo que algún día fueron, y nosotros no podemos ayudarlos a que vuelvan. En otras ocasiones, contamos con pistas en acontecimientos en el mundo real, que nos demuestran que estuvieron aquí en el presente o pasado, sin embargo, debemos tener claro que nadie sabe a dónde lo enviará el portal.

Podía tornarse un poco confuso para sus alumnos, por la cantidad tan grande de información que les revelaba, pero toda era importante y esperaba que la asimilaran prontamente.

 

—Tengan presente, que siendo ustedes mismos o modificando alguna parte de su anatomía, tendrán conciencia de quiénes son, solamente tendrán un leve atisbo en su inconciencia. Pero, todos sus miedos, temores, deseos y recuerdo de seres queridos permanecerán, en pequeños retazos desdibujados. Impidiendo que recuerden que esto es una prueba. —recalcó con seriedad— En un momento dado, el portal colocará un reto y les hará pasar por un número variable de pruebas para cada uno, la única similitud que poseen, es que en al menos una serán ustedes mismos, mientras que en las otras su anatomía estará totalmente modificada. ¿Cuándo seré yo y cuando tendré alguna parte de mi modificada? Eso solamente lo decidirá el portal, porque él los guiará por todo este proceso, sin importarle si desean o no cambiar su apariencia.

 

<<No pierdan de vista su anillo, a menos que decidan abandonar la prueba. En ese momento, el anillo de convertirá en su conciencia y los hará olvidar todo lo que han vivido hasta el momento y lo que representa estar allí, y la conciencia del anillo será la guía que los sacará del portal. Cada cierto tiempo y cuando sientan, que no pueden continuar más, en su mente aparecerá su mente que les dará una palabra de aliento, y esta las motivará a continuar.>>

 

Amara fijó su vista por unos segundos en cada alumno, deseando que las instrucciones que les acaba de dar fuesen las necesarias para que su prueba fuese aprobada, porque una vez que atravesarán la puerta todo iba a depender de ellos mismos, ella se convertiría en una observadora más y en caso de que decidieran abandonar en una tabla de salvación para sacarlos de allí. Sí, guiándolos para salir, más no ingresando.

 

—Cuando la prueba se realiza con más de dos personas, es posible que el portal decida llevarlos al mismo punto de partida a todos, no es algo seguro, pero es una alternativa que a veces decide tomar el portal, por lo tanto, si desean probar suerte pueden ingresar tomados de las manos, pero como les dije, el portal decide y puede que les dé la oportunidad o los mande a sitios diferentes a cada uno.

 

Majalis se alejó de sus alumnos y tocó la Puerta de la Metamorfomagia, logrando que esta desapareciera dejando ver un camino totalmente deslumbrante por la gran cantidad de luz blanca y cegadora que se colaba por donde segundos antes había habido una puerta. Era momento de que atravesarán e ingresarán al portal, y de que el portal les colocará los retos y pruebas que considerará oportunos para cada uno. Desde ese momento, ella no controlaría nada de lo que ocurriese en la prueba, todo iba a depender de los alumnos, ahí terminará su participación como profesora y ahora solo estaba en calidad de observadora.

Editado por Amara Majlis
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Una vez Amara entendió que los tres magos que presentaban la prueba estaban decididos a avanzar, decidió explicar lo que tendrían que hacer. Zack se perdió por unos segundos entre tanta charla dada la cantidad de palabras y la adrenalina que ya recorría su cuerpo, distrayéndolo a cada segundo. Sin embargo, logró entender toda la ayuda que la Arcana les proporcionó en sus diálogos. Sabía que no sería fácil, pero tampoco algo demasiado difícil como para no poder enfrentarlo.


Observando a la mujer, notó que esta activó el famoso portal cambiando por completo el ambiente. Era una especie de tensión mezclada con extraña paz, cosa que después de todo no podía ser tan buena. Para cuando la bruja volvió del centro del Ouroboros sostenía tres anillos que repartió a los pupilos. Zack tomó el suyo en la palma de la mano y luego lo colocó en el dedo anular de la diestra. El ejemplar de cristal, simple y sin ninguna decoración, se adaptó perfectamente a su dedo.


A continuación, Amara terminó la explicación desapareciendo todas las puertas a excepción de una. Sin embargo, esa restante también se desvaneció dejando ver el famoso portal que debían atravesar. Estando claro en que no sería fácil lo que se encontraría al otro lado, el menor de los Ivashkov avanzó con paso decidido dejándose absorber por el zumbar del fenómeno mágico que lo llevaría a su próxima gran aventura. Cerró los ojos y despejó la mente, necesitaba pensar muy bien todo.


***********


—Señor, todo está preparado. Esperan contar con su presencia cuanto antes — Dijo la voz en un tono dulce y angelical.


El hombre aunque miraba directo al rostro de la fémina, tenía las pupilas tan dilatadas que cualquiera podría afirmar su laguna mental. El contacto físico con su única acompañante lo estremeció al punto de hacerlo reaccionar de forma violenta con un salto en su silla. Zack sentía una pesadez tremenda en la cabeza, como si le fueran dejado una tonelada de plomo a cargar sólo con aquella parte de su cuerpo. Estaba confundido, aturdido y un poco molesto por la insistencia de aquella bruja.


—¿Perdón? — Preguntó esperando poder ubicarse en tiempo y espacio.


—Le he dicho, que esperan por usted, señor Ministro — Respondió la misma bruja bordeando la paciencia. Seguro llevaba varios minutos intentando hacerlo reaccionar.


Zack se quedó perplejo. No entendía por qué lo trataban de aquella forma, el título al final de la oración lo sorprendió tanto que se quedó aún más estático, sin saber qué hacer. Bajó la mirada al suelo como si ahí pudiera encontrar un escrito que le explicara la situación, pero en lugar a eso se encontró con una túnica negra con bordados plateados de runas mágicas, evidentemente textil costosa. Adicional a eso, por sus hombros caían mechones de pelo blanco sin extenderse mucho más allá del inicio de sus pectorales. Su apariencia era diferente, y no había sido él quien realizó el cambio.


—Llévame ahí — Respondió con seguridad levantándose del asiento. Su acompañante caminó al frente guiando el camino. Avanzó con tranquilidad todavía inquieto internamente, tratando de no reflejarlo en sus facciones y con un andar inseguro en los primeros pasos, hasta que notó que se estaba quedando demasiado atrás. Su túnica ondeaba a sus espaldas y los zapatos, seguramente costosos también, resonaban contra el suelo hasta que se detuvo el repiqueteo una vez llegaron a su destino.


Frente a la enorme puerta se encontraban varias personas portando el mismo uniforme. Pudo reconocerlas como miembros de la seguridad del ministro, esos peones con las que andaban en cada aparición pública que hacían. Aunque a decir verdad, no todas, sólo las más importantes, cosa que le hizo poner más inquieto aún.


Al ingresar a la sala repleta de cuadros colgados en las paredes, notó que había varias personas conocidas en el interior. Elvis y Agatha se encontraban a los costados de un amplio mesa alargada perfectamente pulida, con algunas plantillas frente a cada asiento de las otras personas a las cuales no miró demasiado. Ambos directores de la academia lo saludaban con una sonrisa en su rostro y una ligera reverencia a modo de respeto. Eso, aunque su mente todavía estuviera confundida, lo hizo sentir más a gusto.


—Ahora que contamos con la presencia del Ministro de Magia, podemos dar inicio a la reunión de forma oficial — Se escuchó de una voz a sus espaldas mientras se sentaba en el puesto a la cabecilla de la mesa rectangular. Miró sin decir palabra alguna esperando que otra persona interviniera antes que él.


—Gracias a las anteriores sesiones, en esta oportunidad sólo tendremos que contar con la opinión directa del señor Crazy Malfoy, quien será el encargado de decidir la permanencia o no de los Arcanos en las instalaciones de La Universidad — Dijo Agatha con un tono de voz propio de alguien diplomático, experto en el área.


Hasta entonces Zack terminó de comprender la situación. Por alguna razón se encontraba preso en la apariencia del patriarca de los Malfoy, persona que además de ser la más cotizada en todo el pueblo inglés, era la encargada de tomar decisiones importantes, como la que ponían frente a él en ese momento. Al principio pensó en salir corriendo, dado el silencio incómodo de los Arcanos, que sí, estaban presentes ocupando lugares alrededor de la mesa. Pero luego concluyó en que mientras más rápido terminara, sería mucho mejor para sí mismo. Si la metamorfomagia estaba haciendo cambios en él sin que los quisiera, entonces podría restaurar su apariencia nuevamente frente a todos, y ahí sí estaría en problemas.


—Bien…— Comenzó obligándose a aclarar la garganta luego de su primera palabra, olvidando imitar la voz del Ministro, cosa que se le daba muy bien gracias a las incesantes burlas que hacía por cada vez que prometían algo y no lo cumplían a tiempo —Proyectar los conocimientos mágicos de todas estas personas no ha de ser un trabajo fácil cuando no se encuentran dentro de su propia comunidad. Si bien hemos tratado de simular el hogar de los Arcanos dentro de la Universidad, sabemos que persiste cierta incomodidad en todos ellos. Juntos, han sabido esforzarse cumpliendo con los acuerdos, que establecen tomar como pupilos a cualquier habitante de Ottery siempre y cuando sea digno dichos conocimientos — Guardó silencio mientras asentía de manera profunda esperando que todos lo siguieran en sus palabras.


—¿Qué les diremos a todos los que se quejan de los métodos o atención que dan los Arcanos a sus pupilos? Ellos fueron los causantes de llegar a este punto — Dijo Elvis con un tono de serenidad, como si supiera que eso molestaría al señor Ministro.


—En consecuencia, — Dijo una vez más Zack proyectando su voz por encima de la de Elvis. Conocía la situación. Sabía muy bien los comentarios de la calle acerca de los Arcanos. En ese momento se sintió que podía manejar toda la situación. —hemos de evitar ser extremistas y querer sacarlos a patadas del pueblo cuando los necesitados son nuestra gente. Así como ellos han aceptado proporcionar sus conocimientos de habilidades mágicas, nosotros tendremos que saber aceptar los métodos que apliquen en sus clases. Es por ello que he decidido que todos los Arcanos continuarán en el pueblo de manera permanente — Las sonrisas en los rostros tensos de todos los antiguos magos y brujas en la mesa se dejaron ver al soltar aquellas palabras.


—Sin embargo, ambos directores deberán ser vigilantes de una buena actividad durante las clases — Dijo nuevamente el vampiro con total consciencia de que eso seguramente es lo que habría de hacer el Ministro verdadero. Estaba tomando una decisión sumamente importante para toda la comunidad mágica, sin quererlo, elegirlo o desearlo. Simplemente llegó a esa posición y se hizo cargo del asunto con tal astucia que ahora sus palabras eran motivo de celebración.


—Habiendo tomado esta decisión, requerimos el sello de la Oficina del Ministro para hacer público el acuerdo. Y así, daremos por finalizada la reunión — Volvió a decir Agatha, quien sostenía un pergamino el cual parecía recién redactado, a juzgar por lo fresco de la tinta. Zack preocupado, hundió las manos en los bolsillos de su túnica esperando dar con el sello, que por supuesto no tenía. Sin embargo de la nada apareció la misma fémina que lo acompañó al inicio entregándoselo a la directora de la Universidad.


El Ángel Caído elevó la mirada hasta el fondo de la mesa, justo al costado derecho, donde Amara Majlis se sentaba. A pesar de que el resto de los Arcanos conversaban entre sí, ella se mantenía con la mirada fija en el supuesto Ministro de Magia, en Zack. Llegó a intimidarlo al punto de que pensó romper la conexión visual. Sin embargo, no lo hizo, cosa que provocó una especie de sonrisa en el antiguo rostro serio de Amara. El vampiro frunció el ceño, extrañado por el gesto de aprobación que la bruja realizaba con su cabeza. Pero antes de poder decir algo o notar un detalle extra de la situación, un fuerte zumbido arremetió en contra de todos desvaneciendo la imagen de cada persona frente a él, llevándoselos consigo en una ráfaga de viento imaginario que también arrastró la consciencia de Zack, quien cayó al suelo desmayado.

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Sonreí un segundo ante la propuesta de entrar agarrados de la mano, ¡cómo si eso fuera posible con Zack! Miré sobre mi hombro esperando ver a Cissy llegar, pero todavía no había logrado atravesar las pruebas del exterior, algo que no podía deducir como bueno o malo; al final de cuentas el Ivashkov y yo siempre parecíamos competir, sin hacerlo realmente, y ese motivo podría ser suficiente para que ambos hayamos acelerado el paso antes de llegar hasta este punto.

 

Las palabras de Amara resultaban repetitivas, como si escondiera algo entre ellas, aunque no podría asegurar si eso era cierto o no debido al poco tiempo en el que conviví con ella. Se dio la media vuelta y agarró tres anillos entregándonos uno a cada mago, guardándose el de la bruja hasta que llegara; me coloqué el anillo de anera inmediata en mi mano izquierda, en el dedo anular, observando como tomaba una nueva forma, algo que podría decir me represetaba completamente. Era de plata, formado por tres aros sencillos y una incrustación de diamante azul; sencillo pero de ninguna forma simple, elegante pero sin caer en la ostentosidad, y ligándome a un viejo recuerdo de mi linaje.

 

Observé como mi compañero atravesaba el camino de luz, que era el portal, sin esperar ninguna otra indicación porque ya había dado todas las instrucciones la Arcana. Suspiré al ver como desaparecía en ese limbo de magia y caminé para seguir mi destino, no sin antes dar una última mirada hacia una de las puertas de esa habitación. ¿Era Cissy quien entraba al lugar?

 

No lo sabría hasta terminar la prueba.

 

Abrí los ojos rápidamente cuando alzaba mi cabeaza, regresando al presente, además de que el viento frío soplaba justo en mi costado derecho; había sido una fortuna el salir abrigado del Cuartel General de la Orden del Fénix, alejándome de cualquiera de mis compañeros para llegar a ese páramo, justo en el borde del Bosque del Cuerno de Madera, del otro lado de la Torre Este donde se había creado una pequeña plancha de mármol custodiada por diferentes estatuas a tamaño real.

 

Acomodé mi enorme abrigo blanco para continuar caminando, resonando mis botas en aquel suelo brillante aunque con poco eco, debido al tiempo de esa noche. Los ruidos del bosque llegaban por completo hasta donde me encontraba, dejándome solo el espacio suficiente en mi mente para aferrarme a mi objetivo en ese lugar, el que tenía en frente de mi; afortunadamente no estaba tan nublado, permitiéndome ocultarme entre las sombras creadas a la luz de la luna.

 

- ¿Qué estás haciendo aquí Wallace?

 

Me de tuve en seco mostrando una sonrisa en mi rostro. Me habían atrapado. Galadriel salió detrás de la segunda estatua más reciente en ese lugar, la de su esposa y madre mía, Antara Potter Black; seguramente esperando a nadie en especial, encontrándose en la misma posición que yo en esos momentos, meditando sobre lo que tendría que hacer ahora que, para ella, su único enlace con el grupo se había roto por completo.

 

Aquella bruja se había convertido de manera lenta y paulatina en parte de mi familia, no solo por ser la pareja sentimental de mi madre, sino por la forma en la que llegamos a relacionarnos durante el último par de años, siendo primero mi tutora, después mi conejera y ahora mi amiga. Nunca lo hubiéramos pensado, nadie en realidad, una Malfoy y un Tonks, ¡hasta parecía una noticia inventada por El Profeta!

 

- Necesito terminar unas cosas, - le respondí con sinceridad al mismo tiempo que alzaba mi varita, la cual estaba de alguna forma oculta entre las mangas de mi abrigo - no puedo irme sin hacerlo.

- No lo hagas. - Su voz era dura, como siempre, con una nota de calidez. Estaba preocupada. - Es suficiente lo que vas a hacer junto con Saya y Heishiro, pero no vez a Lupin por aquí o a la Black corriendo a la su fortaleza. Sé más consciente, piensa en quienes dejas atrás, quienes van a seguir... a quien has elegido para que tenga una segunda oportunidad.

- Mirshka lo tendrá todo bajo control.

- No lo hagas.

 

Nuestras pláticas siempre habían resultado de esa forma, cortas y directas, por ello habíamos congeniado tan bien. No pude responderle nada ni ella a mi, simplemente desapareció del lugar y supe que sería la ´ltima vez que nos encontraríamos dentro de los terrenos de la Orden del Fénix. Galadriel desaparecería de este plano junto con Antara, no tenía caso que siguiera estando en aquel sitio, oculta.

 

Suspiré. Entendía a la perfección cada palabra que me había dirigido y, de cierto modo, compartía sus pensamientos, pero era lo mejor que podía hacer en esos momentos por respeto al grupo de personas que habían depositado su confianza en mi, aquellos que habían creado esa estatua que me regresaba la mirada. Miré con atención cada detalle, cada ranura, cada curva que cubría aquella estructura, sonriéndo ante la misma. Parecía un espejo.

 

Comencé a modificar toda mi estructura, gracias a la metamorfomagia, para adoptar el aspecto del Dupont y que Adriano Wallace fuese solo un recuerdo en algunos magos y brujas, para ello...

 

- ¡Bombarda! - Un potente rayo anaranjado salió de la punta de mi varita para impactar de lleno en mi estatua de líder explotando al momento, esparciendo los pedazos por todo el lugar.

 

No sonó ninguna alarma, como había previsto, ya que únicamente los representantes de cada una de esas estructuras podía eliminar ese reconocimiento que daba el grupo del Fénix borrando así, de una vez por todas, mi rastro como miembro del grupo. Había finalizado una etapa.

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En cuanto Zack cayó al suelo, perdió la conciencia quedando aún más desorientado. No podía saber que se encontraba atravesando las pruebas del portal de metamorfomagia, y sin embargo éste lo llevaba a donde le placiera, aunque se manejara en parte por lo que estuviera pasando por la mente del hombre.


Luego de que el antiguo escenario quedara en blanco, comenzaron a escucharse las voces de varias personas. Zack abrió los ojos percatándose de que no sólo estaba de pie, sino que además rodeado de lo que parecían ser pupilos. Una parte de él recordaba ese lugar, pues había estado ahí antes, en su entrenamiento con los Uzza. Sin embargo, no lograba enlazar los hechos con el motivo de su presencia ahí, claramente seguía confundido.


—Señor, queremos una demostración de los hechizos del libro del equilibrio — Pidió uno de los seis magos presentes. Todos ellos tenían varita en mano, al igual que Zack, quien al bajar la mirada se sorprendió una vez más. Su piel había dejado el aspecto blanquecino, característica de todo vampiro, para adoptar un tono más bronceado, aunque sin llegar a ser moreno. Adicionalmente, notó que una especie de paño rojo cubría la mitad de su rostro tapando la boca y el mentón. Tardó un segundo en notar que era un Uzza, de nuevo, sin quererlo.


—Haré la demostración de un hechizo y ustedes me seguirán a modo de practica — Inquirió ahora con total conciencia de que debía estar en una clase donde él como guerrero era el encargado de guiar al resto. Blandió su varita y apuntando al frente realizó un —Wingardium Leviosa — uno tronco pequeño pero grueso que se encontraba próximo al grupo se elevó a dos metros por encima del suelo.


—Flechas de fuego — Conjuró una vez más invocando filamentos de fuego que viajaron al objeto flotante encendiéndolo en llamas. Se creó una especie de fogata artificial que maravilló a los expectantes. —Vamos, pruébenlo también — Les invitó el hombre mientras esperaba que ellos repitieran el proceso. Era increíble lo rápido que se adaptaba a la situación a pesar de que en su mente se preguntaba por qué la metamorfomagia se activaba sin que él deseara un cambio, y por qué entraba en situaciones tan importantes como aquella.


Una vez todos los pupilos lo siguieron, encantados porque también podían realizar el conjuro de alto nivel, Zack prosiguió con algo más interesante. Le pareció divertido congelar la serpiente que uno de los otros tenía enroscada en el cuello, debía ser una especie de mascota o algo así.

—Semillas de hielo— Murmuró apuntando a la criatura ponzoñosa logrando que de su varita surgiera un viento helado que congeló a la bestia. Su dueño, aunque sorprendido, comenzó a reírse igual que el resto. Parecía que estaba siendo una clase divertida, por lo que trataría de retrasar el hechizo más peligroso del libro.


—Ahora vamos con otro más interesante. Prepárense para la oscuridad — Aunque había un sol radiante sobre ellos, quizás los pupilos sabrían lo que vendría a continuación. —¡Arena de Hechicero! — Conjuró Zack extendiendo su brazo al frente. En cuanto la nube de polvo mágico surgió, se produjo un nuevo estallido que hizo desaparecer por completo el escenario.


Parpadeando un par de veces, notó que se encontraba de nuevo con su propia apariencia, había dejado la vestimenta del Uzza, y el molesto paño que cubría su rostro. Extendió los brazos para asegurarse de no tener ninguna alteración física, y sí, evidentemente volvió a ser él. Con el gesto, hubo algo que llamó su atención, el anillo del aprendiz de la habilidad.


—Interesante — Dejó escapar una palabra de sorpresa mientras observaba cómo su anillo dejaba su transparencia cristalina y pasaba a ser dorado, como el oro, seguramente transformándose en ese material. Adicional a ello una línea curva con ondas pronunciadas los atravesaban con un color plateado tan resplandeciente como el anterior. Había superado dos de las pruebas del portal, seguramente cada vez que dejaba una atrás, el anillo se personificaba naturalmente.

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La imponente Esfinge levantó la vista al verme llegar y sonrió, mostrando dos filas de relucientes y afilados dientes. Pero esa era lo de menos si considerábamos que la pata que se había estado lamiendo poseía unas enormes garras negras capaz de destripar a un dragón de un zarpazo. Mi corazón dio un salto en falso y creí que estaba por darme un ataque, pero de nada valía desmayarme en aquel momento si quería concluír con la prueba de metamorfomagia. Me di cuenta de que la esfinge estaba olfateando el aire y fui consciente de que mi pierna debía de parecer un aperitivo delicioso para ella, así que tragué saliva con dificultad, pensando en la mejor manera de salir corriendo de allí y evitar que me alcanzara para despedazarme.

 

Pero no fue así. La esfinge se irguió y comenzó a hablar con voz dulce y sedosa, como una de esas mujeres de los anuncios muggles que quería venderte un perfume por los ojos. Me relajé, aunque no supe bien por qué. Sólo tenía que responder a su acertijo para poder continuar dentro de la pirámide. Podría decir que era fácil, pero nunca se me habían dado bien los acertijos así que fruncí el ceño mientras cojeaba delante de la criatura mágica. Notaba que se le hacía agua la boca, probablemente pensando en lo sabrosa que estaría mi carne si yo contestaba mal.

 

-Cuatro- murmuré y la esfinge me miró-. La respuesta al acertijo es cuatro. Son la cantidad de letras que tiene la palabra "seis" (6)- la esfinge esbozó una mueca de disgusto y se corrió con paso felino para dejarme pasar al interior de la pirámide.

 

De inmediato pensé que aquello no podía ser peor... no peor que un montón de quintaped o una esfinge hambrienta que había olido mi sangre. Pero me equivocaba, claro. El camino se dividía en tres delante de mis ojos pero había dos caminos que parecían bloqueados por magia, pues podía verla flotando levemente delante de mi. ¿Por ahí habrían pasado los chicos? Estaba segura que sí. Volví a suspirar y entré por el tercer camino, temblando a cada paso que daba. ¿Por qué no se me había ocurrido que la Arcana podía ser tan malvada como los Uzza al momento de imponernos una prueba de valor y conocimiento? Tendría que haber estado menos confiada.

 

El corredor desembocó en una sala abovedada donde sólo había una salida. Pero, en medio de la sala, delirando y retorciéndose en el suelo, había una mujer. Me acerqué a ella de inmediato, preguntándome cómo había llegado allí. La reconocí al instante y me dio un vuelco el corazón por segunda vez en aquel día. Apreté los labios en una fina línea blanca y procedí a hacer lo mismo que había hecho con la mujer embarazada en San Mungo. Concentré la energía de mi doble donde tenía la herida más grande, la quemadura en la mitad del pecho y comencé a hacer fluir la magia poco a poco. Me costó más de media hora o algo así, porque la curación era lenta, pero cuando por fin miré mi trabajo, una Cissy totalmente curada me sonrió y luego desapareció.

 

-No era más que una ilusión- musité, exhausta, dándome cuenta de que había usado demasiada energía para sanarla.

 

Me puse en pie con dificultad y continué hacia la otra salida; sólo entonces me di cuenta de que mi cuerpo estaba tan sano como el de mi doble, lo que me dio a entender que si hubiera fracasado en mi proeza, seguramente yo estaría tendida en medio de aquella lúgubre cámara, muriéndome por culpa de algún tipo de magia de vinculación. ¿Podría ser peor? Estaba por responder a eso.

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Por momentos, el mago se daba cuenta que estaba atravesando pruebas. Pero nunca alcanzaba a concretar sus pensamientos dando seguridad que estaba siendo manipulado por el portal del que las literaturas y Amara le habían hablado antes de iniciar. Era como si sólo estuviera en sí mismo por ratos, efímeros, lo suficiente como para luego volverse a perder en un nuevo personaje al cual también le robaba sin querer la apariencia. Quizás una parte de él sí estuviera consciente de cuándo debía hacer uso de la metamorfomagia.


Habiendo quedado sólo en aquella sala blanca, no tenía idea de qué paso seguir. Se preguntó cómo tenía que hacer las cosas para avanzar, para salir de las extrañas situaciones que se le presentaban continuamente. La respuesta estuvo al girar la cabeza a un costado, donde el cuerpo de una persona se encontraba tendido en el suelo rodeado por un amplio charco de sangre.


Se acercó cuidadosamente escuchando los quejidos de la fémina cuyo rostro congestionado por el dolor hacía imposible un fácil reconocimiento. Sin importarle de quién se trataba, Zack se arrodilló frente a ella descubriendo la zona afectada, el abdomen. Ahí lo esperaban alargadas heridas que requerían pronta atención. Él, a sabiendas de sus conocimientos y habilidades, colocó las manos sobre la mujer permitiendo canalizar las metamorfomagia a través de sus extremidades.


La paciente comenzó a convulsionar estremeciendo su cuerpo tan fuerte que el vampiro tuvo que aplicar fuerza mayor para sostenerla, eso sin dejar de pensar en una piel sana y repuesta. Solo necesitaba imaginar lo que deseaba para transmitirlo. Progresivamente, pero a paso lento, las heridas se fueron cerrando absorbiendo consigo la sangre que emanaba de las mismas. Y a medida que eso sucedía, Zack se iba sintiendo cada vez más cansado.


Si bien no fue como la primera vez que hizo aquello, pues ahora la presión era mucho menor, todavía se cansaba por la cantidad de energía que necesitaba transmitir. Evidentemente había alcanzado gran dominio de la habilidad, y con ello cambiar de apariencia le resultaba fácil, pero proyectarla a otros era lo difícil.


Cuando creyó haber terminado, retiró las manos del cuerpo de la fémina para inspeccionar el área. Lo invadió un sentimiento de satisfacción al ver la piel repuesta y sin ningún rasguño, sólo manchada por los restos de sangre que emanó antes de su llegada. En ese punto no le interesaba intercambiar palabras con la mujer, ni saber el porqué de sus daños, estaban tan a gusto con lo que hizo que no le importó nada más.


Luego, como sucedió con las anteriores pruebas, el cuerpo de aquella persona se desvaneció, dejándolo nuevamente solo en la habitación. Una ligera descarga eléctrica en su mano lo hizo centrar su mirada en la zona, para apreciar el cambio que su anillo hacía nuevamente. Esta vez apareció un diamante de tamaño mediano. Zack miró la piedra relucir y sonrió. Cada vez su anillo se personificaba más. Si bien no entendía por qué atravesaba cada situación de aquella, estaba seguro que su habilidad se entrelazaba con él cada vez más.

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