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Prueba de Oclumancia #24 - Hessenordwood Crouch y Matthew Triviani


Aailyah Sauda
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Aquello iba a ser una tarea muy particular, porque sentía que mezclaba e agua con el aceite, aunque ambos hombres tenían algo en común y es que ambos eran capaces de adentrarse en sus mentes y dejar fuera a los demás negándose incluso al trato físico para con el resto de los seres humanos que parecían haber sido puestos en el universo solo para que no faltara obreros en la tierra. No, aquel no era el pensamiento que solía tener ella, pero la realidad es que ambos tenían ese toque extraño de hombres cerrados en común.

Debía deberse a eso quizás el motivo porque al enviar a aquellos tordos a la casa de los dos hombres había elegido que hicieran juntos parte de la travesía. Cosa difícil, cuando no conoces al que te acompaña, pues bien, era hora de poner a prueba si podían mostrarse astutos y descubrir que había un camino hacia el éxito y no siempre era solitario.

La nota era sencilla:

Cita

Te espero al amanecer en los muelles del lago de la gran pirámide. Aailyah Sauda.

No necesitaban saber más, estaba segura que, aunque uno solo había atravesado en algún momento de sus vidas las tierras que llevaban a la gran pirámide ambos sabrían llegar, demostrando que estaban realmente listos para la aventura que iban a iniciar.

Cuando al fin ambos estuvieron junto a ella, la bruja se permitió una suave sonrisa en sus labios mientras que acomodaba la túnica amarilla que cubría su cuerpo veinteañero.

—Bienvenidos, no os preocupéis, no será mucho lo que debáis hacer juntos, en realidad casi nada, a excepción de que os pongáis de acuerdo para utilizar la barca que necesita dos remeros, sino tenéis dos embarcaciones más que solo necesitan de uno, pero cuidado, la vida no es algo que deba recorrerse necesariamente solos y vosotros ya lo sabéis —la arcana caminó despacio hacia los dos hombres  apareciendo en sus manos una canasta forrada con terciopelo  y la extendió hacia cada uno de ellos —vuestras varitas y vuestros demás objetos mágicos, y no os preocupéis, no se mezclarán, la magia del recipiente mantendrá a salvo sus juguetes —dijo con tono serio.

—Creo que ya sabéis cómo es la historia, atravesaréis el lago en uno de los botes, luego recorreréis el bosque hasta el laberinto y éste os llevará a la pirámide en donde yo les estaré esperando —claro que no era un camino sencillo, no, allí comenzaban las primeras pruebas —debo preguntaros una vez más ¿estáis preparados para afrontar el camino hacia la pirámide donde tendréis vuestra prueba final para ser oclumantes? —tras la respuesta de la pareja Aailyah asintió —muy bien, buena suerte, o mejor dicho, éxito con demostrar de lo que sóis capaz, adelante, os espero allá —agregó señalando la pirámide y desapareciendo con un crack se llevó los objetos mágicos de Hessenordwood y Matthew, ahora todo dependía de ellos.

Y vaya que sí dependía de ellos ahora, en cuanto pusieran un pie en el bote, ya fuera juntos o por separados, una neblina comenzaría a levantarse, pero no solo les haría tener que enfocarse en el sentido de la orientación de hacia dónde iban dirigidos sino que también sus mentes se verían embotadas con el convencimiento de que debían regresar, de que no tenía sentido seguir adelante, que las niebla era una muestra clara de que mejor estar en casa.

Si lograban superar aquella prueba, cerrando su mente a la niebla, atravesar uno de los caminos del bosque sería otra historia, cada uno debería seguir un camino distinto, ambos llevaban al laberinto. Y ambos tendrían que enfrentar a un boggart, el mayor temor que les detendría y que deberían superar una vez que lograran descubrir qué es lo que realmente los atacaba en aquel lugar, si es que no lograban engañar al boggart haciéndole creer que su mayor temor era uno distinto y más fácil de vencer.

Llegar al otro lado y atravesar el bosque les parecería un juego de niños una vez que comenzaran a recorrer las curvas del laberinto, entre los altos muros de setos estaría al final esquivando solo las criaturas que había en él y al final, oh, sorpresa, una pared de cristal les impediría llegar a la pirámide, debían engañarla, convenciéndola que ellos formaban parte del lugar y que eran una criatura más a la que debía ceder el paso para llegar a la puerta de la pirámide justo al otro lado del cristal. ¿Serían capaces de modificar sus recuerdos para que pareciera formaban parte de los habitantes salvajes del lugar?

Como fuere, Sauda los estaba observando y cuidando para que nada malo les ocurriera, allí estaba ella, desde el gran salón redondo en el centro de la pirámide, una vez más esperando a dos de sus futuros colegas, con sus anillos en el bolsillo de la túnica amarilla que llevaba.

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Hubiera preferido que fuera de otra forma, en otro momento quizá, o tal vez que se avisara con algo más de antelación que tan solo unas horas de ventaja y es que el amanecer del que Sauda habla en su breve mensaje, con sus ocupaciones al tope estos últimos días, le parece algo demasiado pronto y acudir a esa reunión lo atrasa terriblemente en un puñado de cosas que, si bien no son tan importantes y pueden esperar para otro dia, los imprevistos siguen siendo tan mal deseados por el mago como un barro en el rostro. No obstante, esto es importante, muy importante, y se sonríe divertido pensando para sí mismo que quizá existe una posibilidad en que Sauda ha pensado en esto antes y es, también, una parte de esta prueba.

El papel con el mensaje de la arcana se guarda entonces dentro de la bolsa de su chaqueta al mismo tiempo que tras una larga exhalación decide continuar el camino que lo separa de los muelles del lago. ¿Cómo sabía a donde había que ir con exactitud? Él cree que en algún momento ella, Aailyah Sauda, lo ha colocado ahí antes, dentro de sus pensamientos, como una especie de semilla al comienzo de esta aventura, la verdadera cuestión era entonces, ¿ella sabía todo este tiempo que lograrían llegar hasta esta parte de su enseñanza? o quizá solo no había forma de que la semilla floreciera en sus mentes si es que no conseguían entender siquiera los fundamentos de esta magia. 

Podrían ser ambas cosas, está aprendiendo que los arcanos son brujos que operan de formas demasiado misteriosas, y aunque lo inesperado no es de su agrado, esto formaba un concepto diferente para el muchacho pragmático.

Una vez ahí no es del todo una sorpresa encontrarse, además de la presencia de la arcana, con alguien más con quien deberá enfrentar la prueba, la idea resulta desafiante, aunque no por compartir las enseñanzas con otra persona, más bien por lo que Sauda explica como acompañarse mutuamente en esta aventura. Con esto dicho Hess piensa que tendrá no solo que esforzarse por ejecutar cada obstáculo de la mejor forma posible, sino que además tendrá que llevar su máscara comercial puesta todo el tiempo mientras esté en compañía de este chico, sin mencionar como es que cada enfrentamiento los hará interactuar entre ellos, si es que eso ocurría. Y es que ¿de qué tanto dependerían el uno del otro durante esta prueba? Solo pensarlo ya era una molestia.

Sauda continúa explicando la dinámica, con ese encanto juvenil que desborda con esa apariencia, y es entonces que su pregunta anterior es solucionada casi de inmediato, pues para arrancar con esto, deben ambos navegar por el lago sobre una barca, en colaboración mutua. En ese momento es la primera ocasión, desde que está frente a Sauda de nuevo, que utiliza de la magia oclumante lo aprendido para evitar que algún pensamiento negativo sobre esto se le escape, o alzar una protección, que evite que alguien sospeche lo mucho que esto resulte ser el primer inconveniente de la prueba.

No protesta sin embargo, y sobre el cesto aterciopelado deja más objetos no mágicos que mágicos (porque son lo que carga siempre), pero que igual parecen no estar permitidos en la prueba. A las finales, cuando ella vuelve a preguntar si están seguros de continuar e iniciar con todo esto, el demonio le sabe responder con la mejor de sus sonrisas, con la disposición como si fuera él acertadamente un chiquillo entusiasta. 

Es el primero en acortar el camino una vez que la arcana los deja solo a ellos dos, se percata de que se ha concentrado tanto esta vez para evitar que en un descuido Sauda entre, que casi se ha encerrado dentro de los muros que protegen su mente y no ha escuchado más acerca del otro muchacho, aunque lejos de ser lo mas relevante, la duda de que tan demente puede dejarte esta magia surge depronto.

Podría remar por ambos-, dice de buena gana una vez que logra subirse al barco, por un momento, cuando vio el transporte a la distancia, dudó que alguien de su físico pudiera entrar en él cómodamente, pero una vez abordo se da cuenta de que la barca es mucho más grande, ¿habría sido este otro truco de la arcana? Si sigue así de paranoico, sospecha, que no llegará más lejos. —Pero en primer lugar esto no parece estar diseñado para una sola persona-, sería este un problema, si no hubiese notado la baja niebla que comienza a cubrir la superficie del lago, por supuesto, no podía ser tan fácil, pero ¿qué tan lejos podrían llegar antes de que pierdan por completo de vista el camino?
 

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  • 3 semanas más tarde...

Los oscuros ojos de la arcana observaban fijamente frente a ella, había permanecido fuera de la pirámide, en su ingreso, pero podía sentir cada una de las acciones de los magos que se acercaban al momento de poder atravesar la prueba para convertirse en oclumante. De los dos magos no puede elegir a uno favorito, pero es la mente del Crouch la que la atrae en ese momento. A alcanzando a vislumbrar como él ha ido descubriendo los sutiles indicios que ella pudiera haber dejado en su mente para estar en un aquí y ahora.

Quizás sus ideas no resultaban como deseaba, los tiempos, los sutiles hilos del tiempo. Aquellos hilos se habían movido de una manera que ella podría haber previsto, pero no siendo su especialidad, había dejado librado al “azar”. Pero no importaba del todo, podía sentir que ambos necesitaban esa maduración, ese enfrentarse a lo inesperado y reacomodarse a su realidad.

Pero allí están y la niebla que cubre el lago parece confundir desde el principio la mente de sus aún estudiantes, confía en ellos, en que pronto serán sus colegas oclumantes, pero necesita que se atrevan a dejar que la magia juegue de las suyas y les enseñe los últimos trucos de resistencia a la verdad: siempre habrá quien les quiera poner trampas ocultas engalanadas de sencillas situaciones de la vida pero tendrán que estar atentos para saber dilucidar qué es lo que hay en verdad frente a ellos.

Abre sus labios y está a punto de susurrar el nombre que el mago oculta en el fondo de su corazón y de su mente, pero calla, observándolo navegar. El mago en realidad parece Gulliver en el país de los enanos, pero la forma en que se desenvuelve, ágil y despierto, no le oculta la preocupación que por un leve momento parece envolver su mente. Esas dudas que le hacen pensar que no entrará en la embarcación, que la niebla no le dejará llegar al otro lado.

Sauda vuelve a abrir sus labios y simplemente sopla, no necesita hacer nada más, su aliento cálido con el aroma de las plantas de su tierra llena el espacio frente a ella y quizás algo más que escapa a la visión de los espíritus que aún rondan en el lugar. Va siendo hora de que sus pupilos demuestren de lo que son capaces.

 

@ Hessenordwood Crouch

@ Matthew Black Triviani

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Tras poco tiempo después de haber conseguido poner la barca en marcha la niebla ha comenzado a extenderse por toda la superficie del cuerpo de agua, arremolinándose justo por debajo del instrumento que usan para navegar hasta el otro lado de aquel gran estanque. En un principio, Hess se centra en lo que es más importante, aquel punto en el horizonte donde deben llegar a como de lugar, trata de memorizarlo bien, de aprender la ruta y de sentir bajo sus pies, exteriorizando sus mejores sentidos para no perder el rumbo de la barcaza cuando la niebla los cubra por completo. Está aparentemente resignado a que eso va a suceder y que, a pesar de su fuerza, no habrá nada que hacer ante aquella niebla que de buenas a primeras parece solo una terrible casualidad atmosférica jugando en contra.

Así que cuando pierde la mayor parte de la visibilidad del camino se sigue manteniendo tranquilo, reflejando esa característica seguridad que desborda incluso en los momentos más inoportunos o aun cuando es consciente de que la situación lo rebasa. En cuestión de poco tiempo, y como era de esperarse se encuentran completamente sumergidos en la niebla que con trabajo los deja ver más allá de lo que hay por debajo de sus pies, está tan concentrado en ello, en la tarea de no romper su semblante, y la espesura de la niebla aumentando a tal grado, que ha perdido a su vez la noción del otro mago a bordo, ambos van en el mismo barco, cree, entonces no había porqué preocuparse, sin embargo, es todo ese silencio, como si navegasen en medio de la nada, lo que más le preocupa al demonio. 

Y es que el silencio en el que se siente ahora envuelto hace que casi le revienten los oídos de todo lo que se muere por salir.

Mantener su mente ocupada, con una agenda llena de tareas y actividades, dando más vueltas sobre pensamientos ajenos que a los suyos, con conversaciones que muchas veces no lo llevan a nada, pero que igual ha aprendido a sacarles provecho, es lo que por mucho tiempo conforma una de sus barreras mentales antes de la Oclumancia; el estrés laboral, la constante necesidad de organizarlo todo, y estar mas al pendiente del exterior evitaba que a su vez nada saliese de su sitio. Para algunos podría resultar inquietante, como saturar de peso una alta columna de concreto, Hessen en cambio lo veía como si de espectaculares sobre las carreteras se trataran, que invitan a los conductores a desviarse de su camino ya sea para tomar un descanso, un almuerzo u otro destino diferente. 

En otras palabras, el ruido que puede hacer o haber en el exterior ayuda a que no sea capaz de escucharse a sí mismo y eso está bien, por que a menudo, no le gusta lo que puede escuchar del otro extremo de su propia mente, de esa otra versión de Hess que guarda dentro, que está creada por muchas otras cosas que no son precisamente él, pero que también podría considerarse como su versión más humana, imperfecta, y que mantiene resguardado por reglas como mandamientos que se ha formado a lo largo de su vida, porque son lo que lo hacen débil, disfuncional, vacilante, y un ilota de las tradiciones y costumbres humanas y, ante todo, lo ahoga en inútiles e indeseados remordimientos.

¿Era cobarde por no enfrentarse a todo eso? lo era, alguien se lo ha dicho ya antes, ¿la oclumancia realmente podría protegerlo de todo lo que quisiera entrar a su mente y sacar todos sus peores defectos y secretos guardados? Posiblemente no lo haría, necesitaba algo más que solo magia de la oclumancia para mantener un equilibrio razonable, o por lo menos integro, en sus pensamientos más rebuscados. De ese modo ¿por qué desperdiciar el poco tiempo que le queda en esto? a las finales, su destino era claro, no existía nada ni nadie que lo salvase de lo que era, en lo que sin quererlo así se había convertido, ¿por qué insistir en ese caso? ¿por qué no solo dejarse llevar por eso y finalmente terminar sus días del mismo modo en el que habían comenzado?

Enumera las actividades para el día de mañana-, se dice en un intento por ocupar su mente en otra cosa cuando los primeros susurros del pensamiento ajeno comienzan a escucharse a través de las paredes del ruido ahogadas por el ensordecedor silencio de la niebla. —No, enumera las actividades que hay que hacer inmediatamente luego de salir de este lugar-, se apresura pues el agobio lo alcanza y no se da cuenta de que eso que lo acorrala viene de afuera y no necesariamente es desde adentro. —Mejor, enlista las cosas que debes hacer para llegar ahí, del otro lado-, insiste, pero apenas le queda voz, casi totalmente decidido en que volver era más rápido y, por mucho, más seguro que ir en busca de esta habilidad.

Respira profundamente, intentando aunque sea escuchar el frío latido de su corazón, lo que fuera que rompiese el silencio en el que aquella niebla lo hunde cada vez más, pero a su vez, hacer esto le está haciendo perder el camino que deben seguir sobre el barco hasta el otro extremo. La saturación de ideas en su cabeza hacia todas direcciones comienza a sobrepasar rápidamente, es como estar en un cuarto lleno de personas que gritan, corren y luchan por todas partes y Hessenord está parado justo en medio de aquel pequeño caos, pero entiende y reconoce al mismo tiempo que esta no es la primera vez que está en una situación que le sabe parecida y hasta este punto puede asimilar que esto no es más diferente que al peor de sus trabajos, a estar lidiando con gente de todo tipo, con toda clase de gustos y exigencias que hasta a veces parecen imposibles de complacer, sin embargo, su compañía, que no es más que él mismo partido en partes iguales pero compuestas por diferentes sustancias, lo hace todo el tiempo. 

Exhala todo ese aire contenido, con extraordinaria paciencia, y casi sin esforzarse, crea una primera barrera. De adentro hacia afuera.

Es fuerte, rígida y más que una barrera parece una caja fuerte, está sellada por todas partes, es similar a una que ha hecho durante las prácticas con Sauda, sin embargo, esta vez no muestra nada a cambio de nada y encajona sus propios pensamientos, lo que vienen desde adentro de su mente y se van mezclando con eso otro que viene desde el exterior. Es así que se da cuenta que esta inseguridad que lo atacó no viene en primer lugar de él, si no de afuera y que se apropia de sus pensamientos como una especie de parásito. De ese modo, en el momento en el que logra al fin contener lo que hay dentro, crea una segunda protección. Esto es solo un poco más difícil, pues muy a su manera, cordial y caballeresca, intenta empujar hacia afuera todo lo que quiera entrar, con o sin permiso. Esta barrera tiene una textura opuesta a la anterior, como un manto suave, como un rocío que desvía suavemente y esparce la niebla de su alrededor y lo ciega mentalmente.

Este proceso es un poco más lento, pues a la vez que se concentra en mantener aquella protección a su alrededor, debe también convencer a su fuerte cuerpo de que el camino que debe seguir es hacia adelante, porque volver atrás solo sumará peso a su angustia más frecuente. 

La niebla no se rinde fácil, e insiste ante cada yarda que el bote avanza sobre el lago, sin embargo, en medio de todo eso, Hess cree que ha comenzado a usar ese mismo empuje para salir de ahí, y solo descansa de ese ejercicio cuando el bote se atranca en la costa opuesta al lago. Y después de todo eso, el bosque se desplanta casi frente a sus narices. 

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En cuanto la anciana desapareció, también lo hizo su sonrisa. Estaba adolorido de fingir amabilidad, sus facciones le dolían. Un gesto parecido a un berrinche se figuro en su rostro mientras sacudía las manos como un demente intentando sacar lo que estaba volando, una nota, ¿de quien? de Sauda, siempre tan... Oportuna. 

¿Un muelle?—hizo sonar el taco de su zapato con un fuerte golpe.

-*--*--*--*--*--*-

Cada pisada lo acercaba más al lago y lo sabia, sobre todo por el olor a agua que llegaba a sus fosas nasales. Sus ojos lo divisaban a lo lejos, mientras su mente se debía en varios puntos que debía tomar a consideración al momento de avanzar hacia la isla. Seria algo difícil a la primera, lo presentía y tenia que recordar el tema de la muralla, mental, alzarla rápidamente y no caer. Sus dedos tamborileaban de forma inconsistente en la mano de Black, inquietos, sin sentir la presión que esta ejercía debido a su nerviosismo. 

Había algo que llamó más su atención, aquel hombre de su misma estatura. Su cabello y su contextura. Instintivamente, su lengua paseo por sus caninos, tragó saliva y solo se acercó hacia él y Sauda para regalarles un saludo con una mueca seca. Sus ojos oscuros se posaron en ella para escuchar el pequeño discurso cliché que siempre tenia con sus alumnos. 

¿Podrían entrar ambos en la barca? pensaba mientras analizaba la estabilidad de aquella barca, parecía no ser del todo segura, y para su infortunio, tenia mala experiencia en ese maldito lago... O podría sentarse sobre él, también era una buena opción. 

Con un movimiento fugaz, Sauda los despojo de sus artefactos mágicos, para dejarlos proceder con su prueba e intentar culminarla con éxito. 

Estoy listo —repitió, mirando a Sauda con los ojos perturbados y una ligera sonrisa maquiavélica. 
 

*-*-*-*-*-*

Tan sólo sentarse, sintió algo extraño en el interior de su cabeza, como si estuviera oscilando en una barrera invisible de control debido al movimiento del agua. Cuando Black tomó asiento, se estiró hacia sus remos y empezó a moverlos en conjunto, al mismo ritmo, centrando su atención en un punto en blanco en medio del barco. Nada pasaba. Sólo por eso, alzó la mirada hacia su el desconocido de cabellera plomo para intentar descifrar en que estaba pensando, parecía ser un joven algo paranoico, y Matthew no era de aquellos magos que le gustaba ayudar a los demás, pero intentaría ser amable, y quizás, juntos podrían llegar al final del desafío. 

Aquel escenario le recordaba mucho a su prueba de Nigromancia, cuando Baleyr lo hizo conocer a Caronte, aquel ser que decía llevarse las almas hacia el inframundo, acompañándolas solo por una moneda de oro. Era un paisaje por sobre todo bello para el gitano, pero no sabia si su compañero de ocasión corría con la misma suerte, solo podía oír murmullos provenientes de él, como balbuceos, quizás eso ayudaba a que no perdiera el norte, y pudiera seguir remando a paso de hombre por el lago y la densa niebla.

La muralla mental se alzó casi al instante, como una firme pared invisible que impediría al muchacho adentrarse a sus pensamientos, modificándolos a su gusto. Estaba en el lago porque debía llegar a la isla, donde deberían internarse en el bosque, terminar de pasar las pruebas y llegar con Sauda, a enfrentarse al portal.

Sí. Inhaló profundo, renuente a hacerle algún comentario a Patricia -tenia una conexión psíquica con la loba- por miedo a interrumpir de alguna manera el escudo mental que el, posiblemente, estaba haciendo para protegerse de lo mismo. Siguió remando, consciente de que se había detenido de un momento a otro y que ahora estaba dudando.

Pero todo no terminó ahí. Tuvo que alzar el muro una y otra vez mientras remaba, cada vez sintiendo aquello como una intromisión más directa y no como una confusión total. Sólo sentía que alguien quería entrar y lo frenaba al instante, para que no lograra meterle la idea de que no sabía lo que hacía. Sus brazos se movían a un ritmo pausado y el resto de su cuerpo también, pero tenía la mente ocupada únicamente en no perder el norte.

Estaba junto a él, y lanzó un comentario al aire esperando no irrumpir su concentración. —Aún podemos ir juntos hasta el bosque ese. ¿Qué dice, le gustaría compartir ésta aventura conmigo?

Fue entonces cuando de pronto, sin notarlo, algo los detuvo y notó que, en realidad, había sido la orilla de la playa. Dejó los remos lentamente y volvió a mirar a su compañero, de quien se había olvidado por unos segundos, esperando a que algo intentara entrar a su psiquis, pero no fue así.

 

 

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  • 2 semanas más tarde...

Ha cerrado tan fuerte su mente, protegiéndola con barreras que empujan hacia adentro y hacia a fuera a su vez, que de pronto escuchar la voz del mago junto a él le sabe más como una grieta que a la realidad. Por un largo tiempo, sobre el barco, se ha olvidado de él, no está seguro de si no conoce su nombre o, sin quererlo, lo ha guardado tan dentro de él en esta magia de la oclumancia que aunque Hess es bueno para recordar nombres y rostros, esta vez solo no puede darle uno al muchachito que está más preparado para continuar esto. Igualmente, le sonríe con el comercial encanto que siempre carga, con la barrera exterior que ha dominado con el tiempo, y acepta de buena gana continuar este camino con él, aun sabiendo que podría no ser lo mejor o incluso la compañía adicional causaría un peso de estrés extra sobre las barreras de su mente, para ambos.

El bosque delante de ellos, a simple vista, no parece un gran desafío, Inglaterra mágica está llena de lugares misteriosos como este, saben que no pueden confiarse, no por nada se necesitaba un nivel de fuerza en tus habilidades mágicas para estar aquí, sin embargo, el exceso de confianza, tratándose de esta magia de la mente, no podía ser de ayuda. Solo hay un camino desde la orilla del lago hasta el interior del bosque, pero a pesar de lo que acaba de enfrentar hace un momento sobre el barco, no se siente con muchos ánimos de romper el silencio donde muchas veces antes se sintió inseguro. Matthew por otro, lo percibe mucho más relajado, por un instante es casi familiar su compañía, aunque no por ello el demonio habría de cuidar sus protecciones.

De todas formas, la barrera de empuje desaparece de su campo cuando finalmente el camino que los ha guiado al interior del bosque se bifurca. 

Entonces, supongo que nos veremos del otro lado-, le sonríe, con suavidad casi genuinamente esperando que el gesto en su rostro sea tan fuerte, tan creíble como el de su única pero impenetrable barrera de pie alrededor de sus pensamientos. Alejándose por el camino de la izquierda en poco tiempo Hess deja muy atrás el recuerdo del mago.

La andanza después de eso es mucho más lenta, o eso le parece, el escenario no tiene formas ni colores distintos ante sus ojos, siente que lleva horas caminando en él y no encuentra salida alguna o señas del laberinto a pesar de que la senda no está quebrada. Supone que está a punto de tener otro tipo de encuentro, si no es que sin darse cuenta, tan ocupado protegiéndose desde adentro, ya ha caído en otra de las trampas de Sauda. Ha perdido a su vez gran parte de la noción del tiempo que lleva en este lugar, aunque no el rumbo de sus pasos, sin embargo no está seguro de si el sol cae sobre ellos llevando la tarde o es este el amanecer más largo de toda su vida, de cualquier forma se sabe mejor mover en la oscuridad, y es solo por eso que no se preocupa al principio, cuando la profundidad del bosque lo traga en este camino sin aparente final.

—Puedo oírte, ¿quien esta ahi?-, interrumpe la calma cerrando su paso, un poco cansado, pero aun sin perder la razón, detiene sus pasos, hay algo raro, y es casi instintivo, de una forma muy natural el modo en el que la segunda protección mental se levanta y el gesto de su rostro, que se ha mantenido demasiado serio, se ablanda para recibir a aquello que presiente que lo acosa desde la profundidad del bosque. Él es un cazador después de todo, aunque no lo quiera, y sería absurdo no darse cuenta cuando, en esta ocasión, él es la presa. No tiene armas a la mano ni objeto uzza que lo salve de un ataque inoportuno, solo el poder de su mente, con todo este nuevo aprendizaje de la magia de la oclumancia siendo procesado, y que, en una situación así, no se imagina como puede ser de ayuda para un ataque de este tipo.

Cada uno de los músculos de su espalda alta y cuello se tensa de todas formas, sobre todo ahora que sabe que es demasiado extraño verse a sí mismo saliendo de un seto apenas suficientemente alto. 

¿Qué sucede? ¿te perdiste?-, pero el otro Hess, del otro lado del camino, no se mueve ni dice nada, en cambio su piel poco a poco se convierte, en un color tan oscuro y profundo como el carbón. Hess, el verdadero solo chasquea la lengua apartando la mirada, no puede verlo a los ojos que son estanques de almas, no quiere hacerlo. —¿Qué estás haciendo?-, vuelve a intentar, porque no hay forma de que él esté en dos lugares a la vez, de que eso ahora vaya a buscarlo a él, ¿cierto? Instintivamente, quizá presa del sentimiento, cierra los ojos pues lo siente demasiado cerca acariciando sobre sus hombros, y cuando aquello le susurra cerca, en un siseo que si bien no es parsel, puede entender a la perfección siente el repentino golpe del viento de las alturas, helado y cruel, sobre su rostro. Todavía con los ojos cerrados el vértigo se apodera de él y si no fuera porque aquella cosa los sujeta todavía, Hess hubiera perdido el equilibrio y muy seguramente hubiera caído desde lo alto de aquella torre, una vez más.

La caída que tiene por delante no es solo un abismo sin fin aparente, sino que representa muchas y tantas cosas que no ha concluido y que se sienten igual de vertiginosas, no solo la altura, nombrarlas a cada una quizá haría una lista tan larga desde lo alto de la torre hasta el suelo firme, pero seguro esa criatura, que lo observa del otro lado, ya sabe eso. 

Hace poco volví a estar aquí-, dice, no sabe si el otro Hessen, que merodea cerca sin dejar que se aparte de la orilla, lo está escuchando. —Tampoco estaba solo. Esta vez me acompañaron hasta el fondo-, hace su mayor esfuerzo para mantener la calma mientras que en su mente la barrera interna que protege lo que hay adentro deja una estrecha abertura de donde se le escapa aquel último recuerdo de aquella torre. —Fue igual que las otras veces, una caída larga, larga y estrangulante-, extrae esa fracción entonces y la muta a su antojo. Se transforma de a poco con una esencia similar al miedo, aunque de matices diferentes como el confort. —Pero esa vez sabia que hacer-, se giró con tremenda fuerza dándole la espalda al vacío y enfrentándose cara a cara a esa versión de él que tanto evita. 

La criatura retrocedió apenas un instante mientras se encontraba inspeccionando nuevamente dentro de él, buscando su miedo. Pero en esta ocasión ya no es la torre, aunque no la ha de engañar tan fácil, porque se ha convencido a sí mismo y a su mente de esto, su cuerpo tiembla ante la posibilidad de caer en cualquier mal movimiento. Tiene que ser más real, por lo que comienza a reforzar ese instante a las afueras del palacio rosa, mientras la tarde cae y la poca gente que ha venido desde lejos al evento comienza a marcharse, ahí junto al único inquilino en el palacio de quién realmente puede esperar que su pregunta sobre el clima o su estado sea genuino y de verdadero interés y no solo formalismos, hace la pregunta más difícil que Hessenordwood, ni con toda su elocuencia, ni con su mejor perorata, es capaz de persuadir para escapar como lo hace otras veces.

Mientras veía una película en la cama, el gato saltó sobre mi y se quedó dormido. Sin darme cuenta, empecé a moverme menos para no despertarlo. Y así pase una horita y media, incómodo, en una mala posición y con ganas de ir al baño, pero quieto, solo por si, sin querer, y con un movimiento incorrecto, despertaba al michi.

En algún momento de la noche se fue solito y la película terminó. Pensé en ti entonces, y en que quería contartela. Así que tomé el celular para mandarte un mensaje, pero no supe qué escribirte. 

Es que por momentos tú también eres como aquel minino, que duerme encima mio, y me da miedo que se vaya, si alguna vez y por fin te revelo, en un movimiento incorrecto, todo lo que siento por ti*

Él no se mueve, así como lo dice aquel microrrelato, sin embargo, la criatura que ahora ha adoptado otra forma, una solo un poco más familiar y agradable aunque no por eso menos fácil de enfrentar cara a cara, sobre todo en aquel sitio alto de la torre, se marcha, asustado, huidizo ante su última nueva confesión. Y lo abandona. No obstante, ante el miedo de volver a perder tras haber intentado sacar algo de sí para entregarlo, esta vez él no se deja caer al vacío.

Cuando abre los ojos, está de pie firme sobre el sendero en el bosque, puede escuchar con sus oídos sensibles como la criatura se escabulle, más que asustada confundida, y vuelve al rincón oscuro de dónde ha salido. Y solo a pocos metros de distancia, el inicio del laberinto. 

Hessen deja escapar un suave pero largo suspiro, su cabeza da vueltas como si aún continuara cayendo, sin duda este ejercicio ha sido solo un poco más complicado, no porque antes no aprendiera mejor a transformar sus recuerdos, sino por como se veía aplastado a sí mismo por sus sentimientos acorralandolo. Esa también había sido una de las enseñanzas de Sauda durante la práctica; controlar las emociones había ocupado en su mente una barrera construida de otra cosa más espesa, Hess tendría que seguir explorando estos caminos en la oclumancia para ponerle un nombre más concreto. 

El demonio ajustó una vez más una protección alrededor de las organizadas estanterías de sus memorias y continuó adelante, en busca de alguna señal de Triviani antes de aventurarse al interior del laberinto.


Guido Messina*
 

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Hess era un muchacho algo peculiar. Aún lo recordaba cuando fue su alumno en una clase de hace mucho tiempo...

Estaba seguro, que el encantamiento les mostraría caminos diferentes.

No obstante, logro mantenerse tranquilo por lo que quedaba de arena. Dentro del bosque, los arboles frondosos adornaban su camino y dejaban respirar incluso mejor a sus pulmones, como si estuvieran exhalando todo el oxigeno que el y su cerebro necesitaban en ese momento. La bifurcación no estaba muy lejos de donde habían empezado a andar y cuando la diviso, hubo un extraño silencio mucho mñás pesado que el que habían estado manejando hasta entonces. Las pupilas de Black pasaron primero en el camino de la izquierda, donde habían luces y plantas de colores, y luego hacia el camino de la derecha, donde todo era oscuro y mucho menos agradable que el primero. 

Cuando se detuvo, creyó saber lo que Ollivander estaba pensando, por lo que decidió robarle la idea al instante. Apretó sus dientes, sonriendo, dejando relucir algunos de ellos chapados en oro. Después de guiñarle un ojo, renuente a dar un discurso de despedida porque se encontraría en cuanto pasaran el segundo tramo hacia la pirámide, se adentro en el camino oscuro y tétrico de la derecha, metiendo su mano entre los tapujos de su túnica, buscando la varita como un reflejo automático a lo desconocido, pero... ¡SAUDA! gritó en su mente, ella la había tomado.

El sol parecía haberse apagado ahí dentro. Las hojas de los arboles y sus largas ramas parecían unirse como un pesado nido de algún arácnido fantástico hecho de madera, cerrando el paso de la luz y el aire que había estado apreciando en un principio. Y por supuesto, más que asustada parecía maravillado. Aquello era una expresión de cólera en la misma naturaleza y le encantaba. Pero pronto algo se interpuso en su camino y perdió la sonrisa, un poco de calor que portaba orgulloso en sus mejillas y la seguridad de quien sabe todo va a salir bien; una baúl de cuatro cajones, blanca como para que la viera incluso en la penumbra, se sacudía ligeramente cada cierto tiempo mientras que una de las gavetas amenazaba con abrirse una y otra vez.  

—Un Boggart...

Entrecerró los ojos y, hizo uso de su metamorfomagia, Aailyah no había prohibido la utilización de sus habilidades aprendidas, simplemente, el uso de artefactos mágicos, los cuales Matthew se había despojado. Su cuerpo adopto la figura de una pequeña niña de diez años aproximadamente, sus ojos se tornaron color verdes, grandes, como los de un elfo, su piel extremadamente nívea y una voz melodiosa para intentar engañar a aquel No-ser. 

Se quedó observando cada sacudida como hipnotizado, escondiendo sus ahora pequeñas manos detrás, haciendo que de sus extremidades crecieran las características garras negras que su Licantropía le proporcionaban. No tenia miedo a un Boggart, sino a lo que pudiera ver en él en un principio. Era una persona que se caracterizaba por conocer tanto sus debilidades que las evitaba constantemente, casi olvidando que existían. Pero, ¿realmente estaba listo para saber cual era el peor de sus miedos? Tragó saliva, lanzando un pequeño insulto inofensivo a Sauda con el muro mental alzado, sabia que ella podía oírlo, incluso, estaba seguro que se encontraba escondida entre los arbustos observándolo como una acosadora. 

Conforme se aceraba, los movimientos eran más violentos, se notaba que la criatura lo sentía. Y sin más abrió el baúl. 

La potencia de la magia lo mandó hacia atrás unos cuantos pasos, los que tuvo que maniobrar con manos y pies para no caer preso del viento que había salido de la gaveta. No había nada flotando, ni al frente, sino más bien abajo, ante sus pies. Como si alguien hubiera succionado la vitalidad que movía su cuerpo, el color de su piel bajó hasta darle un parecido bastante grande con una hoja de pergamino, acompañando los temblores que pronto sacudieron su cuerpo tanto o más que la cómoda segundos atrás.

A sus pies, tendido en una posición anómala, Keaton miraba al infinito con la expresión de horror aún plantada en su rostro. Sangre, aquí, allá, por todos lados.

—No, no —murmuró, ya sin demasiado equilibrio, al tiempo en que sus extremidades fallaban y lo hacían descender el nivel hasta quedar sentado en la tierra. 

Sus ojos reflejaban el pánico que estaba sintiendo, aun cuando algo muy en el fondo de su cabeza le recordaba de forma constante que todo era una jugarreta del No-ser. Pero, ¿por qué era tan real? no podía dejar de mirarlo, ni pensar en nada mas que el terror que le provocaba haberlo perdido. Cerro los ojos con fuerza, aspirando por la nariz todo el oxigeno que le faltaba y soltando el carbono como un bufido desesperado, antes de abrir los ojos. No, no lo había perdido, él estaba bien, en algún lugar... Tomo impulso y se levantó, observando aquella situación, pensando en una totalmente distinta, en un viejo miedo, que logro superar, una Acromántula se había formado intentando atacarlo. 

Simplemente la miró y continuo su camino.

El efecto fue inmediato en la criatura y pronto, lo que era horrible, paso a ser la cosa más risible de la vida. Avanzando a paso veloz por el bosque. Tardó mucho menos de lo que hubiera tardado caminando y llegó agitado al otro lado, donde aún no había nadie. 

—¿Ollivander?—dijo en voz baja, atreviéndose a mirar hacia el otro camino.

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  • 2 semanas más tarde...

Parece que se le dificultó menos llegar antes, señor-, de apoco y casi sin darse cuenta, el demonio había disminuido la velocidad de la marcha el último tramo del bosque luego de su enfrentamiento con el bogart, una parte de él estuvo reordenando las protecciones de su mente que por un minuto se debilitaron para dejar filtrar todos esos sentidos que necesitó para transformar el último de los recuerdos con los que se encargó de engañar a la criatura. La otra razón fue para tomarse el tiempo de guardar entre los gabinetes de su archivo este peculiar incidente.  

Después de un rato finalmente pudo alcanzar al mago Triviani del otro lado de la senda. Hess no se detiene para hacer la corrección de que él no es necesariamente un Ollivander, no como alguien de la familia, porque al final de cuentas comenzaba a ser bastante común que lo vieran cerca de su patriarca, y lo cierto era que Hessenordwood se encargaba de la administración de la familia, por lo que no vio la observación del muchacho como una equivocación, aunque sí hizo que el demonio, tras saludarle de vuelta, reforzara sus barreras.

Espero que sea el verdadero Triviani y no otra trampa de Sauda-, dijo de buen humor mientras se colocaba a la par del brujo y contemplaban ambos el siguiente obstáculo, aunque casi se le escapa un mal gesto luego de divisar el laberinto. —Entonces ¿vamos ahí?-, cuestionó con un ademán de cortesía y procedió a seguir al muchacho al interior.

Los laberintos le recuerdan bastante a los jardines de flores en la casa de sus padres, en Salem Massachusetts, y las muchas horas del día que podía pasar ahí, en compañía de una de sus tantas hermanas, recolectando muestras o haciendo cualquier otra cosa lejos de los estrictos horarios de estudio. Y con este pensamiento se adentró a los pasajes. 

Debió ser por estrategia, pero los primeros metros al encaminarse al sitio fueron silenciosos, solo el sonido de sus pisadas haciendo eco en los muros eran el único ruido que los alertaba y, de apoco, aunque resultaba imposible, los aromas de las diversas flores de los jardines de sus padres se materializaron en sus narices.

Se pregunta entonces si es que Triviani también puede sentirlo, sin embargo, poco tarda en darse cuenta de que es solo el aroma de un viejo recuerdo.

Parece que se le da bien resolver acertijos-, felicitó después de un rato de andanza que los lleva a ambos por buen camino, o al menos a nada que tenga que hacerle frente todavía. —Tal vez ya lo notó antes que yo, pero hay al menos seis especies de alimañas rondando cerca-, advierte, esto de rastrear mascotas sin magia es algo que aprendió de un viejo amigo de su padre. —Será mejor moverse con cuidado a partir de aquí. 

El tiempo ahí dentro es indeterminado, si lo piensa, Hessen podría decir que llevan horas caminando a través de los pasillos del laberinto, es poca la magia sin varita de la que aún tiene dominio, por lo que sin nada más allá que la magia de la oclumancia, no es posible encontrar otro camino a través de los callejones sin salida que no sea seguir intentando. Es por eso que después de varios intentos, Hess supone, que Triviani tanto cómo él se han acostumbrado a estos engañosos pasadizos, incluso en poco tiempo consiguen un buen ritmo y compás para dar con la salida. 

Y hubiera resultado demasiado frustrante que, después de todo el recorrido que han hecho, el final del laberinto termine con una barrera impidiendoles el paso, pero lo cierto es que se lo toma con mucho más interés. ¿Cómo iban a atravesar ese muro? No saben que tan letal es forzar la barrera con fuerza física, por lo que hace algunas pruebas, arrojando a través de ella primero algunas piedras y luego empujando a algún roedor que ha sacado estrangulado de algún agujero, pero todo cruza sin problemas. Después de algunos minutos más de observación, Hess rescata el modo en cómo los muros restantes del laberinto sobresalen algunos metros más adelante de donde se encuentra la barrera, así que se imagina que si esa materia de la que está conformada el muro cristalino impide el paso, solo lo hace con ellos.

Era evidente de algún modo que siendo una prueba para la habilidad de la oclumancia no había forma física cómo tal de salir de ahí sin haber roto algún tipo de pensamiento antes.

Volvió entonces al recuerdo inconsciente de los jardines en los patios de sus padres. Uno de los juegos favoritos de Lucie, la mayor, habían sido las escondidas, Hessen por el contrario jamás logró ganar un juego de esos, ni una sola vez pudo encontrarla entre las flores y plantas que sembraban en los jardines cómo laberintos. Ella siempre fue la mejor. Lo que él no sabía, sino hasta que tiempo después ella finalmente le reveló el secreto, era que siempre escogía los lugares para esconderse entre los grupos de flores que combinaban con sus vestidos y tocados elegantes que les hacía vestir su madre, de esa forma ella pasaba a ser parte del jardín y no alguien externo que interrumpiera el paisaje. Por eso es que Hess no podía verla, porque buscaba siempre algo que resaltara de entre los brotes de dalias o las tupidas lobelias. 

De a poco, los pensamientos de Hessen fueron transformando los patios de Salem, bañándolos de tonalidades más grises, aunque no menos frondosas ni abundantes, su mente fue convirtiendo poco a poco cada uno de los arbustos y setos con las mismas características que ha aprendido a conocer del laberinto que había cruzado junto a Triviani, pero al llegar a la parte de ellos, donde se encuentran cómo dos intrusos resaltando en contra de la naturaleza que ahí crece, solo vio a un par más de capibaras intentando llegar a la pirámide en busca de Sauda para encontrar algo que alimentara sus mentes. 


Tan primitivo-, dice antes de intentar nuevamente atravesar la salida, evitando que la sorpresa de lograrlo interrumpa la concentración que le cuesta mantener esa idea continua; la de él cómo parte de este entorno. El acceso a la pirámide está del otro lado del yermo por sendero que les queda por cruzar, piensa entonces que, de todas formas, ya lleva todo el día (o días) en esto, así que es su turno de esperar por Triviani. —Vamos-, le invita.

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  • 2 semanas más tarde...

Fue horrible nada más —tomó aire y asintió—. Sigamos, ¿qué más podría pasar?

Quizás, había sido demasiado pronto para juzgar la inventiva de la anciana. 

Observó al muchacho de reojo y no pudo evitar soltar una mueca de sonrisa al escuchar sus palabras —Claro que soy el real, si quieres puedes tocarme, para que veas que no estoy mintiendo. —siempre, sus palabras tenían un doble sentido— Vamos.

Sentía que debía protegerlo, una sensación innata que pocas veces tenia, pese a que él, era evidentemente capaz de cuidarse. 

Pronto un aroma extraño llegó a su nariz y frunció el ceño en respuesta, como si no le gustara. Y es que no lo hacia. Era extremadamente dulzón, lo bastante como para que su cabeza empezara a doler como reflejo inmediato a su olor. Alzo la mano libre, puesto que tenia la otra moviendo las hojas de los vastos arbustos, para tapar sus fosas nasales y no tener que respirar más de aquella cosa. Pero a medida que los segundos pasaban, ya el problema no era el olor y sino la confusión que lo tenia embobado. Se sentía como tener un hechizo encima, uno desorientador, quizás solo era parte de una jugada de la Arcana, sentía que estaban próximos a algo. 

Hess tenia razón, el lugar estaba repleto de criaturas, tanto inofensivas como extremadamente peligrosas, Matthew aún no tenia la capacidad de comprenderlas, su conexión a ella se basaba mucho en los artefactos Uzza que fue recolectando de sus viajes a las diferentes Islas de los guerreros, pero, Sauda los había despojado de todo articulo mágico, valiéndose por si mismos y sus conocimientos adquiridos hasta el momento. 

¿Qué debía hacer?

La muralla de cristal que habían encontrado parecía solo permitir el paso a aquellos seres que formaran parte del paraje, el gitano pensó por unos cuantos segundos que podía hacer, utilizar su Metamorfomagia no iba a ser necesario, ya que parecía ser que eso leía las mentes, se alimentaba de los recuerdos y pensamientos. ¿Seria como Caronte? —¿Debemos pagar con un recuerdo para pasar?—preguntó a Hess.

En un intento ahogado, tomo su brazo esperando que éste no se lo cortara por hacerlo, cerro sus ojos y concentró toda su energía en un intento de utilizar la Proyección Mágica e intentar pasar hacia el otro lado, pero, para su infortunio, la muralla los rechazó... Debian mermarse con la naturaleza, ser capaces de engañar a aquel organismo y que los dejara pasar. 

Decidió huronear la mente de su compañero, difícil, por las barreras que había implementado en su mente, pero, por ese momento parecía haberse entregado totalmente a sus recuerdos, Matthew los veía borrosos, pero le dieron una idea... Mientras él pudo lograrlo e invitaba a que pasase por el mismo lugar, se decidió a imaginar los campos de cerezos del Castillo Ravenclaw, donde solía pasar el tiempo con su amado Alexander... Se entregó completamente a ello, y dio unos cuantos pasos, hasta estar del otro lado.

Lo hemos logrado, estamos a unos metros de la Pirámide... Nuevamente. —ladeo su cabeza y juntos caminaron hacia la entrada, donde Sauda los estaría esperando. 

 

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Sauda esperaba justo a un lado de la entrada de la pirámide, esperaba que sus aprendices tardaran un poco menos en llegar hasta ahí, pero al parecer les había costado un poco el trabajar de forma conjunta aún así cuando aparecieron frente a ella los recibió con una ligera sonrisa y les señaló el camino hacia la entrada. El último paso para vincularse a la Oclumancia estaba frente a ellos y tenía la confianza de que lograrían hacerlo de forma correcta.

La anciana tomó la delantera y se dirigió justo hacia el centro de la pirámide donde se encontraban las Siete Puertas, se posiciono justo a lado de la puerta que llevaría a sus aprendices a su última prueba y estando ahí fijó su mirada en ellos. ¿Realmente estarían listos para dar ese último paso? Una vez que cruzaran esa puerta ella no podría ayudarlos más, estarían completamente por su cuenta.

- Sé que el camino hasta aquí no sido sencillo y que han logrado superar todas las pruebas para llegar hasta este momento, pero aun así es mi deber preguntarles… ¿Están listos para seguir con su prueba?

Aquella sería la última oportunidad que tendrían de dar media vuelta e intentar vincularse con la habilidad después cuando se sintieran realmente listos. Una vez que obtuvo la confirmación de ambos aprendices realizó la entrega de los anillos que una vez superada la prueba serían el símbolo de que habían logrado vincularse con la habilidad, pero que de momento servirían para que Sauda lograra estar conectado con su aprendiz aún cuando no pudiera ayudarlo.

- Una vez que crucen esta puerta estarán por su cuenta, chicos. No sé que les espera, solo sé que cada uno tendrá una prueba en particular y la misma esta relacionada con su historia personal.

@ Matthew Black Triviani  @ Hessenordwood Crouch

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