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Avant Garde es considerada una de las edificaciones más modernas de todo el Callejón Diagon, está ubicada a un par de calles del banco, en una de las zonas más verdes y acaudaladas. Desde el exterior se pueden apreciar la magnitud de la estructura, parecida a una "L", y la riqueza de la decoración interior. Hay tres plantas, cada una dedicada a la venta de artículos específicos: ropa (Haute Couture), zapatos y bolsos (L'Boutin) y joyas y fragancias (Étincelle); en el sótano se encuentra el Atelier, lugar destinado al diseño de nuevas colecciones y la reparación de productos usados. La última planta, más próxima a la torre del reloj, es de uso exclusivo, pues allí se encuentra la oficina compartida de las dueñas del local.

 

 

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CAFETERÌA
 
En la primera planta, un tanto alejada del espacio que daba ingreso al gran almacén se encontraba una sencilla pero bonita cafetería. Decorada con paneles de madera y detalles en cristal, la clásica y bonita estancia se había vuelto un sitio icónico del callejón Diagon. Tenía un menú muy variado, que no se limitaba solamente a las bebidas soft, sino también ofrecía a sus comensales una pequeña pero bien surtida zona de bar. Era el sitio ideal para vivir un momento ameno antes o después incluso de ingresar al gran almacén.

 

 

PLANTA BAJA – Haute Couture

Entrando por las grandes puertas de cristal, la primera planta se muestra de forma extensa con el suelo cristalizado. La vestimenta de alta calidad y hecha a la medida. Cada diseño es mostrado en una pieza única para la selección del cliente, según sus exigencias. Un aparente largo pasillo da la bienvenida mostrando a cada lado las piezas de la última colección. En este momento exhibe "la foudre la nuit" creada para la gran apertura y en conmemoración de Aimé Westrong, mejor amiga de dos de las propietarias y madre de la tercera.
 
Al cruzar el marco al final del pasillo te encuentras la sección de damas. A pesar de lo moderno que se ve la entrada, las secciones de ropa tienden a ser más clásicas y tradicionales. Está organizado según el estilo y evento: área casual, casual elegante, ropa de noche. En el fondo se puede apreciar unas puertas delicadas separando una de las áreas más importantes de este nivel: los trajes de boda y gala. Hacia el lado izquierdo del nivel se puede encontrar vestimenta para hombres para cualquier evento, mostrando el detalle de la ocasión según era colocado.
 
Al caminar hacia el lado derecho está la sección de niños e infantes, marcado por la elegancia clásica en un sector un poco más disminuido. Siendo nuestros clientes lo más importante, un elfo les ayuda a ubicarse en el área que necesita para luego brindarles una copa de champagne como gesto de bienvenida.
 
 
 
PRIMERA PLANTA – Zapatos, carteras, cinturones

 

La segunda planta es quizás la más colorida, sin duda la perdición para los amantes de los accesorios. El suelo cubierto de mármol blanco combina con la claridad provista por las paredes claras. Muebles confortables estilo clásico, tapizados con terciopelo blanco brindan comodidad y confort a los clientes. Aquí se puede encontrar una gama infinita de zapatos y bolsos, de diseño exclusivo repartidos en sus cuatro secciones: Diseñador, contemporáneo, niños y Trend. Para añadir a la experiencia del cliente, hay áreas privadas para probar diseños en reclusión, estilistas personales a su disposición para aconsejarle y un elfo ayudante a tiempo completo para brindarle comodidad a su visita. Existen probadores privados de lujo y un zapatero en el lugar para garantizar que encuentre el ajuste perfecto .

 

SEGUNDA PLANTA – Joyas y fragancias

 

El ascensor se abre para dar paso a una estancia decorada en tonos pasteles y motivos florales. En las paredes, un par de cuadros exhiben las joyas más memorables de la historia universal mientras un espejo, enmarcado con estampado de claveles blancos, refleja a los visitantes y clientes. La iluminación se basa en una lámpara ornamental que cuelga del techo imitando las ramas nacientes de los árboles.

 
En el centro del lugar hay un mostrador semicircular posicionado sobre una alfombra que resguarda el mármol del suelo. Allí se presenta orgullosamente un pequeño muestrario de las piezas más nuevas y las colecciones más demandadas por la comunidad: pendientes, anillos, relojes, diademas, collares… entremezclados con fragancias, perfumes y esencias. Es un discreto inventario para probar la calidad y la belleza de los productos diseñados por las dueñas del local.
 
Frente a este exhibidor se encuentra un escritorio con tres sillas, empleado específicamente para el recibimiento de los clientes que desean solicitar una pieza original o artesanal; reuniéndose con Little Georgina, cualquiera puede negociar el precio de una compra (incluso venta) o acordar los términos de un pedido. Aquel espacio estaba destinado a la negociación, al trueque, al diálogo. El lema del sitio era: si no existe, puedes fabricarlo.
 
Si el cliente asiste a la tercera planta para solicitar un producto confeccionado, es guiado a una de las dos secciones: joyería (derecha) y perfumería (izquierda), donde puede elegir en el catálogo de las colecciones o rebuscar entre las piezas expuestas.
 
Wittelsbach-Graff – Bijoux
 
La habitación está nombrada en honor al diamante Wittelsbach-Graff, el cual es considerado el más valioso del mundo y perteneció a dos casas de la realeza europea. Aquel nombre pretendía evidenciar el interés y compromiso que tenía Little Georgina con las piezas que ofrecía. El piso de aquella habitación estaba fabricado con madera. Como arañas colgaban las lámparas de cristal, haciendo juego con las columnas de estilo jónico que se amoldaban al resto del mobiliario. Más espejos permitían que los clientes se probaran los artículos sin mayores inconvenientes.
Catálogo
 
Imperial Majesty – Parfumerie
 
Aquella sala era distinta a las otras dos. Debía su nombre a un perfume fabricado para la reina Victoria cuyo precio redondea en la actualidad € 12000/onza. Tenía un par de columnas hechas con madera robusta y un suelo de color verdoso que contrarrestaba con el techo desnudo. El ambiente estaba cargado de sobriedad, pero sobre todo de aromas. Para evitar que los compradores sufrieran estragos debido a la proliferación de olores, encima de las mesillas repartidas por el lugar había tarros de cristal cargados con granos de café. Esto les permitiría probar la cantidad de artículos que desearan antes de decantarse por alguno.
 
TERCERA PLANTA – Oficina
 
Esta zona es de uso exclusivo para las fundadoras del negocio, para acceder a ella se necesita previa autorización.
 
Se trata de una habitación con paredes blancas y suelo alfombrado en tonos pálidos. La lámpara de araña revestida con plata ilumina perfectamente el lugar. Un minibar se ubica junto al ventanal que permite la vista del Callejón Diagon y los transeúntes que por allí se movilizan. Anexada a los muros, en compañía de una serie de retratos de personajes famosos en la industria de la moda, se exhibe una estantería atiborrada de ejemplares sobre diseño e investigación de las nuevas tendencias estilísticas.
 
Al elegir el libro correcto, se activa un mecanismo que deja a la vista, tras el la pintura mágica de la diosa Coco Channel, una puerta azabache: la bóveda personal de Avant Garde. En ese lugar se protegen la información de los inversionistas, los registros legales del negocio, los contactos con otros negocios y personajes, las riquezas del local… Además, allí se protegen los artículos más exclusivos que no están a disposición de cualquier cliente.
 
Tres escritorios, fabricados con madera blanca, se erigen en el centro del lugar; sirven como área de trabajo formal para las dueñas. Al lado de cada uno se posa un pequeño buzón, en el cual las lechuzas y/o elfos pueden depositar los recados y mensajes privados. No hay cubículos propios porque las tres disfruta laborar en conjunto. La única habitación adicional es un pequeño baño, donde se mantienen los botiquines de emergencia.
 
Propietarias
 
Little G.
Hilary J. Gryffindor
Kassandra Weasley
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Editado por Helene Eloise Bellerose

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  • 2 semanas más tarde...
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Avant Garde es considerada una de las edificaciones más modernas de todo el Callejón Diagon, está ubicada a un par de calles del banco, en una de las zonas más verdes y acaudaladas. Desde el exterior

Alukar : Zigfrid ahora Antoni y Shena me an invitado a una tienda para que los cuatro obtengamos ropa no sé si sea nesesario   Zigfrid : claro que lo es renovar las prendas de ropa es algo muy neses

Poco tiempo había pasado cuando apareció Kassandra, le sonreí cuando me saludó con un beso en la mejilla. Le miró la ropa evaluándola, se había propuesto evaluar ese aspecto en cuanto llegaran al loca

Había regresado hacía poco tiempo al mundo mágico y que mejor que abrir un negocio con sus mejores amigas. Una de ellas me lo recomendó para distraerme de todo lo que estaba pasando en lo personal. Estuvimos varios dias buscando el local perfecto hasta que Kassandra lo encontró. La decoración fue algo más complicado hasta que decidimos que cada una se encargaría de un nivel con su respectivo departamento. Fue la mejor idea ya que el lugar quedó hermoso.


Hoy era el primer dia que se usaría el local luego de acomodar todo en su lugar. Aun había mucho que organizar para el gran evento de apertura. Little, Kassandra y yo habiamos quedado en Avant Garde, para algo teniamos una oficina alli. Dejé a Apros en casa de mi padre, aunque era un niño muy bien portado no quería arriesgar nada del local hasta inagurarlo. Hoy estaba vestida con una camisa blanca y pantalones grises con un lazo al frente. Mi cabello negro ondulado tenia una trenza a medio moño y el resto del cabello cayendo en mi espalda. Y mis zapatos eran unas plataformas cremas que combinaban a la perfección.


No estaba vesida de oficina, pero si tuvieramos que atender a alguien estaba presentable y sobre todo comoda. Con la calor del verano no quería saber de capas asi que no tenía ninguna. Traia una cartera pequeña con mi varita y una bolsa de galeones. Entré en el local para inmediatamente pasar por las puertas de cristal, dirigiendome al elevador mágico presioné el botón que me llevaba a la oficina. Al abrir la puerta entré observando el lugar, me encantaba su decoración al menos en ese nivel nos pusimos todas de acuerdo. Ahora faltaba estomar cual escritorio sería el de cada una, aunque suponía que Lit se decidiría por el que tiene a Coco Channel a sus espaldas.

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  • 2 semanas más tarde...
El proceso de abrir un negocio era algo que no experimentaba desde hace mucho. Todo le pareció nuevo e interesante, sobre todo porque la idea había sido en conjunto con sus mejores amigas, a quienes no había visto en un tiempo considerable pues por diversos motivos todas habían tenido que partir del mundo mágico.


La decoración había sido muy personalizada, sin embargo todo estaba en sintonía, pues las tres mujeres habían compartido un sueño y por ende la similitud de las ideas había ocurrido. Pronto se había dado el día de lanzamiento y era algo que le ponía nerviosa y alegre a la vez. Tenía muchas expectativas con respecto a ese negocio.


Había transformado su vestuario de oficina por algo más cómodo, pero no por eso dejaba de ser elegante. Ahora no había excusas para no dar rienda suelta a su gusto por la moda, sobre todo porque el negocio se trataba de eso, moda. Ese día llevaba una falda larga, hasta la espinilla, de color negro, cintura alta y tipo plizado. Una camisa blanca de manga larga, a juego. Zapatos de tacón alto negros, con una ligera plataforma. El cabello recogido en un moño bajo, y accesorios simples.


Pudo notar que alguien ya había llegado pues las puertas estaban abiertas. Suponiendo que se trataba de las muchachas ingresó despreocupada a la estancia y abordó el ascensor, sintiendo emoción por la apertura que se avecinaba. Llegó a la oficina, y casi corriendo entró en la habitación, para encontrar a Hillary ya en el lugar. Le dedicó entonces una sonrisa amplia y sincera.


¡Hill! Que bueno es verte aquí. ¿No ha llegado Little? Casi muero de emoción, todo está bellísimo. —Se acercó a ella para darle un beso en la mejilla, parecía que estaba aún decidiendo cual sería su escritorio.


Creo que habrá que esperar a Little para elegir nuestros lugares. —Comentó sonriente, acercándose a los ventanales para admirar la vista.


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Groter Shulton Granpié

 

 

El negocio de la preciosa castaña que tenía por novia iba a abrir sus puertas pronto y aunque la fecha no era esta decidí que debía sorprenderla en nuestra última cita me había comentado que iría al lugar justo este día, así que decidí arreglarme para ir de visita al nuevo local, no estaba seguro de qué sería adecuado usar y en verdad el tema me tenía bastante nervioso así que decidí llevarme unos pantalones negros, una camisa color verde claro de manga larga bién arreglada y unos zapatos también negoros pero recién lustrados. Como detalle extra el cabello recogido y bien peinado.

 

Reconocí el lugar en el callejón, la verdad es que no era difícil, primero que nada porque era una de las pocas estructuras que no reconocia, ni siquiera estaba seguro de haberla visto antes, además de que tenía toda la pinta desde lejos de ser un lugar perfecto para dedicarse a la moda. Caminé hasta acercarme a las puertas que ya estaban abiertas y ahí por fin pude leer "Avant Grade" ahora ya no cabía duda alguna que sería el negocio de la Weasley y sus amigas. Antes de pasar saqué de mi bolsillo un pañuelo para limpiar el sudor de mi frente.

 

No era el calor ni nada de eso, estaba realmente nervioso, era un licantropo que solía vestir de forma casual siempre, la moda y yo teníamos graves problemas, jamás se había llevado bien conmigo y fue por eso que me costó tanto trabajo elegir la ropa que fuera suficientemente buena para aparecerme en este lugar, también traía conmigo una botella de champagne para poder hacer un brindis con las nuevas dueñas y felicitarlas por el nuevo negocio, además eran sus mejores amigas quería dejar una buena impresión, así que estaba realmente nervioso y no era para menos.

 

Tras respirar comencé a caminar hacia el interior del local, todo era tan extenso y mostraba tantas cosas que me sentía tan fuera de lugar, quería salir corriendo al bosque más cercano y abrazar algún árbol hasta que me volviera a sentir seguro. Por otro lado esto apasionaba mucho a Kass y yo quería formar parte de sus éxitos e intereses, así que por eso había decidido olvidar mi terror a la ropa elegante y acompañarla como haría un buen novio. Además le traía un pisapapeles en forma de círculo con una K grabada en el centro, además servía para guardar dulces dentro, era una pequeña caja de metal que ya había llenado con algunos caramelos de colores para que pudiera tenerla en su oficina.

 

El lugar era enorme y estaba vacío, no sabía si esperaban gente o solamente haían abierto para ellas y poder ultimar detalles, pero el silencio me permitió escuchar como se abría el ascensor en otro piso, así que me acerqué hasta éste y apreté el botón esperando que llegara abajo de vuelta. Como no tenía la menor idea de dónde la encontraría paré tanto en la primera planta como en la segunda pero sin ver aún a nadie, suponía que la encontraría en la tercera planta.

 

Al abrir el ascensor en la tercera planta escuché voces y sí, una era de la castaña así que salí del ascensor mirando a mi todo el lugar y caminando con cuidado acercandome a las voces. La vi platicando con otra mujer que no conocía suponía que debía ser una de sus amigas. - ¡Sorpresa! - Le dije cuando se percataron de mi presencia y alcé los brazos mostrando la botella en una mano y en la otra una caja de regalo que contenía el pisapapeles que le traía.

 

@@Hilary J. Gryffindor. @

"Si no quieres entender que hibernando están las brujas, amarrate a una escoba y vuela lejos... "


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Poco tiempo había pasado cuando apareció Kassandra, le sonreí cuando me saludó con un beso en la mejilla. Le miró la ropa evaluándola, se había propuesto evaluar ese aspecto en cuanto llegaran al local. Ellas tenían gustos muy distintos, pero tampoco era que fueran a crear una imagen exagerada. Aunque a quien tenia que vigilar era a Little desde que había llegado sus vestimentas eran muy estrambóticas.

 

- Espero que no tarde ya quiero sentarme en alguna de esas sillas. Aunque estoy casi segura que escogerá el escritorio que esta frente a Coco, es su diosa.- no pude evitar reír un poco pues recordaba la primera vez que mi prima me había hablado de Channel. Había hecho un gran teatro incluso había creado proyecciones de imágenes, huera sido una gran maestra en el tema. Pensando bien en eso quizás en el Atelier pudiéramos ofrecer talleres por algunos galeones y podríamos enseñar a confeccionar algunas cosas sencillas.

 

Exhale un poco de aire quitando la mano de mi barbilla la cual no me había dado cuenta que tenia ahí. Mi amiga miraba por el ventanal por lo que me recosté del borde del escritorio mas cercano.

 

- A ver Kass ¿como es eso de que ahora perteneces a la familia Gryffindor? Me he enterado esta mañana cuando desayunaba en la mansión.- dejé que me explicará un poco la situación antes de cruzar los brazos y sonreír de lado. -Entonces ahora somos hermanas. Te digo que deberas tener cuidado con papá teniendo tantos hijos podrías cometer incesto.-

 

No pude evitar reír cuando vi el rostro de Kass pues no era muy difícil ni poco común que eso sucediera. Estaba entretenida hablando con la bruja cuando sentí la presencia de un hombre en la oficina. En poco segundo estaba en posición de ataque con mi varita en mano. Se supone que nadie podía estar en el lugar aun. El intruso extendió sus brazos para luego decir "sorpresa". Algo aquí no cuadraba por lo que levante una de mis cejas evaluando todo lo que poseía.

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No hay nada mas impredecible que una promesa, en especial, cuando esta nunca llegó a tocar en aquel rincón escondido del alma humana. Por lo general, las promesas son solo palabras, que se rodean de ornamentos para fingir que su cumplimiento será preciso, sin ninguna falta, y como humanos, permitimos que la ceguera emocional nos impida deslumbrar las verdaderas intenciones, ocultas en muchas ocasiones de manera inconsciente. Cuando una promesa no se cumple, nos damos el derecho de sentirnos traicionados, pero, ¿qué pasa si cumples una promesa personal?, ¿te has traicionado a ti mismo?. No hay una sola respuesta para ello, simplemente, la percepción de cada persona cumple como juez ante esta incógnita.

 

Aimé Westrong podía ser la prueba viviente de este tipo de situaciones, pues, al tocar nuevamente los terrenos del Callejon Diagon, estaba faltando a su propia promesa de alejarse de una vez y para siempre del mundo mágico. No era la primera vez que volvía, pero seguramente su estadía se prolongaría lo suficiente como para replantarse el volver. Mentiría si dijera que lo extrañaba, pero muy en el fondo de su alma, la llama nunca se había apagado, y amenazaba con volverse a encender de una manera vivaz, de aquella forma que era capaz de destruir, pero, al mismo tiempo, dar paso a la resurrección.

 

Pero no podía ir simplemente a pararse a Grimmauld place, no sin antes hablar con las compañeras de su vida, aquellas chicas que se habían convertido en sus hermanas. Hilary y Little, junto con su hija Kassandra, recién habían abierto un negocio, en el cual como dignas seguidoras de la moda, se disponían a ofrecer un surtido descomunal de prendas para vestir, con un estilo bastante singular. Aimé tenía años sin vestir así, pero el acudir al Avant Grade le daba una oportunidad única para entablar una conversación con sus amigas, y no la podía desaprovechar. Además, no podía faltar a la inauguración.

 

Se había vestido lo mas decente posible, con un vestido amarillo pato que desentonaba perfectamente con su cabello pelirrojo (al cual le faltaba un retoque), era un vestido lindo, pero había algo que no encajaba con la personalidad de la pelirroja. Ella era fuego, y el fuego siempre, de un modo u otro, se hacía notar. Por otro lado, para disimular el desastre de su cabellera, había convenido en colocarla en una coleta alta, que seguramente a altas horas de la noche le daría un dolor de cabeza tremendo. El elegir el calzado adecuado había terminado siendo un martirio, no recordaba como caminar decentemente en zapatillas, pero al final, luego de unos cuantos trucos magicos pudo hacer que aquellas zapatillas de 15 cm color crema, se sintieran como caminar sobre nubes.

 

La chica podía sentir un cosquilleo en cada extremidad de su cuerpo, todo culpa de la ansiedad. Pero Los Westrog eran valientes, y esa valentía nunca le había permitido dar un paso hacia atrás. Abrió la puerta de cristal y no pudo evitar que una pequeña lagrima, apnas perceptible, se asomase por su ojo, al ver aquello que sus amigas le habían dedico. Aimé volvía a sentirse en casa.

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Little Georgina Karkarov

 

Little Georgina estaba consciente de su tardanza. A pesar de ser amante de las buenas costumbres, jamás había sido una persona puntual. Quizás era una de las pocas cosas que tenía en común con Bastian Karkarov, su padre; o simplemente llevaba demasiado tiempo ensimismada en su propio horario que ya no respetaba los compromisos. Aunque Kasssandra y Hilary no le reprocharían (al menos no abiertamente), creía estar en deuda con sus mejores amigas porque ambas habían puesto verdadero empeño en alzar aquel negocio tan hermoso que ahora contemplaba. El edificio desentonaba con el ambiente lúgubre del Callejón Diagon, era extravagante y distinguido. Ahora sería el orgullo de las tres mujeres. Una leve sonrisa adornó sus labios pintados de rosa pastel antes de deslizarse al interior del lugar.

 

Dentro todo resultaba tan brillante, tan encantador que el orgullo alimentó su vanidad otra vez. Ya deseaba ver el rostro de Valkyria cuando contemplara la obra de su primogénita. Y tal vez sus pensamientos se habrían regodeado en infantiles fantasías si sus ojos no se hubiesen topado con una fogosa cabellera. Habían pasado años desde que Aime Westrong y Little Georgina Karkarov... Y aún así ambas se reconocerían perfectamente. El amarillo centellante que adornaba la piel de su vieja amiga estuvo a punto de arrancarle lágrimas, no por lo mucho que desentonaba sino por la oleada de recuerdos que atrajo a su mente. Era increíble cómo la mera presencia de Aime había cambiado su humor; ahora se sentía más que feliz y orgullosa, se sentía conmovida. La Westrong estaba ahí por una razón: certificar que seguía acompañándolas incluso desde la distancia.

 

-No hay visto nada - solo se le ocurrió comentar aquella ridiculez, fiel al carácter irónico que el aislamiento le había forjado. De cualquier manera, algo en sus palabras sonaba quebrado. Era la emoción de poder conversar con Aime nuevamente. Miró fijamente a la pelirroja, sonriendo ladinamente al tiempo que se cruzaba de brazos. - Hay toda una colección con tu nombre.

 

El registro podía colocar a Kasssandra, Hilary y Little como dueñas del negocio. Pero el espíritu de Aime estaba en cada viga y ladrillo. Algo avergonzada por el sentimentalismo del momento, la castaña jugueteó con los largos pendientes de diamante que adornaban sus orejas, a juego con el vestido bordeado con encaje que llevaba puesto. Deseaba decir varias cosas, pero realmente no sabía cómo iniciar una conversación más formal. Sobre todo porque estaban en plena entrada y las otras propietarias se hallarían en el último piso esperando su llegada. Regresó sus orbes mieles al rostro pálido de su amiga, analizando los cambios en él. Evidentemente no eran las mismas niñas de antes.

 

-¿Te gustaría subir a la oficina? Estoy segura que arriba nos espera una grata sorpresa - sugirió, sin esperar que ella le respondiera caminó hasta el elevador. Aquella reunión de trabajo se había convertido en un reencuentro.

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Groter Shutlon Granpié

 

Apenas había llegado y levantado mis brazos para sorprender a Kass y la chica que estaba con ella cuando ésta me apuntó con su varita y temiendo que me fuera a atacar o algo así solté la botella llena de licor que salió volando por los aires, la miré como si ésta fuera en cámara lenta e intente con movimientos de malavarista salvarla de que callera al suelo y se hiciera miles de pedazos además de derramarse por todo el lugar y cuando por fin lo logré miré asustado a la mujer y luego a la castaña sin comprender su reacción, tragando saliva comencé a recuperar el aliento.

 

- Lo siento, lo siento, quería sorprender a Kass y no quiero que me mates en el inteto... - Le dije mientras respiraba y comenzaba a calmarme, miré a la castaña y comencé a aproximarme hasta ella mientras le explicaba a la otra chica. - Soy Groter Shulton Granpié, novio de... - Sonreí olvidandome de lo que estaba diciendo mientras miraba a la Weasley al acercarme. - La bruja más bella que algún día haya visto... - Me paré en frente de Kass y le dí un rápido y cálido beso de saludo y luego me giré a ver a la otra bruja que parecía ya no querer matarme como segundos atrás.

 

Alcé la botella con champagne. - Ésto es para celebrar y felicitarlas por su nuevo negocio... Suponiendo que seas dueña junto con Kass de éste lugar... - Le comenté mientras dejaba la botella sobre la mesa y luego puse el portapapeles entre las manos en Kass. - Pensé que te serviría tener uno en tu nueva oficina... - Le sonreí mientras lo abría para mostrarle, el interior con los dulces y una inscripción con las palabras "Para cuando me extrañes..." talladas. - Además tiene dulces para que pudas comer uno de vez en cuando quieras... - Le expliqué a la Weasley y suspiré mientras acomodaba la camisa que traía y que se había safado mientras jugaba a atrapar la botella por los aires.

 

- ¿Me presentarías a la chica que acaba de darme un susto de muerte? - Les dije bromeando mientras me acercaba para estrechar la mano de la bruja y sentía que mi corazón iba a mil por hora, aún estaba nervioso y no era porque me hubieran querído atacar sino porque quería portarme de la forma más adecuada, como un digno acompañante de la hermosa Weasley. - Creo que amenazar a un prosible comprador se merece que me hagan un descuento en mi primera compra, ¿no? - Les dije riendo y estreché la mano de la bruja mientras me la presentaban, en realidad jamás la había visto.

 

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"Si no quieres entender que hibernando están las brujas, amarrate a una escoba y vuela lejos... "


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  • 4 semanas más tarde...

Ciertamente la moda era algo que Cye llevaba en las venas, ella misma tenía su atelier pero le gustaba diseñar para otros no para sí misma y menos cuando la barriguita no le permitía lucir apretadas y curvilíneas creaciones. Precisamente aquella mañana se había resentido con su figura al no encontrar nada en su armario que la hiciera lucir bonita y sofisticada, y no había cosa que la pusiera de mal génico como sentirse desprolija, así que mando todo al traste se calzo las primeras zapatillas que encontró y se enfundo en una túnica poco llamativa, iría hacer lo que mejor sabia, gastar los galeones de su marido Ishaya quien con toda galantería y haciéndose invisible ante su mal humor lleno de buena gana su monedero de piel de moke con una sonrisa y un distráete un poco amor, ese sí que sabia contentarla, ya por la tarde se lo agradecería.

 

Comenzó a pasear por el callejón hasta que se topo con una construcción en forma de L que no conocía, pero como no, si casi se había vuelto una ermitaña, le pregunto a unos transeúntes de que se trataba y le dijeron la palabra mágica zapatos si, si, tenía un armario lleno de ellos, en cajas incluso sin estrenar, pero es que pasaban de moda tan rápido, así que un par o dos no estarían de más. Se acerco a la edificación aprobando la modernidad del establecimiento.

 

En seguida busco lo que para ella era más importante, ya luego vería si estaba de mejor ánimo para explorar el resto, fue así como llego a la primera planta, pisando el pulido mármol blanco del piso con sus zapatillas de taco bajo, que las odiaba dicho sea de paso, pues no hay nada que arruine más el glamur de una dama que un calzado plano y aburrido que ingreso fijándose en los bellos asientos de terciopelo blanco. Se paro al frente de uno de los exhibidores observando la pieza y esperando que un dependiente o propietario viniera a atenderle.

 

@@Little G. - @ - @

Editado por Cye Lockhart

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  • 1 mes más tarde...
Seraphine sonrió ante la mención de la musa de Little. En sí era considerable el tiempo que no había visto a las chicas, pero ante menciones como esa, era fácil regresar a los momentos felices compartidos con ellas. Estaba en aquel lugar feliz de su memoria, cuando escuchó la pregunta que le formuló Hillary. Era cierto que había hecho muchos planes en su vida últimamente, y legalizar su situación en la Gryffindor había sido uno de ellos. Claro que no había tiempo de comentarlo con propiedad a sus amigas, así que la pregunta le tomó desprevenida.
La verdad es que sí, me he legalizado allí hace cosa de unos meses. —Contestó. Eso ahora las volvía hermanas, naturalmente. Rió ante el pensamiento. Uhh la mención del incesto, ahí Hillary había tocado un tema sensible. El rostro de la Weasley mutó de manera divertida, en una bola de pensamientos que se arremolinaban en su cabeza. ¿Cómo empezar? Se mordió el labio, lista para contestar como se le fueran presentando las ideas, cuando una voz conocida y familiar la sacó del rato incómodo. Giró el rostro con violencia casi hacia la puerta, sólo para encontrar a Groter, con una botella en la mano, seguramente de champagne para brindar. Casi al instante, Hillary apuntaba al mago, directamente en el corazón.
Oh Merlín, ¡para! ¡para!— Suplicó asustada, acercándose a Groter tan rápido como sus pies se lo permitieron. Él evidentemente se encontraba sorprendido por el recibimiento, y el rato incómodo de antes se había transformado en un incómodo aún más grande. Antes de que ella pudiera decir cualquier otra cosa, el licántropo procedió a presentarse ante Hillary y luego, como añadidura, depositó un cálido beso en sus labios, a manera de saludo, no sin antes mencionarla de una forma que no pudo hacer otra cosa que sonrojarla al extremo.
Uhm, sí. Hilla te presento a mi novio, Groter. —No pudo evitar sonreírle de regreso, aunque luego la sonrisa se desvaneció un poco, dando paso a los nervios. ¿Cómo le iba a explicar a Hillary que en efecto, ambos eran hermanos? Groter se explicó con respecto a la botella y le tendió a la castaña un presente, un pisa papeles que decoraría sin duda su escritorio y que ella atesoraría con cariño, como todo lo que él le regalaba. —Es precioso, gracias. —Sus palabras eran sinceras, aunque no podían ocultar el nerviosismo que la situación traía consigo. Giró nuevamente hacia Hillary sin saber qué cara poner.
Ella es Hillary Gryffindor, hija de Elvis…. Y hoy en día, nuestra hermana. —Sintió como el sonrojo se intensificaba, y aunque sabía que la situación no era tan retorcida como seguramente la ojiverde imaginaba, no podía evitar concientizar sobre lo mal que sonaba todo aquello. Procedió entonces a explicarse.
Pasa que casi a la vez de legalizar mi situación en la Gryffindor, Groter aprovechó para legalizarse allí también. A ambos nos ha adoptado Elvis, pero nótese que esta relación empezó mucho antes de llevar ese apellido. —Soltó todo aquello de manera apresurada, analizando con cautela la expresión de Hillary. No sabía lo que podía estar pasando por su cabeza, y eso solamente incrementaba el nerviosismo. Recordó que en un pasado remoto ambas habían sido cuñadas por algún tiempo, pero… ¿cuñadas y hermanas? Sin saber qué pensar, aguardó a una respuesta.

 

@@Groter Shulton Granpié Shulton Granpié @@Hilary J. Gryffindor.

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