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Maida Black Yaxley

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Maida Black Yaxley ganó por última vez el día 16 Febrero

¡Maida Black Yaxley tenía el contenido más querido!

Acerca de Maida Black Yaxley

Títulos

  • ~vuelapluma~

Profile Information

  • Casa de Hogwarts
    Slytherin

Ficha de Personaje

  • Nivel Mágico
    19
  • Rango Social
    Dragones de Oro
  • Rango en el Bando
    Tempestad
  • Galeones
    59738
  • Ficha de Personaje
  • Bóveda
  • Bóveda Trastero
  • Bando
    Marca Tenebrosa
  • Libros de Hechizos
    Libro del Druida (N.15)
  • Familia
    Yaxley
  • Trabajo
    Asistente personal de Aaron Black Lestrange y Corresponsal freelance de Corazón de Bruja
  • Escalafón laboral
    T1
  • Raza
    Demonio
  • Graduación
    Graduado
  • Puntos de Poder en Objetos
    2580
  • Puntos de Poder en Criaturas
    490
  • Puntos en Mazmorras
    10
  • Puntos de Fabricación
    0
  • Rango de Objetos
    210 a 1100
  • Rango de Criaturas
    210 a 1100
  • Conocimientos
    Leyes Mágicas
    Artes Oscuras
    Pociones
    Runas Antiguas
    Conocimiento de Maldiciones
    Maestría en Escobas
    Idiomas
    Herbología
  • Medallas
    30000

Campos para Gringotts

  • Escalafón último mes cerrado
    T1
  • Posteos acumulados último mes cerrado CMI
    33
  • Posteos en subforo CMI
    33

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  1. Cuando escuchó el pitido final y se supo parte del equipo campeón del torneo, Maida sólo pensaba en una cosa: Regresar al Reino Unido. La alegría, la euforia de ver a Mosquito alzar la copa la contagió un poco, lo suficiente para que diera unos cuantos planeos alrededor de sus preciados aros de quidditch. ¿Quién hubiera pensado que la iba a pasar tan bien sobre una escoba? Hasta antes de ese torneo, la bruja de ojos azules le rehuía a toda forma mágica de trasladarse, poco a poco le había cogido cariño a la escoba. Para cuando terminó la algarabía tenía la melena inundada de los papelitos cortados pero estaba lista para llegar a su habitación y empacar. Poco sabía Maida de la Gala de premiación nocturna y que debía al menos hacer acto de presencia o Mosquito la tendría de aguatera en la siguiente temporada quidditchera. Dos horas más tarde, se apareció en el lugar indicado, vistiendo de manera ligera, un poco casual, un poco elegante. Con un vestido de estilo romano en gasas de tonalidad grises y negras, dejando el hombro derecho al descubierto y las curvas de su cintura ocultas a las miradas indiscretas. Iba descalza aprovechando el largo de su vestimenta y lleva el cabello recogido en lianas de fibra metálica, dándole un aire fresco y ligero a sus mechones. Poco a poco, la Yaxley comenzaba a arreglarse cada vez mejor y cada vez con menos ayuda de su elfo doméstico. De todas maneras, eso no la hizo sentirse más cómoda, todo lo contrario, apenas llegó al evento buscó a los miembros de su equipo para no sentirse tan fuera de lugar. — ¿Puede ser que llegué muy tarde?
  2. Yo, para nada despistada, pensé que aquí era el rol. Bueno ya me paso a rolear para que vean que si me pego a esta onda del deporte (aunque sea mágico, ficticio y virtual y considere una falta de respeto que no bajé ni un gramo xD). Desde mis tres aritos de gol, felicito a la organización porque aunque fuimos pocos equipos, creo que nos divertimos, y queríamos un poco más de tiempo para jugar a conciencia xD Esta forma de quidditch me estresa menos que la antigua xD ... Y nada, felicitaciones a mi super equipo ♥ salvo por el tema de los dados que nos odian de cuando en cuando xD lo hicimos genialssss xD
  3. Turno 36. Si Maida fuese católica seguramente ya estuviera rezando entre murmullos para que se acabe todo de una buena vez. Pero no, no lo era. Por lo que lo único que hacía era concentrarse en que no le encajaran un gol, y pedía al universo porque dejaran de caerle penales. Era muy tedioso que ella tuviera que estresarse cada tantos minutos porque el temperamento de sus compañeros o su vehemencia los hacían "víctimas de las circunstancias", hasta ahora había tenido suerte. O eso decía ella, era demasiado insegura para decir que tenía talento para el puesto. Se tomó unos segundos para alisar unas arrugas inexistentes en la túnica y devolvió los ojos al juego. Jeremy, Aedis, Darla y Mateo vivían una intensidad que iba muy por arriba de la que mostraban Elizabeth, Kalevi y ella misma, pero de alguna manera estaban logrando cuajar como equipo y eso era lo importante. Eso era lo que, seguramente en palabras de Jeremy "nos tenía haciéndoles morder el polvo a los feos y cochinos buitres", claramente su sobrino no tenía muy presente el tema de los juegos limpios y la confraternidad del gremio. Sonrió, recordándolo, justo a tiempo para volverse a concentrar en una quaffle que venía dispuesta a todo: ingresar al arco y tumbarla de su escoba. Tragó saliva, sacó destreza de quién sabe dónde y ejecutó una Atajada Extrema que mantuvo el partido como debía seguir hasta el final: con ellos como ganadores. Estiró un poco los hombros antes de liberarse de la quaffle una vez más, dándole pase a alguno de su equipo. Volvió a sonreír porque la voz de Jeremy se apareció nuevamente en su mente, demostrando una vez más, su pésimo espíritu de compañerismo, y su gran fanatismo por el equipo. En su cabeza, Mosquito, Darla lo secundaban.
  4. Turno especial de Buscador. Número 5 Jugada de Kalevi desde el punto de vista de Maida. Era el último partido, tan cerca del campeonato y aún así con los nervios del primer día. Maida apretaba los labios para no perder concentración y que le fueran a encajar nada. Con un poco de esperanza, pronto Kalevi se alzaría con la snitch en alto y ella se iría de Bulgaria. Ojalá y por otros cinco años, diez, el resto de la vida. Se mordió el labio inferior agudizando la mirada en el juego, el balance que la tenía sobre la escoba se controlaba por inercia. Kalevi estaba muy concentrado, seguramente la pelota alada estaba en su mira pero Maida era casi tan ciega como un topo para el quidditch. Si había decidido ser guardiana era justamente porque sólo tenía que preocuparse de la pelota más grande. Y justamente ese detalle en su visión impidió que le avisara al buscador que una bludger quería tumbarlo. ¿Qué golpeador había sido? Giró el cuello para averiguarlo sin importarle si el ahijado de su primo estaba aún volando. Total, aún con esa agresión (porque si, aunque era parte del deporte, la Yaxley lo consideraba agresión), Kalevi mantenía ventaja sobre su contrario en la búsqueda de la snitch dorada. El último día en Bulgaria, eso la mantenía firme en su escoba, si
  5. Turno 30. Penal No vamos a decir que Maida se había acostumbrado ya a la adrenalina de los partidos. De hecho, cualquiera que la conociera realmente aún tendría que preguntarse cómo fue que se convenció a sí misma del ingreso a la vida deportiva. Retraída como era en el noventa por ciento de sus acciones, era incapaz de alterarse incluso cuando iban con el marcador en contra, que no era el caso. Lo que podía ponerla a resoplar un poco frustrada era justamente lo que sucedía ahora, que por culpa de los arrebatos de su capitana tenía que poner a prueba una vez más su concentración y eficacia para atajar un penal. Ya de por sí le temblaba el puesto con cualquier ataque que terminaba en intención de anotar, quedarse a en duelo a solas con un cazador le ponía a sudar las manos. Pero bueno, tocaba. Respiró hondamente antes de la orden del penal y sin proponérselo realmente, terminó usando El Double Eight loop dándole a su equipo una atajada más para defender el marcador. Con la quaffle entre sus dedos, volvía a respirar lo suficientemente tranquila para continuar rezando por la calma en el carácter de Mosquito. Si seguía así, terminaría llena de arrugas antes de los 30, sólo por intolerante.
  6. Turno 2. Los partidos de quidditch se andaban convirtiendo en el pasatiempo que más satisfacción le brindaba, de hecho, hasta había dejado de escribir en su publicación y había dejado trámites pendientes por este viajecito a Bulgaria. Estaba consciente que enfrentar nuevamente a un equipo al que habían derrotado suponía un peligro en el marcador, pues tenían la sed de revancha bien colocada. Planeaba muy ligeramente frente a los tres aros tratando de afilar lo más posible su concentración. - Se viene una recatafila de bludgers -seseó mientras acomodaba la escoba lo mejor que podía-, voy a terminar el torneo con una nariz rota cuando menos. Cuando iba a girar hacia la derecha, percibió un disparo con intenciones de anotar, gracias a Morgana que tuvo el tiempo suficiente para dirigirse a la quaffle y atraparla con facilidad, al menos esta vez. Quedaba claro que el partido comenzaba con ataques bien definidos y que no haría otra cosa más que intensificarse. Respiró fuertemente antes de librarse de la pelota
  7. Turno 26. Penal. Aunque este segundo partido le estaba costando un poco más, la idea de atajar penales seguía sin gustarle, sin embargo si se había metido en esta aventura quidditchera tenía que jugar con todas las reglas que eso implicaba. Y claro, con toda la adrenalina que parecía apoderarse de Mosquito con cada segundo que pasaba durante el partido, ese vaivén de emociones era lo que ponían más nerviosa. Tener la responsabilidad de atajar un ataque directo de algún cazador era casi tan importante como vislumbra la snitch en el medio del juego sin que el buscador contrario lo notara. Infló las mejillas antes de escuchar y concentrase en la quaffle y botó el aire lo más lento que pudo, apretó el mano con ambas manos, asegurándose que las piernas pudieran hacer su trabajo luego, y miró fijo a la cazadora. Era buena con los penales, sólo tenía que confiar en sus instintos un vez más y asegurar la ventaja que mantenían. Según el poco conocimiento de Maida en estos asunto, más valía ampliar la ventaja con goles y atajadas para no depender del todo de atrapar la snitch o no, no recargarle la responsabilidad a Kalevi, esa era su meta. — Хайде! —susurró. Sin pestañear, vigiló el trayecto y decidió estirar el cuerpo lo más posible hacia uno de los aros laterales, consiguiendo hacerse con el balón en cuestión de segundos. Con una concentración suficiente como para anular cualquier ruido que pudiera ponerse entre la tribuna y ella. Un paso más hacia la victoria con su equipo, y un minuto menos de quedarse en Sofía. Eso la tranquilizaba más.
  8. — Supones bien, una lechuza habría más que suficiente, Albus, de verdad —dijo, lo más serena que podía. Había que ser honestos con uno mismo, eso era algo que la bruja había aprendido a los golpes, sobre todo cuando tenía que confrontar ciertos temas. La existencia y aparición de Albus en su vida había significado una bocanada de aire fresco, se dejó llevar con sus palabras el corto tiempo que disfrutaron juntos y francamente se atrevió a arriesgar a pesar de haber ya sentido cosas tan feas como el desinterés o falta de consideración en parejas anteriores. Lastimosamente para el vampiro frente a ella, Maida no tenía mucho más para él. Confrontándose frente a su figura lo podía percibir con claridad, sentía un genuino bienestar de verlo bien y a salvo, pero nada más. — Agradezco tus disculpas y si deseas puedo ofrecerte un té y algunas galletas, o una copa o lo que prefieras —le sonrió—, supongo que si te has dado la molestia de venir a avisarme sobre tu regreso, puedes contarme adentro, eso de estar en la puerta no me agrada. Dejó la puerta abierta y caminó unos pasos para llegar a la cocina y colocar una tetera sobre el fuego. Había que ser justos con el viejo Yaxley, en el determinado caso que tuviera que abandonar toda costumbre mágica, Maida ya sabía como no morir de hambre. @Albus Renaldi Macnair
  9. La Manor era un lugar al que podía ir uno a refugiarse, de cierta manera, Orión había logrado para su hogar una paz de la que carecían la mayoría en Ottery. Justamente lo opuesto a lo que habían supuesto los primeros días habitándola, cuando todo se caía a pedazos a cada paso dentro. Por eso era sencillo que Maida se escondiera de sus labores en su habitación, era habitual que si deseaba desconectarse, fuera justamente ahí. Y en eso andaba cuando sintió que tocaban la puerta, lo que hizo que tomara su varita casi al vuelo, en medio del respingo que le produjo el ruido seco de los nudillos contra la madera. - ¿Qué demonios? -murmuró intentando agudizar sus oídos lo más posible mientras su pie izquierdo buscaba el suelo al incorporarse de la cama- si tan sólo mi tío terminara de quitar los maleficios contra los elfos domésticos. Caminó descalza hasta la ventana de su cuarto y sacó por el marco hasta la mitad de su cuerpo. Lo escondió en dos segundos. A lo mejor se equivocaba pero lo que veía allá abajo era la coronilla de una cabellera plateada, y pues, no conocía a muchos con esas características. Tragó saliva, era Albus. Alisó pliegues y arrugas en su túnica, aunque no existieran, y caminó hacia la puerta del cuarto, bajó las escaleras y se quedó estática cuando tenía ya la mano sobre la manija de la puerta. - ¿Albus? -preguntó confundida cuando lo vio. Y si, sabía que era él, sin embargo no dejaba de confundirla el verlo ahí parado cuando al menos por su parte, no había nada que decir entre ellos.
  10. Turno 22 El partido estaba alcanzado niveles insospechados de adrenalina, sobretodo en su capitana. ¿Era así ya desde los entrenamientos? Maida sacudió la melena sin mucho éxito ya que tenía el cabello atado en un moño a la altura de la nuca, pero como siempre, lo hizo en un intento de ordenar sus pensamientos lo mejor posible. Desde el inicio pensó que debía proponer una locación distinta, porque volver a Bulgaria era algo que no le atraía en lo más mínimo, pero se le olvidó hacerlo con el compañerismo que se había logrado armar en el vestuario. Volvió a sacudir la cabeza. - Con la mente en el partido —murmuró tratando de desdoblar sus ojos, intentando ver si Kalevi detenía la locura atrapando la snitch o se vería en la necesidad de seguir agudizando sus sentidos, en la medida de lo posible. Justo a tiempo, porque en medio de las figuras de los jugadores, logró ver que la quaffle viajaba hacia ella. ¿Quién había lanzado? ¿Qué importaba? Ciñó con más fuerza el mango de su escoba y se movió de un aro al otro hasta que descubrió, o al menos eso pensó, que el tanto pretendía colarse por al aro derecho. Dos segundos le duró esa certeza, con la escoba yendo a la derecha e intentando frenarla con las extremidades inferiores y los brazos lanzándose al aro central, un atajada extrema en toda regla. Atajó con riesgo de rasgarse algún músculo, estaba segura y usó casi un minuto más a estabilizarse en la escoba. Por el impacto en sus manos supo que había sido un gran tiro de distancia, uno que seguramente sorprendería a cualquier jugador de quidditch. No cabía duda que las Urracas querían poner nuevamente en balanza el partido y que tenía que mantener la concentración a toda costa.

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