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Librería "La Hermana Quisquillosa" (MM B: 98425)


Publicaciones recomendadas

Nombre del Negocio: Librería Las Hermana Quisquillosa

 

Nombre de los propietarios: Reena, Sagitas E. Potter Blue y Xell Vladimir

 

Rubro al que se dedicará: venta de libros de toda clase y de las revistas del mundo mágico

 

Descripción:

 

Se trata de un local mediano, de dos plantas y un sótano. Es un edificio blanco que da a una esquina y del balcón del piso superior sale una ola de libros, siendo nuestra escultura particular, homenaje al Libro.

 

La entrada tiene un enorme cartel con el nombre del negocio, flanqueado por dos plumas, una a cada lado. Tiene un aparador de cristal donde se encuentran los Best Sellers del mes para atraer la atención de los posibles clientes que pasean por el Callejón Diagon.

 

En el interior, en la planta baja está el lugar de venta, donde el público accede para la compra de los libros y revistas o periódicos del Mundo Mágico, como Corazón de Bruja, Diario El Profeta, El mundo de la Escoba, El Quisquilloso y demás revistas. Traemos extranjeras por petición expresa.

 

Se ven pilas de libros de diferentes grosores y colores, en precario equilibrio y que sin embargo no llegan a caerse, aunque se mueven, asustando a los que están cerca. Al final hay un escritorio a la derecha para magos famosos invitados que firmarán ejemplares;. y aún hay otro escritorio, a la izquierda, con una hermosa y antigua caja registradora, donde se encuentran las dueñas, que atenderán amablemente al cliente.

 

Al fondo hay una escalera que accede a la planta superior, donde hay un almacén y donde recibimos a los clientes que desean crear folletos en la imprenta para sus negocios o para publicaciones propias. Allá se guardan los libros extraños y peligrosos. No tenemos libros de magia oscura. Una gran urna de madera donde se guardaban los libros con vida propia y tendencia salvaje, libros de bromas que cuando abres te derraman tinta o intentan morderte la mano, según la temática que guarden.

 

En el sótano se encuentra la imprenta manual del anterior dueño de "El Quisquilloso", que perteneció al bisabuelo de una de las dueñas. Aún funciona. Se accede por una escalera circular que desciende en forma de caracol. El lugar es espacioso y tiene armarios y muebles antiguos, que pertenecieron también a Xenophilus Lovegood.

 

 

Afiliados: Se admiten afiliados al negocio: 0

 

 

 

Criaturas: ---

 

Objetos: ---

 

Elfos: ---

 

 

 

 

 

 

- Toma, Valent - le dije a mi hermana.

 

Y le tendí una cerveza de mantequilla bien fresquita. Me senté en una pila de libros y miré lo que habíamos construido. Me sentía orgullosa de Valent, ella era la que había organizado la decoración y el resultado era precioso. Me encantaba el lugar y que tuviéramos un negocio juntas me había alegrado muchísimo. Cuando se lo propuse pensé que me diría que no. Era una boba, mi hermana había dicho que sí a la primera y nos habíamos pasado horas y horas planeando como sería el negocio.

 

Y aquí estaba, con todo preparado para abrir al público. Aún teníamos permisos pendientes pero eso lo íbamos a arreglar enseguida.

 

- ¿Crees que funcionará? - le pregunté.

 

Me refería a la imprenta de mi bisabuelo Xenophilus, lo único que había quedado tras la explosión de su casa. Parecía que además de imprimir panfletos del Quisquilloso, también se dedicaba a guardar objetos peligrosos en su hogar. Los rumores decían que había sido un cuerno de erumpent, pero yo no sabía si creérmelo. Por muy loco que estuviera, todo el mundo sabía que no se puede jugar con tales animalitos.

 

- Si no funciona tendremos que acudir a una fotocopisteria muggle - me reí.

 

Seguro que sería divertido ver la cara que pondrían cuando hiciéramos copias mágicas para repartir por el pueblo en una lugar no mágico. Pero seguro que funcionaba. Teníamos que ser realistas.

 

- Valent, ¿invitaremos a mami y a la familia a la inauguración?

 

Acabábamos de abrir, no creía que tuviéramos mucho dinero para una fiesta. Pero a mami como mínimo, para darle la sorpresa de que sus hijas eran negociantes como ella.

Editado por Xell Vladimir

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    Puse un almohadón en el suelo y me senté luego del trabajo arduo de ambas. Pensaba que la construcción duraría toda la eternidad cuando veía a la gente pasar y preguntar cuándo se abriría. Tenía ansias enormes de ver libros por todos lados, mi sueño se había cumplido; ahora lo único que necesitaba era personas interesadas en comprar artículos de nuestra tienda. A la vez de mi alegría por el trabajo terminado, sentía algo de temor a que a alguien no le gustara nuestro local, el cual habíamos preparado con tanto esmero y esfuerzo.

     

    Acepté la bebida que me invitaba mi hermana saliendo de repente de mis pensamientos. La veía desde un ángulo bajo pues se había sentado sobre una pila de libros un poco más arriba que mi vieja almohada. Acerqué el vaso a mis labios y lo incliné un poco haciendo que se derrame el líquido lentamente por mi garganta. Sin haberme dado cuenta ya había terminado. Bajé el recipiente a mi lado y observé la puerta escuchando a Xell, al principio no entendí su pregunta, pero debido a su expresión me di cuenta de que hablaba de la imprenta.

     

    —Mientras no se le ocurra a nadie poner explosivos allá abajo no habrán problemas —afirmé con una sonrisa pálida.

     

    Mi reacción cambió por completo cuando dijo algo de fotosintería, ¿qué diablos era eso? Según ella era muggle, pero a quién se le ocurriría aquel nombre tan extraño. Sin embargo, intentando recordar qué significaba aquello, recordé que tenía que ver con las plantas. No, estaba equivocada, Xell de seguro se refería a algo que tenga que ver con las plantas. Igualmente me pareció simpático aquello.

     

    —Si tú te atreves a ir mostrando a un muggle imágenes con movimiento tal vez tu plan B sirva de algo, yo no pongo las manos en el fuego por ti —reía con gusto, por fin algo chistoso entre tantas preocupaciones.

     

    ¿La inauguración? Yo ni sabía que eso se hacían en los locales. Pero ella tenía razón, debíamos hacer una súper fiesta, aunque no tengamos dinero todavía. Un pastel lo arreglaría seguramente. Aunque yo quería dos para mí.

     

    —¿Debemos planear ya la inauguración? Pero mantengámoslo en secreto —respondí en susurros, aunque nadie lo escucharía.

     

    Hacía buen día, la gente salía a pasearse frente a nuestro local, ya debería levantarme yo de aquel almohadón, me habían levantado el ánimo.

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    NOTA MINISTERIAL:

     

    la libreria quedo conectada por red flú a la Clínica Santos Mangos.

     

    un hechizo de protección que dejaría aparecer solo a algunos afortunados. Excepto los dueños, todos se aparecerán en la entrada del local. Los dueños podrán aparecerse en el interior, en la trastienda.

     

     

     

     

    ----------------------------------------------------

     

    La visión de tanto libro me había sorprendido. ¿Cómo era que aquellos libros salían de aquella ventana? Era original y atractivo. Era la primera vez que veía aquel lugar, ya que juraría que anteriormente allá había un solar vacío.

    Me paré delante de la pila de libros amontonados de forma tan original y sonreí. Sólo alguna loca podía hacer eso para llamar la atención. Y eso me recordaba que mi sobrina Xell me había pedido información para crear un negocio.

    Me temía que algo tenía que ver con esto, así que me paré a leer el nombre del lugar:

    -- Librería las Dos Hermanas Quisquillosas.

    Solté una risotada. ¿Las Dos Hermanas Quisquillosas? Las dos hermanas revoltosas, inquietas, divertidas, alocadas… Todo eso servía si eran las dos hermanas que yo creía que eran.

    Y por supuesto, tenía que verificarlo, así que me acerqué a la puerta y entré, para cerciorarme que eran ellas.

    Se respiraba un aire a antiguo, un montón de pilas de libros por todas partes, algunos guardando un precario equilibrio. Me encantaba aquel ambiente de lectura y de cultura, ese olor a pergamino viejo y a tinta de imprimir.

    -- ¡Lo sabía! Tenía que ser vuestro, no era posible que nadie fuera tan loco como para tirar tantos libros por la ventana. ¿Puedo ojear, verdad sobrinas?

    Y me acerqué a aquella urna donde había libros que imponían. Uno tenía dos ojos, uno de ellos cubiertos con un parche. Me puse a reír al ver el título: “Cómo evitar accidentes tontos con maldiciones”

    -- Espero que tengáis el permiso correspondiente para vender este tipo de libros.

    Editado por Sagitas E. Potter Blue

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    Valentine Drycar

     

    Escuché de alguien que abría la puerta y me sobresalté, el corazón se me disparaba, nuestro primer cliente ¡y eso que acabábamos de abrir! Ohh, pero sí era tía Sagitas. Que siempre se enteraba de todo en aquel Callejón, se sabía todas.

     

    ¿Por qué siempre me sobresalto cuando ella habla o aparece? T-T —lloriqueaba en mi lugar antes de que ella pudiese decir algo.

     

    Luego de aquello casi empecé a reír a carcajadas de su comentario. Que no eran libros cayéndose, que era una obra de arte. De todos modos eso era lo que queríamos lograr. Queríamos que los clientes se sorprendan con aquello y verdaderamente, no teníamos más lugar adentro. Todo estaba apretujado y apenas podíamos estar las tres en un pasillo. Sin embargo tía Sagitas cruzó la habitación rápidamente dirigiéndose a la segunda planta, donde estaban los libros raros. No tenía idea de porqué preguntaba para ojear siendo que ya estaba por hacerlo. Sonreí nuevamente, mi tía era la mejor.

     

    Ni te imaginas todo el papeleo que hemos hecho para poder tener libros de toda clase en esta librería —dije secándome la frente de un sudor transparente— ¿O no, Xell? Todo lo que hemos recorrido en el ministerio y luego al banco. Pero aquí estamos y tú ayudaste bastante, tía. Te lo debemos.

     

    Me sonrojé un poco con aquello que decía, generalmente no me gustaba demostrar mis sentimientos. Pero era mi tía y siempre estuvo con nosotras, se lo merecía.

     

    Xell, ahora que pienso sería bueno abrir una sala más para personas que quisieran leer, como una biblioteca ¿qué dices? —pregunté con el lumos todavía encendido en mi cabeza.

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    Valent y yo nos tomábamos la cerveza fresquita, comprobando lo bonito que se veía todo recién estrenado. Menos los libros antiguos, esos olían a moho y papel viejo, como tenía que ser. Me puse a reír.

     

    - ¡Explosivos! Claro que no… Pobre imprenta, es una reliquia, casi tendríamos que tratarla como pieza de museo.

     

    Y le saqué la lengua cuando dijo que no pondría la mano en el fuego por mí.

     

    - Pues yo por ti sí lo haría. Buenooooo, tal vez antes me pondría una protección para no quemarme, y tendría a mano una buena crema antiquemaduras… Pero sí, pondría la mano en el fuego por ti, tras las protecciones pertinentes, por supuesto.

     

    Y asentí cuando hablaba de la inauguración. ¿Cómo podía dudar eso?

     

    - Inauguremos, aunque sólo tengamos dinero para agua del grifo y para palomitas que puedo sustraer del Circo. Sé donde Sagitas guarda las palomiteras, las podemos poner abajo, junto a la imprenta, y esperar que no exploten y nos llenen el local de palomitas para todos los invitados.

     

    Y cuando me imaginaba a los pobres invitados intentando salir de aquella marea de palomitas vi a mi tía que pasaba también por allá. E incluso me hablaba. ¿Cómo podía hablarme en mi imaginación?

     

    Al parpadear todo desapareció menos mi tía, y volvía a estar dentro de la librería.

     

    - Aún no te robé la palomitera - protesté. Y me pareció que Valent también se ponía nerviosa y murmuraba algo.

     

    Pero mi tía estaba mirando por la tienda como si fuera la suya, así , como si estuviera en su propia casa. Me incliné hacia mi hermana.

     

    - Valent, ¿crees que nos oyó decir que le íbamos a robar en el Circo? - susurré. Y después levanté la voz. - Bueno, aún estamos solventando los últimos detalles, pero los de apertura ya los tenemos. Falta adquirir un elfo que nos ayude, pero no sé donde se compran, o se les convence para que vengan. Oye, Valent, ¿puedo traer aquí a mi elfo de la familia Lovegood? Lo dejé sólo y seguro que nos sería de gran ayuda.

     

    Y entonces mi hermana me sorprendió con su propuesta.

     

    - ¡Hey! Sería genial, una sala de lectura, tanto de libros como de los periódicos. Vale, vale, por favor, encárgate de ello y asi lo tenemos preparado cuando inauguremos.

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    Valentine Drycar

     

    Puse el dedo índice sobre mis labios intentando saber si tía Sagitas en verdad había escuchado aquello. Aunque si lo hubiera hecho no estaría mirando los libros allá arriba tan tranquila.

     

    —¿Será que le viene bien la actuación? —pregunté todavía pensando en aquello.

     

    Nah, se pondría a retarnos si es que lo oía. Hasta sería capaz de esconder su máquina de palomitas para que no le robemos nada, lo que ella no sabía era que yo tenía un buen olfato y podría encontrarla donde sea. A menos de que la guardase en un lugar con otros olores que no me gusten. Ains, si es que lográbamos traer la palomitera haría todo lo posible para que salgan de colores como a mí me gustaban.

     

    Recordando esas palomitas arcoiris mi panzota empezó a quejarse del hambre que ya llevaba. ¡Pero si apenas abrimos el local! No puedo salir corriendo a comer por más cercano que sea el restaurant. Debía esperar a otro cliente hasta que viniera, aún si tardaba años en llegar. Así sería una buena comerciante al igual que mi hermana. Estaríamos todo el tiempo tratando de mejorar el local.

     

    Y ahora que recordaba lo del elfo. Podríamos traerlo también para que nos ayudase con las tareas más difíciles, lo único que no sabía era dónde se hacían los trámites para avisar al Ministerio que ahora cuidaríamos del elfo nosotras, en la librería.

     

    Primero convencer y luego papeleo, hermanita —opiné—. Por si acaso ya sabes que debemos llevar bolsas para meterlo... —me acerqué a la oreja de mi hermana y susurré— si no aceptan.

     

    Ahora lo único que necesitábamos era abrir la Sala de Lectura, lo haríamos del lado de la tienda en donde no haya ventanas vomitando libros, donde ya había una espaciosa pieza sin usar, anteriormente pensaba en utilizarla como depósito, pero para la lectura quedaba más bien. Busqué mi varita entre la ropa y la miré detenidamente, obligándola a prometerme que me ayudaría en esta nueva construcción.

     

    Ahh y ya que hablas del Profeta, podríamos afiliarnos con ellos para que le ayudásemos a vender.. ¿o eso no se puede? —esperaba que mi última propuesta no fuera demasiado, me limité a salir de la pieza y salir afuera, preparándome para modelar la nueva Sala— Ya voy saliendo para arreglar todo... —avisé.

     

    ***

    Ya en el espacioso vacío

     

    Doblé mis brazos ubicando mis puños en mi cintura observando aquel espacio enorme que había. Hacían falta mesas, sillas y una buena organización. Hasta ahora sólo veía algunas cajas tiradas en sorteo al suelo, cajas donde venían algunos libros. Me servirían para preparar una casita de todas ellas en el árbol más grande de la Vladimir, por eso no las tiré antes ni permitiría que Xell tirara.

     

    Sólo unos retoques..

     

    Luego de un momento de trabajo ya tenía lista la nueva biblioteca. Nos serviría bastante.

     

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    —Halaaa. Xeell vente un segundo —grité llamándola

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    Cye se había recibido una emocionante noticia, sus sobrinas habían abierto un local en el callejón Diagon, según sabia era una librería, entonces se debatía entre ir a conocerlo y llevarles o mandarles algo como augurio de buena suerte.

     

    Aun recordaba cuando había abierto el primero de su cadena de negocios, su bebe, entonces la respuesta llego como por arte de magia, eso era le enviaría algo de su primer negocio, para que la energía de prosperidad y bienestar les acompañara en esta nueva empresa. Rápidamente deicidio lo que quería y le pido a su elfina personal que cumpliera con su deseo.

     

    Por eso Heyda acompañada de dos elfos de “Dulce Rincón Mágico” se apersonaron a unos cuantos negocios del que buscaban, hasta que al fin Heyda leyó

     

    “Librería Las Dos Hermanas Quisquillosas”

     

    Ese era, y la verdad muy llamativo el local, al empujar la puerta los ojos grandes de la pequeña criatura se quedaron viendo todo, era hermoso, la mezcla de lo nuevo con lo antiguo de la sabiduría de los libros se podía percibir apenas se traspasaba el umbral.

     

    -Buenas, venimos de Dulce Rincón Mágico para hacer una entrega a la librería ¿Quién me recibe?- - pregunto en tono amable al no ver a nadie por allí, seguramente estarían en alguna otra parte de la edificación, presumió al ver la escalera al fondo.

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    Me encantaba la idea de la Sala de Lectura. Pero dejé a Valentine que se encargara de ponerla. Confiaba mucho en mi hermana así que busqué a la tía Sagitas porque estaba segura que ella necesitaba ser vigilada. Como la conocía, sabía que se iba a pasar horas y horas mirando los libros antiguos, pasando los dedos por los lomos y ojeando algunos capítulos que le sonaran interesantes. Y lo malo era que algunos eran peligrosos y ni siquiera se iba a dar cuenta.

     

    Estaba tan distraída observando a nuestra tía que no escuché bien lo que decía Valent.

     

    - ¿Qué dices de El Profeta? ¿Afiliarnos? Ah, no, sí, bueno... Podemos ir a pedirles que cada mes nos dejen ejemplares para la librería, pero me da pereza ir hasta allá. De momento terminemos por aquí primero.

     

    Estaba de acuerdo con ella, el papeleo después. Respingué al sentir su grito y dejé de mirar a la tía.

     

    - ¿Qué pasa, Valent? - y corrí a buscarla por si se había caído o algo parecido.

     

    Cuando vi la nueva sala, me paré en la puerta. Casi me daba miedo entrar. ¡Era un lugar maravilloso, con tanto espacio y tan... especial. Su decoración era tan bonita, no descuadraba del resto de la tienda. Salté de alegría.

     

    - Si hubiéramos tenido este espacio cuando estábamos en la Academia, habríamos sacado una nota mejor todavía.

     

    Y hubiera seguido saltando y metiendo ruido, a pesar de ser una zona de silencio, pero ahora no había nadie. Pero sonó la puerta y alguien se preguntaba. Eché a correr para adelantar a Valentine.

     

    - Yo, yo, yo le reciboooo - y le saqué la lengua a mi hermana para ver quién de las dos llegaba antes ante la elfina.

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    Valentine Drycar

     

     

    Miré seriamente a Xell ante lo que acababa de decir.

     

    Sí había una biblioteca. Pero no viste —mencioné asomando una sonrisa en mis labios.

     

    Me alegraba no ser la única despistada. Aunque estaba segura de que ella sí se daba cuenta cuando alguien le hablaba y le pasaba las papas fritas. Ella tenía suerte de no terminar pasando tantas vergüenzas como yo, ¿o las pasaba en mi ausencia? Me encogí de hombros, igualmente ella era mucho más inteligente que yo, podía salirse de un problema con mayor facilidad.

     

    Perdida en mis pensamientos no había escuchado que alguien llegaba hasta que Xell salió casi muriendo de la alegría a atender. Reí con gusto y estaba planeando hacer una carrera porque yo quería también atender primera, pero no le quitaría ese privilegio. Sabía lo que significaba para ella.

     

    Me recosté por el marco de la puerta que comunicaba el salón principal con la sala de lectura y miré como Xell atendía al elfo. Me di la libertad de acercarme a ambos y saludar al elfito.

     

    Buenas, ¿en qué te podemos ayudar? Ella es mi hermana Xell, yo soy Valent —nos presenté—. Ambas somos dueñas del local y si gustas puedes llevarte un libro, ¿quieres?

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    Jess Potter

     

    Mis primas habían abierto un nuevo negocio y yo ni enterada, de no ser por mi hermano y mi mami nunca habría sabido que la librería era suya, pero ahora como castigo me tendrían que ayudar a encontrar ese libro que llevaba meses buscando.

     

    Al llegar a la librería mis ojitos brillaron de emocion (se me pegara el modo de hablar de tía Amya un día de estos) y al entrar persibí para mi agrada el aroma de libros nuevos. Cientos de libros nuevos, quería tocarlos, cogerlos, leerlos y llevarlos a mi casa, pero de seguro mi mami...

     

    -¡Al fin!- grite cuando vi el libro que había ansiado por tanto tiempo Plantas medicinales del mediterraneo- lo he buscado por meses

     

    Y corrí como desquiciada hasta que por fin tuve el libro negro de pasta dura entre mis pequeñas manos.

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